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Revista de Medio Ambiente



Erika Urquiola Pascual

Bióloga. Servicio de Planificación de Recursos Naturales U.C. De M.A.




Revista 0 / Año 1996




La observación de cetáceos en Canarias atrae cada año a 500.000 personas

Un decreto del Gobierno de Canarias regula las actividades de observación con objeto de proteger a estos animales



La observación de cetáceos en el Archipiélago canario, concretamente entre La Gomera y Tenerife, atrae cada año a más de medio millón de personas y supone un negocio para el sector turístico superior a los 1.500 millones de pesetas. Esta cifra coloca a Canarias en el segundo lugar del mundo en relación al número de visitantes y el tercero en cuanto a volumen de negocio. Pese a suponer un dato positivo para la economía de las Islas, Política Territorial ha entendido que era imprescindible actuar cuanto antes con medidas que minimizaran el impacto que esas visitas producen sobre las ballenas, por lo que en noviembre de 1995 el Gobierno de Canarias decidió aprobar el Decreto 320/1995, que regula las actividades de observación de estos animales.


Canarias constituye un lugar de interés especial a nivel internacional, tanto desde el punto de vista científico como turístico, por la gran diversidad de especies de cetáceos presentes, así como por las extraordinarias posibilidades que existen de observarlos.

De las 78 especies de cetáceos que existen, en Canarias se registran al menos 24, lo que supone aproximadamente un 20% del total. De ellas, algunas mantienen poblaciones estables en zonas bien localizadas, otras en zonas más extensas, y otras simplemente son poblaciones de paso. Es, por tanto, un área de extremado valor, tanto como zona de paso para especies migradoras, como por constituir el hábitat de especies que mantienen poblaciones residentes.

Las especies más frecuentes son las ballenas piloto o calderones (Globicephala macrorhynchus), delfines mulares (Tursiaps truncatus) y cachalotes (Physeter macrocephalus). Las dos primeras se localizan, fundamentalmente, en el canal entre La Gomera y Tenerife y la tercera entre Tenerife y Gran Canaria, aunque se pueden encontrar en casi todo el Archipiélago.

Contamos con un recurso natural privilegiado: los mamíferos marinos, que constituyen, junto al resto de las especies animales y vegetales, un patrimonio natural y cultural de las Islas Canarias que ha de ser conservado, siendo además un recurso excelente para concienciar a la población de la importancia del medio marino, su conservación y conocimiento.

La protección de cetáceos


La observación de cetáceos en Canarias comenzó a desarrollarse, fundamentalmente, en 1991, aunque de forma incidental se ha realizado durante la década de los 80.

El auge turístico y el importante desarrollo económico de la zona sur de la isla de Tenerife a partir de los años 80, dio lugar a un incremento en la demanda de nuevas actividades turísticas, sobre todo relacionadas con el mar, lo que, junto a la divulgación a nivel mundial de la existencia de una colonia estable de calderones en estas aguas, propició el rápido aumento de la actividad de observación de cetáceos.

Así, en 1991 el desarrollo de la actividad de observación dejó de ser incidental y alcanzó un fuerte crecimiento, con unos 40.000 observadores. En los cuatro años siguientes se pasó a más de 500.000, cifra que ha supuesto unos ingresos directos superiores a los 1.500 millones de pesetas y sitúa a Canarias en el segundo lugar del mundo en cuanto a observación de cetáceos, detrás de Estados Unidos. Este explosivo número de visitantes representa una situación cercana a la saturación, por lo que ahora más que nunca hay que realizar un gran esfuerzo para asegurar la protección de los cetáceos.

En Canarias se da una circunstancia muy especial que no ocurre en casi ningún otro país donde se realiza esta actividad y que es la posibilidad de que se lleve a cabo durante todo el año, gracias al privilegiado clima de las islas.

Otro factor importante es la existencia de una colonia estable de ballenas piIoto, con más de 250 individuos y que tiene su principal ámbito de distribución en un área de fácil acceso para todo tipo de embarcaciones.

