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El aceite usado, de origen mineral o sintético, que se emplea como lubricante en motores, tiene
entre sus componentes diversos elementos contaminantes. Tal es el caso de aditivos como el
cinc, cadmio, aluminio, plomo, cloro, fósforo, azufre..., que se añaden al aceite base para
conferirle estabilidad, durabilidad y potenciar su cualidad lubricante.
Así mismo, presenta una serie de sedimentos procedentes del desgaste de las partes móviles del
motor e inquemados derivados de los combustibles, que van a parar al aceite y acentúan aun más
su toxicidad.
Si al carácter contaminante de estos desechos, le sumamos la propiedad impermeable que tienen
los aceites en general, actuando de barrera ante el paso de oxígeno, se pone de manifiesto el
doble efecto perjudicial que producen cuando se vierten al medio: contaminación y asfixia.
Es de resaltar además, la gran expansión o alcance de su toxicidad, hecho que se manifiesta con
las siguientes cifras: Un litro de aceite usado contamina un millón de litros de agua, o sea, la
que podría abastecer durante un día a una población como la que vive en El Hierro.
Cinco litros de aceite usado quemado, contaminan el volumen de aire respirado por una persona
durante tres años.
Verter cinco litros de aceite usado en el mar, crea una fina película de grasa de 5000 m2 que
dificulta y contamina la vida marina.
En resumen, los elementos peligrosos que contienen los aceites usados y la gran capacidad de
expansión de su toxicidad, hacen que estos tengan un potencial de contaminación muy importante.
A pesar de todo ello, los aceites son:
- Vertidos al mar, originando una fina película
impermeable que impide la oxigenación y contamina el agua, la cual dificulta (y en caso extremo
destruye) el desarrollo de la vida marina.
- Vertidos en tierra, recubriendo el suelo, por lo que destruye el humus vegetal ante la falta
de oxígeno y, por tanto, la fertilidad del suelo.
Además, estos aceites se filtran en el subsuelo y pueden llegar hasta los acuíferos,
contaminando el agua que bebemos procedente de pozos y galerías.
- Vertidos en los sistemas de alcantarillado, provocando serios daños en las estaciones
depuradoras e impidiendo la recuperarción del agua para la agricultura.
- Quemados inadecuadamente, emitiendo gases tóxicos provenientes de los compuestos de cloro,
fósforo, azufre..., desprendiéndose además gran cantidad de plomo.
Todas estas prácticas son habituales y producen graves daños a la salud humana y al medio
ambiente.
Para dar solución a estas irregularidades, se han creado:
La Ley Estatal 20/1986, de 14 de mayo, Básica de Residuos Tóxicos y Peligrosos.
(B.O.E. 120 de 20 de mayo de 1986) y la Orden Ministerial, de 28 de febrero de 1989, donde se
regula la gestión de aceites usados.
(B.O.E. 57, de 8 de marzo de 1989) que prohiben el vertido y la combustión incontrolada de estos
desechos y regulan las condiciones exigidas por las actividades de producción y gestión de los
mismos.
La gestión es el conjunto de acciones encaminadas a otrecer un destino adecuado a tales
sustancias, que no perjudique al medio ambiente. En general, dichas acciones consisten en la
recogida, almacenamiento, transporte y tratamiento de los lubricantes usados, que finaliza con
su reutilización como combustible o materia prima, para elaborar nuevos aceites.
En Canarias existe actualmente un Sistema de Gestión de Aceites Usados destinado a recoger y
reutilizarlos como combustible. Hay dos empresas gestoras/transportadoras autorizadas por la
Viceconsejería de Medio Ambiente (AMARCO, S.L. y TRANSPORTES MEDEROS, S.L.), para recoger los
aceites de los talleres de automoción de todas las Islas y transportarlos hasta la refinería de
petróleos de CEPSA en Santa Cruz de Tenerife.
Allí los analizan y se someten a un tratamiento que garantiza su idoneidad en la quema y
aprovechamiento de su energía calorífica.
En nuestra Comunidad Autónoma se estima una venta de aceite anual de 18.000 a 20.000 toneladas.
Un 30% o 40% de estos se pierden en su uso, por lo que el 60% o 70% restante es susceptible de
ser recogido.
Durante 1993 CEPSA recibió únicamente 3.340.000 litros de estos residuos (aproximadamente 3.400
toneladas), por lo que se deduce que el Sistema de Gestión de Aceites Usados para Canarias está
funcionando por debajo del 40% de sus posibilidades.
Esto significa que la mayoría de los aceites usados en nuestra Región, un 60% aproximadamente,
siguen teniendo destinos indeseables. De ahí la necesidad de promover la Campaña de Recogida de
Aceites Usados, que informe a los ciudadanos de lo peligroso que es su vertido y combustión
incontrolada para el medio ambiente y la salud humana, y de la existencia del Sistema de Gestión
de Aceites Usados para Canarias como alternativa a dichas acciones.
El mensaje de colaboración en esta campaña es: al cambiar el aceite de tu vehículo, hazlo
siempre en talleres especializados que garanticen su participación en este sistema de gestión.
De este modo, avanzaremos hacia un medio ambiente más sano.
Ya sabes:
CON LOS ACEITES USADOS, NO TE MANCHES |