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Revista de Medio Ambiente



Pascual Calabuig Miranda

Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre de Tafira. Cabildo de Gran Canaria.




Revista 13 / Año 1999




La rehabilitación de tortugas marinas accidentadas en las Islas Canarias

Cientos de estos animales han logrado salvarse gracias a las campañas de protección


Con el estómago vacío, en medio del Atlántico Central, un soñoliento ejemplar de tortuga boba (Caretta caretta) se deja llevar por la corriente. Es la gran corriente marina que, girando en el sentido de las agujas del reloj, ha transportado a sus congéneres entre las dos orillas del Océano durante muchos millones de años. De cuando en cuando la tortuga sale de su aparente letargo y escudriña a su alrededor en busca de algo de comida. De repente, capta la existencia, muy cerca, de un suculento bocado: percebes, sobre un aparentemente inofensivo y enmarañado sustrato. Confiada, se aproxima y, con su poderoso pico, comienza a triturar los sabrosos moluscos. Para desgarrarlos de su base, la tortuga se ayuda de una de sus aletas delanteras y aquí comienza la triste historia de una lenta y dolorosa agonía. Se acaba de trabar una aleta en la red que servía de sustrato flotante a los percebes. Es uno más de los cientos de miles de metros de malla y cordelerías que, cada año, acaban a la deriva procedentes de la actividad pesquera.

Los intentos de la tortuga por liberarse sólo consiguen anudar aún más los hilos que, poco a poco, van cortando su piel, luego sus músculos y arterias y, finalmente, llegan al hueso. La traicionera red y la tortuga, ya rendida, serán sólo uno, durante interminables días y noches en medio del mar.


Esta tortuga boba precisó de amputación de la aleta a causa del daño que le produjo una red abandonada
Pascual Calabuig
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La situación anterior a las campañas de recuperación


Corrían los años sesenta y el Parque Doramas, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, era un lugar muy frecuentado. El viejo zoológico, la vecindad del Pueblo Canario y el lujoso Hotel Santa Catalina, con sus magníficos jardines, atraían a mucha gente que paseaba entre las palmeras. Por entonces todavía se respiraba un ritmo apacible en esta ciudad.

En ese entorno, un lugar de casi obligada visita, lo constituía para mí el gran estanque de las tortugas. Las enormes tortugas allí cautivas me fascinaban, igual que a multitud de niños y también adultos. Todos encontrábamos algo normal mantener encerrados a cuantos ejemplares de tortuga marina llegaban heridas a nuestras costas o eran capturadas en los aparejos de los pescadores. Así, con la connivencia de las autoridades municipales iban llenándose de tortugas los estanques públicos de nuestra ciudad. Recuerdo haber visto también tortugas en la fuente del Mercado de Las Palmas.

Marisquerías y restaurantes no perdían tampoco la oportunidad de poseer un reclamo viviente, en algún acuario, que insinuara la frescura del resto de los productos de la "carta".

Menos suerte habían tenido otras tortugas que, disecadas, colgaban expuestas en los kioscos del entonces concurridísimo y cosmopolita Parque Santa Catalina, en la zona del Puerto. Allí recuerdo a los turistas comprando las tortugas, secas y barnizadas, como un recuerdo exótico de las "Canary Islands".

Concienciación ambiental


Los tiempos han cambiado y, hoy en día, podemos afirmar que la casi totalidad de las tortugas que aparecen por nuestras aguas, con cualquier tipo de problema, serán también capturadas, como antaño, pero con otro fin muy distinto: intentar salvarlas y devolverlas al mar cuanto antes.

A ese cambio de actitud han contribuido la promulgación de las leyes de protección de la naturaleza y, en gran medida, las campañas de concienciación ambiental desarrolladas por la Viceconsejería de Medio Ambiente durante la última década.

Tras percatarnos en los Centros de Rehabilitación de Fauna de la existencia de muchas tortugas que llegaban a nuestras costas heridas y con múltiples problemas, intentamos que esos animales se nos remitieran cuanto antes. Debían de llegarnos a través de las gentes del mar y parecía casi imposible informarles a todos sobre qué hacer con esos animales.

Simples campañas de prensa y, posteriormente, la elaboración y distribución de folletos y carteles, por parte del Servicio de Educación Ambiental de la Viceconsejería, hicieron que las cifras de llegada de tortugas a los centros de rehabilitación se multiplicaran. Esto lo apreciamos claramente en la siguiente tabla.

Una vez más, si se les daba la oportunidad, nuestros conciudadanos se esforzaban por colaborar y participar activamente en las tareas de conservación de la naturaleza. Teníamos ya el buen precedente de las campañas de pardelas y, con las tortugas también la respuesta de la gente de todas las islas fue ejemplar.

