HISTORIA AMPLIADA


DEL MUNICIPIO DE CANDELARIA


DE LA ISLA DE TENERIFE

ARCHIPIÉLAGO CANARIO

Una luz que nos marca el camino



Siete luces en el Atlántico, como siete estrellas en el cielo.





LÍMITES GEOGRÁFICOS

 

Limita al Norte con el municipio del Rosario por el Barranco Hondo, al Sur, con Arafo por el Barranco de Tapia, al este con el Océano Atlántico y al Oeste con los montes que corresponden a La Matanza, La Victoria, El Sauzal y Santa Úrsula. Tiene una superficie de 49,8 kilómetros cuadrados. El desnivel orográfico hace que se encuentren altitudes desde cero hasta los 1.746 metros.

 

 

DATOS GENERALES

 

El municipio de Candelaria está situado en la zona meridional de la isla de Tenerife. Una parte de su término se encuentra en el valle de Güimar y la otra, entre la ladera de Las Tablas y el Barranco Hondo. A diferencia del resto de los pueblos del valle, Candelaria presenta una mayor variedad de espacios como consecuencia de una variedad topográfica más acentuada.

 

Sus elevaciones más destacadas son :

 

El Chiringel con 1.746 metros

El Gaitero con 1.774 metros

Montaña Amarilla o del Cuchillo con 1.726 metros

Montaña Colorada con 1.705 metros

El Pinalillo con 1.668 metros

Montaña del Dornajo con 1.516 metros

El Pico de Chafa con 1.200 metros.

 

El terreno está surcado con varios barrancos que conforman los barrios o caseríos del municipio entre los que destacan el Barranco Hondo, de La Tapia, del Rincón, de Las Goteras, del Chirigel, Araca, Chacorche, de la Fuente, de Leres y otros de menor importancia.

 

El valle de Güimar donde está enclavado la mayor parte del municipio, posee un clima local que no corresponde a su situación en la vertiente meridional.

 

Por su posición NE-SW con respecto a la dorsal, el valle queda perpendicular a la circulación de los alisios. Esta situación hace que haya un aporte húmedo paralelo y no frontal, favoreciendo la formación de bandas nubosas. Un estudio del clima nos obliga a diferenciar las zonas de costa, de medianías y de cumbre.

 

En la costa, las temperaturas presentan una media cálida de 19º C , repartidas de máximas en verano de unos 22ºC y de 16ºC en invierno, diferencias no muy amplias, debido al efecto del mar y al conjunto nuboso. Las precipitaciones son escasas y la insolación sobrepasa las 2.600 horas. Por tanto esta zona del municipio tiene un clima subárido, con escasas precipitaciones y una elevada insolación.

 

Las medianías presentan la transición entre el clima cálida de la costa a una situación más suave y húmeda gracias a la banda de nubes. Tomamos como ejemplo Araya, entre 300 y 400 m. de altitud. La temperatura media anual es de 17ºC, oscilando entre 21ºC, en verano y 13ºC en invierno. El descenso produce algunas precipitaciones, reduciéndose el tiempo de insolación con respecto a la costa.

 

La existencia casi permanente de bandas nubosas en la zona de la cumbre, entre 700 y 1.500 m., condiciona para que las temperaturas tengan pocas oscilaciones, variando entre los 13º C en verano y 10º C en invierno. El índice de humedad es alto y las precipitaciones son más frecuentes.

 

 

ORIGEN HISTÓRICO

 

 

Candelaria formaba parte de las tierras bajo el dominio del mencey de Güimar, estos guanches vivían en cuevas, desconociendo los metales, dedicados principalmente al pastoreo y una agricultura limitada. Alternaban su residencia entre el monte y la playa buscando los pastos en las diferentes estaciones. Durante el siglo XV, los contactos con los europeos eran constantes, bien para comerciar o bien por asaltos que éstos hacían para la captura de esclavos o robar ganado.

 

Por referencias de viajeros sabemos que la población de la zona no era muy abundante, en contraste con la parte norte de la isla.

