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Varamientos en masa de Zifios en Canarias
Los sonares empleados por los buques del ejército durante las maniobras causa probable de los varamientos.
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Octubre de 1999. Navegamos
frente al Faro de La Entallada,
en la costa sureste de
Fuerteventura, durante el desarrollo
de un estudio sobre el delfín
mular (Tursiops truncatus),
en un escenario donde varios
años atrás tuvo lugar una serie
de enigmáticos varamientos en
masa de los mamíferos marinos
más raros que existen. Decidimos
adentrarnos en aguas
más profundas, dada la elevada
posibilidad de un encuentro
con una de estas criaturas, favorecida
por un mar inusualmente
calmo. No transcurre
mucho tiempo hasta que los lomos
de seis zifios asoman fugazmente
en la superficie para
desaparecer después. Tras una
infructuosa espera abandonamos.
Ese día se repiten los encuentros,
pero todos finalizan
de la misma manera. Y es que
los zifios llevan una existencia
oculta a la mirada humana, en
el insondable medio oceánico
que habitan. No sospechaba entonces
que, en el mismo lugar,
tres años más tarde, nos encontraríamos
de nuevo con animales
similares, pero esta vez
varados sobre la costa.
La Familia Ziphiidae consta
de 5 géneros y 22 especies,
la mayoría de ellas mal conocidas
para la ciencia. No en
vano veinte (el 40 %) han sido
descritas a partir del siglo XX
y cuatro en los últimos veinte
años: el zifio de Logman, Mesoplodon
pacíficus (1968); el
zifio enano, M. peruvianus
(1991), el de Travers, M. traversii
(2002) y el de Perrin, M. perrini (2002). Una especie
"Mesoplodon A" ha sido observada
en el océano Pacífico
tropical oriental, pero hasta
que un cadáver aparezca en la
costa, la ciencia no podrá describirla.
En la actualidad, el taxón
más raro es el zifio de Travers,
el cual sólo se conoce a
partir de dos cráneos incompletos,
una mandíbula y un
diente. Este desbancó en rareza
al zifio de Logman que, hasta
que apareció varada una
hembra de 6,5 metros, el 26 de
julio de 2002 en la prefectura
japonesa de Kagoshima-ken,
era conocido por unos pocos
cráneos hallados en la costa.
En 1999, el investigador Robert
R. Pitman, del Southwest
Fisheries Center de California,
publicó junto a varios colegas,
un trabajo que recogía numerosos
avistamientos de un zifio
calderón tropical desconocido
hasta el momento, en el
desarrollo de campañas oceanográficas
en el Pacífico e Índico,
describiendo lo que ellos
creían se trataba del enigmático
zifio de Logman. La aparición
del ejemplar de Kagoshima-
ken confirmó esa hipótesis.
Unos años antes, en 1958, el
mar japonés ya había ofrecido
una nueva sorpresa cetológica:
el zifio de diente de Ginko, M.
ginkodens, bautizado así por la
forma de su diente, similar a la
hoja del árbol del Ginko.
Los zifios medran en los
océanos desde principios y mediados
del Mioceno. El registro
fósil indica que esta familia
llegó a contar con un elevado
número de especies en ese periodo.
Sin embargo, los restos
fósiles corresponden en su mayoría
a la porción rostral del
cráneo, lo que ha limitado la
comprensión de su evolución.
La mayoría de la información
referente a su historia natural
proviene del estudio de un escaso
número de especímenes
varados, lo que sólo permite
hacerse con una vaga impresión
de su biología. Una excepción
es el zifio calderón en
el Atlántico y el zifio de Baird
en el pacífico noroccidental,
que, en el pasado, fueron capturados
con fines comerciales.
Los factores que han contribuido
a este desconocimiento
son varios. Habitan un medio
oceánico, que tradicionalmente
ha estado fuera del alcance
de los investigadores. Poseen
hábitos crípticos y un comportamiento
tímido con las embarcaciones,
siendo por lo tanto
difíciles como objetivo de
cualquier investigación. Además,
presentan una similitud
morfológica entre sí que los
hace extraordinariamente difíciles
de identificar, que se ve
exacerbada en los encuentros
en el mar. Por este motivo en
algunos taxones es necesario
examinar el cráneo para llegar
a su correcta identificación. En
ocasiones esto no es suficiente
y, de hecho, no son infrecuentes
los errores de determinación
en la literatura científica. Un
ejemplo de esta situación, es
que durante años el recientemente
descrito zifio de Perrin
fue confundido con el zifio de
Héctor, M. hectori, con el que
filogenéticamente está poco relacionado.
