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Este verano los incendios forestales han castigado con especial crudeza los montes de la isla
de Tenerife. Sin duda el más grave de todos ellos se inició el viernes 21 de Julio hacia las
19,15 horas, momento en el que se recibe un aviso en el Centro de Incendio de La Laguna: el
vigilante del Monte de La Esperanza está viendo dos focos de fuego, uno en las Raíces, y otro en
la Pista del Acebiñal, separados aproximadarnente un kilómetro entre sí.
Ante el peligro potencial que encierra este hecho se da inmediato aviso a las cuadrillas de
retén, vehículos contraincendio y demás medios, así como al Técnico de Guardia, el cual estaba
al tanto de los hechos por la emisora ya que venía de otro conato en la zona de Los Campeches
(Los Realejos), Jefe del Servicio de Conservación de la Naturaleza (D. Juan Valle), Jefe del
Servicio de Protección Civil (D. Fernando Clavijo), Policía Local del Ayuntamiento, etc.
En menos de veinte minutos las cuadrillas acuden al lugar de los conatos, y hacia las 19,20
horas el jefe del retén informa que hace mucho viento y el incendio se ha subido a copas. La
gravedad de este siniestro era evidente por lo que se despliegan todos los medios a disposición
de la Viceconsejería de Medio Ambiente.
A las 19,45 horas todo el operativo de incendios está en funcionamiento pese a lo cual, a las
ocho de la noche el fuego entra en Montaña Grande. Los vientos son superiores a 30 km/h, aunque
estaba entrando la nube del alisio en la zona. Pese a los esfuerzos por detener el avance del
frente, en poco más de veinte minutos el foco de Las Raíces se traslada hacia el Pico de las
Flores.
El cariz que estaba tomando la situación hace que se llame a gran parte del operativo de las
comarcas 7.1 (Anaga, S/C de Tfe, La Laguna, El Rosario), 7.2 (Tacoronte, El Sauzal, La Matanza,
La Victoria, Santa Úrsula), 7.3 (La Orotava, Realejos, San Juan de la Rarnbla) y la 7.7
(Candelaria, Arafo, Güímar, Fasnia, Arico).
Se despliegan las cuadrillas aunque con precaución por ser de noche, y dadas las características
tanto del fuego como de la zona incendiada. Se entra con personal por la pista de Juanito el feo
y por Las Raíces. Se logra contener dicho frente momentáneamente. Varias cuadrillas se desplazan
hacia el Pico de las Flores y durante algunos momentos se vive la angustia producida por el
corte de la carretera dorsal, tanto en la parte superior como en la inferior. Se teme que queden
atrapados pero afortunadamente todo quedó en un susto. Un brusco cambio de viento hace que el
incendio pase por el kilómetro 14 de la carretera dorsal desde el Pico de las Flores hacia el
norte de la isla. En muy poco tiempo el fuego avanza incontenible y penetra en la finca Data del
Coronado, en el término de Tacoronte.
Durante toda la noche se trabaja tratando de contener el frente de Las Raíces y en la pista del
Acebiñal mientras el frente ente que avanza por el norte no puede siquiera acometerse dado que
las pistas quedan cortadas, y así lo informa el guarda forestal de Tacoronte, que en un primer
momento trata de introducirse hacia esa zona. Ante una orden suya todo el personal retrocede
pues el fuego ha avanzado mucho más de lo que se suponía. Sin embargo en las Raíces el fuego
avanza muy lentamente y es rastrero por la falta de combustible por lo que en la madrugada puede
ser controlado. No sucede lo mismo tanto en la pista del Acebiñal, donde es peligroso trabajar,
como en la pista de Juanito el feo que da al cortafuego, donde la acumulación del combustible en
la zona de Huelgues hace que las llamas alcancen grandes proporciones, con peligro evidente para el personal.
