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Revista de Medio Ambiente



Luis M. Jiménez Herrero

Profesor de Economía del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible U.C.M.




Revista 17 / Año 2000




Desarrollo sostenible: "engranando" la economía mundial con la ecología global

En un planeta único no podemos vivir teniendo varios "mundos" de diferentes categorías




Partiendo de la base de que los problemas ambientales son inherentes a las modalidades de desarrollo y están enraizados en las estructuras socioeconómicas, uno de los grandes dilemas de nuestra época es cómo se pueden hacer compatibles la satisfacción de las necesidades y aspiraciones humanas, actuales y futuras, con el mantenimiento de los equilibrios de los sistemas biofísicos y de los sistemas sociales.

En el siglo XXI, la respuesta estratégica se encuadra en el nuevo marco conceptual del desarrollo sostenible. Un nuevo enfoque ante el fenómeno de un cambio global que modifica el conjunto de relaciones entre la sociedad y el medio ambiente con un sentido de perdurabilidad a largo plazo y de responsabilidad de las generaciones actuales con las generaciones venideras.

Aunque el concepto de desarrollo sostenible no es novedoso (se viene utilizando desde los años setenta), su mayor importancia ahora estriba en su consolidación conceptual y, lo que es más significativo aún, en su progresiva implantación en términos operativos para formular estrategias para un nuevo estilo de desarrollo humano.

La necesidad de integrar la dimensión ambiental en los procesos socioeconómicos parece indiscutible. Pero no es única, ni exclusiva, ni tampoco excluyente. Y el horizonte de la sostenibilidad del desarrollo no sólo es a largo plazo, sino también a corto. De no ser así ¿se puede hablar de verdadero desarrollo humano si es a costa de destruir el medio ambiente? y a la inversa ¿se puede mantener la evolución del Planeta perpetuando el hambre y el subdesarrollo en el mundo donde más de 1.300 millones de personas viven en la pobreza absoluta? ¿no resulta inaceptable hablar de cualquier esquema de desarrollo sostenible sin plantear también los problemas y las soluciones a corto plazo para la simple supervivencia de la mayoría de la sociedad atrapada en la degradante espiral del subdesarrollo?


Reserva Natural Integral de Inagua (Pico de Inagua. Gran Canaria)
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Criterios operativos para una sostenibilidad integral del desarrollo


Las consideraciones sobre qué debe ser lo sostenible y cómo hacerlo perdurable de forma equitativa son las claves del nuevo enfoque del desarrollo humano.

Desde los años noventa (Cumbre de la Tierra 1992) las cuestiones ambientales se sitúan en el centro del debate sobre el progreso y se constata que medio ambiente y desarrollo forman un binomio indisoluble que tiene que encontrar su plena integración a través de la noción de sostenibilidad y de un sentido de corresponsabilidad de las generaciones actuales con las generaciones venideras.

Sobre la primera de estas cuestiones hay que destacar que la dimensión ambiental, aun siendo básica, no es exclusiva, tal como se planteaba inicialmente. Ciertamente, la base ecológica es imprescindible para cualquier proceso socioeconómico. No obstante, tanto la dimensión económica como la social son también esenciales para la sosteniblidad del desarrollo. El tamaño de la población y de la economía mundiales tiene que ajustarse a la capacidad del ecosistema global.

Por un lado, el crecimiento de los habitantes del planeta asociado a sus particulares estilos de vida y consumo (opulencia en los países ricos y miseria en los países pobres) tiene unos claros límites dentro de un sistema cerrado como es la Tierra.

Por otra parte, el crecimiento económico también se enfrenta a límites ecológicos. La sostenibilidad económica se consigue con una economía productiva que utilice los recursos naturales renovables a una tasa equivalente a su propia tasa de renovación; que use los recursos no renovables a un ritmo equivalente a la tasa de sustitución por otros recursos de carácter renovable; y, finalmente, que la contaminación y los residuos del sistema de producción-consumo no superen la capacidad de asimilación de la biosfera.

Estos criterios operativos son un referente prioritario para concretar la forma de hacer sostenible el desarrollo, pero no son suficientes. Es imprescindible actuar sobre las causas fundamentales de la crisis planetaria. Es decir, sobre las actuales pautas económicas de producción-consumo-distribución, que son ecológicamente insostenibles porque exceden la capacidad de carga de los ecosistemas; que son socialmente insostenibles porque están llevando al punto de ruptura las tensiones creadas por la desigualdad; y que también son éticamente insostenibles porque el materialismo humano no puede seguir determinando el sentido del progreso.