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Zifio varado en Fuerteventura
Vidal Martín Martel
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Morfología
¿Entonces qué motivo se
halla detrás del extremo parecido
morfológico entre estas
especies?. Probablemente un
fenómeno de convergencia,
fruto de estar sometidas a similares
presiones selectivas en
el medio oceánico que habitan.
En la actualidad, el desarrollo
de técnicas moleculares está
permitiendo conocer con mayor
precisión la relación evolutiva
de la familia, así como
la determinación y confirmación
de nuevos taxones, como
en el caso descrito arriba o el
del zifio de Travers. En peor
situación se encuentran los estudios
en el mar. Sólo en los
últimos años se están desarrollando
investigaciones de campo,
con el fin de conocer aspectos
de estas especies, tales
como la estructura social, el
comportamiento o el uso del
hábitat entre otros objetivos.
Sin embargo, estas investigaciones
se hayan restringidas a
unas pocas especies y localizaciones
geográficas. Entre estos
estudios cabe destacar los
realizados sobre el zifio calderón
en el cañón del Gully, Nueva
Escocia; el zifio de Blainville
en Bahamas y Canarias o
el zifio de Cuvier en Grecia y
el Golfo de Vizcaya.
Lo más notable de esta familia
es su especialización para
realizar grandes inmersiones.
Y es que la rutina de los zifios
los lleva a pasar de la claridad
de la superficie a la oscuridad
de las profundidades en un patrón
que todavía nos es desconocido.
Sí sabemos que sólo
una pequeña parte de sus vidas
discurre en la superficie. Los
datos disponibles, obtenidos de
un zifio calderón, indican que
este tiempo es de alrededor del
15%. Esta información se obtuvo
gracias a un dispositivo
electrónico que se fija en el
lomo de los cetáceos a través
de una ventosa y permite medir
el tiempo y la profundidad
a la que se sumergen. Los resultados
reflejaron que el ejemplar
realizó inmersiones de
entre 800 y 1.420 metros de
profundidad, llegando a permanecer
hasta 70 minutos sumergido.
Lo más sorprendente,
es que pueden realizar dos
inmersiones consecutivas tras
sólo un breve periodo de ventilación
en la superficie. El
avance tecnológico aplicado a
la investigación es un poderoso
aliado para desentrañar los
secretos de la vida de estas
inaccesibles criaturas. Sólo el
cachalote y las dos especies de
elefantes marinos, son capaces
de realizar inmersiones tan profundas.
Pero, ¿qué lleva a los
zifios a adentrarse en profundidades
donde existe una enorme
presión (excede los 150 Kg.
Medio Ambiente Canarias nº 25
por cm2) y reina el frío y la oscuridad?.
La respuesta es la disponibilidad
de recursos de que
alimentarse. De hecho, los zifios,
con los cachalotes y unos
pocos delfínidos como los calderones,
son los únicos cetáceos
que se han especializado
en explotar los recursos de profundidad
y esta especialización
se refleja en su morfología.
Los zifios ostentan un tamaño
medio dentro de los cetáceos
con dientes u odontocetos,
con un rango de longitudes
comprendidas entre los 3,5 metros
del zifio enano, M. peruvianus
y los 12,5 metros del zifio
de Baird, B. bairdii. El peso
oscila entre, menos de 1.000
Kg. a 15.000 Kg. respectivamente.
Poseen cuerpos esbeltos
y comprimidos lateralmente,
con un tórax y abdomen
proporcionalmente largos y
una cabeza y pedúnculo caudal
cortos. El morro es más o
menos alargado en función a
las especies y sin transición con
el melón, a excepción del zifio
calderón, donde existe una clara
demarcación entre ambos.
