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Revista de Medio Ambiente



Antonio Machado Carrillo

Presidente del European Centre for Nature Conservation (ECNC)




Revista 21 / Año 2001




Restauración ecológica: una introducción al concepto (I)




El hombre altera los sistemas naturales y es su deseo corregir o atemperar esas alteraciones. Se quiere volver desde la artificialidad a la naturalidad, de lo degradado a lo funcional, recuperar el máximo de la naturalidad perdida.

La restauración ecológica cae dentro del ámbito de la conservación, como doctrina de gestión de los recursos naturales. Sin embargo, la protección y manejo de áreas naturales se ha venido considerando como prioridad. Se pensaba que la restauración valía menos o, simplemente, que era imposible de conseguir. También se temía que si las prácticas de restauración funcionaban, se perdería interés por la protección.

A pesar de estos resquemores, la restauración ecológica se ha implantado como una praxis de conservación, y hoy se acepta que la conservación de la biodiversidad se puede hacer en muchos sitios, no sólo en las áreas naturales -como era el enfoque tradicional-, sino también en ambientes restaurados o rehabilitados, o incluso en jardines. Así pues, se ha abierto un nuevo frente: conservar la biodiversidad en terrenos que antes eran "causa perdida".

Resulta sorprendente la poca implantación que el concepto y las prácticas de restauración ecológica tiene en España, sobre todo considerando que dicho concepto, y a título de mandato, figura ya en la Constitución Española de 1978. El principio de restaurar el medio y la obligación de reparar el daño causado han sido parcamente recogidos por la legislación española, y apenas se han desarrollado (salvo en minería). Con todo, el mandato de que hay que restaurar el medio está ahí, diáfanamente expresado en nuestra Constitución.


Recuperación de monteverde tras eliminar una plantación de pino Monterrey (La Esperanza)
Andrés Rodríguez
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Qué es la restauración ecológica


Como en toda disciplina emergente, es importante aclarar cuál es el ámbito conceptual de los términos que se vienen empleando. Existen varias definiciones de restauración ecológica, algunas como la de la Sociedad para la Restauración Ecológica (SER), algo alambicadas después de un año de deliberaciones (1996) y, probablemente, de querer complacer a todas las partes implicadas en el debate.

Todavía no existe un consenso generalizado sobre la amplitud del concepto restauración y otros afines, pero es preciso -aunque sea como mera convención oportunista- acotar y precisar el alcance de estos términos y eludir así los problemas semánticos tan habituales en este campo. Muchos de estos conceptos han fraguado en países anglosajones (Norteamérica, principalmente) y algunos no cuentan todavía con palabras castellanas apropiadas.

Lo decisivo es saber distinguir entre los diferentes objetivos que se persiguen en cada caso, aunque puedan ser convergentes y haya solape o subordinación entre los conceptos:

Restauración ecológica: hablaremos de restauración en sentido estricto, cuando se pretende llevar un ecosistema a un estado natural, equivalente al original previo a las alteraciones ocurridas (normalmente, introducidas por el hombre). El término "restaurar" está ampliamente aceptado, aunque puede que no sea del todo afortunado. Laura Jackson (in Fiedler et al. 1992) define la restauración ecológica como "hacer naturaleza" y hay quienes la consideran una práctica elitista o incluso utópica.

Rehabilitación ecológica: la rehabilitación busca restablecer en zonas degradadas algunos elementos o servicios ecológicos importantes. Puede ser parcial y no pretende forzosamente que sean homólogos a estados prístinos. Es un concepto muy amplio que involucra prácticas que tienen mucha tradición en varias administracones. En este ámbito caen muchas de las llamadas "mejoras" de terrenos, remedios para impedir la erosión, tratamientos de taludes o las complejas actuaciones hidrológico- forestales. Con todo, se suele reservar el uso de "rehabilitación" para aquellas situaciones donde realmente existe degradación ab initio.

Saneamiento ecológico: este término se ha empleado a veces como sinónimo de rehabilitación, pero preferimos aplicarlo a aquellos casos en que se eliminan algunos elementos ajenos al sistema natural, bien sean elementos físicos (basuras, contaminantes) o especies exóticas. Es un modo de rehabilitación, en cierto sentido.

