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Cada año, a medida que se acerca el verano, suben las temperaturas y la brisa se torna tan seca
que casi nos corta la cara, Medio Ambiente despliega un operativo de incendios con el fin último
de proteger y conservar los montes canarios. A menudo nos llegan comentarios como "no exageréis,
no es tan trágico que se queme el pinar canario, total enseguida rebrota". Es verdad que nuestro
pino resiste mejor el fuego que el pino mediterráneo o que los bosques levantinos, pero no
podemos caer en el error de olvidarnos de la fauna que habita en ellos, ni de las repercusiones
que acechan sobre el ecosistema, es decir, sobre el conjunto de relaciones que existen entre
cada uno de los animales, plantas y elementos físicos que lo conforman.
Ya es hora de dejar claro que cada vez que el personal de Medio Ambiente se expone al fuego,
arriesgando en ocasiones su vida, no es por nada. Amantes de la Naturaleza, defienden nuestro
rico Patrimonio Natural, signo de identidad de las Islas Canarias, que son conocidas por el gran
número de endemismos de flora y de fauna que presentan, es decir especies y subespecies que son
únicas de nuestro Archipiélago, a nivel mundial.
Por otra parte, estamos tan acostumbrados al entorno que incluso nos pasa desapercibido su
fuerza y extraordinana belleza. Enclaves que nos resultan familiares despiertan la admiración de
las personas que lo visitan por primera vez y observan como se alzan los pinos sobre el árido
malpaís.
El pino canario (Pinus canariensis) es exclusivo de nuestro Archipiélago. Su gran resistencia,
vinculada a las duras condiciones del volcanismo insular, le ha permitido sobrevivir hasta la
fecha. Sin embargo, no queda exento de las graves secuelas que ocasionen los numerosos incendios
que ocurren en nuestros días, que ponen en peligro la capacidad de recuperación del pinar,
entendiendo este como algo más que un conjunto de pinos. Cada elemento forma parte de un
sistema integrado que sustenta y genera la vida, como las células de nuestro organismo. Si
observamos detenidamente la corteza de los árboles y el mantillo de pinocha encontraremos una
variedad, inimaginable a primera vista, de insectos, arácnidos y miriápodos, en diferentes fases
de desarrollo (larvas, puestas, etc.). Muchos de estos invertebrados son también endémicos de
Canarias. Además, constituyen la fuente de alimento de muchas aves, murciélagos y reptiles,
también habitantes del pinar.
Hablando de reptiles terrestres, aunque en general suelen ser bastante abundantes y de amplia
distribución, son de gran interés por ser, la mayoría de las especies, exclusivas del
Archipiélago. Al igual que muchos insectos, se pueden considerar fósiles vivientes, pues son una
muestra de la fauna que habitó en Europa y norte de África en tiempos remotos (el Terciario).
Los murciélagos representan el grupo más interesante, desconocido y que a su vez más especies
incluye, de los mamíferos canarios. Seis de las ocho especies citadas en las Islas, han sido
detectadas en el pinar: murciélago de bosque, nóctulo pequeño, murciélago montañero, murciélago
rabudo, murciélago de Madeira y orejudo canario; ésta última destaca por ser exclusiva de
nuestro archipiélago. Los murciélagos son de costumbres nocturnas. Durante el día la mayoría de
ellos se refugian en los huecos y grietas de los troncos, no obstante algunas especies
forestales como el murciélago de bosque y el orejudo canario, utilizan las cuevas, tubos
volcánicos y galerías de agua, como lugar de reposo y como posadero, durante la noche, para
manipular sus presas, especialmente mariposas nocturnas. En la actualidad el uso indiscriminado
de insecticidas y herbicidas en la agricultura, las molestias ocasionadas por la entrada de
personas en sus refugios subterráneos y la escasa disponibilidad de árboles viejos registrados
en algunas zonas amenazan sus poblaciones.
Respecto a la avifauna, que resalta por su riqueza, nos centraremos en el pinzón azul y el pico
picapinos, por tratarse de aves endémicas que se encuentran estrechamente ligadas al pinar.
El pico picapinos o pájaro carpintero, se diferencia en dos subespecies, una vive en Gran
Canaria y la otra en Tenerife. Ocupan fundamentalmente los pinares más antiguos que se
encuentran mejor conservados, con numerosos árboles muertos. Los árboles y ramas secas, son
esenciales para la comunicación, el alimento y la reproducción de estas aves. En la época de
cortejo los machos golpean la madera produciendo un rápido tamborileo para atraer a las hebras
y marcar su territorio. Poseen un fuerte pico y una lengua bastante larga, útiles para capturar
insectos que viven en la madera y extraer piñones. Construyen el nido en el interior de los
troncos y ramas secas. Aunque ponen varios huevos, tan sólo suelen sacar adelante uno o dos
pollos. Su hábitat se ha visto reducido a consecuencia del aprovechamiento forestal que tuvo
lugar en el pasado, quedando las poblaciones relegadas a zonas dispersas. Por esta razón se
encuentra en la actualidad amenazado sobre todo en Tenerife.