Por el norte el fuego gira hacia el NO entrando hacia El Sauzal y La Matanza, siguiendo
imparable hacia el municipio de La Victoria.
El sábado 22 de Julio la lucha contra el fuego se sigue concentrando en diferentes puntos, todos
ellos de gran peligro: el frente que sube hacia la Carretera dorsal C-824, el frente norte
situado en la parte baja de Tacoronte, El Sauzal y La Matanza por el límite del monte, y el
frente situado en la zona de Barranco Hondo a Igueste de Candelaria por el sur.
Hay que señalar que desde el primer momento del incendio, junto al personal de la
Viceconsejería, se movilizan los medios disponibles de Ayuntamientos, bomberos, y particulares.
Dichos medios se van concentrando en el puesto de mando elegido en un primer momento para
coordinar la lucha, en el bar de las Raíces. Junto a ellos el otro punto de coordinación lo
asume el Jefe del Servicio (D. Juan Valle) en el Centro de Coordinación situado en el CEIC.
A primeras horas de la mañana, ya con un poco de luz, se reanudan los trabajos de lucha tanto
en la parte de La Esperanza, como en los municipios del Norte, donde los efectivos desplazados
por la Viceconsejería y Ayuntamientos tratan de luchar con los frentes que se desplazan hacia la
parte baja del monte. En la finca Data del Coronado perteneciente al Cabildo es imposible
detener el fuego, que se desplaza hacia la Vica (La Matanza), donde se lucha porque no traspase
la línea del monte hacia la parte cultivada.
Esa misma mañana se ordena desalojar la zona de Las Lagunetas, ya que el frente del norte avanza
hacia las cotas altas, amenazando las casas de dicto lugar.
Se mantienen los mismos frentes y en esa lucha constante contra los focos transcurre todo el
día, teniéndose la esperanza de que se estabilizarán pronto, e incluso se intuye la posibilidad
de que en un plazo corto, no mayor de 24 horas, se domine el incendio. Así lo comunica el Sr.
Consejero de Política Territorial en una rueda de prensa celebrada en el CEIC hacia las 19 horas.
Durante la madrugada del domingo 23 de Julio el incendio adquiere de nuevo una inusitada
gravedad. El fuego toma mucho incremento, derivando hacia el SO, hacia Barranco Hondo y Las
Barreras. El peligro de fuego hace que se desalojen Las Barreras ante el temor que produce, por
más que el frente se encuentra lejos; por último se llega a estabilizar en Igueste. Durante toda
la noche se lucha por defender la carretera dorsal, toda vez que el frente del norte, que ha
avanzado mucho hasta llegar a La Victoria, intenta subir ladera arriba por lo que la amenaza de
que traspase la carretera dorsal y penetre en Candelaria es muy seria. Se lucha denodadamente en
este frente, tanto en la zona del Mirador de Ortuño como en el Diablillo. Se hace desalojar la
torre de incendios del Gaitero. Antes de amanecer, y pese a todos los esfuerzos por defenderla,
el fuego traspasa la dorsal por el Mirador de Ortuño y penetra en Candelaria.
Cuando amanece, la fatalidad se ceba en los dispositivos contraincendios ya que el tiempo sur
hace que la capa de inversión se sitúe muy baja, hasta el punto que los alisios se sitúan
alrededor de los setecientos metros. Los hidroaviones y el helicóptero que se desplazan desde
Gran Canaria son inoperativos a primeras horas de la mañana por estar cerrado el Aeropuerto de
los Rodeos a causa de una espesa niebla, ya que dichos aparatos sólo disponen de aparatos
visuales de navegación. Hasta cerca de las doce de la mañana no es posible contar con la
colaboración de los medios aéreos.