En todo el mundo, la observación de ballenas es una actividad muy interesante como generadora de recursos económicos, pero en Canarias se produce una sinergia que la convierte en triplemente productiva, tanto desde el punto de vista de los visitantes como de los ingresos y de los beneficios.


Lancha de reconocimiento
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Criterios para la observación de cetáceos

La regulación


Todos los cetáceos están incluidos actualmente en el anexo IV de la Directiva Hábitat como taxones protegidos, ya que dichos animales se encuentran amenazados, no sólo por la caza de ballenas (que en el caso de Canarias no afecta, ya que dicha actividad no se realiza en nuestras aguas), sino también por la degradación de sus hábitats, la contaminación de metales pesados, organoclorados, etc., contaminación acústica, capturas incidentales con diversas artes de pesca, sobreexplotación de los recursos pesqueros y, sobre todo, significativamente en nuestro caso, por la observación mal realizada de las ballenas. Esta situación provoca el estrés propio de los animales al verse acosados por embarcaciones que dispersan los grupos, los acorralan, les impiden el paso y algunas otras actuaciones perjudiciales para ellos. Además, las aproximaciones temerarias de alguna de estas embarcaciones pueden golpear o herir a los animales, como se puede observar en algunos casos de animales con cortes en sus aletas.

La observación de cetáceos no es una actividad negativa en sí misma pero debe ser realizada de forma racional. Las excursiones para observar a los cetáceos necesitan ser controladas, el tráfico de embarcaciones regulado, y las ballenas protegidas de los acosos y repercusiones negativas producidas por "observadores" agresivos. Es imprescindible actuar con medidas correctoras que minimicen el impacto que las embarcaciones producen sobre las ballenas. La conservación de los cetáceos pasa por una regulación y control de la actividad de observación y por una investigación y planificación de las actuaciones al respecto, sin olvidarse de una educación y concienciación adecuada.

Por ello, la Consejería de Política Territorial del Gobierno de Canarias, a través de la Viceconsejería de Medio Ambiente y dentro del marco de su Política de Actuación en Fauna Marina, impulsó la redacción de un Decreto para regular la observación de cetáceos en el Archipiélago. El objetivo último es su conservación, ya que el gran número de visitantes a las ballenas piloto (Globicephala macrorhynchus) y delfines mulares (Tursiops truncatus) que residen en las aguas del canal entre La Gomera y Tenerife, pueden suponer un impacto importante sobre las poblaciones de dichos animales.

Así, el 10 de noviembre de 1995, se aprueba por el Gobierno de Canarias el Decreto 320/1995 por el que se regulan las actividades de observación de cetáceos. El Decreto marca tres pautas fundamentales:

- La necesidad de una autorización de la Viceconsejería de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias para realizar actividades de observación de cetáceos.

- La presencia de un monitor-guía a bordo.

- Un Código de Conducta a cumplir, que marca las pautas de comportamiento con los animales, formas de aproximación, distancias, etc.

En orden a garantizar la eficacia de este Decreto, el 21 de febrero se poso en marcha el programa de vigilancia y control, que a través de la lancha "El Calderón" -con dedicación exclusiva a este menester-, la coordinación con las instituciones pertinentes y, por supuesto, los agentes de medioambiente, pretende que se cumpla el objetivo de asegurar la conservación de los cetáceos en nuestras aguas. El funcionamiento de la lancha hasta ahora ha resultado óptimo, percibiéndose en la actualidad un marcado cambio en la conducta de las embarcaciones que se dedican a realizar la actividad de observación de cetáceos.

En cuanto a la autorización específica de Medioambiente, en la actualidad hay 19 embarcaciones autorizadas y 20 solicitudes en trámite.

Se está preparando, asimismo, una campaña de sensibilización y divulgación para regular la observación de cetáceos y la necesidad de conservación de estos animales.


Especie de calderón, amenazada por la actividad turística
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Código de conducta
 

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