 

El primer contacto del que nos ha quedado constancia fue la toma de posesión simbólica de la isla por Don Diego de Herrera, Señor de la Gomera y el Hierro el sábado 21 de julio de 1.464, ante el escribano Fernando de Párraga, al desembarcar en la playa del Bufadero (Santa Cruz de Tenerife). En este acto se reunieron los nueve reyes guanches que en ese momento gobernaban la isla, entre los que se encontraba el rey de Güimar, de quien no nos dice el nombre, cuando se refieren a él lo llaman el Rey de Las Lanzadas.

 

D. Diego pactó con los naturales y le dejaron instalar una torre defensiva en la mencionada playa. Con los europeos vinieron el obispo del Rubicón (Lanzarote) y algunos frailes franciscanos. Estos se informaron que los guanches del bando de Güimar custodian una imagen sagrada que encontraron años antes en las playas de Chimisay. Los frailes lograron instalarse entre los naturales y hacer que trasladen a la Virgen a la cueva de San Blas. Durante algunos años ejercieron su acción misional convirtiendo y bautizando a muchos de los guanches de ese bando. Años después hacia 1.474, por disputas, fueron expulsados los castellanos y su torre derruida, los frailes tuvieron que salir huyendo, dejando atrás los elementos de culto. Esto hechos son conocidos por los castellanos que, años después conquistaron Gran Canaria. Una vez que se acabaron las luchas, viajaron varias veces a Tenerife para renovar las paces con los guanches de Güimar y Anaga, con el fin de que les permitieran hacer desembarcos con cierta seguridad.

 

En la primera entrada de Lugo, en 1.494, los guanches de los bandos del norte de la isla, dirigidos por el mencey de Taoro, derrotaron a los castellanos en el barranco de Acentejo. El ejército de Lugo, roto y diezmado, fue ayudado por los guanches de Güimar a reembarcarse, momento aprovechado por los derrotados para apresar a cierto número de ellos, que serán luego vendidos como esclavos. Al volver Lugo, por segunda vez, con un ejército profesional y mejor preparado, la actitud de los guanches del bando sureño fue tan abierta como la vez anterior y se mantuvieron a la expectativa del resultado de las luchas, sin tomar parte activa en ellas.

 

Al finalizar la conquista en 1.496, Lugo apresó y vendió a todos los guanches de los bandos de guerra. Luego, agobiado por las deudas, intenta hacer lo mismo con los naturales de los bandos de paces: Anaga, Güimar, Abona y Adeje. Estos, a través de procuradores, se defendieron apelando a los Reyes. Algunos de los guanches esclavos que permanecen en la isla, huyeron a las montañas y el Cabildo formó partida con otros guanches, que estaban libres para que los apresaran. En el grupo de los guanches que intentaron apresar a los alzados habían varios del bando de Güimar. Muchos llegaron a ser personal de confianza del Adelantado, acompañándole en los viajes de cabalgata a las costas africanas, incluso alguno fue nombrado guarda de las dehesas y alguacil.

 

De los naturales que sobrevivieron a las luchas de la esclavitud o el destierro muy pocos quedaron en la isla. Se asentaron en las tierras que el Cabildo destinó para dehesas, así algunos se agruparon en Candelaria, otros en Abona, Adeje y en Chasna.

 

Otra circunstancia que favoreció el asentamiento de los naturales en Candelaria, es el culto de la Virgen.

 

Desde el momento en que al finalizar las luchas, Lugo hizo trasladar a los menceyes que sobrevivieron a rendir pleitesía a los Reyes católicos en Almazán (Soria) en junio de 1.496, no hubieron más noticias sobre el mencey de Güimar, ni siquiera sabemos si regresó a la isla.

 

Algunos guanches de los bandos sureños recibieron datas de tierras en el valle: Miguel de Güimar, en Araya y Candelaria y Antón Azate en Araya.

 

A partir de 1.497 se creó el Cabildo de la isla, a la sazón único ayuntamiento de Tenerife hasta principios del siglo XIX, comenzando la puesta en marcha de las instituciones que desarrollaron el nuevo orden impuesto por los conquistadores.