El espiráculo es ancho, con forma
de media luna. La aleta dorsal
es pequeña y retrasada, hallándose
generalmente a 2/3 del
extremo del rostro. La aleta
caudal es bastante ancha, con
una gran superficie y no posee
escotadura central. Los miembros
de esta familia poseen una
poderosa musculatura que, junto
a las características descritas
arriba, les confiere un cuerpo
preparado para la velocidad,
aunque con escasa maniobrabilidad.
De ahí el pequeño tamaño
de las aletas pectorales
que son cortas, estrechas y emplazadas
en la parte baja de los
costados. Éstas se encuentran
normalmente engastadas en depresiones
de los flancos para
no romper la línea hidrodinámica.
Con casi total seguridad,
la velocidad es una ventaja durante
los primeros metros de
inmersión, hasta que la inercia
y el empuje de la presión se
encargan de adentrar en el abismo
con el menor esfuerzo y,
por consiguiente, coste energético
posible a estos animales
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Alimentación
Las presas de los zifios son
cefalópodos, crustáceos y peces
mesopelágicos y batipelágicos,
cuya proporción en la
dieta varía de una especie a
otra. Sin duda los cefalópodos
son la parte más importante de
su dieta y en sus estómagos
aparece representada una gran
diversidad de especies pertenecientes
a varias familias, la
mayoría de los cuales generan
luz biológica o bioluminiscencia.
En el proceloso reino de
las profundidades, las estrategias
de atracción de presas y
evitación de predadores, giran
en torno a un uso ingenioso y
sorprendente de la bioluminiscencia,
producida por infinidad
de seres de extrañas apariencias
y vidas secretas. A pesar
de que el biosónar constituye
probablemente la principal herramienta
de los zifios para la
localización de éstas, sus pequeños
ojos están adaptados
para detectar sus destellos bioluminiscentes.
La mayoría de
estos organismos integran la
conocida como "capa profunda
de reflexión", una miríada
de criaturas que pululan entre
los 400 y los 800 metros de
profundidad, muchas de las
cuales, realizan migraciones
verticales, aproximándose a la
superficie durante las horas
nocturnas y regresando a las
profundidades durante el día.
El interés de semejante agregación
de vida, radica en que
favorece la presencia en Canarias
de una amplia amalgama
de predadores marinos, entre
los que se cuentan varias especies
de cetáceos. Las estrategias
para capturar a sus presas
es otro de los misterios que rodea
la historia natural de estos
mamíferos marinos. La aparente
falta de maniobrabilidad
de los zifios no es precisamente
una ventaja para aprehender
a organismos móviles, a no ser
que éstos sean relativamente
lentos. Una posibilidad es que
sean atraídos mediante alguna
forma de bioluminiscencia originada
por diatomeas parásitas
que cubren su piel o por elementos
claros de la coloración.
Asimismo, es posible que las
aturdan, e incluso maten, mediante
la emisión de pulsos sónicos
de alta intensidad. Todas
estas estrategias han sido teorizadas
para el cachalote. Por el
contrario, sí sabemos que la ingestión,
así como las capturas
a escasa distancia, son ejecutadas
a través de un mecanismo
de succión. Mediante este sistema,
la lengua actúa como un
pistón al ser retraída súbitamente,
creando un vacío que facilita
la aspiración de la presa.
Este efecto se ve potenciado por
una pequeña comisura bucal y
por la existencia de dos surcos
divergentes en la garganta, que
forman una V cuyo extremo
confluye, sin llegar a unirse, cerca
del mentón. No me cuesta
pensar en una de estas masas
corporales atravesando una densa
y nutritiva horda de grandes
camarones, succionando uno
detrás de otro, mientras me pregunto
si algún día contaremos
con medios para poder observar
este comportamiento. Me
temo que tendremos que conformarnos con la imaginación.
La aparición con relativa frecuencia
en el estómago del zifio
de Cuvier de otros invertebrados
bentónicos que no
forman parte de su dieta, además
de diversos objetos como
plásticos y pequeñas rocas,
puede indicar que éste se alimenta
cerca del lecho marino.
