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Durante los últimos meses viene apareciendo en la prensa una serie de artículos que
cuestionan la tala de Pinus radiata, conocido vulgarmente como Pino insigne, de nuestros
bosques, con opiniones de diversa consideración. Esto en cierta medida es bueno, porqué
denota una cierta preocupación por lo que ocurre a nuestro alrededor, en especial en lo
relacionado al medio ambiente.
Por esta razón, es importante hacer unas aclaraciones sobre la tala de Pino radiata que se
está realizando en nuestros bosques.
Existen en la actualidad unas 1.600 Ha. de Pino radiata que se plantaron desde 1.946
hasta 1.972, en diversos puntos de la isla de Tenerife. Esta especie de pino es termófila
(vegetal propio de zonas cálidas) y de clima xérico o submediterráneo, con un mínimo
pluviométrico en verano pero con humedad ambiental elevada todo el año y escasas heladas.
Estas características ecológicas hicieron que en su momento esta especie se introdujera
en los dominios del monteverde (fayal-brezal y laurisilva), ya que en dichos ecosistemas
se mantenían las condiciones óptimas necesarias para que prosperase.
El Pino insigne, en sus masas de la misma edad, comienza a decaer a los cuarenta -
cincuenta años; en los montes dedicados a la producción se le aplican turnos (edad de
aprovechamiento de un máximo de 30 años, aunque frecuentemente inferiores a 15 años.
La densidad de repoblación de esta especie llegó a 3.000 pies/Ha, sin que se hayan llevado
a cabo clareos para llegar a la densidad óptima de la especie que es de 300 pies/Ha.
Las masas actuales han sobrepasado con mucho la edad de turno, por lo que se hace
necesario y urgente su sustitución. De lo contrario, los pies tenderán a enfermar y la masa
se hará propensa a las plagas, con el consiguiente peligro para otras especies cercanas.
En muchos de estos lugares aún subsisten las cepas de la vegetación primitiva,
malviviendo bajo los pinos. Una de las características de este pino es la gran densidad de
sus ramillos y que su poda natural es muy escasa, por lo que la cantidad de luz que penetra
hasta el suelo bajo la cubierta de los pinos es mínima. Se hace pues urgente la eliminación
del pinar si se quiere recuperar las cepas de la vegetación primitiva.
Para el aprovechamiento de los pinares se está utilizando el método de cortas a hecho en
un tiempo, con la inmediata saca de las trozas, seguido de la apertura de hoyos para romper
la continuidad de la superficie y la plantación en el otoño del mismo año, tan pronto como
el suelo adquiera la humedad adecuada para poder plantar con éxito. Estas plantaciones
están supeditadas a la ausencia de cepas vivas, en cuyo caso no se necesita la replantación,
por estar el suelo suficientemente protegido contra la erosión.
El método de cortas a hecho no implica necesariamente la puesta en marcha de procesos
erosivos, siempre y cuando se tengan en cuenta factores tales como la pendiente del suelo,
vitalidad de las cepas, presencia de despojos, apertura de hoyos que rompan la continuidad
del terreno, tamaño del trazón, etc.
El impacto paisajístico, inevitable en todo proceso de aprovechamiento, se ve aminorado
por el tamaño de la superficie del tranzón (5-10 Ha.), así como la rapidez con que las cepas
responden a la puesta en luz, lográndose en dos o tres años crecimientos de 1,5 a 2 metros.
Se ha evitado las cortas por aclareos sucesivos, bien
uniforme o por fajas, dado que se ha comprobado que en
las cortas finales, el daño que se produce en los chirpiales
-brotes de la cepa- es enormemente perjudicial. Respecto
al anillado de los árboles en pie, ni siquiera merece
tenerse en cuenta. No se puede considerar como un
método selvícola, ya que además de los enormes peligros
de incendios y plagas que pueden producirse, implicaría
la pérdida de las producciones de la masa existente, lo
que racionalmente es un absurdo tanto desde el punto de
vista forestal como del económico.
Por otro lado cabe destacar que ya antes de esta
polémica se realizaban cortas, como la de 17 hectáreas en
Los Silos (Monte de Agua), con gran éxito, ya que la
zona, potencialmente de laurisilva, ha recuperado
totalmente su vegetación original. Cuando se cortó esta
zona, también se desató una gran polémica por los daños
que pudieran producirse en las cepas del monte verde que
existían. Los resultados están a la vista.
También en La Orotava se cortaron los pinos hace unos
tres años, no existiendo cepas de monteverde por el
tiempo trascurrido desde su corta, la competencia
dominante de los pinos y las características del terreno.
Hubo que recurrir a la repoblación artificial. Se empleó
viñátigos, acebiños, laureles, palos blancos, hijas,
adernos, madroños, naranjeros salvajes,
fayas, sanguinos y barbuzanos. El resultado ha sido
excelente, pero los crecimientos de casi todas estas
especies son más reducidos que los que proceden de los
brotes naturales, necesitando por otro lado más cuidados
culturales.
Esta es la razón por la que es conveniente la
recuperación de las cepas vivas de monteverde cuando
aún se está a tiempo en muchos casos, con el fin de
conservar y potenciar la diversidad biológica. |

En pinares de repoblación muy densos, el sotobosque es escaso o muy reducido por el efecto
de "sombra" producido por las copas de los árboles.
José Luis Audicana
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La tala de estos pinos radiata introducidos permitirá que la vegetación autóctona de estos ambientes se recupere, reconquistando aquellos terrenos que le son propios.
José Luis Audicana
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Superficies repobladas con Pino radiata en la isla de Tenerife
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El método de la tala debe ser cuidadoso para evitar problemas posteriores tanto con la erosión como con la destrucción de las plántulas del sotobosque que se encuentran bajo los árboles.
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De un pinar de repoblación muy cerrado pasamos a una fase donde se recupera la vegetación potencial y su fauna asociada.
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