 

El valle de Güimar era un lugar de MUNICIPIO DE LA LAGUNA, como hoy lo son los lugares de Barranco Hondo o Igueste con respecto a Candelaria, por es los primeros alcaldes del lugar eran alcaldes reales y en MUNICIPIO DE LA LAGUNA estaba el alcalde mayor.

 

En 1.500 se otorgó una data, la más importante en extensión en el valle de Güimar, a los hermanos Juan Felipe y Blasino Inglesco de Plombino, para que fabricaran un ingenio azucarero. Los limites de esa data eran: por el sur la ladera de Agache; por el norte el barranco de Chacaica y una franja hasta el barranco de Candelaria; por el oeste, el monte, y al este, el mar. De esta forma la mayor parte del terreno y aguas del valle fueron a parar a manos de unos propietarios (aunque fueron cambiando por ventas), mantuvieron la unión de la parcela hasta bien entrado el siglo XVIII. Así se entiende que, en el siglo XVI haya sido Candelaria el único núcleo vecinal del valle donde había alcalde, alguacil y cura. El valle de Güimar quedó una parte como terreno para cañas y edificios para el ingenio, y el resto como dehesa para el Cabildo, donde pastaban hatos de ganado guaniles y de propietarios que vivían en MUNICIPIO DE LA LAGUNA, cuidados por pastores guanches y gomeros.

 

En los últimos años del siglo XVI, hubieron numerosos ataques de piratas y epidemias que obligaron a los vecinos a trasladarse hacia zonas más altas, Igueste, Araya, Cuevecitas, etc … causando la alarma de los frailes que pidieron ayuda al Cabildo porque el lugar se estaba despoblando y sin posibilidad de defenderse de los corsarios.

 

Para proteger a la Virgen de los ataques y otras veces para hacer rogativas, la imagen fue trasladada en varias ocasiones a MUNICIPIO DE LA LAGUNA , encontrando siempre la protesta de los naturales de Candelaria y de los frailes del convento, porque los regidores y Cabildo lagunero deseaban que la Virgen se quedara en MUNICIPIO DE LA LAGUNA, donde estaría mejor protegida. Fueron numerosas las disputas, llegándose incluso a tener que recuperar la imagen por la fuerza y retornarla a Candelaria.

 

Las fiestas de la Virgen, el 2 de febrero y el 15 de agosto, se celebran cada vez con más solemnidad, acudiendo romeros de todas las partes de la isla, reuniéndose en Candelaria en esos días más de cinco mil personas, según testimonios de la época.

 

En 1.680, con el impulso del obispo García Ximénez, muy devoto a la Candelaria (incluso pidió ser enterrado en esa iglesia), se trasladó a la Virgen a un nuevo templo que se había construido con las limosnas de los fieles y con la ayuda del Cabildo con 1.000 ducados para la obra. El nuevo templo era mucho más amplio para dar acogida a los devotos y romeros que acudían a Candelaria , complementándose con la hospedería del Cabildo y una casa-hospital que mantenían los frailes.

 

El 15 de febrero de 1.789, el convento sufrió un incendio casual del que se pudo salvar sólo la imagen , perdiéndose el archivo dominico y los elementos de culto. Tuvo que colocarse la Virgen de nuevo en la cueva de San Blas, hasta 1.803, en que se trasladó provisionalmente al convento, entretanto se construía un nuevo templo.

 

El nuevo edificio se comenzó en 1.808, según planos de los arquitectos Manuel Martín Rodríguez y Joaquín Rodríguez, siendo el maestro de obras Juan Nepomuceno, el encargado de ejecutar la edificación, terminándose en 1.817.

 

Pero el Cabildo, frente a los ataques frecuentes a la costa candelariera, no estuvo inactivo y desde 1.686 hizo construir un reducto defensivo en la playa para hacer frente a los piratas. Pronto vieron que era insuficiente y en 1.697, por iniciativa del gobernador de las islas y sufragado por Don Pedro de Ponte y Llarena, conde de El Palmar, se construyó un castillete de planta cuadrada con una batería capaz de tres cañones. Tenía el castillo un alcalde nombrado por el Rey, con el empleo de capitán dotado de cincuenta pesos mensuales, que pagaba la Real Hacienda.