Una característica única de
esta familia es la reducción extrema
de la dentición. A excepción
de los géneros Tasmacetus
y Berardius, los zifios
poseen un único par de dientes
en la mandíbula, siendo sólo
visibles en los machos adultos
a partir de la madurez sexual y
permaneciendo bajo las encías
en los jóvenes y en las hembras
adultas. El tamaño, la forma
y su disposición en la comisura
bucal, varía de una especie
a otra, convirtiéndose en un excelente
carácter diágnostico
para su identificación. Éstos ostentan
una doble función: por
un lado, indican a las hembras
si un macho pertenece o no a
su especie y por otro son utilizados
como armas en el transcurso
de enfrentamientos con
otros coespecíficos por el acceso
a las hembras receptivas.
Por este motivo, sus dorsos y
costados exhiben multitud de
cicatrices lineales. Posiblemente,
la densidad de estas cicatrices,
proporcionan a potenciales
contrincantes un buen
indicativo visual de la "calidad"
de su oponente, disminuyendo
las probabilidades de los
encuentros agresivos y, por
ende, la posibilidad de provocar
lesiones que comprometan
la supervivencia de los individuos.
En el zifio calderón el
dimorfismo sexual es aparente
en un mayor desarrollo del
melón, un órgano de tejido graso
que confiere la característica
apariencia abultada de la
cabeza de estas especies. Sus
dientes no son grandes, por lo
que en este caso, los combates
tienen lugar mediante embestidas,
pudiendo servir el grado
de desarrollo del melón, como
elemento disuasorio para otro
rival. Estos enfrentamientos y
la necesidad de reforzar el rostro,
son responsables de la extraordinaria
densidad de los
huesos que conforman esta región,
más densos que el de
cualquier otro vertebrado, gracias
a un proceso de osificación
extrema, conocido como paquiostosis.
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Pareja de sifios varados en Fuerteventura
Vidal Martín Martel
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Estructura social
En esta familia, las hembras
son ligeramente más grandes
que los machos, algo que
solo ocurre en los cetáceos entre
los rorcuales (Familia Balaenoptera).
Se sabe más bien
poco acerca de su estructura social,
aunque las evidencias disponibles,
inferidas a partir de
las escasas observaciones en el
mar, indican que probablemente
son poco gregarias, integrando
manadas que raramente
exceden los 7 animales.
La competencia por el acceso
a las hembras receptivas es una
característica de los mamíferos
con estructuras sociales poligámicas,
ofreciéndonos pistas
acerca de la naturaleza de
sus sociedades. Ésta podría ser
parecida a la de los cachalotes,
con los grupos más numerosos
formados por hembras con su
progenie y animales inmaduros,
a las que se les asociaría
temporalmente un macho adulto
en la época reproductora.
Estas especies son, por lo
general, tímidas con las embarcaciones.
Sin embargo, en
algunas ocasiones pueden
aproximarse a ellas y tolerar su
presencia durante algún tiempo.
Un caso aparte es el del zifio
calderón, que puede llegar
a ser extremadamente curioso,
comportamiento que en el pasado
aprovechaban los balleneros
para capturarlo.
No se sabe virtualmente
nada del comportamiento acústico
de los zifios, que poseen
un diseño diferenciado del resto
de los odontocetos en lo que
a la disposición de los sacos nasales
y otros elementos anatómicos
del cráneo y el sistema
auditivo se refiere. Estos sacos
son un conjunto de divertículos
que se hallan entre las aberturas
craneales y el orificio respiratorio,
siendo responsables
de la generación acústica del
biosonar. Las mandíbulas son
extraordinariamente delgadas
y delicadas. Los odontocetos
las utilizan como una "ventana
acústica" que registra las
vibraciones y las envía al sistema
auditivo gracias a su inervación
y a la existencia de un
tejido graso especial. La composición
y el peso molecular
de este tejido, así como el que
compone el melón, es diferente
a la del resto de los cetáceos.
Disponemos de escasos registros
acústicos, que han sido
obtenidos de unas pocas especies
en libertad o de ejemplares
varados y mantenidos por
poco tiempo en cautividad.
Una excepción es el zifio calderón,
que ha sido relativamente
bien estudiado en su medio.
