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Tradicionalmente el monte canario ha sido explotado para la obtención de materiales combustibles
de uso tradicional, esto ayudaba al mantenimiento de un bosque más o menos limpio. Pero el
progresivo olvido de estas actividades tradicionales debido al avance de las comunidades humanas
y del abandono del campo para vivir en poblaciones cercanas ha llevado a un descuido del bosque
por parte de la población.
Si a esto añadimos la "poca puesta en práctica" de la silvicultura (ciencia que trata del
cultivo de los bosques y montes) por parte de la Administración y del clima existente en
Canarias -con una larga sequía estival- nos trae como consecuencia un aumento desmedido de
combustible en los bosques de pinos, con el consiguiente peligro de incendios.
Además, este progresivo abandono en la utilización de los montes suele aparejar otras
consecuencias; de un un lado, la saturación de los bosque de materia vegetal dificultan su
visita y disfrute por la población, perdiendo así su principal utilidad (especialmente en
aquellas zonas declaradas de uso público como son los alrededores de las áreas recreativas,
campamentos y senderos); de otro, se acentúa el debilitamiento de las especies existentes consecuencia directa de la
competencia que se produce por escaso espacio existente y el gran número de árboles que componen
el bosque.
El pino canario es una especie de luz -busca con verdadero ahinco las zonas luminosas para
crecer- esto hace que en un bosque de pinos denso (como los que se originan a partir de
repoblaciones artificiales) el crecimiento se produce primordialmente en altura, en busca de esa
luz que hay en las copas; el que primero llega tiene más luz, más alimento.
La ausencia de luz en el interior del bosque, debido a la sombra que producen las copas da como
resultado la inexistencia de brotes o, en el mejor de los casos, de un número muy reducido con
dificultades para progresar.
Al morir las ramas inferiores el árbol se ve obligado a crecer en altura buscando la luminosidad
para producir el alimento suficiente para sobrevivir.
Si a todo lo expuesto añadimos la alta densidad que se utiliza en las repoblaciones artificiales
(entre 900 y 1.000 pies/Ha.) -densidad por otro lado necesaria para la protección de los árboles
en estado joven- y nos olvidamos de realizar los oportunos tratamientos correctores, obtendremos
un bosque en el que los árboles crecen de forma natural pero condicionados por la fuerte
competencia a la que obliga la alta densidad, caracterizado por árboles muy desarrollados en
altura pero escasamente desarrollados en diámetro, es decir, débiles en su lucha contra la
meteorología, especialmente contra el viento.
Lo aconsejable, en las repoblaciones artificiales, es realizar una serie de tratamientos de
cortas (entresacas o claras) periódicas a lo largo de la vida de crecimiento de los árboles;
disminuyendo así la densidad del bosque desde su número inicial de repoblación hasta obtener la
densidad del pinar canario natural que oscila entre 200 a 300 pies/Ha.
Cada año se deberá realizar una limpieza del monte, "sacando" los árboles enfermos o muertos y
los de porte desordenado, disminuyendo así progresivamente la competencia existente entre los
pies.
No debemos olvidar que próximamente los bosques canarios estarán en un avanzado estado de
crecimiento y de fuerte densidad. No quiero pensar en las consecuencias que puede traer cuando
este bosque (que hoy no queremos tocar por un equivocado concepto
proteccionista/conservacionista) llegue a su estado de madurez y haya que aplicar una corta
final como consecuencia de la muerte de todos los árboles.
Entonces aparecerán extensas zonas de desarboladas expuestas a los agentes atmosféricos, con
pendientes elevadas y suelo fácilmente erosionable debido a la falta
de la protección que generan los bosques.
Prevenir con tiempo este desastre ecológico es primordial para la conservación de nuestra masa
forestal y nos obliga a realizar una planificación ordenada de "entresacas" para sanear y salvar
el mayor número posible de hectáreas posible.
La tendencia lógica de la planificación es la de obtener un bosque lo más parecido al natural,
donde hay árboles de todas las edades y cuando los viejos mueren ocupan su lugar los jóvenes y
se renueva el ciclo de la vida.
Esta planificación debe centrarse en la ejecución de unas "cortas selectivas" que transformen el
bosque actual -altamente denso- en un bosque más natural con espacio entre los árboles para
propiciar su propia regeneración.
Esta apertura de suelo ha de ser progresiva, ya que en estos momentos los pinos se encuentran en
un estado débil y se mantienen paradógicamente en pie gracias al apoyo que se prestan unos a
otros por la proximidad. Si disminuyéramos drásticamente el número de pies por hectárea,
perderían este apoyo y estarían a merced de los vientos reinantes en la zona. Por ello es
conveniente realizar la disminución del número de pies de una forma progresiva y teniendo
siempre en cuenta la dirección de los vientos dominantes, dando tiempo de esta manera a que los
ejemplares que queden se desarrollen en anchura fortaleciendo su madera. |