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Efectos del fuego en la germinación de semillas en los pinos canarios
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La evaluación del efecto del fuego en la vegetación presente en un ecosistema no es tarea
difícil si sólo se tiene en cuenta la desaparición de la cobertura vegetal. Sin embargo, no sólo
la flora presente en el momento del incendio se ve afectada, el fuego puede modificar el futuro
paisaje vegetal de un ecosistema mediante su influencia en el banco de semillas y esporas del
suelo. Estudios previos, realizados en distintos ecosistemas del mundo, han mostrado que el
fuego puede inhibir o estimular la germinación de semillas y esporas. Determinadas especies de
plantas con flores, helechos, musgos y hongos pueden volverse muy abundantes después de un
incendio. En contraste, otras desaparecen bien por competencia con las más abundantes, o bien
porque sus semillas quedaron inviables a consecuencia del excesivo calor o el efecto del humo.
El resultado es que el paisaje se vuelve más pobre en especies, es decir, la diversidad
florística disminuye.
En las Islas Canarias, no se han realizado hasta la fecha estudios sobre la incidencia del fuego
en el banco de semillas y esporas del suelo, por lo que en este sentido, cualquier contribución
sería de interés para evaluar adecuadamente el efecto de los incendios, cada vez más frecuentes,
en la superficie insular. Actualmente se ha iniciado un estudio para conocer como afecta la
intensidad del fuego al banco de semillas y esporas del suelo. Las cuestiones planteadas son las
siguientes: ¿En que especies la germinación de sus semillas se ve favorecida o inhibida por el
fuego?, ¿influye el tipo de fuego en la viabilidad de las semillas?, ¿a qué profundidad del
suelo podríamos considerar qué semillas y esporas no se ven afectadas por el fuego?.
Para responder a estas preguntas se ha elegido el área quemada en julio-agosto de 1995, en las
proximidades de la torre de vigilancia de El Gaitero (Tenerife). La elección de esta área fue
debida a que había sido muestreada previamente al incendio (diciembre de 1992) y visitada
periódicamente, por lo que conocemos la flora y cobertura media de la vegetación que existía
antes del incendio. Se trataba de un pinar de densidad media y alta (pinar natural y de
repoblación respectivamente) según Arco Aguilar et al. (1992). Estaba caracterizado por la
abundancia de codesos (Adenocarpus viscosus), y en menor abundancia brezos (Erica arbórea) y
orégano (Origanum virens). Líquenes de considerable desarrollo eran abundantes en las ramas de
los pinos (Pinus canariensis), al igual que los musgos en rocas y troncos de pinos.
En el momento de realización de este informe, este trabajo se encuentra en sus comienzos por lo
que simplemente comentaremos el método que estamos siguiendo y los resultados que hemos
observado hasta el momento.
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Método de trabajo
El 20 de agosto de 1995, se visitó el área de estudio y, previo reconocimiento de la zona, se
seleccionaron tres parcelas (100 m2) de diferente intensidad y tipo de fuego. La Parcela 1
(fuego de intensidad alta) se encontraba completamente calcinada, un fuego de base había quemado
el suelo y vegetación herbácea y arbustiva, mientras que el fuego de copa había eliminado todas
las acículas de los árboles (Pinus canariensis). La parcela 2 (intensidad media) presentaba
también el suelo calcinado, pero el fuego de copa había sido de menor intensidad, ya que las
hojas de los pinos desecadas aún se conservaban en los árboles aunque no se no había hojas
verdes. La parcela 3 (intensidad baja) presentaba el suelo medianamente calcinado, con
superficies de suelo sin quemar y menor cantidad de cenizas en las superficies quemadas; por
otra parte, los pinos conservaban parte de sus acículas verdes. Una parcela patrón (no afectada
por el fuego) de vegetación similar a la existente en las áreas quemadas antes del incendio, fue
seleccionada en un área próxima a las parcelas quemadas.
En cada parcela se seleccionaron 5 cuadrados de 400 cm2 y se tomaron, en cada una de ellas, 3
muestras de suelo a diferente profundidad a O-5 cm., 5-10 cm. y 10-20 cm.. El suelo fue
depositado en bolsas plásticas previamente etiquetadas para su posterior siembra en macetas
plásticas de 15 cm. de diámetro, que habían sido previamente rellenadas de piroclastos para
obtener un buen drenaje de agua. Las macetas están depositadas en un invernadero del Vivero de
Medio Ambiente (La Laguna), donde son periódicamente regadas con agua destilada.
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Primeros resultados
En una primera aproximación hemos observado que en general parece que las semillas localizadas
entre 10 y 20 cm. de profundidad han sido poco afectadas por el fuego, aunque hay que señalar
que a esta profundidad, el suelo es mucho más pobre en semillas y esporas, por lo que
encontramos menor número de germinaciones a este nivel. En las capas superficiales del suelo,
especialmente en los primeros 5 cm., hay un mayor número de semillas germinadas. Uno de los
mayores problemas que se presentan después de un incendio es la erosión. El suelo superficial, y
con él, un mayor número de semillas del suelo, puede ser fácilmente arrastrado si no hay una
buena cobertura vegetal. En este sentido es de interés no cortar los arbustos quemados,
especialmente en las áreas de mayor pendiente, ya que su ramaje constituye, junto con el de los
pinos, la única protección con la que cuentan en este momento el suelo y el banco de semillas y
esporas.
A pesar del mayor número de semillas germinadas en los suelos más superficiales, su número es
inferior al de los suelos de la parcela patrón. Por esto, podemos intuir el efecto inhibidor del
fuego en la germinación de semillas de muchas plantas. Entre las especies arbustivas, el codeso
parece ser una de las más resistentes al fuego, aunque también se ha observado una menor
germinación de semillas de esta planta en las parcelas quemadas.
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