 

 

Para el cargo se nombró castellano perpetuo a Bartolomé Montañez, quien dedicó a la Virgen el bello monumento de mármol que está en la Plaza de La Candelaria de Santa Cruz de Tenerife.

 

En el aspecto militar, Candelaria estaba incluida en el tercio de las Milicias de Güimar. En el siglo XVIII se crearon las compañías de artilleros provinciales y se asignaron a Candelaria media compañía para las necesidades de la compañía de San Pedro.

 

Todo el conjunto defensivo estaba complementado por una valla o empalizada que rodeaba a San Blas, al convento y a la casa de hospedaje que el Cabildo tenía en Candelaria (actual edificio del Ayuntamiento). Esta valla quedó parcialmente destruida en el aluvión de 1.789, que no afectó al castillo.

 

Poco tiempo duró la tranquilidad porque un terrible temporal que sufrieron las islas, en la noche del seis al siete de noviembre de 1.826, se ocasionaron destrozos y desgracias en todas ellas, pero de forma más acusada en Candelaria, donde arrasó el castillo de San Pedro, arrastrando las aguas la imagen de la Virgen, la ermita y parte del convento.

 

Después de una búsqueda infructuosa se decidió encargar una nueva talla que sustituya a la desaparecida. Para ello se eligió al imaginero orotavense Fernando Estévez.

 

La desamortización extinguió, en 1.835, las órdenes religiosas en España. En 1.836, los religiosos dominicos son expulsados del Santuario y el Estado se incautó de los bienes del convento y de las joyas que se salvaron del incendio y del aluvión pasado.

 

Quedó la Virgen al cuidado del cura Juan Fernández del castillo, quien con notables esfuerzos mantuvo la dignidad del culto después del expolio al que fue sometida la ermita y el convento. También hemos de recordar la labor del mayordomo Lorenzo de Barrios, natural de Igueste , quien con su esfuerzo personal hizo lo posible por recuperar el tesoro de la Virgen. En 1.863 fue nombrado cura párroco Antonio de la Barreda y Paiva, a quien se debe, en gran parte, el resurgimiento de la festividad del 15 de agosto. La virgen fue declarada, por el Papa Pío IX, Patrona de Canarias el 12 de diciembre de 1.867.

 

Cuando, en 1.860, se devolvieron los bienes incautados por la Desamortización, los edificios estaban, prácticamente, en ruinas. De nuevo, comenzaron las obras de reconstrucción con la decidida mediación del obispo Nicolás Rey Redondo.

 

En 1.947 fue nombrado obispo de Tenerife Don Domingo Pérez Cáceres, natural de Güimar (gran devoto de la Virgen de Candelaria), a partir de ahí impulsó con el mayor interés la obra de la construcción de una basílica monumental que magnificara la devoción candelariera. Con planos del arquitecto Marrero Regalado, se terminó en 1.959.

 

 

VALORES PATRIMONIALES

 

 

Como hemos dicho, el nacimiento y población de Candelaria está íntimamente unido al culto de la Virgen de Candelaria. Según la tradición la imagen fue hallada por los guanches del bando de Güimar en la playa de Chimisay, hacia 1.392, llevándola a la cueva de Chinguaro, donde estuvo hasta la llegada de los frailes que vienen con Diego de Herrera, cuando en 1.464 tomó posesión de la isla, acto que se recoge en el Acta de Bufadero

 

