HISTORIA AMPLIADA


DEL MUNICIPIO DE CANDELARIA


DE LA ISLA DE TENERIFE

ARCHIPIÉLAGO CANARIO

Una luz que nos marca el camino



Siete luces en el Atlántico, como siete estrellas en el cielo.





CANDELARIA

 

MUCHO MÁS SOBRE LA HISTORIA DE

CANDELARIA.



Municipio enclavado en la vertiente meridional de Tenerife. Ocupa una extensión superficial de 49,5 km2. La cordillera dorsal y la costa constituyen sus límites occidental y oriental; al Norte el Barranco Hondo le separa del municipio de El Rosario, mientras que al Sur linda con Arafo en los Barrancos Fuerte y de Tapia. La mayor parte de la superficie municipal presenta una acentuada complejidad topográfica; sólo en el sector meridional y en las proximidades de la costa aparecen espacios relativamente llanos, donde se sitúan las entidades de población más importantes. La Ladera de Chafa, confín septentrional del Valle de Güimar, constituye el elemento del relieve más destacado; presenta el aspecto de un enorme paredón que se inicia en la Morra de Isarda, a unos 1.700 m de altitud, y finaliza formando un acantilado - Los Órganos - a escasa distancia de la costa. En los límites con el municipio de Arafo se encuentra el Malpaís originado por la Media Montaña (1.228 metros), con varios kilómetros de recorrido a favor de la pendiente. Muy cerca de éste, destacando por su aspecto blanquecino, existen acumulaciones de pumitas de cierta importancia; reciben el nombre de «toscas» y de ahí el topónimo «Toscas de la Viuda» con que se conoce el sector. Al pie de la Ladera de Chala se localizan importantes depósitos de aluviones procedentes de los Barrancos de Araca, El Fuerte y Chacorche, que son intensamente explotados en la actualidad. El litoral de Candelaria es variado; el sector septentrional, entre la Montaña Bermeja (175 m) y Las Tablas, forma un acantilado de un centenar de metros; en el resto predominan las playas, algunas de fina arena negra.

 

Las formaciones vegetales se encuentran muy deterioradas por la acción humana. No obstante, Candelaria cuenta con una importante masa de pinares - casi un tercio de la superficie municipal -, en la actualidad bajo protección como parque natural. Como el resto de los municipios del Valle de Güimar, posee notables caudales de aguas subterráneas, que se extraen mediante galerías y se envían a otras zonas de la isla, tanto para riego (canales de Ataca - Portezuelo, Río - Portezuelo) como para consumo urbano (Canal de Araya).

 

La proximidad al área urbana Santa Cruz de Tenerife - MUNICIPIO DE LA LAGUNA, especialmente tras la puesta en funcionamiento de la autovía del Sur a comienzos de la década de 1970, ha propiciado que el municipio de Candelaria registre en los últimos años las transformaciones más intensas en el ámbito del SE insular. La estructura socioeconómica se ha visto sensiblemente modificada; la actividad agraria ocupa cada vez más un papel marginal, orientándose hacia el abastecimiento de las áreas urbanas próximas. La superficie cultivada ascendía a 288 ha en 1989 (un 27% menos que en 1982), repartidas entre 740 explotaciones, mayoritariamente en régimen de propiedad. La agricultura a tiempo parcial no logra frenar el retroceso de esta actividad, pues únicamente el 7 por ciento de los activos se encuadran en el sector primario.

 

 

Mayor relevancia registra el subsector industrial por el número de activos (14,2%), debido en parte a la instalación en el término municipal del Polígono, que constituye actualmente la mayor concentración industrial de la isla. El sector terciario es el que registra un papel dominante, acogiendo al 66 por ciento de la población activa. Este fenómeno puede explicarse no sólo por el carácter de ciudad dormitorio que están adquiriendo algunos núcleos del término en relación a la capital de la isla, sino también por la expansión urbana y comercial registrada en el sector Candelaria - Caletillas. Paralelamente se ha producido a finales de la década de 1980 la reanudación de la actividad turística, contando en la actualidad el municipio con alrededor de un millar de plazas hoteleras.

