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Observación de cetáceos en Canarias: conservación, problemática y evolución (y II)
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La observación de cetáceos en Canarias es una imparable actividad turística
con grandes repercusiones para la economía de las islas y también para
las poblaciones de cetáceos sobre las que esta actividad se sustenta.
Aunar estos dos aspectos, un aprovechamiento de un recurso natural que
repercuta en un desarrollo socioeconómico de la población, con el
mantenimiento de las poblaciones de cetáceos y su hábitat en un estado
favorable de conservación, se ha convertido en una meta a alcanzar que
no admite muchas demoras, pues el equilibrio es frágil e inestable.
El número
de barcos que vienen realizando esta actividad desde los comienzos hasta
la actualidad, es un buen indicador para analizar su evolución. Desde
los 10 barcos que se podían contabilizar en los años 90 hasta los 48 de
1996, la progresión ha sido importante. Sin embargo, en los últimos años
el número parece haberse estabilizado. ¿Representa esto que la actividad
no esta evolucionando?. Podría parecer que sí ya que, al analizar los números
en bruto, el movimiento en esta cifra apenas es diferente y la capacidad
total es similar. Se ha observado que las empresas que se dedican a la
actividad se ha reducido considerablemente de un año a otro, lo cual
significa que hay operadores que están acaparando más barcos, siendo las
empresas más estables y con mayor capital las que se mantienen o amplían.
Por otra parte, el 10% de los barcos que actuaban en 1996 ha dejado de
hacerlo, apareciendo otros nuevos construidos específicamente para esta
actividad. La problemática en cualquier caso, es sin duda, la falta de
atraques, lo que ha hecho que la actividad no creciera, pues, aunque sí
son muchas las demandas para entrar en este negocio, el espacio físico
para los barcos no existe. El problema, desde el punto de vista de la
conservación de los cetáceos, se planteará cuando se construyan los
nuevos puertos o amplíen los existentes, tal como está previsto, y se
creen nuevas plazas para estos barcos.
La estimación aproximada del número
máximo de embarcaciones que podrían dedicarse a la actividad, sin causar
un impacto significativo es una cuestión clave. Una vez que se tenga una
idea al respecto, se puede estudiar el mecanismo adecuado para que no
haya más barcos, a la vez, en el área. En otros lugares, en vez de
reducir las licencias a los barcos han optado por dar autorizaciones de
20 días al mes a cada barco (caso de Nueva Zelanda), controlando así que
no se exceda de un número determinado de barcos al día, o la propuesta
de Moray Firth en Escocia de dar permisos 5 días a la semana. Así, se
dan más oportunidades a los operadores que realizan bien la actividad.
El tipo de barcos es otro de los indicadores de la actividad. Aunque en
algunas otras comunidades también hay un número importante de barcos, no
suelen alcanzar la capacidad y variedad de los de Tenerife. En la mayor
parte de las localidades del mundo donde se realiza esta actividad, lo más
común son los barcos de 8-12 pasajeros, siendo las de tipo Zodiacs rígidas
el mayor exponente de este grupo, o bien, barcos de motor tipo yate de
40-50 pasajeros. En Canarias, la diversidad es alta, tanto por la clase
como por su capacidad. Quizá lo más llamativo respecto a otros lugares
es precisamente la alta capacidad de algunos barcos: hay 2 catamaranes
de visión submarina con capacidad superior a los 200 pasajeros y 5
barcos de más de 150.
El tipo de barco más adecuado para realizar esta
actividad sigue siendo la gran pregunta. La opinión entre los diversos
actores implicados en este tema es muy variable. Analizando la evolución
de los barcos en Tenerife se observa que los catamaranes han sido los
que han ido absorbiendo la mayor capacidad del mercado. En tan sólo un año
han pasado de un 38% de la capacidad total de pasajeros del área sur de
Tenerife (Los Cristianos-Puerto Colon en las Américas) hasta un 55% en
1997. |

El calderón es la especie clave sobre la que se desarrolla la actividad de observación de cetáceos.
Erika Urquiola
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Conservación
Los cetáceos presentes en el archipiélago se recogen en diversos
convenios y tratados internacionales (Convenio de Berna, Convenio de
Bonn, CITES). De las 25 especies registradas en Canarias, 21 figuran
como "insuficientemente conocidas", 2 como "vulnerables" y 2 "en
peligro" en el Libro Rojo de la UICN.
Asimismo, todas aparecen en el
anexo IV y una, el delfín mular, en el anexo II de la Directiva Hábitat.