Ingresos de tortugas marinas en los CRFS de Canarias

Una actividad de imprescindibles colaboraciones


La recuperación de tortugas marinas, tal y como la entendemos actualmente, se inició en Canarias, y en España, desde el Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre de Tafira hacia finales de la década de los ochenta.

En sus comienzos, las tareas de recuperación de tortugas marinas accidentadas adolecían de presupuesto y las actividades realizadas con esos animales se sustentaban mayormente con el voluntarismo e iniciativas de los que trabajaban tratando de recuperarlas (lo cierto es que, aunque resulte triste decirlo, poco se ha variado en ese sentido).

Gracias al apoyo prestado por empresas privadas, que colaboraban altruistamente, pudimos, al principio, disponer de los estanques de agua salada que la rehabilitación de las tortugas precisaba. Llegamos a rehabilitar tortugas en los acuarios de mantenimiento de marisco vivo de diversas empresas distribuidoras (Martín Dorado y Jaime Llorca), incluso en algunos expuestos al público.

Más tarde ya pudimos mejorar nuestra infraestructura, gracias a la colaboración del Instituto Canario de Ciencias Marinas (ICCM), hoy dependiente de la Consejería de Educación del Gobierno Canario y, ya recientemente, del Instituto de Algología Aplicada (IAA) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ubicados en Taliarte (Telde). Ambos pusieron a disposición de las tortugas cuantos medios estaban a su alcance: grandes tanques con circuito abierto de agua marina, a buena temperatura, debidamente ubicados a nivel del mar y con la imprescindible vigilancia y seguridad. En la actualidad disponemos allí de la posibilidad de albergar, simultáneamente, hasta 16 tortugas.

Durante años, también en Tenerife, el Centro de Rehabilitación de La Laguna trabajó recuperando muchas tortugas. Los animales se remitían al Hospital Veterinario Tenerife Norte, si bien nunca llegaron a disponer de piscinas adecuadas. En los casos en que alguna tortuga allí precisaba de estancia prolongada en piscina, se nos remitía a Tafira.

Esos traslados, como los efectuados desde el resto de las islas, eran posibles gracias a la inestimable colaboración de las compañías de transporte interinsular, tanto aéreas como marítimas. Hasta la fecha su grado de implicación a nivel personal en el rescate de estos animales ha sido ejemplar y resulta una muestra más de la buena "prensa" que las tortugas marinas tienen entre nuestras gentes.

Para las cuestiones sanitarias contamos con las propias instalaciones del CRFS de Tafira y, si el caso lo requiere, tenemos la posibilidad de acudir a las enormes posibilidades diagnósticas y terapéuticas que nos brinda la Facultad de Veterinaria de la ULPGC. Con esta Facultad se trabaja muy estrechamente en tres facetas:

a) Remisión de casos al Hospital Clínico. Allí, en colaboración con los profesores de la propia Facultad, se realizan pruebas e intervenciones quirúrgicas con el apoyo de la sofisticada y costosísima infraestructura sanitaria con la que cuentan. Medios que por otro lado sería impensable poder disponer en el Centro de Tafira.

b) Remisión de animales muertos para necropsias. Todas las tortugas muertas son exhaustivamente analizadas por un especialista cuyo trabajo de investigación hasta la fecha ya nos proporciona una gran ayuda a la hora de enfocar los casos clínicos.

c) Realización de prácticas de los alumnos de la Facultad en Tafira. Aquí colaboran en cuantas tareas se realizan, al tiempo que aprenden a manejarse con este tipo de animales. El pasado año realizaron estancias en Tafira un total de 12 alumnos.

Como podemos comprobar en la recuperación de nuestras tortugas marinas intervienen medios, instalaciones y personal de muy diversa procedencia, optimizándose infraestructuras preexistentes de forma que la rehabilitación de las tortugas no nos suponen inversiones significativas.


Grupo de niños liberando una tortuga
Pascual Calabuig
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La experiencia de 1998


A partir de enero de 1998, tras la delegación de las competencias en materia de Medio Ambiente a cada Cabildo Insular surgió el problema, como en muchas otras cuestiones medioambientales, de la falta de medios humanos y materiales en algunas islas para atender adecuadamente a los animales silvestre heridos, entre ellos las tortugas marinas.

Ante la posibilidad de que se diese una desatención a estos animales de tan especializados requisitos sanitarios y de mantenimiento, por parte del Cabildo de Gran Canaria se ofreció, al resto de los Cabildos y a la Consejería de Política Territorial del Gobierno Canario, la posibilidad de atender las tortugas que se nos remitieran desde cualquier parte de nuestras islas. De esta manera, el pasado año, llegaron hasta Tafira la casi totalidad de tortugas marinas que se capturaron en nuestro archipiélago. La coordinación de los traslados se hizo a través de la Viceconsejería de Medio Ambiente, cuyo personal organizaba el traslado y recibía los animales en primera instancia, para remitirlos luego hasta el hospital de Tafira donde serían convenientemente tratados.

