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Revista de Medio Ambiente

 

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Censo de las especies de vertebrados en la UE




La desaparición de los hábitats naturales constituye la principal amenaza para numerosas especies que viven en Europa.

El ritmo de extinción de especies se ha acelerado al tiempo que la civilización tecnológica ha ido desarrollándose y multitud de especies se han extinguido en los últimos cuatrocientos años. Los pronósticos son aún más graves y se prevé que antes de la mitad del siglo XXI habrán desaparecido más de 60.000 especies de plantas, varios centenares de vertebrados y cerca de un millón de insectos. Es ahora cuando se empieza a entender la verdadera importancia de la biodiversidad tanto para los ecosistemas como para las economías, y se descubre que criaturas que parecían inútiles y hasta perjudiciales desempeñan un importantísimo papel en el engranaje natural.


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La diversidad como patrimonio


Aunque la mayoría de las extinciones son de invertebrados la situación para los vertebrados es ya de marcada decadencia y muchos de ellos se encuentran amenazados o en peligro de extinción. Así, y concretamente en el espacio europeo, tanto Francia, como Alemania, Países Bajos y Portugal han informado que más de 40 especies de mamíferos se encuentran amenazados.

Lo mismo se puede decir del resto de los vertebrados, tales como aves, peces fluviales y anfibios cuyos hábitats se están viendo seriamente perturbados por la actividad humana dirigida a usos poco sostenibles.

La contaminación agrícola e industrial, la desecación de las zonas húmedas, y la reducción o desaparición de los bosques acaba con ecosistemas completos. Nuestro país, donde están representados casi todos los grandes tipos de hábitats naturales europeos, destaca por su riqueza faunística y en especial por la abundancia de vertebrados y de endemismos con más de 41 especies únicas. A pesar de ello y de las más de tres millones de hectáreas de espacios naturales protegidos, algunas especies han visto mermado el número de sus individuos, como es el caso de la cigüeña negra, por ejemplo. Y es que, para el mantenimiento de la diversidad biológica no es suficiente con proteger los espacios ya considerados como valiosos, sino que se debe valorar el medio y todos los hábitats en conjunto, cuidando los procesos que mantienen a los ecosistemas.