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El Parque de Anaga y su planificación.
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El Parque de Anaga se localiza en el extremo nororiental de la isla de Tenerife, comprende
14.418 has. e implica a tres municipios: Santa Cruz (76,9% de la superficie protegida), La
Laguna (16,6%) y Tegueste (6,5%). En total el espacio protegido representa el 7,9% de la isla
de Tenerife. Semejante localización determina que el Parque constituya un área periurbana del
cinturón que conecta Santa Cruz con La Punta de Hidalgo, pasando por La Laguna y Tegueste. Se
trata de un espacio de excepcionales valores naturales y culturales, donde además residen unas
3.000 personas distribuidas en 25 asentamientos más o menos dispersos. En consecuencia es la
causa de que el objetivo global de conservación de la naturaleza se acompañe del de procurar
fórulas de desarrollo o fomento socioeconómico, en la búsqueda de un modelo eficaz que permita
armonizar los intereses que confluyen en el Parque.
Varios de los hábitats naturales de Anaga conforman una muestra representativa de los sistemas
ecológicos de Canarias, algunos de los cuales tienen aquí una de sus mejores manifestaciones.
Este es el caso de la laurisilva, de los cardonales-tabaibales, de los sabinares y de los
ecosistemas acuáticos. Todos ellos, quizás con la única salvedad del cardonal-tabaibal, se
encuentran amenazados. La historia de los últimos siglos en Anaga se ha caracterizado por un
retroceso del bosque de sus cumbres, simultáneo al que ocurría en las restantes islas del
Archipiélago. De la laurisilva de Tenerife, apenas sobrevive un 15% de su antigua extensión, la
mayor parte concentrada en Anaga. Los bosques termófilos también han sufrido una severa
reducción, sobreviviendo en dos exíguos reductos, el sabinar de Afur y el de la Punta de Anaga.
Los hábitats acuáticos casi han desaparecido, y sólo en el barranco del Tamadiste hay una
muestra importante; sin embargo, incluso este curso de agua ya comienza a manifestar indicios
de disminución del caudal y de contaminación. La Biodiversidad también tiene una representación
sobresaliente. La flora cuenta con más de veinte especies exclusivas del Parque, y la fauna con
varios cientos de invertebrados, también endémicos. La avifauna que se localiza en los roques
de Anaga y en el bosque de la laurisilva posee también un alto valor, al contar con varias
especies en peligro de extinción.
El hombre es en Anaga una pieza clave para el mantenimiento del paisaje, el equilibrio
ecológico y muchos elementos patrimoniales. A lo largo de las últimas décadas se ha producido
el regreso de antiguos habitantes emigrados, muchos de los cuales han pasado a ser residentes
temporales con segunda residencia en el Parque. Poblaciones como las de El Batán, Chamorga, Los
Valles, etc., experimentan los días festivos un resurgir que en nada se parece a la vida que
bulle en ellas entre semanas. Esto ha provocado indirectamente el aumento de construcciones
clandestinas, con frecuencia fuera de los asentamientos tradicionales. Anaga es un espacio de
orografía complicada en el que se inserta un peculiar ambiente de carácter rural, que se ha
mantenido vivo en condiciones a veces realmente difíciles. La agricultura no ha evolucionado
como para que sus productos puedan exportarse fuera de la comarca con un beneficio económico
relevante, y la ganadería está sumida en tal crisis que su desaparición es inminente si no
se relanza de alguna manera. Muchas de las prácticas artesanales de zonas como Taganana se están
perdiendo, lo cual unido a la transformación del estilo de vida de los habitantes y las
modificaciones del paisaje, implica una pérdida de la identidad cultural cada vez mayor. La
proximidad de la ciudad también se traduce en que muchas veces Anaga conforma el sustrato físico
receptor de las actividades que se generan en ella, unas positivas y otras negativas, pues como
entorno natural representa una oferta de ocio al alcance de la mano, al tiempo que una
tentación para localizar instalaciones indeseadas en la ciudad.
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Amplia Panorámica de entorno natural del caserío de Chamorga.
Compatibilizar el desarrollo de la población local y la conservación es el principal objetivo del PRUG de Anaga.
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El futuro de Anaga.
