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Revista de Medio Ambiente



José Luis Audicana

Ingeniero Técnico Forestal
Servicio de Conservación de la Naturaleza



Medio Ambiente CANARIAS
Boletín Informativo de la Consejería de Política Territorial

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El Pinar Canario, conservar o proteger


Crear un bosque no sólo es plantarlo, lleva consigo otras obligaciones ineludibles de tratamiento, conservación y mejoras, siempre tendentes a un establecimiento de un bosque lo mas naturales posible


Tradicionalmente el monte canario ha sido explotado para la obtención de materiales combustibles de uso tradicional, esto ayudaba al mantenimiento de un bosque más o menos limpio. Pero el progresivo olvido de estas actividades tradicionales debido al avance de las comunidades humanas y del abandono del campo para vivir en poblaciones cercanas ha llevado a un descuido del bosque por parte de la población.

Si a esto añadimos la "poca puesta en práctica" de la silvicultura (ciencia que trata del cultivo de los bosques y montes) por parte de la Administración y del clima existente en Canarias -con una larga sequía estival- nos trae como consecuencia un aumento desmedido de combustible en los bosques de pinos, con el consiguiente peligro de incendios.

Además, este progresivo abandono en la utilización de los montes suele aparejar otras consecuencias; de un un lado, la saturación de los bosque de materia vegetal dificultan su visita y disfrute por la población, perdiendo así su principal utilidad (especialmente en aquellas zonas declaradas de uso público como son los alrededores de las áreas recreativas, campamentos y senderos); de otro, se acentúa el debilitamiento de las especies existentes consecuencia directa de la competencia que se produce por escaso espacio existente y el gran número de árboles que componen el bosque.

El pino canario es una especie de luz -busca con verdadero ahinco las zonas luminosas para crecer- esto hace que en un bosque de pinos denso (como los que se originan a partir de repoblaciones artificiales) el crecimiento se produce primordialmente en altura, en busca de esa luz que hay en las copas; el que primero llega tiene más luz, más alimento.

La ausencia de luz en el interior del bosque, debido a la sombra que producen las copas da como resultado la inexistencia de brotes o, en el mejor de los casos, de un número muy reducido con dificultades para progresar.

Al morir las ramas inferiores el árbol se ve obligado a crecer en altura buscando la luminosidad para producir el alimento suficiente para sobrevivir.

Si a todo lo expuesto añadimos la alta densidad que se utiliza en las repoblaciones artificiales (entre 900 y 1.000 pies/Ha.) -densidad por otro lado necesaria para la protección de los árboles en estado joven- y nos olvidamos de realizar los oportunos tratamientos correctores, obtendremos un bosque en el que los árboles crecen de forma natural pero condicionados por la fuerte competencia a la que obliga la alta densidad, caracterizado por árboles muy desarrollados en altura pero escasamente desarrollados en diámetro, es decir, débiles en su lucha contra la meteorología, especialmente contra el viento.

Lo aconsejable, en las repoblaciones artificiales, es realizar una serie de tratamientos de cortas (entresacas o claras) periódicas a lo largo de la vida de crecimiento de los árboles; disminuyendo así la densidad del bosque desde su número inicial de repoblación hasta obtener la densidad del pinar canario natural que oscila entre 200 a 300 pies/Ha.

Cada año se deberá realizar una limpieza del monte, "sacando" los árboles enfermos o muertos y los de porte desordenado, disminuyendo así progresivamente la competencia existente entre los pies.

No debemos olvidar que próximamente los bosques canarios estarán en un avanzado estado de crecimiento y de fuerte densidad. No quiero pensar en las consecuencias que puede traer cuando este bosque (que hoy no queremos tocar por un equivocado concepto proteccionista/conservacionista) llegue a su estado de madurez y haya que aplicar una corta final como consecuencia de la muerte de todos los árboles.

Entonces aparecerán extensas zonas de desarboladas expuestas a los agentes atmosféricos, con pendientes elevadas y suelo fácilmente erosionable debido a la falta de la protección que generan los bosques.

Prevenir con tiempo este desastre ecológico es primordial para la conservación de nuestra masa forestal y nos obliga a realizar una planificación ordenada de "entresacas" para sanear y salvar el mayor número posible de hectáreas posible.

La tendencia lógica de la planificación es la de obtener un bosque lo más parecido al natural, donde hay árboles de todas las edades y cuando los viejos mueren ocupan su lugar los jóvenes y se renueva el ciclo de la vida.

Esta planificación debe centrarse en la ejecución de unas "cortas selectivas" que transformen el bosque actual -altamente denso- en un bosque más natural con espacio entre los árboles para propiciar su propia regeneración.

Esta apertura de suelo ha de ser progresiva, ya que en estos momentos los pinos se encuentran en un estado débil y se mantienen paradógicamente en pie gracias al apoyo que se prestan unos a otros por la proximidad. Si disminuyéramos drásticamente el número de pies por hectárea, perderían este apoyo y estarían a merced de los vientos reinantes en la zona. Por ello es conveniente realizar la disminución del número de pies de una forma progresiva y teniendo siempre en cuenta la dirección de los vientos dominantes, dando tiempo de esta manera a que los ejemplares que queden se desarrollen en anchura fortaleciendo su madera.


La repoblación con especies foráneas no adaptadas a las condiciones isleñas, contribuye, aún más si cabe, a obtener bosques frágiles frente a fenómenos naturales como plagas o incendios. (21)
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La inadecuada proximidad entre los pinos en los bosques repoblados a excesiva densidad propicia la transmisión de enfermedades, plagas e incendios. (22)
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La delgadez de los pinos por un crecimiento en altura excesivamente rápido, manifiesta su debilidad ante vientos moderados con la rotura del tronco. (23)
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