 

La influencia cada vez más marcada del área Santa Cruz - MUNICIPIO DE LA LAGUNA explica la evolución reciente de la población, que se ha duplicado en los últimos años: 4.795 habitantes en 1960 y 12.392 en 1996, alcanzando una densidad de 248 habitantes por kilómetro cuadrado. El área costera ha ido perdiendo el carácter de segunda residencia y acogiendo a un contingente cada vez mayor de población foránea, atraída por la benignidad del clima y la accesibilidad que proporciona la autopista: en 1991 sólo el 41,9 por ciento la población había nacido en el municipio. Según datos de 1.991, tendríamos el siguiente raparto poblacional :Los núcleos de Candelaria (casco), (incluyendo Punta Larga, su zona más poblada) (4.669 habitantes) y Las Caletillas (1.022 habitantes) absorben la mayor parte de este crecimiento; sin embargo, también se han revitalizado otras entidades del término: Barranco Hondo (1.591 habitantes), Igueste (1.617 habitantes) y Araya (948 habitantes).

 

 

Historia.

 

El actual término municipal de Candelaria formaba parte del menceyato de Güimar, creado a raíz del proceso de desintegración política de la primitiva unidad territorial indígena. Debió tratarse, además, de una de las zonas más pobladas del menceyato, a juzgar por los hallazgos arqueológicos encontrados. Entre ellos, dos majadas pastoriles en el término de Igueste, situadas en los costados E y 0 de la Cuesta de las Tablas, que proporcionaron abundantes fragmentos cerámicas y lapas.

 

También se excavaron cuevas de habitación en el Cueva de la Arena, Barranco. De la Hormiga y en El Telar. En la cueva sepulcral de la Cuesta de las Tablas, sobre el Camino Viejo, se descubrieron ocho cráneos y fragmentos de otros dos, un punzón de hueso y gran cantidad de semillas de leña blanca. Asimismo están documentados los hallazgos de cuevas sepulcrales en otras zonas del municipio. Una de las zonas arqueológicas más interesantes corresponde a la cueva de San Blas y a la inmediata de los Camellos, que han sido excavadas en varias ocasiones, comprobándose que constituyeron importantes asentamientos aborígenes. No obstante, lo que otorga entidad propia a Candelaria en la historia de Canarias es que en sus playas se inició el proceso de aculturación pacífico, es decir, realizado mediante la evangelización. Hacia 1450 apareció en la playa de Chimisay (hoy en el término municipal de Güimar) la imagen de la Virgen de la Candelaria. Tras permanecer algún tiempo en la Cueva de Chinguaro, donde tenía su residencia el mencey Acaymo, fue trasladada a la Cueva de Achbinico - denominada luego de San Blas - por consejo del indígena Antón Guanche, natural del mismo Valle, que había sido secuestrado y cristianizado en Lanzarote. Éste, junto a los ancianos que los menceyes le dieron por compañeros para la guarda y custodia de la imagen, fueron los primeros habitantes de lo que hoy es la Villa de Candelaria. Desde entonces Chaxiraxi, como la bautizaron los guanches del Bando de Goymar, fue venerada por éstos al creer que se trataba de algo sobrenatural; tal es así que le ofrecieron cabezas de ganado, llegando a tener por este concepto un rebaño de 600 cabras, que pastaban en el Valle de Igueste, destinado al efecto por el mencey. Hacia 1458 se fundó en este lugar un eremitorio de misioneros franciscanos, que contó con tres religiosos, entre los que destacó fray Alfonso de Bolaños, el "Apóstol de Tenerife", a quien acompañaban Macedo Diego Belmanua, quienes convivieron con los guanches, predicaron en su lengua y bautizaron a muchos de ellos. No obstante contar con tan fieles guardianes, en 1464 Sancho de Herrera robó la imagen de la Virgen y la llevó a Fuerteventura, devolviéndola poco después. Acabada la conquista insular, el 2 de febrero de 1497 celebró el Adelantado Alonso Fernández de Lugo la primera fiesta de la Purificación o de las Candelas en la Cueva de Achbinico. El cuidado de la Virgen quedó a cargo del capellán francés Pedro Roberto Sablé, conocido por Pedro de París. Desde entonces comenzaron a ser frecuentes las visitas al primitivo santuario, por lo que hacia 1499 en los acuerdos del Cabildo de Tenerife ya se hablaba del «Camino de Señora Candelaria», en 1501 del «Camino de Santa María de Candelaria» y en 1509 del «camino real que va para Nuestra Señora de la Candelaria»; éste era el comienzo de la única vía terrestre que unía los pueblos del Sur. El 2 de febrero de 1526 la Santa Imagen abandonó la cueva, al ser instalada en la nueva ermita mandada a construir por el segundo Adelantado, Pedro Fernández de Lugo; a partir de entonces, la famosa cueva fue conocida con el nombre de San Blas, pues en ella se colocó la imagen de este santo. El 17 de agosto de 1530 se hicieron cargo del santuario los religiosos dominicos, en cumplimiento del auto del obispo Luis Cabeza de Vaca, y en 1534 construyeron su primer convento. Simultáneamente, en 1533 se creó el medio Beneficio de Güimar y Candelaria, que sería cubierto por elección del Cabildo y confirmación del Rey, por ser la Diócesis Canariense de Regio Patronato. No obstante, el cuidado de la Virgen originó fuertes desavenencias y choques entre el clero regular y el secular, que se resolvieron definitivamente por bula del papa Paulo III de 11-III-1542, al concederse a los frailes a perpetuidad, la imagen y el santuario de Nuestra Señora de Candelaria, que en el citado año 1559 había sido declarada Patrona de Canarias por el papa Clemente VIII. En 1543 se instaló la parroquia del Valle en la Cueva de San Blas, que a tal fin habían ofrecido los dominicos. En 1575 se fabricó por los vecinos la iglesia de Santa Ana, pasando a ésta la parroquia. También existieron en Candelaria desde comienzos de este siglo XVI otras dos ermitas, la de Santiago y la de la Magdalena, desaparecidas en el siglo XIX, y de las que también cuidaban los religiosos. En 1576 se hicieron obras de aumento en las ermitas de Santiago y San Blas, así como en el santuario de la Virgen. En 1587 se entabló el primer «Pleito de los naturales», formulado ante la Real Audiencia de Canarias contra el Cabildo del municipio de Tenerife por los descendientes de los guanches, que fue resuelto a favor de éstos en el sentido de ampararlos en la posesión que tenían de sacar a la Virgen sobre sus hombros siempre que saliese en procesión. Este pleito se volvió a repetir en 1601 y esta vez contra los frailes del convento, obteniendo los descendientes de los indígenas igual resolución a su favor.