Esto indica que han de designarse zonas de especial protección para esta
especie, lo que va a dar lugar a que Canarias tenga unas 5 áreas marinas
con algún tipo de protección debido a esta especie, que presenta
comunidades estables al menos en el suroeste de Tenerife.
Por otra
parte, el Libro Rojo de los Vertebrados de España y el Libro de la Fauna
Marina Amenazada de Canarias propone una serie de medidas de conservación,
basadas fundamentalmente en el conocimiento de los stocks, estudios de
los animales varados y reducción de los factores de amenaza de las
poblaciones.
La Comisión Ballenera Internacional, desde 1993, viene
expresando su interés por la observación de cetáceos. En 1994 creó un
grupo de trabajo al respecto y, en 1995 la observación de cetáceos se
incluye en la agenda del comité científico. Éste, propuso como objetivo
general para la gestión de la observación de cetáceos, que su desarrollo
fuera ecológicamente sostenible y que respondiera en lo posible a los
requerimientos de la industria y a las expectativas de la comunidad.
Desde una perspectiva científica se considera necesario el conocimiento
de la biología de las especies observadas, la comprensión de las
características de las operaciones y de las embarcaciones y una
aproximación, aunque sea preliminar, a lo que puede ser la "capacidad
sostenible" de actividad de esta industria.
Respecto a la actividad de
observación de cetáceos en Canarias, está regulada, por el Decreto
1320/95 que, en la actualidad, está siendo modificado para cubrir con
mayor precisión todos los aspectos implicados en él, no tanto el código
de conducta, que viene a ser similar al anterior, como aspectos
relativos a los monitores- guía, tasas, infracciones, etc.
Los
principales factores que pueden repercutir en la conservación de los cetáceos
son: la degradación del hábitat por el intenso tráfico marítimo, la
contaminación marina y el deterioro de las costas; la interacción con
pesquerías y el incremento de actividades de observación de cetáceos. Se
debería establecer una serie de acciones encaminadas a la conservación
de los cetáceos de Canarias, especialmente las poblaciones de Delfín
mular (Tursiops truncatus) y Calderón tropical (Globicephala
macrorhynchus), previsiblemente más afectadas por estos factores.
De todo
lo citado anteriormente, se infiere la necesidad de aunar los esfuerzos
a fin de alcanzar un alto grado de efectividad en la conservación de cetáceos.
La coordinación de todos los programas, actuaciones y proyectos sobre
estos animales conseguirían unos resultados mejores y, en todo caso, un
mayor beneficio no sólo para los propios cetáceos sino para la sociedad
en general.
Las ballenas y delfines siempre han sido animales "clave".
Está claro que el público a través del poder de atracción de ballenas y
delfines, puede adquirir algo de educación acerca de los mamíferos
marinos y por extensión del mar y sus condicionantes ambientales."..
Cuando una ballena o delfín conocido por su nombre por los observadores
vara, la causa de su muerte puede ser difícil de establecer, pero a través
de lo concerniente a un solo individuo, el público aprende acerca de
temas como la polución marina, vertidos de aceite o hidrocarburos, el
despoblamiento de peces (la disminución de los recursos piscícolas),
pesca con redes de deriva, y así sucesivamente. Si se empieza por cuidar
a individuos de ballenas, se empezará a cuidar toda la especie.
Entonces, se prestará atención a las otras especies que la ballena
necesita para su subsistencia. Pronto, la protección de los océanos, los
hábitats de las ballenas, cobrarán una nueva importancia. Éstos y otros
beneficios educativos, científicos y culturales de la observación de
ballenas están empezando a ser bien establecidos.."(Hoyt, 1994) Siendo
así, debería resultar más fácil aprovechar esta coyuntura para que los
canarios nos acercáramos más al conocimiento y el apego a ese medio,
hasta ahora tan desconocido.
En la actualidad, aparte de los cursos de
monitores - guías promovidos por la Viceconsejería de Medio Ambiente
(uno en diciembre de 1997 coordinado por Gesplán S.A. y otro en junio de
1998, por la empresa Gabinete de Estudios Ambientales S.L.), y diversas
conferencias aisladas (generalmente desarrolladas por la Sociedad para
el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario), la única
actividad educativa estable en el entorno de los cetáceos es la
desarrollada por el grupo Roaz, entidad educativa formada por docentes e
interesados en cetáceos que, con su programa "Aula en el Mar" ayuda a
los diversos grupos sociales y en particular a la Comunidad Educativa
(colegios, institutos de secundaria, facultades, etc.) a tomar
conciencia del respeto que se merece el medio marino y al conocimiento
de las especies en particular los cetáceos.
