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Observación de cetáceos en Canarias. Situación actual (I)
"La observación de los cetáceos constituye
una importante actividad económica, recreativa y educativa para muchas
personas. Para la gran mayoría de ella, esta experiencia es su primer
contacto con los mamíferos marinos y su hábitat. La observación de los
cetáceos en su medio no es una actividad negativa en sí misma, pudiendo
desempeñar una importante ayuda en las labores de conservación y educación
ambiental. Sin embargo, los problemas comienzan a surgir cuando se
produce un incremento desmesurado del número de embarcaciones que
realizan estas actividades. La cuestión no es la actividad en sí, sino cómo
se realiza"
Decreto 320/1995, de 10 de noviembre,
por el que se regulan
las actividades de observación de cetáceos.
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Canarias constituye un lugar de interés especial a nivel internacional,
tanto desde el punto de vista científico como turístico, por la gran
diversidad de especies de cetáceos presentes, tanto ballenas como
delfines (25 especies de las 79 existentes), así como por las
extraordinarias posibilidades que existen para su estudio y observación.
Entre
la costa oeste de Tenerife y la costa sur de La Gomera se localiza un
enclave realmente singular para estos fines. Características como la práctica
inexistencia de plataforma insular entre islas, que favorece la
aproximación de especies oceánicas y la influencia del llamado efecto
masa de isla, determinan que este área presente una gran diversidad de
cetáceos en una superficie relativamente pequeña (se han registrado 16
especies de las 25 descritas para el Archipiélago) e incluso sostenga a
comunidades residentes, semiresidentes y transeúntes de calderones
tropicales y delfines mulares.
Y ¿por qué es importante el llamado efecto
masa de isla? Entre otras cosas porque la estela de rozamiento que
provoca motiva un ascenso de aguas profundas, propiciando un aumento de
la producción zooplactónica y consecuentemente de recursos tanto de
superficie como de fondo, como pueden ser los peces medianos pelágicos y
los cefalópodos, que conforman la dieta de varias especies de cetáceos.
A
estas singulares características se le han unido otros factores que han
convertido al suroeste de Tenerife en un enclave especialmente atractivo
para realizar actividades de observación de cetáceos. Probablemente, la
clave del éxito radica en que, por un lado, se realiza durante todo el año
gracias al privilegiado clima de las islas; y por otro, existe una
colonia estable de calderón tropical del orden de 250 ejemplares, que
tiene su principal ámbito de distribución en un área de fácil acceso
para todo tipo de embarcaciones.
La observación de ballenas y delfines en
Canarias, iniciada a principios de los 90 como actividad turística
constituye uno de los puntos fuertes de atracción turística en Canarias
con un número de visitantes espectacular.
De los 40.000 turistas en 1991
se ha pasado a más de 700.000 en 1996 (Montero, Arechavaleta 1997). El
crecimiento del número de observadores en el suroeste de Tenerife es
tal, que es razonable esperar que cerca de un millón de personas visite
las ballenas y delfines a lo largo de este año. Esto supone para
Tenerife ocupar el primer lugar en el mundo entre las comunidades que
realizan esta actividad.
La actividad de observación de cetáceos como
industria turística en expansión contribuye significativamente a la
economía de las islas (fundamentalmente Tenerife). Los ingresos directos
computados exclusivamente al costo de los tickets de las excursiones en
barco sobrepasan los 2.000 millones de pesetas. Pero no hay que olvidar
que la observación de cetáceos es también un camino para desarrollar
actividades educativas, científicas y culturales en el entorno del mundo
marino y costero.
Un factor fundamental, limitador de esta actividad, es
que el gran número de visitantes que recibe pueda producir un impacto
negativo en las poblaciones de cetáceos.
Ahora más que nunca hay que
hacer un esfuerzo para asegurar la protección de estos animales mediante
una regulación y control eficaz de la actividad de observación, pasando
por una investigación y una planificación de las actuaciones, sin
olvidarse de una educación y concienciación adecuadas. |

El delfín mular está protegido por la Directiva Hábitat donde se le considera especie de interés comunitario.
Erika Urquiola
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La localidad más visitada del mundo.
Setenta y tres países independientes y territorios o dependencias
ultramarinas (incluyendo la Antártida) tienen algún nivel de turismo de
observación de ballenas. La actividad se desarrolla en unas 295
localidades en todo el mundo, produciéndose en algunas de ellas
transformaciones significativas, ya que se experimenta un incremento
sustancial en su economía (en muchas de ellas hoy día representan el
primer factor económico del área, como es el caso de Kaikoura en Nueva
Zelanda) y en algunos casos también a niveles educativos y científicos.
No
se tienen datos actualizados globales de la actividad. No obstante, si
consideramos que de 4 millones de personas en 1991, se pasó a 5,4
millones en 1994 (Hoyt, 1995) y, teniendo en cuenta el crecimiento
exponencial de la actividad, las cifras del 98 tienen que ser realmente
espectaculares.
