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Las primeras restauraciones
ecológicas recogidas en la
literatura con este preciso enfoque
de recomponer la ecología
perdida fueron conseguidas
en praderas en Wisconsin
(25 hectáreas) por Aldo Leopold,
en 1935, quien pasa por
ser uno de los pioneros en la
materia.
En principio, todo sistema
natural alterado puede ser objeto
de restauración ecológica
pero, en la práctica, hay algunos
que han recibido mucha
más atención a juzgar por la
abundante bibliografía que sobre
tales experiencias se va
acumulando. Una suerte de hitparade
sería la siguiente: lagos
y humedales, praderas, bosques
y saladares.
También es cierto que los
ecosistemas hiperhúmedos
acuáticos tienen una dinámica
más rápida que los secos (debido
a la hidráulica), y por ello
han sido objeto de numerosos
experimentos de restauración.
Lo mismo ocurre en cierta medida
con las praderas, donde el
papel del fuego y el que desempeña
en la sucesión ha sido
objeto de mucha investigación
experimental.
Un ejemplo próximo de
qué sistemas y dónde se debe
restaurar lo encontramos en el
"Plan de Ordenación de los Recursos Naturales de Asturias".
Su último capítulo (el 8º) está
dedicado a "Planes de recuperación
de áreas y ecosistemas",
que son consecuencia del diagnóstico
realizado sobre el estado
de conservación de las diferentes
unidades ambientales en
que se segregó el Principado.
1. Defensa y regeneración de
suelos (pendiente de identificar
las áreas más degradadas
por la erosión).
2. Restauración del medio natural
de las cuencas mineras.
Se plantea un plan con
enfoque global (área central
de Asturias), basado en rehabilitación
ecológica, paisajística
y medidas urbanísticas.
3. Planes de recuperación de
ecosistemas amenazados
(incluyen arcornocales, encinares,
aquejigales, acebuchales,
lauredales, carbayedas
eútrofas y oligotrofas,
sistemas dunares, turberas,
etc.). Estos planes se plantean
inicialmente, en un
primer ámbito de actuación,
en los espacios protegidos.
4. Corredor de Leitariegos y
del Huerna. Son dos grandes
corredores de comunicación
y flujo faunístico
existentes en la región.
Los objetos de la restauración
son siempre hábitats o sistemas
territoriales, aunque en
determinados momentos se trabaje
con especies o determinados
elementos singulares. Existe
en conservación una línea de
trabajo orientada específicamente
a las especies, y que no
debe ser confundida con la restauración,
aunque en determinados
momentos se apliquen
las mismas técnicas. Los planes
de recuperación de especies
son la culminación de esta
perspectiva. Estos planes pretenden
recuperar una especie
como elemento autosustentable
del ecosistema: la especie
es el objeto de atención. Recuperación
de especies y restauración
ecológica, sensu lato,
pueden coincidir en determinados
aspectos. Así, por ejemplo,
entre las muchas medidas
que se arbitran para relanzar
una especie, cabe la restauración
de su hábitat. Y viceversa,
entre las medidas de restauración
de un ecosistema,
cabe plantearse la recuperación
de determinadas especies por
su funcionalidad.
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Recuperación de monteverde tras eliminar una plantación de pino de Monterrey (La Esperanza)
Andrés Rodríguez
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Plantación de especies de monteverde en montes de La Orotava
Andrés Rodríguez
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Quién restaura
La restauración ecológica
o "mejora" del medio se reconoció
como una estrategia de
conservación hace más de una
década. En la actualidad, se
considera una disciplina en diversos
ámbitos: Servicio de
Parques Nacionales de Norteamérica, la US-Army, ONGs,
Nature Conservancy, Audobon
Society, Sierra Club, etc. En
1987, se creó la Society for
Ecological Restoration que, por
primera vez, organiza un congreso
mundial en Europa.
Actualmente, muchos profesionales
de la conservación
o ingenieros civiles están implicados
en tareas de restauración
sin que realmente se las
hayan planteado como tales.
Existen algunas excepciones,
como pueden ser los gestores
de las áreas protegidas, cuyos
planes de manejo plantean la
restauración de determinadas
zonas como objetivos, o los
responsables de minerías que,
por legislación, están obligados
a restaurar los terrenos degradados.
Y no sólo restaura quien
sabe hacerlo, tiene la restauración
como mandato u objetivo
de trabajo, sino que además
debe tener acceso a la propiedad
de los terrenos, bien mediante
su titularidad o por convenio
de gestión con sus
legítimos propietarios.
Para quienes se interesen
en la restauración en serio, es
recomendable que se inscriban
en la única asociación profesional
que existe por el momento:
la SER. Esta sociedad
edita la revista "Ecological
Restoration", donde se publican
y revisan los trabajos más
importantes en este emergente
campo.
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Retirada de basuras en el malpaís de Guímar, Tenerife
Andrés Rodríguez
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Cómo se restaura
Para poder restaurar ecológicamente
un ecosistema hay
que saber mucha ecología y conocer
bien ese sistema. A veces,
es más fácil lo segundo que
lo primero, pues la ciencia ecológica
es aún joven y está en
plena revisión. En el fondo, lo
que pretendemos es hacer una
mímica de la naturaleza, algo
cuanto menos complicado.
Pero ello no es excusa para
cruzarnos de brazos. En materia
de conservación de la naturaleza
se sigue -con las debidas
cautelas- el principio de aplicar
el mejor conocimiento (o
ciencia) disponible, aunque diste
mucho de ser el idóneo.
Resumir algo tan amplio
escapa a los propósitos de este
artículo, por lo que nos limitaremos
a indicar que, en términos
generales, existen unas pocas
estrategias básicas que
conducen a la restauración:
Retirando elementos exógenos
(saneamiento ecológico,
s.l.).
Tratando o reemplazando los
suelos degradados.
Acondicionando el ciclo del
agua.
Introduciendo especies nativas
o favoreciendo su desarrollo.
Dejando que el sistema se recomponga
(recuperación
ecológica).
En determinados ámbitos
de gestión, como en áreas protegidas,
se han desarrollado algunas
recomendaciones, como
las que publica Goldsmith
(1983) para restaurar las áreas
degradadas por el exceso de visitantes.
Esta sobrecarga suele
implicar la pérdida de vegetación,
introducción de especies
nitrófilas y presencia de basuras.
Si cesa la presión de las visitas,
el ecosistema inicia la recuperación
por sí solo, pero a
escalas temporales muy dilatadas,
que no interesan a los
responsables del área. Por eso,
se asiste el proceso y se restaura
directamente. Como buen norteamericano
práctico, Goldsmith
mezcla los consejos técnicos
sobre restauración con
otros de pura sensatez orientados
a las buenas relaciones con
el público. Evidentemente,
todo ello contribuye a la viabilidad
de la restauración en sí.
Es altamente recomendable
incorporar en los equipos que
diseñan un proyecto de restauración
a una persona que tenga
experiencia previa en casos similares.
Los aspectos de escala,
tanto temporal como espacial,
son algo que escapa a toda
teorización, y sólo la heurística
puede evitarnos tropiezos desagradables.
Como en muchas
cosas de la vida, se aprende a
restaurar restaurando.
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Es preferible utilizar plantas autóctonas
Andrés Rodríguez
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Fayar herreño
Archivo
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