Ante este panorama, de un desarraigo cada vez mayor de sus habitantes, de descenso de la
agricultura, la desaparición de la ya escasa ganadería, la pérdida de muchos de sus nacientes,
el descenso del nivel freático y, en líneas generales, un desvirtuamiento cada vez mayor de su
paisaje, en algunos asentamientos ya han empezado a surgir desarrollos típicamente urbanos y en
otros muchos es previsible que así ocurra al ritmo de la ciudades. En muchos sentidos se podría
decir que la idiosincrasia de Anaga está sucumbiendo, día a día, absorvida por la mentalidad
prepotente y expansiva de la ciudad, comprometiendo cada vez más la conservación de los valores
del entorno natural que justificó la declaración de espacio protegido.
La protección de este área como Espacio Natural no se produce hasta la promulgación de la ley
12/1987, de 19 de junio, la Declaración de Espacios Naturales de Canarias. Sin embargo, ya desde
años anteriores hubo varias propuestas de protección, como evidencian varios documentos
administrativos generados por el ICONA, el Ministerio de Obras Públicas y el Cabildo de
Tenerife. La Ley 12/1987, de "Declaración de Espacios Naturales de Canarias" incluyó en su
artículo 2ª un listado de parques naturales de Tenerife donde Anaga aparecía con el número 1.
En 1991, la comisión de las comunidades europeas incluyó a Anaga en la red española de "Zonas
de protección especial" (ZEPA), designadas según el artículo 4ª de la directiva europea
79/409/CEE sobre conservación de las aves silvestres. Igualmente, el Proyecto de Ley de
Espacios Naturales de Canarias (PL-21), que se encuentra en trámite parlamentario, recoge al
Parque de Anaga, con la categoría de Parque Rural.
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Las zonas forestales del Roque Negro, (Afur), relativamente bien conservadas, albergan una gran diversidad biológica.
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El proceso de planificación
El proceso de planificación del parque se inició en el año 1992 cuando se dispuso por la
entonces Dirección General o Ambiente el encargo de los trabajos previos de elaboración del
Plan Rector de Uso y Gestión de Anaga (PRUG). Tanto en la Ley 12/1987, como en el PL-21, se
establece que los Planes Rectores de Uso y Gestión han de ser documentos que deberán ordenar
todo lo que ocurra en el interior de los Parques. Tras un proceso intenso de trabajo llevado a
cabo por técnicos de la Viceconsejería de Medio Ambiente, la Administración dispone ya de un
documento de planificación para el Parque que se encuentra en fase de información pública. El
Plan en sí se concibe como un texto normativo. Este documento representa la plasmación de las
decisiones tomadas acerca del Parque objeto de ordenación. La estructura del proyecto consta de
un documento "normativo" y de otro "informativo", donde se resume la información mínima que
ayude a explicar el porqué de alguna de las decisiones del normativo. El Plan no es sólo el
resultado de una estrategia de gestión para el Parque de Anaga; también es la consecuencia de
una estrategia mayor que tiene su base en la legislación vigente sobre espacios protegidos.
Así, el PRUG de Anaga se ha adaptado en primer lugar al concepto de las áreas de uso múltiple
de la UICN, en segundo lugar a la filosofía de conservación que subyace en la vigente Ley
12/1987, y en tercer lugar a la estrategia de conservación para los espacios naturales de
Canarias.
El documento informativo ahonda en tres aspectos fundamentales: el medio físico-natural, el
socioeeconómico-territorial y el administrativo. El análisis de estas componentes se acompaña
de un diagnóstico y de un pronóstico de su evolución futura. De esta forma se ha detectado cuál
es la necesidad real de protección del Parque y cuáles son la potencialidades a desarrollar, de
forma que se pueda configurar una estrategia de gestión coherente y realista. Se pretende que el
Desarrollo sea en Anaga un objetivo al mismo nivel que la Conservación, por lo que se concluye
con una serie de condicionantes por donde aquel debe discurrir a fin de evitar extralimitaciones
que lleven a situaciones indeseadas.