Durante el domingo 23 de Julio se trabaja en el cortafuegos de Candelaria pero el fuego se pasa
por la parte baja en las fincas particulares. Además y dado que el frente del norte también
rebasa la cumbre y penetra en ladera sur por detrás de dicho cortafuegos, es preciso abandonar
la lucha en dicho lugar pues el fuego amenaza con encerrar entre dos frentes al personal que
allí se encuentra. Entonces se reorganiza la defensa apoyándose en dos lineas para tratar de
parar el avance del incendio:
- Cortafuegos de Chivisaya (Candelaria) en la zona sur.
- Cortafuegos de La Victoria, en la zona norte de la isla.
Se trabaja durante todo el día para ensanchar este último cortafuegos, uniéndolo con la
carretera dorsal, aprovechando que el frente esta aún lejos de este lugar. En el cortafuegos de
Chivisaya se prepara la defensa situando todo el dispositivo posible, tanto de personal, como
vehículos contraincendios, a lo largo de esa línea de defensa. Es necesario mantenerse a la
espera del fuego, toda vez que en toda la ladera que forma el monte de Candelaria es imposible
trabajar, dadas las características orográficas de dicho monte, sobre todo su gran pendiente,
que impide penetrar en el interior con relativa seguridad.
Sin embargo si es posible trabajar en la parte inferior de este municipio, en la zona conocida
como Los Brezos, donde el poco personal de la Viceconsejería que puede ser desplazado trabaja
denodadamente junto a los trabajadores aportados por el Ayuntamiento de Candelaria para intentar impedir
que el fuego llegue a las casas de la parte alta del municipio. El riesgo de desprendimiento de
piedras y troncos en esta zona es muy grande pues las pendientes del lugar son elevadas. Con una
gran tenacidad y lucha constante durante todo el día, se logra frenar el avance de las llamas en
aquel lugar.
Mientras tanto en el norte se sigue defendiendo la zona baja que limita el monte con las fincas
particulares y parece que ese día este frente no está tan activo como los días anteriores. Por
la tarde se decide dar contrafuegos apoyándose en la línea de defensa de Chivisaya. Si este
trabajo diera resultado se lograría atajar el frente que avanza hacia Arafo en su totalidad. Y
así se hace, empezándose a un tiempo tanto por la parte baja, apoyada en la carretera de bajada
al pueblo de Arafo, como en la alta, apoyada en la carretera dorsal. Se aprovecha que el frente
viene quemando aún lejos, y queda tiempo para efectuar tal maniobra con seguridad. La
realización de este contrafuego en su parte alta se realiza muy despacio pero es muy efectiva.
Sin embargo en la parte inferior, a pesar de lograrse quemar la parte inferior del cortafuegos
pegada a la carretera, las llamas que constituyen el frente que viene avanzando amenaza con
superar la barrera establecida, y por desgracia, tras muchos avatares, así ocurre. El fuego
supera en ciertos lugares la línea de defensa y se decide abandonar esta línea. Entonces se
ordena paralizar al personal que daba el contrafuego en la parte alta.
En vista del rumbo que tomaba la situación, tiene lugar una reunión en la zona de Arafo, en la
que entre otros estaba el Consejero de Política Territorial, el Presidente del Cabildo y el
Consejero de Medio Ambiente del mismo, el técnico de extinción, y los guardas que controlaban
los diversos frentes. Se decide entonces que, a pesar de la lejanía en que todavía se encontraba
el frente sur, era conveniente apoyarse en la carretera de Arafo como última línea de defensa.
Si el fuego superaba dicha barrera, sería muy difícil de contener sin que penetrase en el monte
de Arafo, lo cual tornaría aún más peligrosa la situación.
Tras consultas con el Técnico al mando del incendio en el Centro de Control, se decide convertir
dicha carretera en un cortafuegos inexpugnable al fuego. Para ello se ensanchan los laterales,
derribando los árboles que fueran necesarios, para lo cual se utilizan varias palas, entre ellas
una muy potente del Ejército. Por otra parte también se amplían los laterales de la carretera
dorsal entre el cortafuegos de Chivisaya y el cruce de Arafo, para impedir que el fuego pueda
desbordarse y penetrar en el monte de la Victoria por detrás de su cortafuegos, lo cual hubiera
hecho inútil todo el esfuerzo desplegado en la vertiente norte. Así se decide y así se hace
durante toda la noche.