Rescate de tierras: los angloparlantes hablan de "land reclamation", un concepto y práctica muy anteriores al de restauración ecológica. Se sigue aplicando en los lugares tremendamente degradados (zonas de minas o suelos urbanos) cuando se pretende recuperarlos -"rescatarlos"- para la naturaleza (o agricultura), aunque sea a un nivel modesto. Nunca saldrán ecosistemas homólogos a los nativos, pero sí algo más funcional e interesante. En muchos casos, se consideran estas prácticas como un primer paso hacia objetivos más ambiciosos.

Reconstrucción ecológica: a veces, se emplea el término de recreación, mal tomado del inglés re-creation, y que en español significa esparcimiento. La reconstrucción la emprendemos en aquellos casos en que hay que reconstruir un ecosistema en su totalidad donde no quedó prácticamente nada, o donde se pretende instalar un tipo de ecosistema distinto al existente (i.e. reconversión forestal de tierras de cultivo; construcción de lagunas, etc.). Se busca un resultado lo más avanzado posible aunque haya que incorporar elementos traídos de fuera. A menudo, el ecosistema "reconstruido" sigue el modelo de ecosistemas que están muy alejados. Estas prácticas han sido calificadas de "jardinería ecológica" con una intención algo peyorativa, en absoluto justificada a priori.

Recuperación ecológica: hablamos de recuperación ecológica o regeneración natural cuando el ecosistema liberado del estrés que lo alteró comienza una sucesión progresiva y se recompone por sí solo. La sucesión ecológica es el motor de este proceso y a menudo no concluye en las escalas de tiempo que desea el hombre. Suele ser un componente frecuente en proyectos de restauración, pues los objetivos son coincidentes, aunque no la forma en que se alcanzan. En estos casos, suele "ayudarse" al proceso y se habla entonces de regeneración o recuperación asistida, que es una práctica muy común en restauración.

El ámbito paisajístico: el paisaje en su sentido perceptivo, no incumbe al ámbito de la Ecología, sino del medio ambiente. No obstante, la Constitución habla de restaurar el "medio ambiente", lo que le otorga igual validez que a la restauración o rehabilitación ecológica. La restauración o los arreglos paisajísticos se centran más en el aspecto del ecosistema o alguno de sus elementos, que en la funcionalidad o dinámica del mismo pero, viz a viz, se pueden emplear los mismos conceptos de restauración, rehabilitación, limpieza por saneamiento, etc., sólo que en el caso de la restauración paisajística no se persigue forzosamente un resultado natural. Los paisajes culturales a menudo fuertemente antropizados son también objeto de restauración. Eso sí, una restauración ecológica conlleva una restauración paisajística del sistema.

Todas estas actividades tienen cabida en la gestión del medio y de los recursos naturales, dependiendo en cada caso de la justificación u objetivo que se persigua. Los límites entre uno u otro ámbito no son tampoco muy precisos, con lo que cabe solapamiento (restauración / rehabilitación) o que una actividad pase a ser parte de otra de planteamientos más ambiciosos (recuperación / restauración).


Recuperación ecológica del pinar canario tras un incendio
Andrés Rodríguez
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Definición de la SER

Cuándo se ha de restaurar


Si un particular es propietario de unos terrenos degradados, podrá emprender su restauración cuando a él se le antoje. Sin embargo, las administraciones públicas, aún trabajando sobre terrenos de propiedad pública, están limitadas en su iniciativa, debiendo provenir ésta de algún mandato o documento debidamente legitimado (Declaraciones de áreas protegidas, Planes aprobados, etc.).

La restauración ecológica es un objetivo común en la mayoría de las áreas protegidas, si no en sus normas constitutivas, al menos en sus documentos de planeamientos. La rehabilitación ecológica -aunque no venga explícitamente denominada así- es asimismo un objetivo vinculado por normativa a muchas obras de infraestructura. Luego, a la pregunta de cuándo se ha de restaurar, habría que dar dos respuestas:

a) Cuando hay un mandato concreto que así lo establezca y es importante conocer la justificación o finalidad perseguida: si restauramos un hábitat para preservar la biodiversidad (en muchos casos en peligro de extinción), o si se pretende recuperar la funcionalidad ecológica del sistema (más bien tema de rehabilitación). Las urgencias no suelen ser las mismas.

b) Cuando hay posibilidades de éxito. Éstas dependen no sólo de factores políticos, sociales, económicos y técnicos, sino muy crucialmente de la propia "restaurabilidad" del ecosistema, que en absoluto es uniforme ni universal. Si algo se ha aprendido en materia de restauración es que la viabilidad de los proyectos varía mucho de un sistema a otro (McHanon & Jordan, 1994).