 

Durante todo el siglo XVI, y hasta 1668, duró la incertidumbre en torno a la estabilidad del Santuario y de la Virgen, pues se intentó trasladar ambos a otros lugares en repetidas ocasiones; las razones alegadas eran, además de la aridez de la comarca, su aislamiento y soledad, expuesta por ello a un golpe de mano de los piratas, y las malas comunicaciones con MUNICIPIO DE LA LAGUNA, por entonces capital de la isla, que fue la más empeñada en trasladar la Virgen a su jurisdicción. Además, de las veintinueve salidas de la imagen fuera de Candelaria, efectuadas entre 1562 y 1771, la mayor parte de ellas se dirigieron siempre a esta ciudad, con motivo de rogativas contra la sequía, plagas de langosta, amenazas de invasiones y diversas epidemias.

Al calor del santuario creció el pueblo de Candelaria, por entonces el más poblado del Valle y habitado en un principio, casi exclusivamente, por naturales de Tenerife. En la tazmía de 1552 ya era el pueblo más importante del Valle, con veintiséis casas y 148 personas, mientras que Güimar y Arafo juntos sólo sumaban quince casas y 75 personas. En 1587, Candelaria contaba con una pila o Beneficio con 60 vecinos, en los que se incluían también los establecidos en Arafo, Güimar y Fasnia. Según el cronista fray Alonso de Espinosa (1594), en Candelaria y Güimar «habitan los naturales Guanches que han quedado, que son pocos porque ya están mezclados; y habitan allí por respeto de la Santa Imagen de Candelaria».