La noche del domingo al lunes fue una noche de gran tensión. El fuego amenazó varias veces con saltarse las líneas de contención establecidas y de
hecho lo logró. Así, en la zona baja de la carretera de Arafo, el fuego salta la carretera y se
mete en zona de matorrales, pero afortunadamente es contenido y sofocado, por lo que tras
algunas horas de trabajo logra pararse el frente. Además ayudó el cambio en la dirección del
viento, que hizo que soplase otra vez contra lo quemado.
También en la dorsal se pasaron varios sustos. El fuego desbordó otra vez el cortafuegos de
Chivisaya, y ante el peligro de que saltase la carretera dorsal, se decidió dar contrafuego. De
esta manera se logró atajar, y pudo continuarse tranquilamente el trabajo de ensanche de los
bordes de la carretera ya establecidos. Igualmente se continuó trabajando a lo largo de toda la
carretera dorsal en la zona ya quemada. Diversas lenguas de fuego intentaban continuamente subir
hacia la dorsal, aunque el peligro era menor ya que volvería sobre el perímetro quemado. No se
mencionan los otros frentes en las partes bajas por estar más o menos estabilizados, ya que en
ellos se sigue trabajando sin descanso alguno durante toda la noche.
Las dimensiones del fuego hacían que todo el personal disponible de la Viceconsejería estuviera
actuando. Los turnos eran de 24 horas ininterrumpidas, con los lógicos descansos. De todas las
comarcas de la isla hubo que sacar personal, dejando el mínimo imprescindible como retén, ya que
además las condiciones climatológicas seguían siendo adversas, con elevadas temperaturas y
calimas.
El lunes día 24 el fuego comienza a ser controlado. Todos los focos continúan activos pero
dentro del perímetro quemado.
A primeras horas de la mañana se decide dar un contrafuego apoyándose en la línea de defensa
de La Victoria, para lo cual el guarda de aquella localidad empieza los preparativos. De esta
manera se evitarían sustos, toda vez que el fuego ha cogido mantillo, y surgen focos por
cualquier lugar. Así pues, se empieza a realizar el contrafuego muy despacio, de arriba a abajo.
Por el Sur, en la carretera de Arafo, el frente se encuentra estabilizado tras una noche de
intenso trabajo. Se decide a media mañana, y dado que los focos están bastante lejos de la
carretera, dar contrafuego, y en presencia del Consejero de Política Territorial y los mandos
al frente, así se hace con bastante éxito, evitando que el fuego amenace nuevamente el monte de
Arafo.
Vista la distancia que existía entre la línea de defensa adoptada por esta carretera y las zonas
que aún continuaban ardiendo en el interior, a primeras horas de la tarde se introducen por la
retaguardia de los focos varias cuadrillas utilizando el cortafuego de Chivisaya y consiguen
sofocar completamente este frente.
Mientras tanto, en el resto de frentes el fuego se ha estabilizado. El contrafuegos de La
Victoria se suspende a mediodía dada la presencia de personas incontroladas en la zona conocida
como El Rincón. A pesar de ello los perímetros continúan estabilizados y a punto de sofocarse.
El martes 25 de Julio se empieza a atacar el foco existente en El Rincón, y se sofocan diversos
humos que se mantienen por la parte baja y por la dorsal. El frente de Arafo ha quedado
completamente sofocado desde la tarde anterior sin que la vigilancia que, pese a todo, se monta,
logre avistar el más mínimo humo. Durante todo el día se riega abundantemente el cortafuegos de
La Victoria pues, aunque ya no hay fuegos, subsiste la combustión del subsuelo alimentada por
la abundante materia organica que cubre los suelos de la laurisilva, así como los tocones de los
pinos.