Quedan, no obstante, cuestiones esenciales por definir. Por ejemplo ¿cómo se consigue este equilibrio dinámico? ¿cumpliendo todos y cada uno dé los proyectos de desarrollo, los criterios de uso de recursos y contaminación? ¿o se pueden plantear esquemas de compensación para el conjunto global? ¿y la redistribución equitativa no es también un fundamento de la sostenibilidad económica y social?

En cualquier caso, se confirma la necesidad de plantear la sostenibilidad de forma integral. Es decir haciendo que el proceso de desarrollo sea ecológica, económica y socialmente sostenible. Por eso, el desarrollo humano para que sea perdurable debe ser ambientalmente sano, socialmente justo, económicamente viable y éticamente vital. Y éste es un planteamiento que se va generalizando y aceptando por la mayoría de países desde una perspectiva estratégica. De hecho, las tradicionales políticas ambientales se subsumen ahora en estrategias de desarrollo sostenible que van incorporando progresivamente estas consideraciones, tal como se propone desde Naciones Unidas y como, por ejemplo, sucede en el ámbito de la UE, con su Quinto Programa de Acción ("Hacia un Desarrollo Sostenible").


Parque Rural de Anaga (Tenerife)
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Relaciones asimétricas en una economía globalizada


Con respecto a las cuestiones de la responsabilidad compartida sobre el futuro, el debate todavía es más polémico.

Como hemos insistido en otras ocasiones, (Jiménez Herrero L., 2000), Desarrollo Sostenible: Transición hacia la coevolución global), el impacto ambiental de las actividades humanas no es un fenómeno homogéneo, sino que, por el contrario, es bien distinto según el propio modo de vida y de las condiciones del entorno. Tanto por la concentración de la riqueza y de los beneficios en el Norte desarrollado y dominante, como por el aumento de la pobreza (que parece ser consustancial a la historia de los países del Sur subdesarrollado y dependiente), así como por las interrelaciones Norte-Sur, se generan grandes tensiones sobre el uso de los recursos naturales y el equilibrio de la biosfera.

Pero tales tensiones se agudizan y se aceleran más todavía porque la dinámica de expansión económica ha entrado en una fase de elevada internacionalización de la economía que avanza hacia la globalización del sistema de producción y consumo. Una economía globalizada, dentro de una corriente liberal, que propicia el libre juego de las fuerzas del mercado, y busca, sobre todo, aumentar la productividad y las ventajas competitivas que mejoren las condiciones de un consumo en masa, pero que, sin embargo, no se centra precisamente en satisfacer las verdaderas necesidades, eliminar las desigualdades y favorecer el bienestar de la sociedad en su conjunto.

Hoy día existe una nefasta situación que podríamos denominar "regla 20/80". El Norte, que representa el 20% de la población más rica del mundo, consume aproximadamente el 80% de los recursos naturales del Planeta y produce una contaminación global equivalente. El complejo entramado de relaciones intemacionales se amplía bajo las nuevas consideraciones de la sostenibilidad del desarrollo.

Por ejemplo, el comercio entre países del Norte y del Sur parte de unas bases de relaciones dependientes y subordinadas que han sido ampliamente tratadas por las teorías del desarrollo. Sin embargo, estos análisis necesitan ser complementados con el estudio de los flujos de materiales y energía que se intercambian y sus correspondientes impactos en el medio ambiente y en los niveles de sostenibilidad, tanto de los propios países como a escala global.

Por ello se necesitan nuevas formas de estudiar las relaciones intemacionales y de utilizar, también, nuevos indicadores de desarrollo sostenible. Uno de ellos, entre otros muchos, es el indicador basado en la "huella ecológica", entendida como el espacio biofísico necesario para suministrar los recursos y absorber los residuos generados por una determinada población en su entomo. Por ejemplo, la huella ecológica de la ciudad de Londres equivale a 125 veces el espacio de este sistema urbano. Casi hace falta el territorio de Inglaterra para "sostener" Londres.

La especialización de la producción y exportación en los países del Sur puede estar incrementando los niveles de contaminación local con un alto consumo de recursos naturales que, a su vez, genera mayores riesgos de insostenibidad económica y ambiental. Pero, más aún, se puede estar produciendo una exportación neta de sostenibilidad de desarrollo. Y de esta manera podríamos apreciar, a nivel general, una tendencia creciente de ganancia de sostenibilidad neta de los países ricos a costa de los pobres. ¿La sostenibilidad de unos se consigue a costa de la insostenibilidad de otros?


Paisaje Protegido de Ventejís (El Hierro)
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Entre los indicadores de sostenibilidad y la ética planetaria


Existen, sin duda, variadas visiones de este concepto que se encuadran en diferentes teorías e ideologías, según distintos criterios de sostenibilidad débil, en un extremo, o de sostenibilidad fuerte, en otro extremo, con predominio de la visión económica, en el primer caso, y de la visión ecológica, en el segundo.

