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Restauración ecológica: una introducción al concepto (I)
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El hombre altera los sistemas
naturales y es su deseo corregir
o atemperar esas alteraciones.
Se quiere volver desde
la artificialidad a la naturalidad,
de lo degradado a lo funcional,
recuperar el máximo de la naturalidad
perdida.
La restauración ecológica
cae dentro del ámbito de la
conservación, como doctrina
de gestión de los recursos naturales.
Sin embargo, la protección
y manejo de áreas
naturales se ha venido considerando
como prioridad. Se
pensaba que la restauración valía
menos o, simplemente, que
era imposible de conseguir.
También se temía que si las
prácticas de restauración funcionaban,
se perdería interés
por la protección.
A pesar de estos resquemores,
la restauración ecológica
se ha implantado como
una praxis de conservación, y
hoy se acepta que la conservación
de la biodiversidad se puede
hacer en muchos sitios, no
sólo en las áreas naturales
-como era el enfoque tradicional-,
sino también en ambientes
restaurados o rehabilitados,
o incluso en jardines. Así pues,
se ha abierto un nuevo frente:
conservar la biodiversidad en
terrenos que antes eran "causa
perdida".
Resulta sorprendente la
poca implantación que el concepto
y las prácticas de restauración
ecológica tiene en España,
sobre todo considerando
que dicho concepto, y a título
de mandato, figura ya en la
Constitución Española de
1978. El principio de restaurar
el medio y la obligación de reparar
el daño causado han sido
parcamente recogidos por la legislación
española, y apenas se
han desarrollado (salvo en minería).
Con todo, el mandato
de que hay que restaurar el medio
está ahí, diáfanamente expresado
en nuestra Constitución.
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Recuperación de monteverde tras eliminar una plantación de pino Monterrey (La Esperanza)
Andrés Rodríguez
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Qué es la restauración ecológica
Como en toda disciplina
emergente, es importante aclarar
cuál es el ámbito conceptual
de los términos que se vienen
empleando. Existen varias
definiciones de restauración
ecológica, algunas como la de
la Sociedad para la Restauración
Ecológica (SER), algo
alambicadas después de un año
de deliberaciones (1996) y, probablemente, de querer complacer
a todas las partes implicadas
en el debate.
Todavía no existe un consenso
generalizado sobre la
amplitud del concepto restauración
y otros afines, pero es
preciso -aunque sea como mera
convención oportunista- acotar
y precisar el alcance de estos
términos y eludir así los
problemas semánticos tan habituales
en este campo. Muchos
de estos conceptos han
fraguado en países anglosajones
(Norteamérica, principalmente)
y algunos no cuentan
todavía con palabras castellanas
apropiadas.
Lo decisivo es saber distinguir
entre los diferentes objetivos
que se persiguen en
cada caso, aunque puedan ser
convergentes y haya solape o
subordinación entre los conceptos:
Restauración ecológica: hablaremos
de restauración en
sentido estricto, cuando se pretende llevar un ecosistema a un
estado natural, equivalente al
original previo a las alteraciones
ocurridas (normalmente,
introducidas por el hombre). El
término "restaurar" está ampliamente
aceptado, aunque
puede que no sea del todo afortunado.
Laura Jackson (in Fiedler
et al. 1992) define la restauración
ecológica como
"hacer naturaleza" y hay quienes
la consideran una práctica
elitista o incluso utópica.
Rehabilitación ecológica:
la rehabilitación busca restablecer
en zonas degradadas algunos
elementos o servicios
ecológicos importantes. Puede
ser parcial y no pretende forzosamente
que sean homólogos
a estados prístinos. Es un
concepto muy amplio que involucra
prácticas que tienen
mucha tradición en varias administracones.
En este ámbito
caen muchas de las llamadas
"mejoras" de terrenos, remedios
para impedir la erosión,
tratamientos de taludes o las
complejas actuaciones hidrológico-
forestales. Con todo, se
suele reservar el uso de "rehabilitación"
para aquellas situaciones
donde realmente existe
degradación ab initio.
Saneamiento ecológico:
este término se ha empleado a
veces como sinónimo de rehabilitación,
pero preferimos aplicarlo
a aquellos casos en que se
eliminan algunos elementos
ajenos al sistema natural, bien
sean elementos físicos (basuras,
contaminantes) o especies
exóticas. Es un modo de rehabilitación,
en cierto sentido.
