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Rana toro y sapo marino: la amenaza que viene
Los controles aduaneros que se realizan en Canarias son insuficientes
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El Archipiélago Canario,
al tratarse de un conjunto de
ecosistemas aislados donde se
han producido abundantes fenómenos
de especiación y coevolución
interespecíficas, es especialmente
sensible a las
invasiones biológicas. Gran número
de especies endémicas
son susceptibles de desaparecer
debido a la competencia,
transmisión de enfermedades
y depredación por parte de los
taxa invasores.
La mezcla de especies de
fauna y flora producidas por el
transporte de especies exóticas,
unido a la destrucción del hábitat,
son las mayores causas
de extinción a nivel mundial en
los últimos 200 años. Desafortunadamente,
muchas de estas
extinciones han tenido lugar
sin que se tuviera constancia
de ellas.
En los últimos años, hay
dos especies de anfibios anuros
que se han convertido en
invasores en muchos lugares
del mundo: son la rana toro
americana o Rana catesbeiana
Shaw, 1802, y el sapo gigante
o marino, Bufo marinus
(Linnaeus, 1758). Ambas especies
están consideradas entre
las 100 invasoras más peligrosas
del mundo.
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Hembra adulta de Rana catesbeiana
G. Mazza
(24572 bytes)
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La rana toro
La rana toro es originaria
del este de América del Norte,
desde el norte de Florida al sur
de Ontario (Canadá). Está introducida
en muchos estados
de EEUU (en California a principios
del siglo XX) y con distintas
poblaciones y distintos
grados de asentamiento en los
siguientes países: México,
Cuba, Isla de la Juventud, Jamaica,
Puerto Rico, Española
(Antillas), Bermudas, Honduras,
Guatemala, Salvador, Panamá,
Colombia, Ecuador, Paraguay,
Chile, Hawai, China,
Taiwán, Japón, Italia, Francia,
Bélgica, Holanda, Reino Unido
y España.
En España, se cita como introducida
en Cáceres en 1987
y 1990 a partir de ejemplares
escapados de una granja en Villasbuenas de Gata. En 1997,
una granja en Navalcarnero
(Madrid) mantenía más de
100.000 individuos de esta especie.
Existe otra granja en
Egea de Los Caballeros, Zaragoza.
Estas empresas, más que
producir ejemplares para la
venta o consumo, se dedican a
la promoción e instalación de
nuevas granjas de cría. Granjas
ilegales, también de esta especie,
han sido localizadas ya
en León y Soria.
La R. catesbeiana es un
anuro de gran tamaño que en
fase adulta puede superar los
20 cm. de longitud hocicocloaca
(valores normales entre
10 y 20 cm. aunque hay citas
de un ejemplar de 46 cm.) y pesar
más de 900 gramos (de 60
a 900 gr.).
Es una especie bastante ligada
al agua, por lo que se encuentra
en las cercanías de
charcas, estanques, ríos, lagos,
lagunas y barrancos. A pesar
de su dependencia del agua es
capaz de realizar largos desplazamientos
por tierra, lo que
le permite colonizar nuevos lugares.
Prefiere aguas tibias o cálidas
y someras (soportan temperaturas
más altas que la mayoría
de las ranas). No obstante,
es capaz de vivir en aguas
frías y profundas, llegando a hibernar
si la temperatura desciende
lo suficiente y hasta que
las condiciones vuelvan a ser
favorables.
Los hábitats degradados por
la acción humana, incluso con
cierto grado de contaminación,
son también aprovechados por
esta especie oportunista. La vegetación
abundante tanto acuática
como de orilla en estas zonas
facilita que escape a los
depredadores.
En general, su actividad es
diurna, incluso asoleándose sobre
la vegetación flotante o en
la orilla, pero en la época de
celo también hay picos de actividad
nocturna.
La época de cría depende
de las condiciones ambientales
y suele coincidir con las estaciones
de primavera y verano.
El número de huevos por
puesta puede alcanzar los
40.000 en hembras grandes,
pudiendo producirse varias
puestas al año. Los renacuajos
de zonas frías pueden alcanzar
los 20 cm. de longitud.