Éste emite sonidos de
naturaleza pulsante, semejantes
a silbidos, de hasta 4 kHz,
barridos de chirridos de 3 a 16
kHz y una duración de 115 a
850 milisegundos, así como
zumbidos modulados. Los trenes
de eco localización pueden
contener de 3 a 50 pulsos cada
uno, y la duración de éstos oscila
entre 2 y 17 milisegundos.
En cualquier caso, las evidencias
disponibles apuntan en la
dirección de que estos animales
son menos "vocales" que
otros grupos de cetáceos.
Detrás de los hábitos crípticos
y el comportamiento tímido
se esconde probablemente
una estrategia para pasar
desapercibidos a los ojos de potenciales
predadores en la inmensidad
del océano. Además,
la posibilidad de realizar inmersiones
profundas representa
una excelente fórmula de
escape. Curiosamente, el único
ser capaz de atacar de manera
periódica a estos colosos,
es un pequeño tiburón de profundidad,
conocido como tiburón
cigarro (Isistius brasiliensis),
que apenas excede los
50 cm de longitud. Éste es bioluminiscente
y la disposición
en su cuerpo de sus órganos luminosos,
le confiere apariencia
de cefalópodo. Según una
interesante hipótesis, los des
Medio Ambiente Canarias nº 25
tellos luminosos de este tiburón
pueden atraer hacia sí a predadores
de cefalópodos como
túnidos, peces espada, otros
condríctios y cetáceos. Ayudado
de su pequeño tamaño, el tiburón
maniobra y el atacante
es atacado, mordiendo y arrancando
un taco de piel, grasa y
musculatura. El resultado es
una herida que al cicatrizar posee
una característica forma
oval. De ahí otro de los nombres
con el que es conocido
este animal: tiburón galleta. El
cuerpo de algunos zifios está
repleto de estas cicatrices fruto
de años de exposición a los
ataques de esta criatura. Las heridas
probablemente no tienen
mayores consecuencias para la
salud del cetáceo, motivo que
ha llevado a algunos autores
a considerar a este seláceo
como un parásito.
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Localización en las islas
La primera referencia que
hace mención a un zifio en Canarias
aparece en la "Histoire
Naturelle des iles Canaries"
(tomo II, pág.11), de Barker-
Webb y Sabin Berthelot. Éstos
describen un gran delfín desdentado
encallado cerca de
la Cruz Santa (Santa Cruz) de
Tenerife en 1830. Los mencionados
autores enviaron un
dibujo del cetáceo al insigne naturalista
Valenciennes, miembro
del Real Gabinete de Las
Ciencias de París, quien no
supo determinar la especie. En
el Archipiélago Canario se han
citado cinco miembros de esta
Familia: el zifio de Cuvier, Z.
cavirostris; el zifio de Gervais,
M. europaeus; el zifio de
Blainville, M. densirostris; el
zifio de True, M. mirus y el zifio
calderón septentrional, Hyperoodon
ampullaus. Una síntesis
de los datos disponibles,
refleja que las Islas Canarias
son unos de los lugares del planeta
con mayor diversidad y
frecuencia de este grupo, dando
fe de ello más de 80 especímenes
varados en los últimos
30 años, así como numerosos
avistamientos en el mar. Del zifio
de Gervais existen dos avistamientos
constatados en el
Atlántico (la especie sólo se
distribuye en este océano) y los
dos han sido realizados en
aguas Canarias. Con respecto
al zifio de Cuvier, es interesante
mencionar que es la región con
más varamientos de esta especie
del planeta, pero sus avistamientos
en el mar son más
bien escasos. En cualquier
caso, es un hecho que no se han
realizado estudios en áreas en
las cuales tenemos evidencias
de que la especie puede ser relativamente
frecuente, como la
costa sureste de Fuerteventura,
el canal Anaga-Agaete o las
aguas de El Hierro. El zifio de
Blainville es observado con relativa
frecuencia a lo largo de
todo el año en la costa suroeste
de Tenerife y La Gomera. En
cambio, del zifio de True y del
zifio calderón sólo existe una
cita. Algunos puntos del Archipiélago
Canario, como la
costa oriental de Fuerteventura
y Lanzarote, o las costas sur
occidentales de Tenerife y La
Gomera parecen representar
hábitats importantes para estas
especies.
