|
Sociedad sostenible y ética
En este sentido, la Estrategia para el Futuro de la Vida establece los
principios sobre los que debe configurarse un desarrollo sostenible y
que son:
- Respetar y cuidar la comunidad de los seres vivientes.
- Mejorar la calidad de la vida humana.
- Conservar la vitalidad y diversidad de la Tierra.
- Mantenerse dentro de la capacidad de carga de la Tierra.
- Minimizar las tasas de agotamiento de recursos no renovables.
- Modificar las actitudes y prácticas personales.
- Facultar a las comunidades para cuidar de su medio ambiente.
- Establecer un marco nacional para la integración del desarrollo
y la conservación.
- Forjar una alianza mundial.
Una sociedad sostenible se fundamenta en una
ética que considera que el desarrollo no debe
lograrse a expensas de otros grupos humanos o de
las generaciones futuras, ni debe amenazar la
supervivencia de otras especies, sino que tiene que
basarse en el respeto y la consideración de cada ser
humano por todos los demás, así como por la Tierra
y las formas de vida que alberga.
En un mundo, donde gran número de personas
no satisfacen sus necesidades básicas -alimento,
vestido, vivienda, trabajo-, mejorar la calidad de
vida humana requiere el crecimiento económico de
los lugares donde no se satisfacen estas
necesidades, así como mantener dentro de los
límites de lo ecológicamente posible, el consumo
de las personas que han trascendido el nivel de vida
mínimo básico. Pero además del crecimiento
económico existen otros objetivos fundamentales
para el desarrollo: la sanidad, la educación, los
derechos humanos, la disminución de la violencia,
etc.
El desarrollo, entonces, debe basarse en la
conservación de la estructura y función de los
sistemas naturales del mundo, así como en la
conservación de la biodiversidad de especies y
ecosistemas. En este sentido, se hace prioritario
minimizar o impedir la descarga de contaminantes
al medio, establecer áreas protegidas y proteger
especies y germoplasmas. El desarrollo debe velar,
también, por el uso sostenible de los recursos
renovables (bosques, pesquerías, etc...), de tal modo
que la utilización del recurso no exceda los límites
de su capacidad para regenerarse. Asimismo, el
desarrollo deberá mantenerse dentro de la capacidad
de carga de los ecosistemas de la Tierra, siendo
estos límites los que dichos ecosistemas pueden
soportar sin sufrir un grave deterioro, y exige
un equilibrio entre el volumen de población, los
estilos de vida del ser humano y la capacidad de
carga de la Tierra. Complementariamente, la capacidad
de carga de un ecosistema puede aumentarse mediante
el uso de tecnologías cuidadosas y por la minimización
del agotamiento de los recursos no renovables
(petróleo, carbón, etc.) , mediante reciclaje,
disminución de la cantidad necesaria de un recurso
para fabricar un producto, aumento de la vida útil
de los productos o sustitución de los recursos no
renovables por renovables si ello resulta posible.
|