 

En 1631, el Cabildo del municipio - isla construyó una casa de apeo para el alojamiento de los regidores y beneficiados de MUNICIPIO DE LA LAGUNA que concurrían a las solemnes fiestas del 2 de febrero, donde actualmente se ubica el Ayuntamiento; igualmente, las principales familias de la isla también fabricaron sus casas en la calle de San Blas, algunas de hasta dos pisos. Y frente a estas mansiones, a la orilla del mar se levantaron pequeños albergues u hospederías para los peregrinos, propiedad del convento. Con motivo del traslado de la parroquia comarcal a la iglesia de San Pedro de Güimar, en 1630, esta localidad pasó a ser la capital del municipio; no obstante, las protestas de los vecinos de Candelaria lograron la creación, en 1639, de una ayuda de parroquia en Santa Ana, dependiente de la de Güimar y con jurisdicción sobre Arafo, en la que además de celebrar misa se podían administrar los distintos Sacramentos. Cuando se puso fin a los proyectos de traslación del Santuario a otros lugares, comenzó la definitiva formación y adelanto del pueblo de Candelaria.

A lo largo del siglo XVII, el concurso y devoción a la Virgen aumentó de manera considerable, siendo venerada por los navegantes y vecinos de todas las Islas e incluso conocida en la Península y en América. En colonias. 1669 el obispo Bartolomé García Ximénez decidió levantar a sus expensas un nuevo templo sobre la antigua ermita, que constituyó la primera Basílica de Nuestra Señora de Candelaria, terminada en 1672, en cuya festividad se trasladó a ella la Virgen. Con el fin de impedir su saqueo, que siempre había sido una preocupación de los Capitanes generales y Cabildo de la isla, el general Barona mandó construir un fortín en 1687. Años más tarde, en 1697, el capitán general Pedro de Ponte, conde de El Palmar, ordenó la construcción del Castillo de San Pedro, con planos del ingeniero Miguel Tiburcio Rossell de Lugo, que tenía planta cuadrada, era capaz para tres cañones y casi tocaba el lado E de la basílica. A lo largo de este siglo, el santuario llegó a atesorar una riqueza en orfebrería verdaderamente considerable, en la que destacaba el número y valor intrínseco de las piezas americanas, donadas por canarios que desempeñaban responsabilidades de relieve, tanto religiosas como civiles, en aquellas colonias. En 1720 el convento fue reedificado y en1737 su comunidad estaba constituida por treinta religiosos; tenía una celda para alojar a los Obispos en sus visitas y en 1753 se construyó un cuarto para instalar su importante biblioteca. En este último año el Cabildo reconstruyó la casa de apeo y en 1755 se fabricó la muralla del barranco inmediato a dicha casa, para seguridad de la misma, del convento. En 1769 fue reedificada y ampliada la iglesia de Santa Ana, conservando desde entonces su aspecto actual. En la segunda mitad de este siglo, los vecinos de Igueste construyeron con sus aportaciones personales una ermita que dedicaron a la Santísima Trinidad, la cual pasó a depender de la parroquia de Santa Ana de Candelaria. A partir de 1774 fueron frecuentes las obras de reparación del camino de Candelaria.

 

En la noche del 15 de febrero de 1789 se incendiaron el convento y la basílica; la imagen de la Virgen, que se había logrado salvar milagrosamente, pasó de nuevo a la Cueva de San Blas, mientras comenzaban las obras de reconstrucción. Al año siguiente se comenzó a fabricar la capilla provisional, según planos del prior de los dominicos fray Andrés Carrillo, colocándose en ella la devota imagen el 1 de febrero de 1803. Simultáneamente, el 1 de marzo de 1797 se puso la primera piedra del convento, también con planos del mencionado prior, y se finalizó años después. Por auto del obispo Tavira y Almazán, dado en 1795, la iglesia de Santa Ana fue declarada parroquia independiente, desmembrada de Güimar; pero por otro auto se separaba de su feligresía el término de Arafo, que también se erigió en parroquia independiente.