Hay registradas longevidades
de esta especie de 14 años
y 2 meses en cautividad, aunque
en la naturaleza la vida media
es de 7 a 9 años.
En lo referente a la alimentación,
la Rana catesbeiana es
una especie oportunista que
caza al acecho. Cualquier objeto
móvil que tenga el tamaño
suficiente para ser engullido,
puede considerarse presa potencial
de la rana toro. La dieta
en la naturaleza la constituye
todo tipo de invertebrados
terrestres, acuáticos (incluyendo
animales de caparazón duro
como los cangrejos de río) y
voladores. Lo mismo ocurre
con los vertebrados que se
aproximan a un ejemplar de
rana toro inmóvil y camuflado.
Análisis de contenidos estomacales
revelan que devora peces,
renacuajos, tortugas, serpientes,
mamíferos como ratas
o murciélagos (que se acercan
a beber a las charcas) e incluso
individuos de su propia especie.
Cada ejemplar adulto debe
consumir, como mínimo, aproximadamente
entre el 5 y el
10% de su propio peso diariamente;
aunque son capaces de
resistir largos períodos de ayuno
después de una comida copiosa.
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Renacuajo de gran tamaño de Rana catesbeiana
Javier Castosa
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Ventajas adaptativas
1.- La rana toro americana
es capaz de soportar niveles de
contaminación relativamente
altos, lo que le ha permitido
usar hábitats degradados por la
actividad humana.
2.- La temporada de cría es
prolongada, el número de huevos
por puesta es muy elevado
(hasta 40.000) y pueden realizar
varias puestas al año.
3.- Por otro lado, esta especie
ha evolucionado para hacer
frente a depredadores acuáticos
de las fases larvarias
desarrollando sustancias repelentes
que confieren sabor desagradable
a los huevos y los
renacuajos. Como consecuencia,
la tasa de supervivencia de
los renacuajos es mayor que la
de otros anfibios. Las larvas,
además, son bastante inactivas
y permanecen ocultas entre la
vegetación, con lo que se reduce
su exposición a los enemigos
potenciales.
4.- Los adultos, debido a su
gran tamaño y agresividad, poseen
un número de depredadores
escaso.
5.- El alto rango de tolerancia
térmica (tanto en límites
superiores como inferiores)
facilita la adaptación a nuevos
ambientes.
Desde el punto de vista del
impacto ambiental, la Rana catesbeiana
es la responsable del drástico declive de, al menos,
seis especies de ranas, una de
tortuga acuática y otra de serpiente
en el oeste de Estados
Unidos. En general, depreda y
compite con las especies de
anuros nativas. Este hecho, en
Canarias, no supondría un problema
grave ya que las ranas
citadas en el Archipiélago son
también introducidas. Sin embargo,
ya desde la fase larvaria,
supone un grave peligro
para la biota canaria. Los renacuajos,
eminentemente herbívoros,
tienen un impacto significativo
sobre las algas y otra
vegetación dulceacuícola, desestabilizando
la estructura de
las comunidades acuáticas. Estas
comunidades tienen importantes
endemismos en Canarias.
Los adultos, por su
parte, son depredadores potenciales
de cualquier especie
de invertebrado o vertebrado
de tamaño igual o inferior a la
propia rana, lo que supone un
abanico de presas autóctonas
enorme.
La dispersión de la especie
se debe a que, en aquellos lugares
donde habita originariamente
y existen industrias de
acuicultura, los renacuajos se
mezclan con los alevines de peces
cultivados y son alimentados
involuntariamente junto a
éstos. En el traslado de alevines
suelen ir también larvas de
rana toro con lo que se colonizan
nuevas charcas, ríos o estanques.
Una vez asentada una
población, su gran capacidad
de desplazamiento les permite
dispersarse activamente de forma
muy efectiva.
En algunos países fueron
introducidas para controlar plagas
agrícolas, convirtiéndose
ellas mismas en un problema
de conservación grave. También
se han producido introducciones
con fines ornamentales
o para el consumo local.