A través de las Pesquisas de Cabitos conocemos que estos frailes de la Orden Franciscana vivieron durante años con los guanches, llevando la Virgen a la cueva de Achbinico, hasta que son expulsados, quedándose los naturales con la imagen. De esta acción misional quedó como resultado que los conquistadores encontraron entre los guanches de Güimar un grupo que eran cristianos y que fueron de gran ayuda en las operaciones militares. Al finalizar la conquista, en 2 de febrero de 1.497, se celebran actos religiosos en Candelaria por la festividad de la Purificación. Se inició la construcción de una ermita, a 100 metros de la cueva, la cual, en 1.518, ya estaba terminada. El beneficiado que atendía a los feligreses del valle era el mismo que el de la Concepción de MUNICIPIO DE LA LAGUNA, Rodrigo de Argumedo. Este era Chantre de la Catedral de Cádiz y nunca estuvo en las islas, ocupándose Diego de Herrera de sustituirlo. El Cabildo se quejaba con frecuencia de la mala atención al culto y de los fieles y romeros que acuden a Candelaria. Así hasta que se nombre obispo de las islas a Don Luis Cabeza de Vaca, y en su primera visita pastoral a Tenerife, en 1.530, viendo el estado del culto a la Virgen y presionado por el Cabildo, decidió conceder la administración de la ermita y el cuidado de la Virgen a los dominicos.

 

Esta decisión encontró la protesta del beneficiado, que veía mermada su participación en las ofrendas y promesas de los romeros. Entretanto, en 1.533, se dividió el beneficio de la Concepción y por R.C. se segregó el beneficio de Güimar entre otros.

 

Para el cargo se nombró al Licenciado Pedro González Gozón, como primer beneficiado del valle de Güimar, instalándose en la cueva de San Blas, en lo que fue la primera parroquia de Güimar. Estas circunstancias provocan luchas y enfrentamientos entre el clero regular y secular; además, se añadió el hecho de que el Cabildo hizo donación a los dominicos de la ermita y el terreno colindante, donde se encuentra la cueva de San Blas.

 

 

Estos problemas lograron el consenso en 1.544, gracias a la labor del obispo Alonso Luis de Virués, donde los dominicos quedan encargados de atender a la ermita y el culto a la Virgen y el beneficiado Gozón a los parroquianos del valle, en la cueva de San Blas. Desde este momento se piensa en la construcción de otra iglesia que reuniera mejores condiciones, el suelo de San Blas era de piedra y no servía como lugar de continuo enterramiento. Se comenzó la construcción de Santa Ana , terminándose entre 1.572 y 1.579, siendo beneficiado del valle Gaspar González, natural de Candelaria.

 

No siempre hubo beneficiado que atendiera las necesidades religiosas del valle y en esos casos eran los frailes del convento quienes los sustituían. No podemos olvidar la importante labor cultural que han realizado los frailes dominicos. Desde el siglo XVI ha quedado constancia de cómo ejercían labores educativas entre la población de Candelaria, que han mantenido hasta la actualidad.

 

En el siglo XVII, por la visita de Gaspar Alvarez de Castro quedó anotado en el Libro de Fábrica una relación de las iglesias del municipio, además de la de Santa Ana : " Tiene el lugar tres ermitas que son oratorios de la Virgen de Candelaria y corren por cuenta de los religiosos de mi padre Santo Domingo; la una del glorioso San Blas es una cueva donde dicen que apareció nuestra Señora de Candelaria y tiene la reja de madera junto al altar y a la calle su puerta; la otra de la advocación de la Magdalena que está sobre un risco arriba del convento y la otra a la entrada del lugar, junto al pocillo de la advocación al apóstol Santiago ". La sede del beneficio se trasladó a Güimar, en 1.630, quedando Santa Ana como aneja de la parroquia de San Pedro Apóstol de Güimar, hasta el año 1.794, en que se promovió la segregación por el teniente párroco Agustín Tomás de Torres con la oposición del beneficiado de Güimar, que a la sazón era Francisco Cruz Alayón. Este pleito fue resuelto por el obispo Tavira en 1.796, segregando Santa Ana de la parroquia de Güimar.

 

Entre sus primeros párrocos aparte de los citados, estuvo Juan Núñez del Castillo, natural de Candelaria.

 

En el barrio de Igueste hay una iglesia bajo la advocación de la Santísima Trinidad que se comenzó a construir en 1.783, sufragada con las limosnas de los vecinos, encabezados por su mayordomo, Agustín Rodríguez del Castillo.

 

 

POBLAMIENTO Y ECONOMIA

 

POBLACIÓN.