El incendio se da por controlado esa misma tarde hacia las 19,30 horas.
No obstante hay que destacar que en la madrugada del día siguiente se levanta un fortísimo
viento que gracias a Dios, no produce ningún reavivamiento, pues se había regado muy
concienzudamente toda la zona. Aún así, durante toda la noche las cuadrillas no paran de
moverse y apagar rescoldos para evitar propagaciones.
El miércoles 26 de Julio el tiempo sigue siendo muy caluroso. Por la tarde se reaviva un foco
en la zona de La Matanza. Este lugar es el más peligroso porque al ser zona de laurisilva sigue
ardiendo todo el subsuelo. Tras más de dos horas de trabajo, se logra reconducir la situación y evitar que las llamas se descontrolen.
Resaltar que desde ese momento, y durante bastantes semanas, se vigila y sofoca cualquier humo
del que se tengan noticias. Aún así, hasta bien entrado el mes de Septiembre subsistían restos
de tocones ardiendo dentro del perímetro quemado.
También destacar la enorme entrega que puso todo el personal de la Viceconsejería durante los
días que duró el incendio. Se luchó sin tregua hasta el agotamiento, intentando atajar por todos
los medios el desastre que se había producido. Debo señalar que durante los días que duró el
incendio también se produjeron otros conatos en La Orotava, Los Realejos, Los Silos, etc., a los
que tuvo que acudir nuestro personal junto a los propios de los Ayuntamientos, pero que sin
embargo muestra hasta qué punto se cubría la vigilancia de los montes. Me consta igualmente que
el personal de otras zonas alejadas a la del siniestro se mantuvo de vigilancia por si hiciera
falta su concurso, atendiendo las llamadas de alcaldes y particulares (sobre todo en las zonas
donde existían campamentos) hasta bien entrada la noche. Esta labor sorda y callada merece
también nuestro reconocimiento.
Igualmente eficaces y solidarios se mostraron los Ayuntamientos afectados y no afectados
directamente por el incendio, los particulares que pusieron a disposición de nuestro personal
las cubas, focos y demás enseres para luchar contra los incendios, el Ejército, que se desplegó
en la zona baja tan pronto como fue reclamado, en una labor de vigilancia de la zona ya
sofocada, no por ello menos importante que la propia lucha conta el incendio. Los medios aéreos
fueron de gran eficacia en los sitios donde podían actuar.
En cuanto al personal voluntario es de agradecer el gran entusiasmo desplegado para ayudar en
las tareas de extinción. No obstante sería importante una vez vista ésta y otras experiencias
anteriores, que de alguna manera se forme a las personas que quieren participar como voluntarios
en este tipo de siniestros pues de otra forma se corre un gran riesgo del que muchos no son
conscientes. Evitar una desgracia debe ser nuestra mayor preocupación. En este sentido hay que
reseñar como incidentes más notables el accidente de una cuba que se salió de una pista, en el
que resultó accidentado un bombero, gracias a Dios fuera de peligro tras una intervención
quirúrgica, y la caída de un helicóptero de la Guardía Civil en Tacoronte cuando cubría labores
de vigilancia, felizmente sin accidentados importantes. El resto fueron accidentes de menor
consideración.
Por último, informar que la superficie quemada ascendió a 2.900 Has., si bien, dadas las
características de nuestros montes se recuperarán a medio plazo. En los momentos de redactar
esta crónica ya han empezado a rebrotar los pinos y los brezos, cuando apenas han transcurridos
tres meses del incendio. En este sentido, y puesto que muchas personas se preguntan por las
labores de repoblación a que el incendio hubiera dado lugar, hay que destacar que no serán
necesarias pues como hemos dicho, la propia naturaleza de nuestros bosques hace que se regeneren
por sí solos.
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Incendio de la Esperanza
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