En cualquier caso, la evolución de esta industria no es
igual en todos los países. Mientras en Estados Unidos (con 74
localidades implicadas) la actividad se ha ido estabilizando -no en vano
son los pioneros (California en 1955)-, en otros países el nivel de
crecimiento sigue siendo importante como en Australia, México o
Argentina y en algunos otros está comenzando a producirse.
Pero ninguno
como el de España, aunque en realidad cuando se habla de España se habla
de Canarias y en especial de Tenerife y La Gomera. Sin embargo, cuando
se habla de ver ballenas o delfines, lugares como Kaikoura en Nueva
Zelanda, Baja California en México, Massachusset en Estados Unidos
(500.000 visitantes en 1996), Hervey Bay (80.000 turistas en 1996) en
Australia, St. Lawrence (300.000 turistas en l996) en Canadá o La
Patagonia en Argentina, son mucho más conocidos que Tenerife (por
ahora), aunque sus cifras en número de visitantes no alcanzan los más de
700.000 de Canarias. |
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El escenario y sus actores
Dentro de la zona de actividad de observación de cetáceos en el suroeste
de Tenerife, es decir, la comprendida entre Punta de La Rasca y Punta de
Teno, nos encontramos con dos áreas marcadamente diferenciadas: la zona
norte o de Los Gigantes, entre Punta Teno y Callao Salvaje, en la que se
pueden observar fundamentalmente delfines y, la zona sur, de Callao
Salvaje a Punta de La Rasca, también llamada de Las Américas -Los
Cristianos, atendiendo a los puertos de los que parten los barcos-, en
la que los calderones son la especie clave, aunque en ambas zonas uno
puede encontrar hasta 16 especies de cetáceos diferentes, de las 25
registradas en Canarias.
A partir de ahora nos vamos a referir a la zona
sur, que es la que presenta mayor uso de los barcos con 48 censados y
una capacidad de 2.404 pasajeros.
En nuestro área de estudio que, con sus
apenas 250 Km2, soporta la mayor presión de los barcos turísticos (y
también recreativos) con un 83% de la actividad comercial de observación
de cetáceos, 13 especies han sido anotadas en estos dos años. Desde el
Calderón (o Roaz según los pescadores) con una media de 1.800
avistamientos por año, a la más que famosa Orca, con 2 avistamientos en
1997, pasando por grandes ballenas, cachalotes, delfines comunes,
moteados, de diente rugoso, listados, calderones grises e incluso
zifios, una diversidad tan increíble en un área tan reducida que viene a
convertirlo en un lugar famoso en el mundo. |
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La actividad económica: los barcos
Durante 1996, 48 embarcaciones se dedicaron a esta actividad de forma más
o menos constante a lo largo de todos los meses del año.
Cuatro son los
puertos que sirven de base de esta actividad: Puerto de Los Cristianos,
Puerto Colón, Playa San Juan y Los Gigantes. Todos ellos en el
oeste-suroeste de Tenerife. La variedad de barcos es grande, abriéndose
de este modo un amplio abanico de ofertas para los turistas. En general,
la mayoría de los catamaranes pequeños y los veleros tienen Puerto Colón
como puerto base, mientras que los grandes veleros y los barcos de motor
suelen atracar en Los Cristianos (a excepción del mayor de todos, que
siendo de motor y con 254 pasajeros atraca en Puerto Colón).
Hay un tipo
especial de barco, los catamaranes de visión submarina que, con sólo 3
unidades operando en el suroeste de Tenerife en 1996, representaban el
25% de la capacidad (pasajeros) de toda la flota de barcos de turismo de
cetáceos. En agosto de 1997, otro catarnarán de visión submarina, el
"Lady Shelley" con una capacidad de 210 pasajeros ha aumentado este
porcentaje. |

En "Las Américas - Los Cristianos" se desarrolla el 83% de la actividad
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Factores claves de la actividad
Los factores más destacados de esta actividad son:? Tiempo: o período
anual en el que se puede realizar la actividad en buenas condiciones.
Depende de dos cuestiones fundamentales, la climatología/estado de la
mar y la época de estancia de los cetáceos en el área.En el suroeste de
Tenerife, durante los dos años estudiados, 1996 y 1997, el 86% de los
días fueron adecuados para la realización de la actividad, lo que supone
tan solo unos 50 días malos al año, concentrados normalmente en los
meses de diciembre y enero.? Lo predecible de los cetáceos: el hecho de
que sea factible observarlos o que probablemente los vayamos a
encontrar.Durante el período de estudio, con los datos tomados por el
"Calderón", el 95% de días de esfuerzo (aquéllos en que la lancha ha
tomado datos en el mar al menos tres horas, que son unos 275 días al
año), se han visto calderones cuando menos, y en el otro 5% de los días
se vieron otras especies como el delfín mular, el común o el moteado.