Qué es lo que se restaura


McHanon & Jordan (1994) definen la restauración ecológica como llevar un ecosistema a su estado original previo. Hemos eludido esta definición ex-profeso, por posibilitar una interpretación errónea y en cierto modo perversa, pues orientaría la acción hacia algo imposible. Una casa o un mueble se pueden restaurar y dejarlos como nuevos, pues siguen siendo el mismo objeto, pero un ecosistema no.

Los ecosistemas son sistemas históricos y siempre cambiantes. Lo que se restaura es la naturalidad de su estado, de sus funciones, elementos y dinámica. Si cabe el símil, diríamos que podemos restaurar nuestra salud degradada, pero no podemos rejuvenecernos (también somos sistemas históricos). Este significado del término restaurar encaja asimismo en sus acepciones lingüísticas en castellano.

Muchos autores afirman que la restauración es el test definitivo de la Ecología (cf. Ewel, J.J., in Jordan et al. 1987) en la que siempre se gana. Si la restauración funciona, habremos recuperado un trozo de naturaleza; y si la restauración falla, entonces podemos aprender un montón sobre los procesos ecológicos (siempre que seamos capaces de averiguar qué falló).

La manera más sencilla y común de medir si una restauración ha tenido éxito consiste en ver si el ecosistema se parece al original (o a otro equivalente próximo y comparable), es decir, si tiene la misma fisionomía y las mismas especies dominantes.

Algunos autores han desarrollado índices de integridad biológica. Karr (in McHanon & Jordan, 1994) por ejemplo, desarrolla uno para sistemas acuáticos en los que no resulta excesivamente dificultoso obtener muchos datos, pero ésta no es la situación habitual en otros medios. Por el momento, no existe un "índice de naturalidad" o criterio general aplicable a diferentes tipos de ecosistemas que nos permita medir cuantitativamente hasta cuánto se ha restaurado.

Ewel (op.cit) introduce cinco criterios que permitirían hipotéticamente comprobar si la restauración se ha completado con éxito. Es muy posible que, debido a su coste, sean imposibles de llevar a la práctica, pero desde luego sirven para ayudar a comprender qué es lo que se pretende restaurar.

1. Sustentabilidad: si la comunidad viva restaurada se perpetua a sí misma, sin ayuda del hombre como ocurre con la agricultura o los campos de golf.

2. Invasibilidad. Los sistemas poco naturales son bastante susceptibles a invasiones biológicas y las invasiones son síntoma de que en los ecosistemas hay un uso incompleto de la luz, agua y nutrientes. Este principio es válido para ambientes continentales pero se debe aplicar con cautelas en los entornos insulares, donde ya existe una mayor invasibilidad debido a razones biogeográficas.

3. Productividad. El sistema restaurado debe ser tan productivo como el original (la producción neta no es fácil de medir en muchos ecosistemas).

4. Retención de nutrientes. Todos los ecosistemas están abiertos al flujo de nutrientes, pero unos más que otros. Si el sistema final pierde más que el original, entonces no se ha restaurado convenientemente.

5. Interacciones bióticas. Difíciles de estudiar en su multiplicidad, pero se pueden localizar las más esenciales (polinización, asociaciones para fijar fósforo o nitrógeno, etc.). En la práctica, estas interacciones se hacen notar precisamente cuando faltan, y constituyen un buen indicador.

6. Biodiversidad. Ewel no incluye este criterio, pero es útil y fácil de medir como diversidad específica. Un sistema restaurado debería arrojar iguales índices que uno sano equivalente (o el histórico, si conocemos dicho dato).


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Esquema de Bradshaw (1987) parcialmente modificado
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Vivero de plantas autóctonas
Andrés Rodríguez
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