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Revista de Medio Ambiente



José Luis Audicana

Ingeniero Técnico Forestal
Servicio de Conservación de la Naturaleza



Medio Ambiente CANARIAS
Boletín Informativo de la Consejería de Política Territorial

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Recuperación de zonas de laurisilva con la tala de Pino Radiata




Durante los últimos meses viene apareciendo en la prensa una serie de artículos que cuestionan la tala de Pinus radiata, conocido vulgarmente como Pino insigne, de nuestros bosques, con opiniones de diversa consideración. Esto en cierta medida es bueno, porqué denota una cierta preocupación por lo que ocurre a nuestro alrededor, en especial en lo relacionado al medio ambiente.

Por esta razón, es importante hacer unas aclaraciones sobre la tala de Pino radiata que se está realizando en nuestros bosques.

Existen en la actualidad unas 1.600 Ha. de Pino radiata que se plantaron desde 1.946 hasta 1.972, en diversos puntos de la isla de Tenerife. Esta especie de pino es termófila (vegetal propio de zonas cálidas) y de clima xérico o submediterráneo, con un mínimo pluviométrico en verano pero con humedad ambiental elevada todo el año y escasas heladas. Estas características ecológicas hicieron que en su momento esta especie se introdujera en los dominios del monteverde (fayal-brezal y laurisilva), ya que en dichos ecosistemas se mantenían las condiciones óptimas necesarias para que prosperase.

El Pino insigne, en sus masas de la misma edad, comienza a decaer a los cuarenta - cincuenta años; en los montes dedicados a la producción se le aplican turnos (edad de aprovechamiento de un máximo de 30 años, aunque frecuentemente inferiores a 15 años. La densidad de repoblación de esta especie llegó a 3.000 pies/Ha, sin que se hayan llevado a cabo clareos para llegar a la densidad óptima de la especie que es de 300 pies/Ha.

Las masas actuales han sobrepasado con mucho la edad de turno, por lo que se hace necesario y urgente su sustitución. De lo contrario, los pies tenderán a enfermar y la masa se hará propensa a las plagas, con el consiguiente peligro para otras especies cercanas.

En muchos de estos lugares aún subsisten las cepas de la vegetación primitiva, malviviendo bajo los pinos. Una de las características de este pino es la gran densidad de sus ramillos y que su poda natural es muy escasa, por lo que la cantidad de luz que penetra hasta el suelo bajo la cubierta de los pinos es mínima. Se hace pues urgente la eliminación del pinar si se quiere recuperar las cepas de la vegetación primitiva.

Para el aprovechamiento de los pinares se está utilizando el método de cortas a hecho en un tiempo, con la inmediata saca de las trozas, seguido de la apertura de hoyos para romper la continuidad de la superficie y la plantación en el otoño del mismo año, tan pronto como el suelo adquiera la humedad adecuada para poder plantar con éxito. Estas plantaciones están supeditadas a la ausencia de cepas vivas, en cuyo caso no se necesita la replantación, por estar el suelo suficientemente protegido contra la erosión.

El método de cortas a hecho no implica necesariamente la puesta en marcha de procesos erosivos, siempre y cuando se tengan en cuenta factores tales como la pendiente del suelo, vitalidad de las cepas, presencia de despojos, apertura de hoyos que rompan la continuidad del terreno, tamaño del trazón, etc.

El impacto paisajístico, inevitable en todo proceso de aprovechamiento, se ve aminorado por el tamaño de la superficie del tranzón (5-10 Ha.), así como la rapidez con que las cepas responden a la puesta en luz, lográndose en dos o tres años crecimientos de 1,5 a 2 metros.

Se ha evitado las cortas por aclareos sucesivos, bien uniforme o por fajas, dado que se ha comprobado que en las cortas finales, el daño que se produce en los chirpiales -brotes de la cepa- es enormemente perjudicial. Respecto al anillado de los árboles en pie, ni siquiera merece tenerse en cuenta. No se puede considerar como un método selvícola, ya que además de los enormes peligros de incendios y plagas que pueden producirse, implicaría la pérdida de las producciones de la masa existente, lo que racionalmente es un absurdo tanto desde el punto de vista forestal como del económico.

Por otro lado cabe destacar que ya antes de esta polémica se realizaban cortas, como la de 17 hectáreas en Los Silos (Monte de Agua), con gran éxito, ya que la zona, potencialmente de laurisilva, ha recuperado totalmente su vegetación original. Cuando se cortó esta zona, también se desató una gran polémica por los daños que pudieran producirse en las cepas del monte verde que existían. Los resultados están a la vista.

También en La Orotava se cortaron los pinos hace unos tres años, no existiendo cepas de monteverde por el tiempo trascurrido desde su corta, la competencia dominante de los pinos y las características del terreno. Hubo que recurrir a la repoblación artificial. Se empleó viñátigos, acebiños, laureles, palos blancos, hijas, adernos, madroños, naranjeros salvajes, fayas, sanguinos y barbuzanos. El resultado ha sido excelente, pero los crecimientos de casi todas estas especies son más reducidos que los que proceden de los brotes naturales, necesitando por otro lado más cuidados culturales.

Esta es la razón por la que es conveniente la recuperación de las cepas vivas de monteverde cuando aún se está a tiempo en muchos casos, con el fin de conservar y potenciar la diversidad biológica.


En pinares de repoblación muy densos, el sotobosque es escaso o muy reducido por el efecto de "sombra" producido por las copas de los árboles.
José Luis Audicana
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La tala de estos pinos radiata introducidos permitirá que la vegetación autóctona de estos ambientes se recupere, reconquistando aquellos terrenos que le son propios.
José Luis Audicana
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Superficies repobladas con Pino radiata en la isla de Tenerife
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El método de la tala debe ser cuidadoso para evitar problemas posteriores tanto con la erosión como con la destrucción de las plántulas del sotobosque que se encuentran bajo los árboles.
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De un pinar de repoblación muy cerrado pasamos a una fase donde se recupera la vegetación potencial y su fauna asociada.
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