Pero quizá, lo más importante sea rellenar de contenido estratégico la noción de desarrollo sostenible e implantar políticas de acción. Para ello, es necesario medir y evaluar la sostenibilidad de los procesos de desarrollo en clave de sostenibilidad. Son imprescindibles nuevos indicadores para saber a dónde queremos llegar y por qué camino hemos de ir, incluso qué "mapa" debemos usar. Los indicadores actuales más ampliamente utilizados y derivados de los sistemas de cuentas nacionales, como el emblemático PIB, son inadecuados para conocer la auténtica riqueza nacional, medir el verdadero desarrollo o precisar las ganancias de bienestar, porque ignoran muchos valores y funciones de la naturaleza.

Sin unos indicadores adecuados sobre el uso y degradación del capital natural y de los recursos ambientales globales no es posible una economía sostenible y equitativa en el tiempo, haciendo posible que el sistema económico se adapte como subsistema dependiente y coexista pacificamente con el ecosistema global que lo contiene.

A pesar de todo, seguramente, lo más relevante para encontrar salidas a esta crisis planetaria y de civilización, que estamos generando y padeciendo, sea concebir el desarrollo sostenible como un proceso de cambio abierto y dinámico -más que como una doctrina o un modelo definido- y tratar de rellenar de contenido estratégico y operativo la noción de sostenibilidad del desarrollo humano, explicando las grandes tnansiciones que se avecinan en el orden económico, tecnológico, social, ambiental, político e institucional, y buscando nuevos indicadores que nos marquen el camino solidario hacia la coevolución del hombre con la biosfera dentro de un sistema global.

El verdadero sentido del desarrollo sostenible reside en concebirlo en su dimensión global; del Norte y del Sur en su conjunto como viajeros inseparables de la "nave espacial Tierra y en coevolución con las demás especies vivas y el resto de la Biosfera; con una visión integral de la sostenibilidad ecológica, económica y social; y reconociendo que la variable más crítica de la ecuación del desarrollo sostenible global es el consumo opulento de los países industrializados frente al subconsumo esquilmador de los países pobres.

Y sin la reducción del despilfarro y sin mecanismos de redistribución equitativa desde el Norte hacia el Sur, no podremos comparar un futuro común en armonía con la esfera de la vida. Porque el cambio de rumbo hacia la sostenibilidad planetaria, más que ajustar las necesidades humanas, supone reducir, en primer lugar, las "necesidades" de las sociedades privilegiadas para no restar posibilidades a las sociedades desposeídas que también tienen legitimo derecho a encontrar su propio desarrollo.

Mientras que unos pocos favorecidos de la gran familia mundial producen la mayor cantidad del impacto ambiental por "exceso" de crecimiento económico, derroche y opulencia, la gran mayoría desfavorecida degrada la Naturaleza por "defecto" de desarrollo, hambre y simple supervivencia en una imparable y violenta espiral de pobreza esquilmación-más pobreza-más esquilmación...

No podemos hacer discriminaciones entre "ellos" y "nosotros", entre las otras especies vivas y la especie humana; entre Norte y Sur, acrecentando la brecha de la desigualdad. Si queremos comparar racionalmente nuestro hábitat, en el presente y en el futuro, no podemos esperar al agotamiento de la riqueza natural v a la explosión final de la pobreza. En el gran navío espacial Tierra no puede haber pasajeros de "primera" y de "tercera". En un Planeta único no podemos vivir teniendo varios "mundos" de diferentes categorías, ni modelos de desarrollo sostenible de distintos niveles, o de varias velocidades para países ricos y para países pobres.

Conseguir, sobre estas bases, que el mundo y el desarrollo humano sean equitativos y sostenibles en el tiempo implica tratar de conocer mejor la complejidad de la realidad y empezar por cambiar el "metabolismo" de la sociedad industrial para "engranar" definitivamente la economía mundial con la ecología global; acoplar la economía con la ecología -a pesar de las paradojas entre la globalización y la fragmentación- para llegar a la integración del medio ambiente y el desarrollo en la toma de decisiones a todos los niveles y en todos los ámbitos, desde el local al mundial.

En realidad, el desarrollo sostenible se presenta como un proceso de cambio y transición hacia nuevas formas de producir y consumir, pero también hacia nuevas formas de ser, estar y conocer. Un proceso dinámico abierto a las innovaciones, que se adapte a las transformaciones estructurales, potenciador del ingenio humano y comprometido con la evolución de la vida, en él contexto de un sistema global, multidimensional y complejo.

 

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