Los ejemplares escapados de
granjas con medidas de seguridad
insuficientes se han establecido
también en muchos lugares
y ésta es, actualmente, la
principal vía de invasión de la
especie.
La creciente demanda de
ancas de rana para consumo
humano y el uso de esta especie
con fines biomédicos han
producido la proliferación de
granjas de cultivo de rana toro
americana. Por otro lado, ejemplares
mantenidos como mascotas,
al alcanzar tamaños considerables,
han sido liberados
de forma temeraria al medio
natural constituyéndose en poblaciones
reproductoras asilvestradas.
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El sapo marino
La otra especie, el sapo marino
o gigante, se distribuye
desde Centroamérica y América
del Sur hasta el norte de
Argentina. Está introducido en
EEUU, las Antillas, Hawai,
Mauricio, Fiji, Filipinas, Taiwán,
Ryukyu, Australia, Nueva
Guinea y varias islas del Pacífico.
En 1935, un cargamento de
102 sapos gigantes fue importado
desde Hawai a Australia
por el "Australian Bureau of
Sugar Experimental Stations"
para combatir dos especies de
escarabajos, plaga de la caña
de azúcar. A pesar de que el
sapo en cautividad demostró
comer estas especies, los escarabajos
permanecen casi siempre
en la caña de azúcar y descienden
hasta el suelo de forma
muy esporádica, por lo que resulta
difícil que se encuentren
con el sapo y que éste pudiera
realizar un control efectivo de
los coleópteros o sus larvas.
Varios científicos, naturalistas
y especialistas se opusieron
a la introducción de este
anuro. Sin embargo, los ejemplares
fueron liberados en Gordonvale,
al norte de Queensland,
en la fecha indicada. A
pesar de ser depredador natural
de escarabajos, jamás se ha
constatado que haya sido capaz
de controlar ninguna plaga
en Australia.
Se ha calculado que la velocidad
de colonización de
Australia por parte del Bufo
marinus ronda los 30 km. al
año. Se han citado hasta 5.000
ejemplares por hectárea en algunas
zonas del Golfo de Carpentaria,
lo cual constituye hasta
10 veces la densidad normal
en países de origen como Venezuela.
Este anuro de gran tamaño
es, sin duda, la especie de sapo
más grande del mundo pudiendo
alcanzar los 26 cm. de
longitud hocico-cloaca y pesar
más de 2,5 kg.
Como mecanismo disuasorio
frente a los ataques, este
anuro recurre a la producción
de sustancias químicas defensivas.
El veneno, exudado por
las parótidas y otras glándulas
a lo largo del cuerpo, es una
secreción lechosa (que contiene
el alcaloide Bufotoxina) con
alta capacidad irritativa tanto
de la piel como de las mucosas
produciendo, en humanos, ceguera
temporal muy dolorosa.
Debido a la alta presión que se
genera dentro de estas glándulas,
al rasgarse, pueden proyectar
gotas de veneno hasta a
2 m. de distancia. Si un gato o
un perro intenta comerse un
sapo marino, sufrirá una intoxicación
fuerte y, dependiendo
de la cantidad de sustancia ingerida,
puede llegar a morir en
menos de 15 minutos. La toxina
es potencialmente peligrosa
y mortal para los niños, ancianos
y personas inmunodeprimidas.
La toxicidad se da en todas
las fases de la vida de este
sapo, incluyendo los renacuajos,
por lo que los depredadores
de las larvas también están
en peligro potencial de envenenamiento.
El sapo gigante es originario
de la selva tropical húmeda
aunque es ubiquista y da muestras
de una gran plasticidad
ecológica. Es frecuente en zonas
antropizadas y cerca de las
casas. Puede encontrarse en
marismas salobres, charcas, estanques,
lagos, lagunas, riachuelos,
etc. Los ambientes áridos
suponen una barrera para
la invasión por parte de esta especie
ya que, aunque los adultos
son capaces de soportar niveles
de humedad relativa muy
bajos, el agua es necesaria para
la fase larvaria y, por ello, para
poder completar el ciclo vital.