Rescate de tierras: los angloparlantes
hablan de "land
reclamation", un concepto y
práctica muy anteriores al de
restauración ecológica. Se sigue
aplicando en los lugares
tremendamente degradados
(zonas de minas o suelos urbanos)
cuando se pretende recuperarlos
-"rescatarlos"- para
la naturaleza (o agricultura),
aunque sea a un nivel modesto.
Nunca saldrán ecosistemas
homólogos a los nativos, pero
sí algo más funcional e interesante.
En muchos casos, se
consideran estas prácticas
como un primer paso hacia objetivos
más ambiciosos.
Reconstrucción ecológica:
a veces, se emplea el término
de recreación, mal tomado del
inglés re-creation, y que en español
significa esparcimiento.
La reconstrucción la emprendemos
en aquellos casos en que
hay que reconstruir un ecosistema
en su totalidad donde no
quedó prácticamente nada, o
donde se pretende instalar un
tipo de ecosistema distinto al
existente (i.e. reconversión forestal
de tierras de cultivo; construcción
de lagunas, etc.). Se
busca un resultado lo más avanzado
posible aunque haya que
incorporar elementos traídos de
fuera. A menudo, el ecosistema
"reconstruido" sigue el modelo
de ecosistemas que están
muy alejados. Estas prácticas
han sido calificadas de "jardinería
ecológica" con una intención
algo peyorativa, en absoluto
justificada a priori.
Recuperación ecológica:
hablamos de recuperación ecológica
o regeneración natural
cuando el ecosistema liberado
del estrés que lo alteró comienza
una sucesión progresiva
y se recompone por sí solo.
La sucesión ecológica es el
motor de este proceso y a menudo
no concluye en las escalas
de tiempo que desea el
hombre. Suele ser un componente
frecuente en proyectos de restauración, pues los objetivos
son coincidentes, aunque
no la forma en que se alcanzan.
En estos casos, suele "ayudarse"
al proceso y se habla entonces
de regeneración o recuperación
asistida, que es una
práctica muy común en restauración.
El ámbito paisajístico: el
paisaje en su sentido perceptivo,
no incumbe al ámbito de la
Ecología, sino del medio ambiente.
No obstante, la Constitución
habla de restaurar el
"medio ambiente", lo que le
otorga igual validez que a la
restauración o rehabilitación
ecológica. La restauración o los
arreglos paisajísticos se centran
más en el aspecto del ecosistema
o alguno de sus elementos,
que en la funcionalidad o dinámica
del mismo pero, viz a viz,
se pueden emplear los mismos
conceptos de restauración, rehabilitación,
limpieza por saneamiento,
etc., sólo que en el
caso de la restauración paisajística
no se persigue forzosamente
un resultado natural. Los
paisajes culturales a menudo
fuertemente antropizados son
también objeto de restauración.
Eso sí, una restauración ecológica
conlleva una restauración
paisajística del sistema.
Todas estas actividades tienen
cabida en la gestión del
medio y de los recursos naturales,
dependiendo en cada
caso de la justificación u objetivo
que se persigua. Los límites
entre uno u otro ámbito no
son tampoco muy precisos, con
lo que cabe solapamiento (restauración
/ rehabilitación) o que
una actividad pase a ser parte
de otra de planteamientos más
ambiciosos (recuperación / restauración).
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Recuperación ecológica del pinar canario tras un incendio
Andrés Rodríguez
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Cuándo se ha de restaurar
Si un particular es propietario
de unos terrenos degradados,
podrá emprender su restauración
cuando a él se le
antoje. Sin embargo, las administraciones
públicas, aún trabajando
sobre terrenos de propiedad
pública, están limitadas
en su iniciativa, debiendo provenir
ésta de algún mandato o
documento debidamente legitimado
(Declaraciones de áreas
protegidas, Planes aprobados,
etc.).
La restauración ecológica
es un objetivo común en la mayoría
de las áreas protegidas, si
no en sus normas constitutivas,
al menos en sus documentos de
planeamientos. La rehabilitación
ecológica -aunque no venga
explícitamente denominada
así- es asimismo un objetivo
vinculado por normativa a muchas
obras de infraestructura.
Luego, a la pregunta de cuándo
se ha de restaurar, habría que
dar dos respuestas:
a) Cuando hay un mandato
concreto que así lo establezca
y es importante conocer
la justificación o finalidad perseguida:
si restauramos un hábitat
para preservar la biodiversidad
(en muchos casos en
peligro de extinción), o si se
pretende recuperar la funcionalidad
ecológica del sistema
(más bien tema de rehabilitación).