El documento normativo comienza aclarando cuál es la finalidad del Parque y detallando los
objetivos que se pretenden con el Plan. La clave de éste está en la zonificación, que se basa
en seis categorías con diferentes destinos de usos. Contiene además dos apartados que
constituyen distintos niveles de obligatoriedad: las directrices y las normas. El primero tiene
por objeto orientar sobre aspectos que requieren toma de decisiones delicadas según las
circunstancias. El segundo impone el cumplimiento más estricto y concreto, y constituye la
auténtica norma de obligado cumplimiento, además de diseñar la estructura de gestión y de
administración que ha de dirigir el Parque. La ordenación de usos se ha realizado de dos formas,
por un lado según la zona donde se desarrollan, así para cada una se indican los usos
considerados prohibidos, permitidos y autorizables; por otro lado según el tipo de actuaciones,
así se establecen normas para usos forestales, cinegéticos, agropecuarios, de montañismo y
espeIeología, de investigación, hidrológicos y urbanísticos. Hay también un apartado dedicado a
las normas de los diferentes servicios que pueden tener cabida en el Parque, ya que su gestión
prevé que se puedan establecer convenios con entidades mercantiles del tipo que fueran.
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Las Actividades agrícolas han conllevado la transformación de amplias zonas naturales del parque.
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Las directrices de gestión
Las Directrices de gestión que el Plan Rector incluye, para alcanzar sus objetivos, se concretan
en una serie de actuaciones que han de ser desarrolladas en programas específicos. Cuatro son
las grandes líneas de intervención en las que se han aglutinado las diferentes iniciativas
encaminadas a establecer y fomentar un modelo de desarrollo, que siendo asumible por el espacio,
no suponga un menoscabo para la conservación de sus valores, y estas son: el uso público y la
información, la conservación y los aprovechamientos, las infraestructuras y mejor de la calidad
de vida y la ordenación arquitectónica de los asentamientos del Parque.
En este contexto se han diseñado los objetivos que han de ser tenidos en cuenta para elaborar
los distintos programas. Es preciso desarrollar y dotar con la infraestructura necesaria las
funciones de uso público, éstas han de cubrir actividades de índole cultural, educativo y
recreativo, además hay que diseñar las medidas de seguridad ante posibles riesgos para la
población y los visitantes. Es también objetivo prioritario realizar los programas de
Información y aquellos estudios esenciales que sirvan de apoyo a la actividad educativa,
mejoren la experiencia y la atención al visitante, y que, además, contribuyan al conocimiento
y al control en las tareas de gestión y de seguimiento del estado del Parque.
Respecto a las funciones de conservación las directrices del Plan determinan la necesidad de
mantener, regenerar y restaurar los ecosistemas naturales, contribuyendo a la mejora de los
mismos y garantizando la pervivencia de los recursos. Aquellas zonas más sensibles y de mayor
valor natural, donde las restricciones por motivo de conservación sean mayores, han de ser estimadas por la Administración como
área patrimonializable de cara a su posible adquisición. La regulación de los principales
aprovechamientos está dirigida a promover actuaciones de protección de los recursos y a
potenciar las actividades agrícolas y ganaderas en aquellas zonas de mayor capacidad, lo que
puede suponer una mejora de las perspectivas de renta. Se prevé poner en marcha un gabinete de
asesoramiento agrícola y potenciar la comercialización de los productos alimenticios y
artesanales del Parque.
La mejor de la calidad de vida de los residentes en Anaga requiere poner en marcha programas de
adecuación de infraestructuras e instalaciones, y garantizar los servicios mínimos de atención
a la población. Es objetivo también promover el acondicionamiento y la restauración de las
construcciones así como apoyar iniciativas relacionadas con actividades tradicionales o que
mejoren el nivel tecnológico de los sistemas de producción, que contengan además, capacidad para
potenciar empleo y supongan una promoción socioeconómica para los habitantes del Parque. Al
respecto existen estrategias de desarrollo complementarias como el turismo rural que tendrían
muchas posibilidades de éxito en un espacio como Anaga reportando beneficio sobre sus habitantes
y contribuyendo a mantener y rescatar los valores naturales, patrimoniales y culturales. Por
último es necesario desarrollar un programa de ordenación arquitectónica que resuelva los puntos
críticos de algunas áreas edificadas del Parque y que establezca las bases por las que se han
de regir las construcciones futuras. A este respecto contener el comprometedor proceso
urbanizador es imprescindible para mantener los valores y la calidad del paisaje.
Anaga es un mosacio de situaciones, naturales y humanas, entrelazadas de forma indivisible
donde han de tener cabida usos, aprovechamientos y estrictas tareas de conservación, y en
cualquier caso, hay que evitar que las medidas de desarrollo perjudiquen a la conservación de
los recursos naturales que son objeto de protección. Conservación y desarrollo deben ir parejos
y este último en ningún caso debe hipotecar los valores del futuro.
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