Cuando las temperaturas
son muy extremas (excesivo
frío o calor) o la aridez se acentúa
(descenso drástico de la humedad
relativa), excava una cavidad
donde se entierra a la
espera de una mejora en las
condiciones ambientales. Es
frecuente encontrarlos inmóviles
y al acecho, cerca de fuentes
de iluminación urbanas, comiendo
todos los invertebrados
que son atraídos por la luz.
La reproducción tiene lugar
a lo largo de todo el año y
las fechas son sólo dependientes
de la disponibilidad de alimento
y cursos de agua donde
realizar las puestas. Estos sapos
copulan con cualquier cosa
que parezca una hembra, independientemente
de si está viva
o muerta.
Han sido observados intentos
de cópula con corchos
flotantes del tamaño apropiado,
ratones ahogados, ranas y
sapos de otras especies. Los
huevos son depositados en cursos
de agua lentos y dispuestos
en cadenas largas de una sustancia
gelatinosa que puede
contener más de 35.000 huevos.
Los renacuajos del Bufo
marinus son extremadamente
resistentes a temperaturas altas,
llegando a sobrevivir cerca
de los 40ºC. Los niveles de
salinidad resistidos por estos
anuros son impensables en
otras especies, hasta el punto
de que es capaz de vivir en
aguas salobres, lo que le ha valido
el nombre de sapo marino.
La longevidad constatada
en cautividad es de más de 24
años.
La alimentación del sapo
marino se basa en cualquier objeto
en movimiento que sea capaz
de engullir, esto incluye
otros anfibios (incluso de su
propia especie), reptiles, aves
y mamíferos pequeños, así
como una gran variedad de formas
autóctonas de invertebrados.
Según algunos autores comen
también materia orgánica
inerte (a diferencia de otros
anuros) que comprendería desde
vegetales a heces de otros
animales incluido las humanas
en zonas de vertido de aguas
fecales (importante factor de
transmisión de enfermedades
infecciosas).
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Ejemplar de Bufo marinus
Javier Castosa
(13987 bytes)
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Ventajas adaptativas de B. Marinus
Existen varios factores que
han convertido al sapo gigante
o marino en un exitoso colonizador
e invasor. Los más
importantes son los siguientes:
1.- Plasticidad ecológica:
es capaz de adaptarse a nuevos
ambientes, incluso los degradados
por la acción antrópica.
2.- Gran resistencia térmica,
tanto de los adultos como
de los renacuajos.
3.- Osmorresistencia: son
capaces de aguantar niveles de
salinidad relativamente altos e
incluso reproducirse en aguas
salobres.
4.- Elevada toxicidad de las
secreciones cutáneas, lo que
constituye un eficaz mecanismo
de defensa.
5.- Pocos depredadores naturales,
incluso en sus áreas de
distribución original.
6.- Ciclo reproductivo rápido,
a lo largo de todo el año
y con alto número de descendientes
en cada generación.
7.- Dieta poco especializada
incluyendo materia orgánica
inerte (muy raro en la fase
adulta de anuros).
Respecto al impacto ambiental
potencial, hay que comentar
que algunos depredadores
han aprendido a atacar a
estos sapos dándoles la vuelta
en el suelo para así evitar las
secreciones tóxicas dorsales y
de las parótidas, comiendo sólo
las vísceras. Sin embargo, la
mayoría de los depredadores
son susceptibles de morir envenenados
si intentan comer
algún ejemplar, incluso aunque
esté muerto. Las especies autóctonas
se convierten en parte
de la dieta, siempre y cuando
tengan el tamaño suficiente
para ser engullidas enteras. Así
pues, el impacto es directo sobre
depredadores y presas e indirecto,
pero igual de perjudicial,
para aquellas especies con
requerimientos tróficos o espaciales
similares a los de este
sapo.