Ninguno de estos días se dejó de ver una especie como mínimo.? El área
de "uso": 20 minutos se tarda en llegar al área donde más probabilidad
hay de encontrar los cetáceos. A veces, se puede tardar una hora en
encontrarlos, y otras con cinco minutos basta. Esta proximidad ha
permitido una mayor diversificación en la oferta de las excursiones.La
sinergia de estos tres factores ha colocado a Tenerife en el lugar que
ocupa en el desarrollo de esta actividad. La posibilidad de realizarla
todo el año bajo un clima envidiable, con la casi total seguridad de que
se van a ver y sin alejarse demasiado de la costa, ha convertido a esta
zona en uno de los más interesantes y atractivos lugares del mundo para
observar ballenas y delfines.Los otros 3 factores que determinan el
desarrollo de esta actividad, dependen más del lado humano del negocio y
son: la limitación del número de barcos, la capacidad de pasajeros y la
satisfacción de los pasajeros.? El número de barcos: unos 48 barcos
comerciales realizan la actividad en cuatro puertos base, como se puede
observar en la tabla adjunta, aunque en realidad no todos la realizan,
ya que alguno de los "censados" (con autorización de Medio Ambiente para
observación de cetáceos) se dedican a la pesca de altura pero obtienen
autorización para parar a ver las ballenas cuando se encuentran con
ellas. Otros presentan los papeles "por si acaso" aunque pueden pasar
casi todo el año sin salir, o bien se dedican a "chartear" haciendo
excursiones por la costa, a La Gomera o simplemente para navegar. En
1997, se observó un máximo de 35 barcos turísticos diferentes al mes en
el área sur realizando esta actividad. La media de barcos que salió en
un mismo día fue de 17 en 1996 y de 19 en 1997, siendo los máximos de 29
y 27, respectivamente. Las mayores concentraciones fueron en julio y
agosto, aunque los resultados obtenidos en los estudios demuestran que
la actividad es estable durante todo el año y las variaciones del número
de barcos entre los distintos meses apenas es significativa.? La
capacidad: este factor tiene dos vertientes, la anteriormente descrita y
la capacidad que tiene el medio de aportar esos pasajeros. En el caso de
Tenerife, las cifras hablan por sí solas, unos 4 millones de turistas en
1997 constituyen una "materia prima" realmente impresionante (se estima
que el 20-25% de los mismos realiza una excursión a las ballenas) y
también habría que valorar los habitantes de Tenerife. Y, por último, la
satisfacción de los pasajeros: éste es un aspecto en el que localidades
con una tradición mayor o una actividad madura, tienen especial cuidado.
Se trata de que el pasajero que va a ver las ballenas y delfines,
obtenga no sólo un buen trato, sino también información de la
importancia de la conservación del medio marino y del entorno.
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Conclusiones
La observación de cetáceos en Canarias es una imparable actividad turística
que se desarrolla a lo largo de todo el año con pequeñas variaciones en
su intensidad.
Más del 85% de los días del año es apropiado para la
observación de cetáceos, y la media mensual del esfuerzo de la actividad
es constante. En combinación con esto, su proximidad a un destino turístico
muy importante y la presencia de una colonia de calderones residentes a
tan solo media hora de distancia de los puertos, determina un alto grado
de éxito.
Los calderones se pueden avistar a todas horas del día a lo
largo del año. Se ha encontrado que la frecuencia de avistamientos de
cetáceos en el área no varia demasiado a lo largo del año, lo que
significa que el objetivo de los visitantes está casi siempre asegurado.
Las
especies que se avistan con más frecuencia son el calderón tropical, con
una media de 1.800 avistamientos en 1996 y 1997 y el delfín mular, con
una media de 95. Sin embargo, un total de 13 especies diferentes fueron
registradas entre 1996 y 1997, lo cual es digno de mención si
consideramos la relativamente pequeña área muestreada, 250 km2 (otras 3
especies más han sido vistas en todo el suroeste de Tenerife en los últimos
años).
De los 48 barcos turísticos registrados en 1996, una media de 17
visitaron la zona sur el mismo día, encontrándonos con máximos de 29
barcos el mismo día, sobre todo en julio y agosto. No hay que olvidar,
pese a todo, que cada barco realiza 2,3 y hasta 4 viajes al día. La
media en 1997 ascendió a 19 barcos por día, con máximos de 27 en julio.
Se observó, asimismo, un máximo de 35 barcos diferentes al mes
realizando la actividad en dicha área, frente a los 38 del año anterior.
La
actividad de observación de cetáceos no tiene por qué tener sólo un uso
recreativo o turístico -comercial-, es más, puede ser un camino para
desarrollar actividades educativas, científicas y culturales en el
entorno del mundo marino y costero.
Tras haber conseguido implantar una
regulación sobre esta actividad, hace falta mantener el esfuerzo para
que su aplicación sea efectiva y que aspectos como la investigación y
las actividades educativas tengan un apoyo y un impulso importante para
que el último fin perseguido, la conservación, llegue a buen término,
preservando los hábitats de estos animales y asegurando una mejor gestión
de los recursos marinos. |
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