 

La población de Candelaria, después de la conquista, se formó con la agrupación de familias guanches de los bandos de paces que no se vendieron como esclavos o como el caso concreto de Miguel de Güimar o Antón de Azate obtuvieron datas de tierras en el menceyato de donde procedían. Estos guanches estimados en unos cien individuos, se mezclaron con unos grupos de canarios (naturales de Gran Canaria), hijos de los que acompañaron a Lugo en la conquista y que fueron desterrados de su tierra, con gomeros que estaban en el valle como pastores (no olvidemos que hasta bien entrado el siglo XVI el valle fue una dehesa del Cabildo), castellanos, gallegos y andaluces, un numeroso grupo de portugueses que vinieron para ocuparse de labores relacionadas con la industria azucarera y, en menor grado, esclavos moriscos y negros, que trajeron para trabajar en el ingenio y sucesivamente se fueron ahorrando.

 

En la tazmía de 1.531 decía el Cabildo que en el valle había 167 personas y en la de 1.522, en Candelaria había 148 personas. En esos momentos Candelaria era el único núcleo poblacional del valle que tenía cura beneficiado, alcalde y alguacil. Serán los barrios los que van aumentando progresivamente la población y los que presentaron un mayor desarrollo demográfico durante los siglos siguientes.

 

EVOLUCIÓN DE LA POBLACIÓN.

 

Los períodos de hambrunas, las levas forzosas y la emigración, mantienen la demografía durante los siglos siguientes con un crecimiento lento y limitado. Nos vale el ejemplo de los últimos cien años para ilustrar el crecimiento poblacional del municipio.

 

Se contrasta que, desde el año 1.860, con 2.342 habitantes se llegó hasta el año de 1.960 con 4.775 habitantes, cantidad de vecinos que se ha triplicado en los últimos quince años, siendo el número de pobladores del municipio en 1.996 de 12.658 habitantes.

 

 

ECONOMÍA.

 

La actividad económica del municipio siempre se ha basado en la ganadería y la agricultura, contra la opinión común que se piensa que Candelaria es un pueblo de pescadores, la pesca en la economía local ya no tiene la importancia que tuvo en las décadas anteriores y hoy apenas tiene significado en la economía municipal, sólo quedan algunos pescadores dedicados al suministro de los restaurantes de la zona y al autoconsumo. El desarrollo agrícola y ganadero, limitado a los barrios altos, Igueste, Barranco Hondo, Araya, Cuevecitas y Malpaís, siempre se ha visto favorecido por la abundancia de aguas subterráneas, alumbradas por medio de pozos o galerías.

 

 

BARRIOS

 

 

Los otros municipios del valle agrupan su núcleo poblacional entorno a un casco. Por el contrario, Candelaria cuenta con varias entidades tan significativas como el centro, por su población y recursos.

 

 

Candelaria casco urbano y Punta Larga.

 

Esta zona del municipio ha quedado marcada por varias características que justifican su nacimiento y desarrollo posterior: La zona costera y las funciones administrativas y religiosa. El eje principal es la Basílica de la Virgen de Candelaria, adosada al convento de los dominicos con una extensa plaza y un conjunto monumental en bronce que representan a los reyes guanches que gobernaron la isla; por un costado frente al mar, la cueva de San Blas, también conocida con el nombre guanche de Achbinicó, lugar que acogió la imagen de la Virgen por un tiempo y que sirvió como primera parroquia del valle. En la parte alta, emplazado sobre un acantilado costero, está el barrio de Santa Ana, situado junto a la iglesia de su nombre, constituye el núcleo inicial de población, con construcciones muy antiguas formando un conjunto pintoresco, destacando el edificio del Ayuntamiento, antigua hospedería del Cabildo; frente se encuentra el barrio de la Magdalena, el cual toma su nombre de una ermita hoy desaparecida, que en el primer tercio del siglo XVI mandó construir allí el segundo Adelantado Don Pedro Fernández de Lugo; desde estos barrios hasta la autopista hay numerosas viviendas sociales y de autoconstrucción.

