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Revista de Medio Ambiente



Juan Luis Rodríguez Luengo

Viceconsejería de Medio Ambiente




Revista 12 / Año 1999




Vertebrados introducidos: una amenaza para la biodiversidad

Canarias debe dotarse de un marco legal para prevenir estas introducciones e impulsar su erradicación.




El papel que han jugado y juegan los vertebrados introducidos en Canarias no se conoce aún suficientemente. Hasta donde hoy sabemos, los mamíferos depredadores, tanto herbívoros como carnívoros, son los que tienen un efecto negativo más significativo sobre la flora y la fauna autóctona, por lo que deben ser objeto de medidas de control o erradicación.

La introducción de especies se define como la dispersión accidental o intencionada, por parte del hombre, de organismos vivos fuera de su área de distribución histórica, y es responsable de una masiva pérdida de biodiversidad, amenazando al planeta con la homogeneización de su biota. Los ejemplos de introducciones son cientos y evidencian que las invasiones biológicas amenazan la biodiversidad a una escala global. Las especies invasoras se encuentran en todos los grupos taxonómicos, desde los virus hasta los mamíferos, y han afectado virtualmente a todos los ecosistemas del planeta. Sin embargo, las islas son particularmente sensibles pues se caracterizan por tener una menor diversidad de especies, y por ser más fácilmente invadibles. Además, suelen tener una proporción mayor de especies vulnerables, como aves no voladoras, que han perdido el miedo o que nidifican en el suelo.

La introducción de especies suele ocasionar in impacto sobre la dinámica de las poblaciones nativas y sobre la estructura de la comunidad. Las causas pueden ser: a) la depredación sobre animales o plantas, muchas veces endémicos, que no presentan sistemas de defensa al haber evolucionado en ausencia de depredadores; b) la competencia por el alimento, el espacio, etc., con especies autóctonas que ocupan el mismo nicho ecológico y que tienden a ser desplazadas; c) la alteración del hábitat y consecuente modificación de la estructura de comunidad, actuando como "especie clave" en esas comunidades restructuradas; d) la hibridación con especies similares ocasionando contaminación genética y pérdida de biodiversidad; y e) la transmisión de enfermedades y parásitos a especies que nunca las habían sufrido.

Las causas de las introducciones se pueden agrupar en voluntarias e involuntarias. Entre las primeras se encuentran las realizadas con fines cinegéticos y piscícolas, el control de plagas de insectos y roedores, y la liberación de animales de compañía molestos. Las involuntarias están relacionadas con la fuga de animales de compañía y de explotaciones comerciales, y la dispersión a través de los medios de transporte.

Según el efecto que ocasionen en los ecosistemas que invaden, podemos clasificarlas como: a) perjudiciales: se ha comprobado su efecto negativo; b) potencialmente perjudiciales: se ha comprobado su efecto negativo en otras zonas donde han sido introducidas, pero no en Canarias; c) de efecto desconocido: no se dispone de información suficiente para valorar su efecto; y d) integrados: no ocasionan problemas de conservación.


El conejo es uno de los mamíferos introducidos
Andrés Rodríguez
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Los vertebrados terrestres introducidos


En Canarias habitan, en la actualidad, 123 vertebrados terrestres silvestres o asilvestrados de los que 83 son autóctonos (67,47%), -de ellos, 17 son endémicos-, siete de origen dudoso (5,69%) y 33 (26,82%) introducidos: cinco peces, dos anfibios, un reptil, 12 aves y 13 mamíferos.

Peces, anfibios y reptiles

En charcas para riego, embalses y algunos barrancos, se han liberado diferentes especies de peces de agua dulce: la carpa (Cyprinus carpio), el carpín dorado (Carasius auratus), el guppy (Poecilia reticulata), la gambusia (Gambusia sp.), la perca americana (Micropterus salmoides) (Domínguez, 1984), y otras cuya presencia no está documentada. También han sido introducidas las dos únicas especies de anfibios presentes en Canarias: la ranita meridional (Hyla meridionalis) y la rana común (Rana perezi).

