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La flora canaria está compuesta por casi 2000 especies de plantas vasculares espontáneas o
subespontáneas, es decir no cultivadas. De ellas, aproximadamente 1200 son autóctonas (no
introducidas), de las cuales 515 son exclusivas de nuestro archipiélago. Por otra parte, un
número bastante elevado de especies, alrededor de 400, han sido introducidas de forma voluntaria
o involuntaria por el hombre, y en la actualidad se encuentran asilvestradas en mayor o menor
grado.
Entre éstas últimas hay un cierto número que pueden considerarse de alto riesgo para la
naturaleza canaria, debido a que compiten con las plantas nativas y terminan desplazándolas. Se
comportan como elementos altamente agresivos y son capaces de proliferar rápidamente en un corto
intervalo de tiempo gracias a que disponen de sistemas de reproducción y dispersión muy
eficaces, por lo que pueden invadir y alterar los ecosistemas insulares de forma irreversible.
Estas especies, una vez asilvestradas, pueden cubrir por completo amplias zonas (caso de las
tuneras, la oreja de gato, etc.), impidiendo el desarrollo de las plantas nativas y, en casos
extremos, su reproducción. Asimismo, estas especies pueden transformar las comunidades
biológicas del área afectada, alterando el balance hídrico y la producción de biomasa.
Otro de los posibles efectos negativos sobre el medio es que algunas (por ejemplo los
eucaliptos) liberan en el suelo sustancias químicas que impiden o dificultan el desarrollo de
otras plantas.
Como puede apreciarse, los peligros potenciales que encierra esta especie son demasiado
importantes como para no prestarles atención.
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El Lirio de Flor Roja (Chasmanthe aethiopica) es frecuente en algunas zonas forestales de Anaga (Tenerife). (4)
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La planta crasa (Crassula multicava) puede aparecer tanto en zonas de laurisilva Como en cotas inferiores (5).
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Medidas para erradicar las especies foráneas
Las actuaciones emprendidas por las Administraciones Públicas para la erradicación de tales especies
han sido, hasta la fecha, escasas y bastante
localizadas, quizás por haberse subestimado la magnitud problema. Por el momento el ICONA sólo
ha asumido formalmente la erradicación de pinos, eucaliptos y la ya mencionada oreja de gato
(Tradescantia fluminensis) en el Parque Nacional del Garajonay. Igualmente, en otros Parques
Nacionales del Archipiélago se han realizado actuaciones cuyo objetivo ha sido controlar o
eliminar especies como el llamado bobo o venenero (Nicotiana glauca) en Timanfaya (Lanzarote.),
o el hediondo o espumilla (Ageratina adenophora) en la Caldera de Taburiente (La Palma). Por
otra parte, nuestra Viceconsejería ha puesto en marcha un plan de sustitución del pino insigne
en los montes tinerfeños, iniciándose dicha experiencia en 1988 y continuándose a mayor escala
a partir de 1993. Igualmente, a principios de la década de los 90, gracias al empeño de los
Agentes de Medio Ambiente de La Orotava, se logró eliminar un árbol exótico del género
denominado Pittosporum (Pittosporum undulatum) que empezaba a expandirse por las inmediaciones
de la piscifactoría de Aguamansa.
Sin embargo, muchas otras especies, potencialmente peligrosas, se están extendiendo sin que se
adopten medidas al respecto. Por ello, la actual iniciativa de la Consejería de llevar a cabo un
Plan de Erradicación de Plantas Exóticas del Parque Rural de Anaga iniciada el pasado mes de
diciembre por parte de la Viceconsejería constituye un paso esperanzador. Sería deseable que
este tipo de actuaciones se hicieran extensivas a muchos otros lugares del Archipiélago, ya que
la manera más efectiva de atajar los problemas que venimos planteando consiste en controlar las
poblaciones incipientes. Desgraciadamente, son numerosas las especies que se han instalado en
Canarias, como por ejemplo las populares tuneras (Opuntia spp.) o las piteras (Agave americana),
las dos procedentes de centroamérica que fueron traídas hace pocos siglos y que ahora son
prácticamente imposibles de erradicar. No obstante aún estamos a tiempo de impedir que esta
situación se repita con otros elementos, potencialmente más agresivos, que conviene eliminar lo
antes posible de los Montes de Utilidad Pública y otros Espacios Naturales Protegidos.
Aunque el problema afecta a todas las islas, en esta oportunidad pasamos a comentar, a modo de
ejemplo, el caso de algunas especies exóticas que están asilvestradas en amplias zonas de
Tenerife. Una de ellas es el geranio (Pelargonium zonale), presente en numerosos barrancos y
acantilados del norte de la isla (Los Silos, Buenavista, Icod, etc.); el lirio de flor roja
(Chasmanthe aethiopica), frecuente en zonas forestales de Anaga (Cruz del Carmen, Chamorga,
inmediaciones de la Casa Forestal de Taganana, etc.) y la planta crasa Crassula multicava, que
puede aparecer tanto en zonas de laurisilva como a cotas inferiores. En el caso del lirio, la
reproducción tiene lugar a través de semillas, estolones y bulbos, mientras que en las dos
restantes es más espectacular si cabe, ya que basta una simple hoja que caiga al suelo para
originar otra planta.
Como se comprenderá, para las labores de erradicación es muy conveniente ser cuidadosos y
sumamente perseverantes, procurando esperarse en la labor. Las plantas extraídas deben
introducirse en bolsas herméticas que posteriormente han de retirarse del medio natural y, a ser
posible, quemarse. Además, si la zona invadida no es muy extensa es aconsejable cubrirla con una
capa de tierra de 20 cm. de espesor que impida el desarrollo de posibles brotes. En cualquier
caso, es necesario repetir la operación cada cierto tiempo, a fin de eliminar las plantas que
puedan volver a salir.
Otros elementos exóticos cuya erradicación es deseable incluyen a todas las especies de acacias,
eucaliptos y tojos (espino de flor amarilla), que se reproducen muy bien a partir de semillas
especialmente después de los incendios. También la pitera o agave (Agave americano), la sávila
(Aloe vera), la madreselva (Lonicera japónica), la ya citada oreja de gato (Tradescantia
fluminensis) o el pasto de elefante (Pennisetum setaceum), son plantas susceptibles de ser
erradicadas o -al menos- controladas en algunas zonas donde no resultan todavía especialmente
abundantes.
A modo de conclusión, conviene recordar que, para evitar cometer equivocaciones de las que
tengamos que lamentarnos en el futuro, es preciso evitar la introducción en el medio natural de
las especies ajenas a cada isla o comarca, y proceder a eliminar la flora exótica instalada en
los espacios naturales bajo el necesario asesoramiento técnico. Todo ello nos va a ahorrar
dinero y esfuerzos, ya que -en la mayoría de los casos- cuando se asientan las especies exóticas
en el medio natural, no es posible erradicarlas o controlarlas con la intervención de medios
mecanizados o usando herbicidas, sino a mano, eliminando planta a planta de forma lenta y
artesanal.
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Crassula Iycopoides crea céspedes más o menos compactos. (7,8)
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