 

La arteria principal que une este barrio es la Avenida Deán Pérez Cáceres, antigua calle de La Arena, donde se concentran los comercios, restaurantes y entidades bancarias. A continuación otro barrio muy antiguo, el de la Hoya o el Pozo, tras la playa del Chinchorro y el muelle pesquero, uniéndose al Club Náutico y a un grupo muy numeroso de bloques de apartamentos y pisos de moderna construcción que es el nuevo y gran barrio de Candelaria, hablamos de Punta Larga. Mientras que hasta el momento hablamos del pasado ahora entramos de lleno en el presente y el futuro, este barrio concentra tanta población como el resto del municipio junto, los grupos de nuevas viviendas van a un ritmo creciente. Esta zona está unida a otro de los barrios, Las Caletillas, por dos amplias avenidas.

 

La dedicación de los habitantes de esta zona del municipio es el comercio, los servicios, una mínima actividad pesquera y la industria en la zona de este municipio que cubre parte de un polígono industrial adyacente.

 

La Viuda.

 

Barrio que es compartido en parte por el municipio de Arafo. Actualmente cuenta ya con una vía de enlace con el casco antiguo.

 

El Ramonal.

 

Zona o barrio intermedio entre Punta Larga y Las Caletillas.

 

 

Barranco Hondo.

 

Es el único barrio del municipio que se encuentra fuera del valle de Güimar. La topografía y la pendiente condicionaron su emplazamiento a lo largo del ramal que enlaza con la carretera general del sur (C-822), en las laderas del barranco que le da nombre. La agricultura es la principal actividad del lugar, aunque en la actualidad está comenzando a ser un lugar residencial de personas que trabajan en Santa Cruz, aunque en mucho menor número que en la zona de Punta Larga.

 

 

Igueste de Candelaria

 

En tiempos anteriores a la conquista fue la zona reservada para el ganado que los guanches regalaban a la Virgen. Llegó a ser el barrio más importante del municipio por su población y riqueza agrícola. Las viviendas se agrupan a lo largo del antiguo camino que comunicaba MUNICIPIO DE LA LAGUNA con el valle de Güimar. En la parte más alta hay caseríos como Pasacola y La Jiménez, con casas de techumbre de tejas y huerto adosado, con una personalidad muy acentuada.

 

Las Caletillas

 

Está situado al pie de la ladera de La Tablas y es el barrio turístico de Candelaria. Tiene numerosos bloques de apartamentos y el Hotel Punta del Rey, piscina, algunas playas y caletones. Su desarrollo se ha visto frenado por la proximidad de la Central Eléctrica que allí se encuentra.

 

 

Araya, Malpaís y Cuevecitas.

 

 

Son los barrios altos de Candelaria. Están situados al lado de los montes del municipio, presentando un poblamiento disperso a lo largo de los caminos que ascienden a la cumbre. Son en estos lugares del municipio donde se conservan topónimos guanches: Achacoy, Chacorche, Chigerno, Chicor, etc… tradicionalmente se han dedicado a la agricultura, colmenas, granjas y ganadería, presentando en los últimos años un notable desarrollo en la mejora de las comunicaciones.

 

 

FIESTAS PRINCIPALES.

 

 

El dos de febrero y el quince de Agosto se celebran las dos fiestas de la Virgen de Candelaria. La de febrero es una continuación de la que tributaron los conquistadores en 1.496. Desde el principio esta fiesta era costeada por el Concejo de la isla y representaba a los reyes que tenían el patronazgo real.

 

La del quince de Agosto se llamaba de los naturales, porque se costeaba con las limosnas del pueblo y, según consigna Núñez de la Peña, durante la fiesta se alimentaban con el ganado que cedían a la Virgen y que se guardaba en Igueste para esta ocasiones. Seguramente de ahí procede la tradición de la ceremonia guanche, donde un grupo de jóvenes acude, vestido con pieles, simulando la tradicional aparición de la imagen, dando saltos y silbidos. Estos portan las andas de la Virgen, según el derecho que siempre tuvieron y que, en algunas ocasiones, tuvieron que defenderlo en los tribunales.

 

En julio se celebra Santa Ana, siendo realmente la fiesta local de Candelaria. Cuenta con numerosos actos religiosos y populares.

