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Buenaventura Machado Alvarez




Medio Ambiente CANARIAS
Boletín Informativo de la Consejería de Política Territorial

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Incendio de Los Realejos San Juan de la Rambla




La zona de Los Campeches (Icod el Alto - Los Realejos) ha sido azotada en los últimos años por multitud de conatos de incendio intencionados. Concretamente en 1.994 fueron cerca de cuarenta los contabilizados. Este año Los Campechos ha vuelto a ser víctima de este tipo de siniestros.

Precisamente durante la primera semana del mes de agosto se produjeron de modo consecutivo tres conatos:

1º. Viernes día 4 a las 22,30 horas en el fondo de un barranco y fue rápidamente sofocado alcanzando una superficie de unas 4 Has.

2º. Sábado día 5 a las 11 horas en un lomo y también pudo ser controlado tras quemar alrededor de 8 Has.

3º. Domingo día 6 a las 11 horas en las cercanías de la Cruz del Agua; tanto el vigilante de la zona recreativa de La Tahona como la torre de vigilancia de San Juan de la Rambla dieron rápidamente la voz de alarma.

Dada la peligrosidad del lugar afectado la movilización de medios humanos se realizó con total rapidez y eficacia, y en menos de 5 minutos ya estaban trabajando en la zona las primeras cuadrillas de la Viceconsejería de Medio Ambiente correspondientes a esa comarca, agregándose más tarde las que se encontraban de guardia en las comarcas adyacentes. Asimismo se personaron las cuadrillas del ICONA y personal desplazado por los Ayuntamientos afectados. Igualmente acuden los vehículos contra incendio propios y de los ayuntamientos, aunque en algunos casos, por la lejanía y el desplazamiento lento de estos vehículos, no llegaran a la zona afectada hasta varias horas después. También se reclamó desde un primer momento la presencia de medios aéreos, tanto los hidroaviones como el helicóptero.

La gravedad que estaba tomando el siniestro hizo que a media tarde del domingo se solicitase la ayuda del Ejército para desplegarlo en los puntos que se estimaron convenientes.


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Cronología


A pesar de que en un principio se dominan rápidamente los flancos laterales, el viento empuja las llamas hacia la parte alta, con peligro de penetrar en el monte. Tras quemar matorral y pasto abundante en dicho lugar, el fuego se dirige hacia la finca de Los Realejos, propiedad del ICONA, sin que pueda ser atajado a pesar de los muchos esfuerzos que se realizaron. Irremediablemente el fuego entra en contacto con el pinar y penetra en la zona boscosa ya que la continuidad del combustible hace que el fuego se propague desde los brezos y tojos hacia los pinos con gran rapidez.

Al suceder este hecho, las cuadrillas que intentaban apagar el fuego retroceden y proceden a combatirlo apoyadas en la pista de Los Campeches donde se despliegan convenientemente las diversas cubas contraincendio; pero desgraciadamente, y como sucede con mucha frecuencia, la virulencia del fuego hace que apenas pueda sostenerse esta primera línea de defensa. Tan pronto faltó el agua y los vehículos fueron a repostar, el fuego saltó la línea de contención establecida y se disparó avanzando rápidamente, sin freno alguno monte arriba.

Se intentó establecer una segunda línea de defensa, para lo cual varios agentes se desplazaron hacia la pista de las Vistas de Sánchez, pero pudieron comprobar que ya el fuego era imparable por aquel sitio.

A media tarde del domingo, el incendio no podía ser controlado. Por este motivo la estrategia de lucha se modificó para adaptarla a las circunstancias. Una vez averiguado el perímetro real del fuego, los Técnicos y Agentes de Medio Ambiente estudiaron las posibilidades existentes y se decidió que lo más conveniente era combatirlo mediante un contrafuego que se apoyaría en diferentes pistas, bastante alejadas del foco del incendio, lo que permitiría garantizar una zona de seguridad quemada que impidiera el avance del fuego. Y tomando como base el Campamento del Barranco de la Arena, se inició dicho contrafuego.

Durante la tarde noche y hasta casi las tres de la madrugada se procedió a dar contrafuego con mucha lentitud en las pistas inferiores (Barranco de Fuente Pedro, Caño Chingue y Barranco de los Charcos) y superiores (pista que sube hasta la torre de San Juan, Cruz del Cura), viéndose favorecidos los trabajos por la ausencia casi total de viento. Las tareas en la parte inferior se completaron en dos o tres horas, mientras en la parte superior se tardó bastante más no sólo por su mayor longitud, sino por la existencia de brisas, que junto a la gran cantidad de curvas de la pista obligaron a parar durante algún tiempo la labor de contrafuego. A pesar de todo, y tras algunos sustos provocados por la acumulación de material combustible, el fuego pudo ser dominado.

A primeras horas del lunes, los aviones reanudaron sus tareas, así como el helicóptero, aplacando las llamas que quedaban dentro del perímetro que estaba ardiendo y también en la parte inferior, para evitar que algún foco pudiera sobrepasar la línea de defensa echando a perder toda la labor realizada hasta ese momento.

Hacia las diez u once de la mañana del lunes, el Consejero de Política Territorial, el Viceconsejero de Medio Ambiente y el Jefe de extinción del incendio sobrevolaron en helicóptero la zona, comprobando la casi total ausencia de focos activos importantes y el control efectivo del perímetro quemado, por lo que el incendio se da por controlado hacia las 11 de la mañana.

Desde ese momento se montó un dispositivo de vigilancia para evitar el reavivarniento del fuego, dispositivo que se prolongó durante días para sofocar los diversos humos que en este tipo de siniestros se producen con gran frecuencia, sin que en ningún momento hubiera algún incidente digno de mención.

Es de destacar la labor solidaria de los diversos Ayuntamientos afectados por el siniestro y los colindantes, que en todo momento ofrecieron su total colaboración, organizándose el dispositivo de tal modo que en ningún caso se produjo caos ni la presencia de personal voluntario incontrolado; en esta ocasión, la perfecta disposición del cuerpo de policía impidió la entrada de cualquier persona ajena a los trabajos de extinción del incendio, lo cual supuso una gran ayuda a la hora de atajar el fuego.

Igualmente hay que destacar que el Ejército se personó, una vez requerida su presencia, alrededor de las 8 horas de la tarde, siendo dispuestas las unidades y el personal a lo largo de la línea que une la finca de Los Realejos con la torre de San Juan de la Rambla, para vigilar y sofocar los rescoldos que en aquella zona persistían. En principio se trataba de una de las zonas menos conflictivas por soplar el aire en todo momento en dirección a lo quemado, pero con el peligro latente de que el viento cambiase de dirección, y por no estar quemada aquella zona se pudiesen encontrar las unidades del Ejército en una situación peligrosa.

Se estima en 250 hectáreas las quemadas por el fuego, siendo todas ellas de pino canario y algo de matorral. Como sucede en estos casos, no toda la superficie está dañada por igual, habiendo zonas no afectadas y por tanto verdes, otras simplemente soflamadas y las que estaban llenas de combustible, totalmente quemadas. Afortunadamente, la recuperación de esta masa boscosa está garantizada en un plazo relativamente corto (2-3 años) y lo más importante de todo es que no hubo que lamentar, gracias a Dios, ningún accidente de importancia.


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