 

En lo civil Candelaria compartió alcalde ordinario con Arafo, Güimar y Fasnia desde comienzos del siglo XVI hasta 1.722; a partir de ese año y hasta mediados de esta centuria, lo hizo con Arafo y Güimar; y desde entonces hasta 1798 sólo con Arafo; en esta última fecha la jurisdicción de su alcalde pedáneo, elegido por el vecindario, se restringió a la que constituye su actual municipio. Tenía alhóndiga y pósito, que sirvió inicialmente como reserva de granos para solventar los problemas surgidos en los años de escasez; pero a finales del siglo XVIII ya había perdido ese carácter y se había convertido en una sociedad de crédito agrícola, que en 1802 disponía de 1.000 pesos de capital, en beneficio siempre de prestaciones al agricultor de escasos recursos para que comprase semillas, con un interés del 4 y medio por ciento; incluso en1.795 se mandaron por orden del corregidor 700 pesos de depósito a la ciudad de MUNICIPIO DE LA LAGUNA, que tardaron en reintegrarse. En 1.777 la fábrica parroquias compró una casa para que sirviese de cárcel pública y cobrar por ella los derechos carcelarios. Y en 1.782 el ingeniero militar Andrés Amat de Tortosa presentó a la Real Sociedad Económica de Amigos del País una Memoria sobre el lugar, en la que proponía los medios para que el vecindario tuviese agua con ventajas para la agricultura, proyectó una asociación provechosa y poco difícil para la pesca, y discurrió mejoras para la fábrica de loza.

 

Según las Constituciones Sinodales del obispo Pedro Manuel Dávila y Cárdenas (1.737), la población de Candelaria se elevaba a 274 vecinos (familias), repartidos en los siguientes núcleos: casco municipal (89), Arafo (88), Araya (45), «Gueste» (28) y Barranco Hondo (24). En 1.746 contaba con340 familias y 1.485 personas. En 1769 se componía de 1.895 habitantes - incluyendo los de Arafo -, entre los que figuraban 26 religiosos y dos sirvientes en el convento dominico. En un padrón vecinal que se conserva en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de MUNICIPIO DE LA LAGUNA, fechado en 1.779, consta que la población de este término había ascendido a 373 familias, agrupadas en ocho núcleos de población: Arafo (126), Candelaria (91), Igueste (71), Barranco Hondo (44), Araya (23), Cuevecitas (13) y Malpaís (5). En el Censo de Floridablanca de 1787, la población de Candelaria había ascendido a 2.155 personas; de ellas, 23 vivían en el convento (trece profesos, un novicio y ocho legos). En un informe de 1.790 Candelaria era considerado un pueblo pobre, con 367 vecinos, y no tenía ni había tenido nunca maestro de escuela con dotación. No obstante, en el convento de dominicos «se da escuela por caridad»; además, algunas maestras privadas enseñaban a los niños y niñas; en dicho informe se afirmaba que este convento era el más pudiente de la provincia y que se le debía estimular para que diese escuela formal. La educación impartida en ese convento hizo que los marinos de este pueblo fuesen de los más instruidos de su época; además, también sirvió de despensa y botica, pues por su aislamiento estaba siempre provisto de los medicamentos de más sencilla aplicación. Agricultura y pesca eran las principales actividades de los candelarieros. Hacia 1802 no había propietarios de bienes libres, porque todas las tierras estaban muy sobrecargadas de tributos, quedando los agricultores en bastante pobreza. También se fabricaban piedras para filtrar el agua; a su vez la mayoría de las mujeres (120) se dedicaban a la alfarería de uso doméstico, cuya producción exportaban, no sólo al Archipiélago, sino incluso a América, pues llegó a ser muy apreciada; el barro lo traían de Arafo y el almagre de La Esperanza. Además, las mujeres tejían lienzo, cintas de hilo, tela de tocas, paños ordinarios y estameñas para el consumo familiar, de tal modo que en 1802 existían 230 telares; tanto los hombres como las mujeres hacían medias de lana y calcetas para su uso. Existían asimismo seis tejares y un horno de cal. Más de las dos terceras partes del pueblo y, sobre todo, de sus pagos trabajaban en las labores agrícolas. El primer producto agrícola de Candelaria era el vino, con 500 pipas y un importe total de 187.500 reales de vellón, que en su mayor parte se consumía en el pueblo, exportándose algo a Santa Cruz y a MUNICIPIO DE LA LAGUNA; le seguían las papas, trigo, higos y cebada; se dedicaban al cultivo 4.700 fanegadas; 900 arrobas de leña gruesa consumían las cinco alquitaras de la localidad, que elaboraban aguardiente con destino a América. El ganado más abundante era el cabrío (600 cabezas), seguido del lanar (230) y de cerda (157). Los montes no estaban en muy buen estado, debido a las talas forzosas que se hacían para la construcción de casas en Santa Cruz y otras localidades de la isla, sin haberse seguido repoblando para compensarlas.