 

Los barrios también tienen fiestas, como la de San Juan, en Araya, en el mes de junio. En Igueste, la festividad de la Santísima Trinidad por agosto. En Barranco Hondo, la festividad de San José. En las Cuevecitas, San Andrés y Santa Rosa y en el Malpaís celebran también San Andrés.

 

 

PERSONAJES

 

Juan Antonio Díaz Rodríguez (1.815-1.889)

 

Nació en Barranco Hondo. Tuvo una importante dedicación a la vida municipal (fue alcalde en cuatro ocasiones), a la agricultura y a una empresa de transportes muy conocida en la época. Esta Línea cubría el trayecto desde Santa Cruz de Tenerife, de donde partía a las tres de la tarde, hasta Güimar, recorriendo los pueblos del Rosario, Candelaria y Arafo, invirtiendo un tiempo de cinco horas con una parada en Barranco Hondo para mudar el tiro. De Güimar la salida era a las cinco de la mañana. Ocupó la alcaldía de Candelaria en los períodos 1.857-1.858, 1.863-1.867, 1.869-1.872 y 1.874-75.

Fue mayordomo de la Virgen de Candelaria, realizándose bajo su administración numerosas obras de mejora en la iglesia. Falleció a los 74 años en Barranco Hondo.

 

 

Gaspar Fernández Bignoni

 

Nació en Santa Cruz y después de numerosos viajes impuestos por su profesión se asentó en Araya. Inició la carrera militar como cadete en el regimiento de Infantería de Canarias. En esta situación se encontraba en julio de 1.797, cuando participó en la defensa de Santa Cruz frente al ataque de Nelson.

En esta lucha perdió a un hermano. En 1.809 participó con su batallón en las luchas de la Guerra de Independencia, donde alcanzó el empleo de capitán. Durante la guerra enfermó siendo retirado del servicio y autorizado en 1.812 a regresar a las islas para reponerse. Se instaló en Araya donde vivió hasta su fallecimiento, a los 84 años. Actuó como comisionado del gobierno para hacer inventario de los bienes desamortizados del Convento de Candelaria.

 

 

Antón Albertos ( ¿ - 1.555)

 

Hijo del mercader florentino Juan Albertos Guiraldin, fue uno de los primeros alcaldes de Candelaria. Era propietario de numerosos rebaños de cabras y agricultor con importantes cantidades de tierras en Araya, Chacaica y Los Melozares. Casó en 1.544 con Francisca Pérez. Tuvieron por hijos a Juan Albertos, Francisco, Anastasia, Luisa y María. Murió en 1.555 de una lanzada propinada por el guanche Alonso González.

 

 

ESCUDO MUNICIPAL

 

 


Escudo de la Villa de Candelaria





El municipio de Candelaria se asienta en lo que antes de la conquista de Tenerife eran tierras del menceyato de Güimar. Los dominios de este mencey estaban delimitados por el barranco de Herques, al sur lindando con el menceyato de Abona y por el Barranco de Santos al norte, donde comenzaba el menceyato de Anaga. Aunque los límites quedaban un poco difusos, porque entre los distintos reinos habían tierras de nadie, usadas como zonas de pastoreo común. El nombre del municipio viene de la advocación de la Virgen de la Candela. En los barrios se conservan numerosos topónimos guanches: Araya, Igueste, Chacorche, Chigerno, etc … En el blasón municipal se recoge la tradición histórica de Candelaria. Con el fondo de un auchón (cueva) guanche está la Virgen, adorad por dos pastores cubiertos con pieles, en la parte inferior un castillo almenado en un campo de gules rodeado de una empalizada, representa el castillo de San Pedro que estuvo situado ante la ermita frente al mar rodeado de una cerca defensiva y que fue destruido en el ya citado aluvión de 1.826. Bajo el castillo dos peces de plata en el océano. Significa la tradición marinera de Candelaria. Todo el conjunto rodeado por una orla de plata, y en ellas cuatro tallas de cerámica que quiere fijar la antigua tradición alfarera del municipio, hoy prácticamente desaparecida. La corona quiere recordar a la de los Reyes católicos que por la conquista incorporaron estas tierras a las suyas.

 

 





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