Respecto al pinzón azul, se conocen dos subespecies que muestran también una distribución muy
localizada, una en Tenerife y otra en Gran Canaria. Como ya se ha comentado anteriormente, la
especie se encuentra muy ligada al pino canario, del que obtiene semillas que constituyen
principalmente su dieta. Además, en el sotobosque de escobones y codesos de las formaciones de
pinar mixto, viven isectos que son esenciales en la época de cría para alimentar a los pollos.
El nido, lo construyen sobre ramas que suelen encontrarse a gran altura. Como en el caso
anterior, también la especie se encuentra amenazada, especialmente la población de Gran Canaria,
donde los intensos aprovecharnientos forestales redujeron y fragmentaron enormemente su hábitat.
Otras aves presentes en el pinar son: el ratonero, el cernícalo, el búho chico, el pardillo, el
mosquitero, el reyezuelo sencillo, el herrerillo y el petirrojo, el vencejo unicolor, el
canario, el gavilán, la chocha perdiz, el bisbita caminero o lavandera, el mirlo, el cuervo que
cada vez resulta más difícil de ver en Tenerife, etc.
Como vemos, o al menos intuimos, cualquier alteración que se efectúa sobre uno de los elementos
de nuestro frágil ecosistema, repercute en su totalidad, de igual forma que afecta la lesión de
las células de un órgano vital, como el riñón, a su funcionamiento y en definitiva a nuestro
cuerpo.
Un incendio afecta, directamente e indirectamente, además de a la vegetación, a la fauna que se
alberga y a los recursos naturales (agua, suelo, etc.), incidiendo también a nivel
socioecoenómico.
Respecto a la estacionalidad del riesgo de incendios coincide con la época en la que muchas
especies de nuestra fauna se encuentran en plena reproducción. En la Naturaleza existe una gran
sincronización.
El periodo reproductor de muchos animales, coincide entre sí y, a su vez, con la de muchos
insectos, así como con la floración y fructificación de numerosas plantas, aumentando por tanto
la disponibilidad de alimento.
Imaginemos, por ejemplo, como debe afectar a las aves que se encuentra en época de cría, muchas
de ellas nidificando y otras intentando sacar a su prole adelante. Unas perecerán a consecuencia
de las llamas y el humo, otras sin embargo se refugiarán en las zonas colindantes, pero deberán
competir con las del lugar por el alimento. Si nos ponemos en el caso de los insectos, el
panorama es más crudo.
Para finalizar este sucinto repaso a las repercusiones de los incendios sobre la fauna
silvestre, aunque prevalece una evidente ausencia de estudios específicos sobre el tema en
Canarias, cabe destacar los censos realizados por Delgado, Moreno y Hernández, en el Atlas de
aves nidificantes de la Caldera de Taburiente (Informe Inédito, ICONA) que reflejan una menor
densidad de aves en los montes que se quemaron hace más de diez años. De ello se desprende que,
a pesar de que los árboles rebrotan y en poco tiempo presentan un aspecto parecido al que
mostraban antes de la catástrofe, el tiempo que tarda el ecosistema del monte en recuperar su
antiguo estado es bastante largo.
Recientemente, la Viceconsejería de Medio Ambiente, ha sentado las bases para la realización de
unos estudios en colaboración con la Universidad de La Laguna, para paliar el vacío de
conocimientos que opera en la actualidad. No obstante, algunas de las repercusiones de los
incendios son conocidas, o al menos intuidas, por aquellas personas que viven, día a día, en
estrecho contacto con la Naturaleza. Pueden cambiar algunos nombres y conceptos pero en esencia
es lo mismo. Una de las descripciones que, con mayor profundidad y sencillez, capta el verdadero
sentido de la Naturaleza es seguramente el mensaje del Jefe indio Seattle. No me resisto a
mostrar un extracto de su declaración en la firma del tratado de Point Elliot, con el que
recibía pacíficamente a los colonos que llegaban a la región: "Enseñen a sus hijos que nosotros
hemos señalado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurre a la Tierra
le ocurrirá a los hijos de la Tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí
mismos". Debemos reflexionar ante el hecho de que sólo alrededor del 4% de los incendios que
ocurren en España tienen un origen natural (provocado por rayos fundamentalmente). |

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