 

En 1.802 aún no se había establecido la escuela de niños por falta de fondos y los religiosos continuaban enseñando a leer y a escribir a los hijos de los vecinos; no obstante, existía una escuela de niñas, en la que una maestra enseñaba a leer y hacer medias.

 

El 22 de septiembre de 1.803 se puso la primera piedra de la segunda basílica para la Patrona del Archipiélago, construida sobre la anterior con planos del arquitecto Manuel Martínez Rodríguez. Pero las obras de este templo de tres naves quedaron paralizadas en 1.817, cuando ya estaban levantadas las paredes y columnas. El convento permaneció extinguido desde el mes de junio de 1821 hasta el de enero de 1824, en que se reabrió. El 8 de noviembre de 1826, un aluvión derribó parte de la iglesia y convento, varias casas y ahogó a una familia; pero, sobre todo, este célebre temporal provocó la desaparición de la primitiva imagen de la Virgen, que fue arrastrada por las aguas. Tras intentar reemplazarla infructuosamente por su copia de Adeje o por la Virgen del Socorro de Güimar, al año siguiente los frailes encargaron una nueva imagen al escultor Fernando Estévez del Sacramento, que fue bendecida en 1.830 y se venera en la actualidad. El 16 de febrero de 1.828, y en medio de una gran epidemia de viruelas, comenzó a enterrarse provisionalmente en el cementerio, que en 1.837 ya se habilitó oficialmente en las ruinas de la inacabada segunda basílica, pues hasta entonces se hacía en la Cueva de San Blas y en el convento. En 1.836, la desamortización de Mendizábal obligó a los dominicos a dejar el convento y pasar a la Península; con este motivo el tesoro de plata fue incautado por el Estado (unos 206 kilos), mientras que las custodias manuales fueron repartidas entre las parroquias de la isla y gran parte de las propiedades pasaron luego, por subasta, a manos de particulares. Desde entonces, y durante casi un siglo, se hizo cargo del santuario, al igual que de la parroquia, el clero secular. Por bula de 12-XII-1.867, el papa Pío XI confirmó el Patronazgo de la Virgen de Candelaria sobre el Archipiélago, y el 13 de octubre de 1889 se procedió a su Coronación y con una servidumbre; y el del «Valle de Canónica, practicada por el obispo Torrijos y Gómez, que constituyó todo un acontecimiento.

 

A lo largo del siglo XIX tuvo gran importancia el tráfico de cabotaje por el pequeño por orden del Gobierno político y estaban puerto del Pocillo en Candelaria, por donde, en dos expediciones semanales, se importaba carga general, en especial los productos imprescindibles para el consumo, mientras que se exportaba su producción agrícola (vino, cochinilla, papas), industrial (cerámica, piedras de destilar) y pesquera, tanto de su término como de los vecinos de Güimar y Arafo. Inicialmente, este tráfico lo realizaban barcos de vela, como los candrays «San Pedro», «Unión» y «Carmita», que actuaban hacia 1862; y luego vapores, como el «Guajara», que recorría las bandas del Sur de Tenerife hacia 1868. Tras la construcción de la carretera general del Sur, que llegó al pueblo hacia 1870, el puerto fue quedando en desuso, quedar limitado a las labores de pesca.

 

A mediados del siglo XIX los vecinos de Candelaria se ocupaban mayormente en pesca y en fabricar barcos para ella, mientras que las mujeres hacían loza de barro. En 1.805 el municipio de Candelaria tenía 1.568 habitantes. En 1.829 la población se elevaba a 1.504 habitantes. y en 1.835 a 1.509. