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Revista de Medio Ambiente



Fernando Espino Rodríguez

Biólogo.
Técnico de GESPLAN, S.A.




Revista 8 / Año 1998




Tortugas Marinas y Cetáceos en Canarias

De las siete especies de tortugas marinas que existen, sólo cinco visitan las aguas canarias




Las tortugas marinas son reptiles pertenecientes al Orden Quelonios. Se trata de un grupo reducido de animales que surcan los mares del planeta hace más de 200 millones de años. Están perfectamente adaptadas al medio marino, presentan sus extremidades anteriores y posteriores en forma de remos, perfectamente adaptados para la natación. Aunque viven y se alimentan en el mar, tienen respiración pulmonar, los movimientos de la cabeza y de las extremidades contribuyen en la ventilación. Sus sentidos más desarrollados son la vista, el olfato y el tacto, mientras que el oído es algo deficiente.

Se distribuyen por los mares cálidos y templados de todo el planeta, frecuentando las aguas costeras en algunas fases de su vida y, en otras, las aguas oceánicas. La dieta es carnívora o mixta. La base de su alimentación la constituyen pequeños peces, moluscos, medusas, esponjas y salpas, a excepción de la tortuga verde (Chelonia mydas), que es herbívora y se alimenta de fanerógamas marinas. Así por ejemplo, en el Caribe lo hace de la hierba marina Thalassia testudinum, también conocida como hierba de tortuga.

Se sabe que estos animales realizan migraciones aunque en muchos casos aún son desconocidas. Se desplazan desde las zonas de cría hasta los lugares en donde se alimentan. En otras ocasiones recorren miles de kilómetros atravesando las aguas oceánicas, como es el caso de una tortuga marcada en Japón y recogida en la costa oeste de Estados Unidos, también es conocido el caso de ejemplares de tortuga laúd (Dermochelys coriacea) que han dado la vuelta al mundo, atravesando todos los océanos. En el caso de la tortuga boba (Caretta caretta) los datos parecen indicar que en el océano Atlántico existe una migración asociada al régimen de circulación oceánica en el hemisferio norte, que afectaría al paso de las tortugas por aguas de Canarias. Las tortugas utilizan el campo magnético terrestre para orientarse en sus largas travesías oceánicas, como lo demuestran determinados experimentos realizados. Las modernas tecnologías de seguimiento vía satélite permiten establecer las rutas que siguen algunas poblaciones de tortugas marinas en sus migraciones, y el uso de los TDR (Time-Depth Recorder) ha permitido conocer, por ejemplo, que la tortuga laúd realiza inmersiones que rondan los 1.000 metros de profundidad.

En general, son animales longevos que pueden vivir cientos de años, si bien la madurez sexual se alcanza sobre los 8 y los 15 años. La cópula tiene lugar en el mar, en zonas costeras próximas a la playa, y durante la misma los machos sujetan a las hembras con las uñas de las extremidades anteriores mientras introducen el pene en la cloaca. Un hecho curioso es que acuden, con un intervalo de dos a tres años, a las mismas playas donde nacieron para realizar la puesta. Éste es el único momento en el que las tortugas marinas están vinculadas al medio terrestre. Excavan, durante la noche, un hueco de 35 centímetros a 1 metro en la arena, en él depositan un número de huevos variable según las distintas especies y la talla de los individuos (desde 60 a 200). Los huevos eclosionan a los dos meses aproximadamente. Tras la puesta las hembras regresan al mar durante unos días, para volver a tierra a realizar un nuevo desove. De esta manera, en un solo período reproductor, las tortugas pueden realizar varias puestas. Los individuos recién nacidos se dirigen al mar, generalmente por la noche, y durante este trayecto son presa de muchos predadores. Los núcleos de puesta más importantes se localizan en Australia, Centroamérica, Sudamérica y la Península arábiga.


Delfín de diente rugoso. (Stena bredanensis).
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Especies en aguas canarias


De las siete especies de tortugas marinas que existen, sólo cinco visitan las aguas canarias, y de éstas, la tortuga boba (Caretta caretta) es la más abundante. Las otras especies son: la tortuga lora del Atlántico (Lepidochelys kempi), la tortuga verde (Chelonia mydas), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata) y la tortuga laúd (Dermochelys coriacea) que se caracteriza por su caparazón blando y su gran tamaño, con dos metros de longitud y hasta 300 kilogramos de peso, lo que la convierte en la mayor de las tortugas marinas. En la actualidad no existen indicios de que estas especies de tortugas se reproduzcan en Canarias, pero es muy posible que sí lo hicieran en el pasado, ya que hay registros en Fuerteventura de una tortuga laúd que fue observada en una playa de Sotavento y otro ejemplar en una playa de Barlovento cercana al Puerto de La Peña (Ajuy). De la misma manera también existen referencias de agrupaciones de tortugas en una cueva en la isla de La Palma.

Estos magníficos animales marinos se encuentran hoy seriamente amenazados. El hecho de que las zonas de puesta se encuentren situadas en las playas ha supuesto un cuello de botella para muchas poblaciones, ya que la ocupación de estos espacios por causas del desarrollo turístico ha disminuido drásticamente los lugares adecuados para la cría. La persecución directa para la obtención de carne y la recogida de huevos, la contaminación marina por hidrocarburos, el vertido de residuos sólidos (tipo plásticos y restos de redes), algunas modalidades de pesca como las redes de deriva (volantas) o de arrastre, así como los palangres, entre otros factores, han contribuido a diezmar las poblaciones.