La estadística


Tal y como se refleja en la "Memoria de Actividades" del CRFS de Tafira, durante 1998 ingresó un total de 72 tortugas pertenecientes a tres especies diferentes. De ellas unas 7 tortugas se recogieron ya muertas del mar, otras 7 debieron ser eutanasiadas a su llegada Tafira, debido a la magnitud e irreversibilidad de sus lesiones y unas 8 no respondieron al tratamiento y murieron. Afortunadamente 49 tortugas se pudieron liberar en buenas condiciones.

Por isla de procedencia se recibieron 2 tortugas de Lanzarote, 12 de Fuerteventura, 1 de La Gomera, 23 de Tenerife y las 34 restantes eran de Gran Canaria.

La causa de ingreso más común la constituyó el enmallamiento de las aletas (43 casos). Ello supuso que unas 16 tortugas acabaran perdiendo alguna de sus aletas. En uno de los casos una tortuga ya ingresó con tres de sus cuatro extremidades amputadas por el estrangulamiento producido por las redes. Debió eutanasiarse.

Otras causas de ingreso fueron la ingestión de anzuelos de palangre, ahogamientos en artes de pesca, petroleadas, enfermedades diversas, etc.

La actividad de rehabilitación generó unos 1.500 días de hospitalización de tortugas, se realizaron unas 50 radiografías, 23 intervenciones quirúrgicas e innumerables controles sobre los animales. Todo este trabajo se realizó con el único vehículo del que disponemos (una furgoneta Renault) que se compartía con las actividades de rehabilitación del resto de la fauna silvestre accidentada que ingresó en Tafira (1.497 animales el pasado año). Sobre el personal asignado al Centro el pasado año, sólo existió un operario y el técnico que esto suscribe. Afortunadamente el presente año se han incorporado dos nuevos operarios. No obstante continua constituyendo un tremendo factor limitante la inexistencia de vehículo apropiado para las tortugas.


Tortuga laúd con síntomas de ahogamiento en una playa de Jandía (Fuerteventura)
Pascual Calabuig
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El futuro de la recuperación de tortugas


Desgraciadamente podemos estar seguros de que continuarán apareciendo en nuestras aguas tortugas accidentadas o enfermas, y que la situación global de las poblaciones hará que siga siendo recomendable atender y salvar el mayor número posible. Por ello debemos estar preparados y mejorar nuestro funcionamiento y capacidad de atención a estos amenazados animales.

Dada la fragmentación de nuestro territorio en siete islas y la posibilidad de que aparezcan tortugas en cualquiera de ellas, con el vigente sistema de delegación de competencias en los Cabildos Insulares, podría pensarse en la creación de otros tantos lugares de atención especializada a las tortugas.

La tendencia actual, en lo que a creación de centros de recuperación de fauna silvestre se refiere, está en la línea de mantener pocos centros, bien dotados, a los que puedan remitirse con rapidez los ejemplares que lo precisen. De esta manera se produce una especialización y se economizan medios que, en el caso de la conservación de la fauna silvestre, suelen ser limitados y que precisan de una priorización de sus inversiones.

Si, llegado el caso, esos medios fueran cuantiosos y las prioridades pasaran por la creación de nuevos centros, bienvenidos sean. Lo que resultaría penoso sería la creación de centros que no alcanzaran el mínimo nivel en medios, infraestructura y personal especializado, que detrajeran partidas precisas para otros temas y que, al final, no consiguieran mejorar la actual oferta de atención sanitaria a las tortugas heridas.

En lo que respecta al Centro de Tafira, dependiente del Cabildo de Gran Canaria, la voluntad reflejada por sus actuales responsables, tanto técnicos como políticos, es la de potenciar su capacidad de rehabilitación y atender a las tortugas de cualquier isla que así lo precise. Todo ello supone continuar la estrecha colaboración existente con las instituciones reflejadas anteriormente, sin las que hasta ahora hubiera sido tremendamente oneroso llevar a cabo las tareas de rehabilitación.

Por último, debemos tener presente que la recuperación de tortugas marinas accidentadas no representa sino un pequeño grano de arena entre las múltiples tareas de conservación que habría que abordar para que los mares sigan albergando a estas valiosas especies, capaces de sobrevivir desde hace 100 millones de años y que tantos problemas manifiestan para sobrevivir al hombre, su contaminación y la sobreexplotación de los mares. En ese sentido se aproximan muy malos tiempos para nuestro entorno marino.

 

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