Para ello realiza campañas
anuales de sensibilización en centros escolares y/o sociales mediante
charlas, audiovisuales, exposiciones, etc., sobre características y
conservación de los cetáceos de Canarias. La actividad culmina con una
visita educativa a los delfines y ballenas del sur de Tenerife
desarrollando una actividad respetuosa y acorde con el Decreto 320/95.
Paralelo a estas actividades, en Marzo de este año, Roaz impartió en
colaboración con la Consejería de Educación y Ciencia del Gobierno de
Canarias, el curso "Delfines y Ballenas como Recurso Didáctico"
destinado a profesores de Primaria, Secundaria y estudiantes de segundo
ciclo de Biología
Hay que mencionar la campaña de divulgación emprendida
por la Viceconsejería de Medio Ambiente consistente en posters y
follletos, en español e ingles, sobre la actividad, el código de
conducta del Decreto, etc. Dicha campaña está focalizada en las
localidades implicadas en esta industria turística, es decir, el sur de
Tenerife y sur de La Gomera. |
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La investigación, imprescindible pero aplicada
El incremento en popularidad de la actividad de observación de cetáceos
ha sido muy superior al avance en el conocimiento sobre los animales, lo
que ha planteado una serie de desajustes, requiriéndose respuestas rápidas
a cuestiones como ¿cual es el impacto que producen las embarcaciones en
los animales? ¿cual es la capacidad de carga del medio? etc.,
cuestiones, muchas de ellas, cuyas soluciones demandan estudios a largo
plazo. Pero la gestión del recurso es el día a día, por lo que gestión e
investigación tienen que intentar aproximarse. La investigación ha de
tender a supuestos más aplicables a los problemas que se han de
solucionar, más prácticos, y los gestores, han de asumir que deben tomar
decisiones "precautorias" en tanto no haya datos suficientes, decisiones
que irán evolucionando a medida que el conocimiento y la investigación
vayan aportando esos datos.
Lo que está claro es que se necesita una
aproximación más global a la problemática que genera esta actividad.
Gestores, investigadores y operadores necesitan trabajar en conjunto
para encontrar soluciones que aseguren que la observación de cetáceos no
aumenta el riesgo de supervivencia de poblaciones residentes o de su
medio y, por lo tanto, no altera los parámetros poblacionales básicos ni
las pautas habituales del uso del hábitat. Y, por otro lado, se ha de
conseguir desarrollar y mantener actividades de observación de cetáceos
viables y responsables. Claro está que, antes que nada, hay que saber cuáles
son esos parámetros poblacionales básicos y el uso del hábitat de los
cetáceos.
En Canarias, las investigaciones tanto sobre cetáceos como
sobre la actividad en torno a ellos comenzaron con la tesis doctoral de
Jim Heimlich-Boran sobre la estructura social de los calderones en
Tenerife (1989-1992) a lo que siguió el "Estudio de impacto que provocan
las embarcaciones en la población de calderones residentes en las aguas
del SO de Tenerife "(Martín, V. y Montero, R. 1993 Informe inédito).
Posteriormente, la Consejería de Turismo y Transportes, a través de la
empresa Saturno, creó el "Instituto de Cetáceos de Canarias" que,
durante su período de existencia (1995-1997), elaboró los documentos "
La Observación de Cetáceos de Canarias como Actividad Turística en
Canarias. 1996-1997. Descripción y diagnóstico" e "Impacto de las
embarcaciones sobre la población de calderón tropical" (Montero, R. y
Arechavaleta, M. 1997), ambos sin publicar. Aparte de esto, un equipo de
investigación alemán, Proyect Context, desarrolló en el verano de 1996
un estudio sobre acústica de calderones y su relación con las
embarcaciones.
En 1993 se crea la "Sociedad para el Estudio de los Cetáceos
en el Archipiélago Canario" (SECAC), asociación sin fines de lucro, única
de estas características en Canarias, cuyos fines son la investigación,
la conservación y la divulgación de los cetáceos en el ámbito del
Archipiélago Canario, aunque gran parte de sus actividades han estado
circunscritas a la costa S-SO de Tenerife, en especial, en lo que se
refiere al estudio acústico de los calderones tropicales y el
seguimiento de los delfines mulares.