Las urgencias no suelen
ser las mismas.
b) Cuando hay posibilidades
de éxito. Éstas dependen
no sólo de factores políticos,
sociales, económicos y técnicos,
sino muy crucialmente de
la propia "restaurabilidad" del
ecosistema, que en absoluto
es uniforme ni universal. Si
algo se ha aprendido en materia
de restauración es que la
viabilidad de los proyectos varía
mucho de un sistema a otro
(McHanon & Jordan, 1994).
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Qué es lo que se restaura
McHanon & Jordan (1994)
definen la restauración ecológica
como llevar un ecosistema
a su estado original previo.
Hemos eludido esta definición
ex-profeso, por posibilitar una
interpretación errónea y en
cierto modo perversa, pues
orientaría la acción hacia algo
imposible. Una casa o un mueble
se pueden restaurar y dejarlos
como nuevos, pues siguen
siendo el mismo objeto,
pero un ecosistema no.
Los ecosistemas son sistemas
históricos y siempre cambiantes.
Lo que se restaura es
la naturalidad de su estado, de
sus funciones, elementos y dinámica.
Si cabe el símil, diríamos
que podemos restaurar
nuestra salud degradada, pero
no podemos rejuvenecernos
(también somos sistemas históricos).
Este significado del
término restaurar encaja asimismo
en sus acepciones lingüísticas
en castellano.
Muchos autores afirman
que la restauración es el test definitivo
de la Ecología (cf.
Ewel, J.J., in Jordan et al. 1987)
en la que siempre se gana. Si
la restauración funciona, habremos
recuperado un trozo de
naturaleza; y si la restauración
falla, entonces podemos aprender
un montón sobre los procesos
ecológicos (siempre que
seamos capaces de averiguar
qué falló).
La manera más sencilla y
común de medir si una restauración
ha tenido éxito consiste
en ver si el ecosistema se parece
al original (o a otro equivalente
próximo y comparable),
es decir, si tiene la misma
fisionomía y las mismas especies
dominantes.
Algunos autores han desarrollado
índices de integridad
biológica. Karr (in McHanon
& Jordan, 1994) por ejemplo,
desarrolla uno para sistemas
acuáticos en los que no resulta
excesivamente dificultoso obtener
muchos datos, pero ésta
no es la situación habitual en
otros medios. Por el momento,
no existe un "índice de naturalidad"
o criterio general aplicable
a diferentes tipos de ecosistemas
que nos permita medir
cuantitativamente hasta cuánto
se ha restaurado.
Ewel (op.cit) introduce cinco
criterios que permitirían hipotéticamente
comprobar si la
restauración se ha completado
con éxito. Es muy posible que,
debido a su coste, sean imposibles
de llevar a la práctica,
pero desde luego sirven para
ayudar a comprender qué es lo
que se pretende restaurar.
1. Sustentabilidad: si la comunidad
viva restaurada se
perpetua a sí misma, sin ayuda
del hombre como ocurre con
la agricultura o los campos de
golf.
2. Invasibilidad. Los sistemas
poco naturales son bastante
susceptibles a invasiones
biológicas y las invasiones son
síntoma de que en los ecosistemas
hay un uso incompleto
de la luz, agua y nutrientes.
Este principio es válido para
ambientes continentales pero
se debe aplicar con cautelas en
los entornos insulares, donde
ya existe una mayor invasibilidad
debido a razones biogeográficas.
3. Productividad. El sistema
restaurado debe ser tan productivo
como el original (la
producción neta no es fácil de
medir en muchos ecosistemas).
4. Retención de nutrientes.
Todos los ecosistemas están
abiertos al flujo de nutrientes,
pero unos más que otros. Si el
sistema final pierde más que el
original, entonces no se ha restaurado
convenientemente.
5. Interacciones bióticas.
Difíciles de estudiar en su multiplicidad,
pero se pueden localizar
las más esenciales (polinización,
asociaciones para
fijar fósforo o nitrógeno, etc.).
En la práctica, estas interacciones
se hacen notar precisamente
cuando faltan, y constituyen
un buen indicador.
6. Biodiversidad. Ewel no
incluye este criterio, pero es útil
y fácil de medir como diversidad
específica. Un sistema
restaurado debería arrojar iguales
índices que uno sano equivalente
(o el histórico, si conocemos
dicho dato).
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Esquema de Bradshaw (1987) parcialmente modificado
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Vivero de plantas autóctonas
Andrés Rodríguez
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