La fauna de reptiles de Canarias se caracteriza por presentar un elevado índice de endemicidad. De un total de 12 especies, 11 son endémicas y sólo una es introducida, la salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus). La salamanquesa rosada es de origen circunmediterráneo aunque ha sido introducida en Estados Unidos, Méjico y Cuba. Se ha citado en Tenerife y Gran Canaria, donde ha arribado seguramente favorecida por el intenso tráfico marítimo de las últimas décadas, si bien no ha llegado a colonizar las zonas no urbanizadas. También se da la circunstancia de que reptiles endémicos de unas islas han sido introducidos en otras, e incluso en la Península, como consecuencia del tráfico de mercancías. Por otra parte, con cada vez mayor frecuencia aparecen, en zonas urbanas y rurales, ejemplares de animales de compañía comercializados legal o ilegalmente como culebras, camaleones, iguanas o galápagos. En ningún caso se ha comprobado su reproducción en el medio natural, pero no sería sorprendente.

No hay documentación específica sobre las consecuencias de la introducción en Canarias de peces, anfibios y reptiles, pero no se puede descartar que se puedan producir fenómenos de depredación, competencia y posterior desplazamiento de las especies autóctonas. u otros que puedan incidir negativamente sobre éstas.

Aves

Todas las introducciones se realizaron a partir del siglo XV, para la práctica cinegética, o como consecuencia de la huida de mascotas. En la relación de aves nidificantes y migradoras de Canarias (Emmerson et al, 1994), 63 se consideran autóctonas, 12 han sido introducidas directa o indirectamente por el hombre y 7 ofrecen dudas sobre la forma en que consiguieron asentarse en el archipiélago.

Las aves nidificantes introducidas por motivos cinegéticos son la perdiz moruna (Alectoris bárbara), la perdiz roja (Alectoris rufa) y, probablemente, aunque no tienen la consideración legal de especies cazables, el pavo bronceado (Meleagris gallopavo y la pintada común (Numida meleagris). Ningún autor ha señalado posibles efectos negativos de estas especies.

La tenencia de aves en cautividad con fines lúdicos o culturales (mascotas y colombofilia) y la exhibición comercial (zoológicos), ha propiciado la huida de ejemplares que se han ido asilvestrando, principalmente en medios antropizados. En este caso se encuentran varias especies de psitácidos (loros, cotorras, etc.) (Lorenzo, 1993); de estríldidos, como el estrilda común y afines (Estrilda ssp.); de estúrnidos, como el miná común (Acridotheres tristis); y de columbiformes, como la tórtola de collar (Streptopelia "risoria"). Los principales problemas que han ocasionado donde han sido introducidas son: daños a la agricultura, competencia con especies nativas y transmisión de enfermedades y parásitos (Lever, 1994).

Mamíferos: los más peligrosos

En Canarias habitan actualmente alrededor de 25 mamíferos, de los que sólo nueve son autóctonos. La mayoría de las introducciones en el período prehispánico están relacionadas con la actividad ganadera: la cabra, la oveja, el cerdo y el perro. Además de los anteriormente citados, los estudios arqueológicos revelan que el ratón casero (Mus domesticus) y el gato (Felis catus), también convivieron con ellos.

A partir del siglo XV, con la llegada de los europeos, se produce un significativo incremento de las introducciones. Entre los mamíferos destacaremos, por sus efectos negativos, el conejo (Oryctolagus cuniculus), el muflón (Ovis aries), el arruí (Ammotragus lervia), el gato (Felis catus) y la rata negra (Rattus rattus).

El conejo se introduce con fines cinegéticos y puede encontrarse en todas las islas y varios islotes. Las consecuencias de la introducción de los conejos en otras partes del mundo como Australia son sobradamente conocidas. En Canarias, esta especie es responsable de alteraciones en el hábitat y disturbios en colonias de aves marinas, así como de daños en repoblaciones forestales y en programas de conservación de plantas amenazadas. Sin embargo, su efecto sobre las especies vegetales amenazadas -a juzgar por las escasas veces que es citado por Gómez Campo y colaboradores (1996) como factor de amenaza- no ha sido objeto de suficiente atención.

En la década de los setenta, con fines cinegéticos, se introduce en Tenerife el muflón y el arruí en La Palma. El muflón tiene su origen en el acimarronamiento de ovejas domésticas introducidas por los navegantes neolíticos en Córcega y ha sido introducido, como especie de caza mayor, en prácticamente toda Europa, algunos países sudamericanos, Estados Unidos y en los archipiélagos de Hawaii y Kerguelen. En Hawaii ocasiona daños en la flora y vegetación por lo que es objeto de programas de control. En Canarias, el muflón habita en el matorral de retama y codeso, y el pinar de la parte central de Tenerife, donde mantiene una población de varios cientos de individuos. La práctica totalidad de su área de distribución se encuentra en el Parque Nacional del Teide y el Parque Natural de la Corona Forestal. Al menos, 38 taxones vegetales -la mayoría de ellos endémicos- forman parte de su dieta y, en su área de distribución, se encuentran 35 especies vegetales amenazadas sobre las que puede ejercer un efecto negativo (Rodríguez Luengo, 1993).

