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El título de este artículo pretende hacer referencia a la polémica desatada en la isla de Gran
Canaria, al detectarse la muerte masiva de pinos de repoblación en los montes de Llanos de
Santidad y Las Mesas, sitos en el término municipal de San Bartolomé de Tirajana.
Tras efectuar varias visitas técnicas a estos montes en las que se recogieron tanto muestras de
insectos para identificar una posible plaga, como pinos para detectar la presencia de algún
agente patógeno (hongo), causante de una probable enfermedad, estas muestras se enviaron
posteriormente a dos laboratorios para llevar a cabo su cultivo. La Sección de Fauna de la
Viceconsejería de Medio Ambiente, llegó a la conclusión de que no se trataba de una plaga, ya
que las poblaciones de insectos eran no sólo normales, sino incluso menores que las que se
encuentran en cualquier pinar.
Así mismo, mientras se llevaba a cabo el cultivo de las muestras, y ante la sospecha de que la
muerte de los pinos pudiera deberse a una enfermedad, se decidió cortar y quemar los ejemplares
muertos con el fin de evitar la propagación. El número de pinos cortados desde mediados de Abril
hasta mediados de Mayo se estima en unos seis mil ejemplares.
Los resultados de los laboratorios concluyeron que en un caso existía la presencia de un hongo,
pero que no era el causante de la muerte de los pinos, y en otro, su muerte se debía a sequía
fisiológica. Por otra parte, los datos meteorológicos vienen a corroborar esta última hipótesis,
ya que los últimos años han sido muy secos y, concretamente, en el invierno pasado las
precipitaciones fueron de sesenta litros por metro cuadrado, equivalentes a sesenta milímetros,
cuando la precipitación media anual correspondiente al piso montano se
co en el que se ubican dichos pinares, supera los trescientos milímetros.
Así lo vemos en el informe de la Red de seguimiento de daños en los montes del ICONA, titulado
Daños originados por la sequía en 1994, donde se dice, entre otras cosas, lo siguiente:
1. El año 1994 ha sido uno de los más secos del siglo.
2. En el territorio peninsular han aparecido daños por sequía en el 74% de los puntos de
muestreo. Sólo un 26% de la vegetación aparece completamente sana; el 39% presenta
desfoliaciones y/o decoloraciones y un 35% hay matorral repoblado o árboles muertos.
3. El déficit hídrico es muy acusado al Este de una línea imaginaria trazada entre los Pirineos
Centrales y el Golfo de Cádiz.
4. La proliferación de plagas y enfermedades son de prever sobre estas masas debilitadas.
En conclusión, todos estos datos nos llevan a pensar que los períodos de sequía persistente son
factores de riesgo para la supervivencia de masas forestales que han superado incluso los doce
años de existencia, como las del caso que nos ocupa.
Esperemos, en fin, que en los años venideros las precipitaciones posibiliten una mejora de las
condiciones de los montes, ya que la intervención del hombre poco puede subsanar cuando se
produce este tipo de fenómenos.
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Los pinos pierden progresivamente el color verde de sus acículas y en poco más de una semana se secan totalmente.
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Monte de Las Mesas, donde se aprecia la muerte de los pinos de repoblación entre otros árboles todavía sanos.
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Los pinos muertos se agrupan para su quema posterior.
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