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Canarias uno de los lugares con mayor diversidad y frecuencia de zifios
Vidal Martín Martel
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Varamientos
La mañana del día 24 de
septiembre de 2002 se produjo
un varamiento en masa de
zifios en las islas de Fuerteventura
y Lanzarote mientras
se celebraba en las proximidades
los ejercicios navales NEOTAPON.
Debido a las circunstancias,
al número de animales
implicados y a las especiales
dificultades, este fenómeno superó
la capacidad de respuesta
de los operativos diseñados
para atender a animales varados.
Por este motivo, diversas
personas e instituciones como
el Cabildo Insular de Fuerteventura
y los Ayuntamientos
de Pájara y Tuineje en Fuerteventura,
así como el de Teguise
en Lanzarote, pusieron
en marcha un operativo para
hacer frente al evento, que fue
coordinado por la Viceconsejería
de Medio Ambiente del
Gobierno de Canarias. La prioridad
fue ayudar a reflotar a los
animales vivos, localizar y preservar
los cadáveres en la costa
con el fin de realizar las necropsias
para determinar, en la
medida de lo posible, las causas
de la muerte así como la obtención
de información biológica.
En este varamiento se
vieron implicados al menos 14
animales, de los cuales 5 fueron
hallados muertos sobre la
costa, 3 aparecieron todavía vivos
pero murieron posteriormente
y 6 fueron devueltos al
mar. En total, entre los días 24
y 27 de septiembre, se recuperaron
11 cadáveres de 9 zifios
de Cuvier, un zifio de Blainville
y un zifio de Gervais.
Estos eventos ya habían
ocurrido anteriormente en las
Islas Canarias, el primero de los
cuales tuvo lugar en febrero de
1985, repitiéndose posteriormente
durante los años 1986,
1987, 1988, 1989 y 1teventura y Lanzarote, a excepción
de uno acaecido en la
isla de La Palma en 1991. Su
análisis en conjunto reúne una
serie de elementos comunes en
cuanto a las circunstancias, las
especies implicadas y el posible
origen. De éstos, la mayoría
fueron coincidentes con ejercicios
navales, aunque tal
relación se está investigando en
la actualidad. De estos varamientos,
cuatro fueron en masa
y dos en parejas. Asimismo, en
cuatro de ellos participaron de
2 a 3 especies. Todos ellas pertenecientes
a la Familia Ziphiidae,
a excepción de una pareja
de cachalotes pigmeos (Kogia
breviceps) varada en el evento
de 1988. En todas las ocasiones
tuvimos dificultad para conocer
el número y la composición
exacta de los animales varados
debido a una combinación de
circunstancias. Un factor determinante
fue que los cetáceos
quedaron varados en calas y tramos
de costa deshabitados,
otros fueron devueltos al mar y
aparecieron posteriormente en
otras partes del litoral, lo que
contribuyó a la confusión. En
ocasiones, las autoridades habían
enterrado los especímenes
antes de que éstos pudieran ser
examinados. La inexistencia de
un programa de estudio de cetáceos
varados, así como la falta
de sensibilización pública
acerca de su valor científico imperante
en aquellos años, jugó
un papel decisivo en esta situación.
El resultado: nunca conoceremos
cuántos animales aparecieron
realmente varados en
las costas.
Los varamientos en masa
de zifios son infrecuentes si se
comparan a los protagonizados
por otras especies de cetáceos.
Desde el siglo XIX se tiene
constancia de aproximadamente
medio centenar de casos.