En este sentido, en 1987 se detectó una mortalidad masiva en las islas de Lanzarote y Alegranza, posteriormente en 1992 hubo otra mortalidad masiva, esta vez en la isla de Fuerteventura. Parece ser que estas mortalidades están relacionadas con actividades pesqueras realizadas al norte y nordeste del Archipiélago.

La IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales) considera a todas las especies de tortugas marinas en Peligro de Extinción, salvo la tortuga boba que está catalogada como vulnerable. Con respecto a su situación legal, las tortugas marinas están incluidas en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (Real Decreto 439/1990, de 30 de marzo) en la categoría de especies y subespecies "de interés especial" (Anexo II). También están contempladas en varios Convenios Internacionales, concretamente en el Anexo I del Convenio de Washington, de 3 de marzo de 1973, sobre el comercio internacional de especies amenazadas; en el Anexo II del Convenio de Berna, de 19 de septiembre de 1979, relativo a la conservación del medio natural y de la vida silvestre en Europa; en el Anexo I (tortuga laúd) y en el Anexo II (tortuga verde, tortuga boba, tortuga carey y tortuga lora del Atlántico) del Convenio de Bonn, de 23 de junio de 1979, relativo a al conservación de las especies migratorias de animales silvestres. Por último, la Directiva 92/43/CEE del Consejo, de 21 de mayo de 1992, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestres, incluye a las tortugas marinas en el Anexo IV y a la tortuga boba también en el Anexo II como especie prioritaria. El futuro Catálogo regional de especies amenazadas recoge a todas las tortugas marinas como especies "en peligro de extinción".

En los últimos años ha aumentado el número de ejemplares que aparecen en nuestras costas, fruto del mayor interés y seguimiento que se hace de las tortugas. En la actualidad se desarrolla un programa LIFE de la Unión Europea para la tortuga boba en aguas de Canarias, con el cual se pretende conocer más acerca de la biología de esta especie, así como sus rutas migratorias en esta parte del Atlántico con el fin, en suma, de mejorar la conservación de la especie. El programa se lleva a cabo por investigadores de las Universidades canarias y está coordinado por la Viceconsejería de Medio Ambiente.


Calderón tropical. (Globicephala m).
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Cetáceos


En las últimas fechas se han producido numerosos varamientos de cetáceos en las costas del Archipiélago. Este hecho ha despertado y aumentado el interés del público en general sobre estos animales. En las aguas canarias se ha confirmado la presencia, hasta el momento, de unas 30 especies de cetáceos, de las cuales unas 6 corresponden a cetáceos misticetos (sin dientes, aquí se incluyen las auténticas ballenas), y unas 24 a cetáceos odontocetos (con dientes, aquí se incluyen los cachalotes, delfines y marsopas). Si bien la mayoría de estas especies están de paso por el Archipiélago, algunas sí tienen poblaciones estables en nuestras aguas, como es el caso del cachalote común (Physeter macrocephalus), del delfín gris (Grampus griseus), el delfín mular (Tursiops truncatus) y el calderón tropical o de aleta corta (Globicephala macrorhynchus).

Actualmente, este grupo es objeto de numerosas investigaciones, ya que aún son muchos los aspectos desconocidos, como por ejemplo sus dinámicas poblacionales, etología, etc. La obtención de datos se lleva a cabo mediante avistamientos, estudios de los animales que varan en las costas, a través de las necropsias y biometría, elaboración de catálogos resultado de la fotoidentificación, estudios genéticos y aplicación de aparatos para realizar seguimientos. Toda esta información contribuirá en el futuro para ayudar en la conservación de los cetáceos.

Sin embargo, estos animales, al igual que las tortugas marinas, no escapan de una serie de amenazas como la contaminación causada por determinadas sustancias químicas (metales pesados y organoclorados), algunas artes de pesca como las redes de deriva, así como la competencia del hombre por los recursos pesqueros, los potentes equipos de detección submarina que tienen determinadas embarcaciones, el intenso tráfico marítimo e incluso la persecución para capturarlos, como todavía sucede con algunas especies. El caso más conocido para los canarios es el de los calderones (Globicephala macrorhynchus) y los delfines mulares (Tursiops truncatus) que se encuentran en el canal situado entre Tenerife y La Gomera. Desde que se descubrió esta población se ha desarrollado una actividad turística consistente en llevar turistas a observarlos, incluso a nadar entre ellos. La creciente presión de las embarcaciones sobre estos animales ha provocado alteraciones en su distribución y en su comportamiento según demuestran los estudios realizados.


Tortuga boba. (Caretta caretta).
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Decreto del Gobierno


En este sentido, el Gobierno de Canarias promulgó el Decreto 320/1995 de 10 de noviembre, relativo a Cetáceos, para regular las actividades de observación. En él se establece un código de conducta para interferir lo menos posible en los animales durante las actividades de observación. Los cetáceos están protegidos por los Convenios Internacionales, de Bonn, Berna, Washington y Directiva Hábitat. En el Catálogo Regional de Especies Amenazadas, el calderón tropical y el delfín mular estarán recogidos como especies "Vulnerables" y el resto de las especies como "de Interés especial".

Actualmente, se está institucionalizando el funcionamiento de una red de rescate y rehabilitación de tortugas y cetáceos varados, que ha venido funcionando desde hace ya algunos años. Mediante ésta, se recogerán las tortugas que varen en cualquier isla y se trasladarán a Gran Canaria para su tratamiento veterinario y, posteriormente, ser enviadas al Centro de Rehabilitación de Fauna Marina que está siendo construido en El Cotillo (Fuerteventura). Por otra parte, con respecto a los cetáceos varados, se formalizará un convenio con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria para el estudio de los animales que varen en todo el archipiélago, por parte de la Facultad de Veterinaria y el Departamento de Biología de la misma.

 

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