Hay que destacar también, la intención
de las dos universidades canarias de abordar este tema en el contexto de
un proyecto financiado por el programa europeo LIFE y La Consejería de
Política Territorial y Medio Ambiente, sobre el delfín mular y la
tortuga boba. |
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Otros datos de interés
Uno de los problemas básicos, es como mantener el presupuesto que supone
tanto el control de esta actividad como la investigación, tanto de los
cetáceos como de los efectos de la actividad sobre ellos. En otras
comunidades han encontrado solución a algún aspecto de este problema por
medio de las autorizaciones y de un plus por pasajero. En Canarias, las
autorizaciones no cuestan dinero. Es simplemente una tramitación que
sirve para controlar los barcos que se dedican a la actividad. Esta
cuestión suele sorprender fuera de las islas, ya que en otras
comunidades dicho trámite lleva adjunto algún tipo de gasto. Por
ejemplo, en Nueva Zelanda por tramitar la autorización (la concedan o
no) hay que pagar 1606 pesetas.
Respecto al otro aspecto, en Escocia, en
Moray Birth, se esta considerando la recogida de una libra (226 ptas)
extra por pasajero en el precio del ticket en los barcos turísticos.
Esta contribución podría revertir en una fundación para la investigación
y conservación de los cetáceos de la zona. En esta localidad se están
recogiendo las opiniones de los diversos actores implicados (operadores
y turistas) sobre este punto. En las áreas donde se realiza esta
actividad en Estados Unidos y Nueva Zelanda, tanto los pasajeros como
los operadores están contribuyendo a la investigación por esta vía. La
investigación financiada por medio de este recurso sirve de este modo de
"retroalimentación" a los operadores para usarla en los comentarios a
bordo en las excursiones y para el material educativo e interpretativo.
En
Canarias, tras las encuestas realizadas a los turistas que van a ver las
ballenas, ante la pregunta de ¿cuanto estaría dispuesto a pagar de más
en el ticket para la conservación de los cetáceos? la mayoría de los
encuestados no plantean problema a la hora de estirar un poco más el
precio del ticket.
Desde la aprobación del Decreto que regula la
observación de cetáceos en Canarias en noviembre de 1995, esta actividad
ha presentado algunos cambios significativos.
* Por una parte el número
de visitantes ha aumentado espectacularmente, desde los 700.000 en 1996
a los cerca de 1 millón que se prevén en el 98. Pese a este aumento, y
al potencial que presentan los 4 millones aproximados de turistas al año
que llegan a Tenerife y la propia población canaria, el número de barcos
no ha aumentado en estos últimos años.
*La actividad y la propia
existencia de las ballenas y delfines en el SO de Tenerife ha comenzado
a ser más conocida entre la gente del archipiélago, aunque todavía, si
exceptuamos las localidades donde se realiza, la gran mayoría de los
canarios no saben de la riqueza que se encuentra en sus aguas y la
industria que se ha generado alrededor de ella.
* Otra cuestión
fundamental observada es que, pese a algunos hechos puntuales, sigue
habiendo una gran desinformación, tanto hacia los turistas como hacia la
población canaria. Los cursos de monitores-guías promovidos por la
Viceconsejería de Medio Ambiente y enfocados fundamentalmente a las
tripulaciones, si bien importantes, resultan escasos y escuetos. El
aspecto educativo y el informativo son temas que requieren una atención
urgente y decidida.
* Respecto a la investigación, tras una labor más o
menos intensa entre los años 89 al 94 sobre la población de calderones,
desde la aprobación del Decreto, ningún estudio se ha llevado a cabo,
salvo el citado sobre acústica de calderones y su relación con las
embarcaciones de el equipo alemán "Proyect Context".
* La lancha de
vigilancia "Calderón", gestionada por la empresa pública Gesplán S.A.,
ha realizado una labor difícil y elogiable. Además de realizar su
trabajo de seguimiento y control, ha recogido un valioso material tanto
respecto a datos sobre las especies de cetáceos avistadas como la propia
actividad de los barcos de observación de cetáceos, elementos estos que
han permitido realizar los análisis de este artículo y su predecesor. La
labor que realiza esta embarcación, que cuenta con la cobertura de los
agentes de medio ambiente y la cooperación de la Guardia Civil, es
fundamental para una buena gestión del área, y el control que realiza
sobre la actividad es imprescindible para lograr lo que al fin de
cuentas se pretende: que esta actividad turística sea compatible con la
conservación de las poblaciones de cetáceos y su hábitat.
* Hay muchos
aspectos que todavía se deben mejorar para lograr una gestión eficaz de
esta actividad. Por ello es importante el nuevo Decreto que se esta
preparando, ya que viene a suplir algunas deficiencias del anterior y a
aportar mejoras. |
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