El número de animales implicado
en los mismos no suele
ser elevado, con un máximo de
28 ejemplares, en un varamiento
protagonizado por el zifio
de Gray, M. grayi, en Nueva
Zelanda en 1875. El primer
varamiento multiespecífico
tuvo lugar en las islas Midway,
Pacífico Central, en abril de
1961, con dos zifios de Blainville
y un zifio de Cuvier. Estos
eventos han sido denominados
varamientos en masa
atípicos, ya que suelen compartir
una serie de elementos
comunes. Ocurren con mayor
frecuencia en islas que en las
costas continentales. Los animales
suelen aparecer de forma
aislada, repartidos a lo largo
de una extensión de costa de
varios kilómetros, e incluso, en
varias islas. El zifio de Cuvier
es la especie que con mayor frecuencia
está presente en los
eventos multiespecíficos. Los
últimos casos han tenido lugar
en Grecia, entre el 12 y 13 de
mayo de 1996 con 12 animales
varados; en Madeira, en mayo
de 2000, con 3 animales muertos
y en Bahamas, entre el 15 y
16 de marzo de 2000, con 17
animales varados. Este último
es el que presenta una mayor
afinidad con el ocurrido, recientemente,
en Canarias, implicando
a 9 zifios de Cuvier, 3
zifios de Blainville, 2 zifios no
identificados, un delfín moteado
Atlántico (Stenella frontalis)
y 2 rorcuales aliblancos
(Balaenoptera acutorostrata).
La llegada de los cetáceos a la
costa transcurrió en un periodo
de 36 horas y en 3 islas diferentes,
coincidiendo con los
ejercicios navales de la flota
norteamericana.
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Las fuentes de sonido intensas puede ser causa de varamiento
Vidal Martín Martel
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La influencias de los sonares
Parece tomar fuerza la hipótesis
de que los zifios pueden
verse afectados por los sonares
de frecuencias medias y
altas, utilizados para detectar a
los submarinos durante el desarrollo
de los ejercicios navales.
La publicación en la prestigiosa
revista Nature, en 1998,
de un artículo acerca de la relación
de los ejercicios navales
de la OTAN con el varamiento
de zifios en Grecia, generó
controversia y catalizó la creciente
preocupación internacional
en la comunidad científica
y en la opinión pública
sobre las repercusiones de la
contaminación acústica en los
cetáceos. Esta circunstancia llevó
a la OTAN, a través del SACLANTCENT
(Undersea Resarch
Centre), a organizar un
workshop técnico entre el 15 y
el 17 de junio de 1988 en La
Spezia (Italia), con los mejores
especialistas en la materia. Sin
embargo, en aquel momento
se disponía de escasa información
acerca de las habilidades
sensoriales de los zifios y de
cómo podía afectarles las fuentes
de sonido intensas. Otro
problema es que en el evento
de Grecia, al igual que en el
resto de casos anteriores, no se
realizó un estudio patológico
de los cetáceos, lo que impidió
la determinación precisa de las
causas de sus muertes. Esta situación
experimentó un cambio
a raíz del varamiento de
Bahamas, donde la administración
norteamericana realizó
una exhaustiva investigación
para conocer el posible origen
del mismo. En base a las necropsias,
se determinó de forma
preliminar, que los zifios
experimentaron un trauma acústico que
propició el varamiento
y la posterior muerte.
Basándose en el hecho de que
el varamiento coincidió en el
tiempo y en el espacio con la
realización de ejercicios navales,
que utilizaban sonares tácticos
con frecuencias medias y
altas, y dada la ausencia de
cualquier otra fuente acústica,
el equipo investigador concluyó
que los sonares tácticos de
los buques de la armada norteamericana
fueron la fuente más
plausible de trauma acústico.
El varamiento del 24 de
septiembre de 2002 en Canarias,
ofreció la oportunidad de
estudiar una serie de animales
frescos y realizar la investigación
más profunda y completa
que se haya llevado a cabo
en este tipo de sucesos. Aunque
las investigaciones continúan
en la actualidad, el informe
patológico preliminar de la
Facultad de Veterinaria de Las
Palmas de Gran Canaria encontró
lesiones similares a las
halladas en los cetáceos de Bahamas,
concluyendo que: "las
lesiones descritas establecen
que el único diagnóstico que
hasta el momento no puede ser
descartado como causa de las
lesiones encontradas en estos
animales, es el inducido por
una señal acústica intensa".