Las poblaciones asilvestradas
a nivel mundial proceden
de ejemplares liberados
con fines de lucha biológica
contra plagas agrícolas o de
ejemplares fugitivos de granjas
de cría o mantenidos como
mascotas. La cría en cautividad
de esta especie se realiza
con tres fines principales: a)
como animales para investigación
y educación; b) como pro-
ductores de Bufotoxina para la
industria biomédica; y c) para
la industria peletera y de venta
de souvenirs en Asia (sapos
disecados).
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Rana catesbeiana y Bufo marinus en Canarias
En los últimos años, y con
el auge del comercio de especies
exóticas con fines lúdicos
y como mascotas, se viene produciendo
la entrada de todo tipo
de animales al Archipiélago
Canario. Actualmente no existe
ninguna normativa específica
que proteja la singularidad
de la biodiversidad canaria
frente a la entrada, comercialización
y posesión de las especies
potencialmente peligrosas
para el medio natural o la población
humana.
En lugares como Australia
o Hawai, que ya han sufrido
graves invasiones biológicas,
o sitios especialmente frágiles
como las Islas Galápagos,
se implementan medidas legales
muy estrictas para evitar la
entrada de nuevas especies colonizadoras.
Los únicos controles aduaneros
que se realizan en Canarias
son los relativos a las cuestiones
fito y zoosanitarias, así
como aquéllas referentes al
cumplimiento del CITES y
otras regulaciones generales
dictadas por la Unión Europea.
En principio, la importación de
especies exóticas sólo se autoriza
a núcleos zoológicos registrados.
Estos establecimientos
están autorizados a importar
sólo algunas especies determinadas.
Sin embargo, no
se realiza un control aduanero
para cerciorarse de que las especies
importadas para la comercialización
son efectivamente
las autorizadas y no
otras. Como consecuencia de
esta situación, es frecuente encontrar
en los comercios de
animales especies que suponen
un grave peligro potencial para
el medio natural en Canarias.
Las especies exóticas,
cuando alcanzan tamaños que
dificultan su tenencia como
mascota, suelen acabar siendo
liberados en el medio natural.
Esto provoca la consiguiente
alarma social y cada vez son
más comunes las noticias en
los medios de comunicación
de animales exóticos hallados
libres. Si a ello unimos los
ejemplares fugitivos o los
transportados involuntariamente
con mercancías procedentes
de otros países, tendremos
el germen perfecto para
una invasión a gran escala de
las islas "afortunadas". Como
dato significativo, hay que tener
en cuenta que sólo en los
últimos años han sido importados
en Canarias, para venta
como mascotas, más de 30.000
ejemplares de Iguana verde o
común.
Aunque Rana catesbeiana
ha reducido el número de importaciones
en Canarias debido
a la prohibición comunitaria
de entrada de ejemplares de
países terceros, no hay normativa
que impida la libre circulación
de especímenes de este
taxón producidos dentro de las
granjas europeas. Por ese motivo,
aún pueden encontrarse
de forma esporádica ejemplares
de rana toro americana en
algunos establecimientos del
Archipiélago.
Con Bufo marinus se ha
aguzado la picaresca y, ante la
negativa a autorizar la entrada
de esta especie por parte de
las autoridades sanitarias, los
comercios realizan los trámites
aduaneros justificando que
se trata de taxones afines como
Bufo melanostictus entre otros.
Otros comercios simplemente
los importan sin declararlos a
la entrada en el archipiélago.
El vacío legal que todavía
deja desamparadas a las especies
autóctonas frente a las invasiones
biológicas, puede convertirse
en cualquier momento
en la causa de un desastre ecológico
de proporciones insospechadas.
Sin caer en el sensacionalismo,
cabe reflexionar en
la grave amenaza que supone
la casi libre entrada, con fines
comerciales, de especies exóticas
al Archipiélago Canario.
La toma de medidas legales
frente a los dos taxones objeto
del presente artículo, debería
servir como inicio de una
serie de normativas que regulen
toda la importación, comercialización
y posesión de
especies foráneas en Canarias.
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La importación de estas especies agresivas debe estar regulada
Javier Castosa
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