El arruí, pariente cercano de cabras y ovejas, es originario del norte de Africa y ha sido introducido con fines cinegéticos en varios países europeos y en el suroeste de Estados Unidos, donde cuenta con importantes poblaciones. En Canarias, ocupa los pinares de la porción central y noroccidental de La Palma, áreas incluidas en el Parque Nacional de La Caldera de Taburiente y otros espacios naturales protegidos aledaños. Su población, de pocos cientos, tampoco se ha censado con exactitud. En lo que se refiere a su alimentación, se han determinado 41 taxones vegetales como integrantes de su dicta de otoño, de las que 21 son endémicas (Rodríguez Piñero y Rodríguez Luengo, 1992). Entre las especies vegetales amenazadas presentes en el Parque Nacional de La Caldera de Taburiente, nueve se consideran afectadas por esta especie, y el único ejemplar adulto conocido de Helianthemum cirae fue destruido por los arruies en el verano de 1993 (Gómez Campo y colaboradores, 1996).

El gato (Felis catus) y la rata negra (Rattus rattus) han contribuido a la extinción o drástica reducción de los efectivos de numerosas especies animales, particularmente en islas oceánicas, a lo largo de todo el planeta. Ambas se consideran entre los factores que amenazan la supervivencia de 14 (26%) de los 54 vertebrados incluidos en el Libro Rojo de los Vertebrados de Canarias (Martín et al, 1990).

La depredación del gato cimarrón sobre vertebrados amenazados es especialmente preocupante cuando se produce sobre especies endémicas amenazadas de extinción, como es el caso del Lagarto Gigante de El Hierro (Gallotia simonyi), especie que cuenta con una población muy reducida, y de un lagarto (Gallotia sp.), recientemente descubierto en Teno (Tenerife). En lo que se refiere a las aves, son particularmente sensibles las aves marinas de pequeño tamaño, -por lo que este depredador introducido debería ser erradicado sin demora de 1as principales colonias de aves marinas. Otras aves que nidifican en el suelo, como el alcaraván o la chocha perdiz, son presas fáciles. El gato es, también, una importante amenaza para las musarañas endémicas.

La rata negra (Rattus rattus) incide negativamente sobre buena parte de los vertebrados amenazados. Se especula en algunos casos y se ha comprobado en otros su depredación sobre el Lagarto Gigante de El Hierro (Gallotia simonyi), incluso sobre sus huevos; sobre huevos y adultos de diferentes especies de aves (petreles, pardelas, paíños, etc.); sobre otras aves que nidifican en el suelo, como el alcaraván (Burhinus oedicnemus) o la chocha perdiz (Scolopax rusticola), y bien poco es lo que se sabe respecto a su efecto sobre especies endémicas de invertebrados y de flora. Pero especialmente preocupante resulta la depredación que ejerce sobre los huevos y pollos de la palomas turqué (Columba bollii) y, particularmente, sobre los de la rabiche (Columba junoniae), ambas especies endémicas amenazadas.

Otros mamíferos introducidos cuyo efecto no es bien conocido son: el erizo moruno (Atelerix algirus), la ardilla moruna (Atlantoxerus getulus) y el musgaño enano (Suncus etruscus).

Con el fin de conservar la diversidad biológica de Canarias, es necesario crear una cultura social, especialmente entre los gestores y responsables políticos, en relación con el peligro de la introducción de especies y, la necesidad de controlar o erradicar aquéllas que ocasionan algún perjuicio. La Comunidad Autónoma de Canarias debe dotarse de un marco legal que permita la prevención de las introducciones e impulse la erradicación o control de las especies introducidas perjudiciales.


El mufón fue una epecie introducida en Tenerife para fines cinegéticos
Óscar L. Domínguez
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El gato cimarrón ha contribuido a la extinción de especies animales
Margarita Oramas
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Aspectos Legales
 

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