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Investigación de las causas
Sin embargo, queda por
contestar varias preguntas como
¿cúal es el mecanismo específico
que está detrás de este
tipo de lesiones? y ¿ por qué
afecta sólo a los zifios y no a
otros cetáceos ?. Con el fin de
discutir este asunto, la administración
norteamericana organizó
una reunión técnica "resonancia
acústica como origen
de trauma en los tejidos de los
cetáceos" en noviembre de
2002. Los investigadores analizaron
dos hipótesis: a) fenómenos
de resonancia en las cavidades
aéreas por la exposición
a frecuencias medias y altas y
b) activación acústica de las
burbujas de nitrógeno en tejidos
supersaturados con este elemento
tras las inmersiones. Desafortunadamente,
en el primero
de los casos, los estudios teóricos
y experimentales no sustentan
esta hipótesis y, en
el segundo caso, la falta de información
detallada de la fisiología
y las habilidades sensoriales
de estos animales,
imposibilita llegar a una conclusión
satisfactoria. Así que
inevitablemente es necesario
realizar más investigaciones al
respecto. Ahora bien, en otras
regiones se han realizado ejercicios
navales y no se han producido
varamientos de este tipo.
Es posible que en las Islas Canarias
y en las regiones donde
éstos han ocurrido, se haya dado
una conjunción fatal de coincidencias
como tratarse de un
área de agregación de zifios, circunstancias
ambientales propicias
y la realización de ejercicios
navales. Para investigar
este fenómeno, la Viceconsejería
de Medio Ambiente del
Gobierno de Canarias ha constituído
una comisión integrada
por especialistas e instituciones
de las islas y la armada española,
cuya finalidad es investigar
en todas las direcciones con
el fin de esclarecer las causas
de este varamiento.
La conservación de los cetáceos
está condicionada a menudo
por la falta de información
científica básica de las
poblaciones implicadas, hecho
exacerbado en los cetáceos
oceánicos. Estas especies tienden
a pasar desapercibidas tanto
en los censos visuales como
acústicos, por lo que su distribución
y abundancia tiende a
ser frecuentemente infraestimada.
Los pocos datos disponibles,
aún a pesar del significativo
esfuerzo de investigación
realizado durante estos últimos
años, hacen muy difícil conocer
el estatus de estas especies.
Todos los varamientos en masa
de zifios Canarias han tenido
lugar en las costas orientales de
las islas de Fuerteventura y
Lanzarote. Sin embargo, los
más numerosos en términos de
especies y ejemplares implicados
han tenido lugar en la costa
sureste de Fuerteventura. El
área comprendida entre la Punta
de Jandía y el faro de La Entallada,
representa un enclave
importante para varias especies
de cetáceos, incluidos los zifios.
El motivo de esta riqueza parece
residir en una combinación
de características físicas y biológicas
que probablemente
atrae a estas especies. En la costa,
los fondos arenosos caen
bruscamente a una milla del litoral,
formando un abrupto veril
que alcanza los 1.000 m. de
profundidad, a partir del cual la
profundidad sigue cayendo suavemente
hasta los 1.700 m. En
el área existe multitud de pequeños
cañones o "surcos" que
se aproximan a la costa. Las islas
oceánicas pueden ser importantes
para estas especies
debido a que suelen estar asociadas
a un aumento de la
productividad local y a que presentan
características topográficas
que contribuyen a la agregación
de presas potenciales,
favoreciendo la aproximación
de los zifios y otros cetáceos
como cachalotes. La mayor
parte de las áreas marinas protegidas
para mamíferos marinos
se hallan en zonas costeras
o sobre la plataforma continental
(hasta los 200 m de profundidad).
Sin embargo, en los
últimos años se ha puesto de relieve
el extremo interés de los
hábitats marinos profundos por
ser el hábitat de especies de cetáceos
oceánicos. Un caso similar
lo podemos hallar en el
Gully, en Nueva Escocia costa
este canadiense o en Kalikuera
en Nueva Zelanda. Resulta
crucial determinar qué zonas
son importantes para estas especies
en las Islas Canarias.
Quizás este caso pueda
proporcionar la clave para evitar
que los varamientos en
masa de zifios vuelvan a repetirse
en el futuro. Lo que sí parece
claro, es que será necesario
tomar decisiones en materia
de conservación, aún a partir
de datos escasos y fragmentarios,
con el fin de compatibilizar
los usos en el medio marino
con la presencia de tan
singulares representantes de la
biodiversidad canaria.
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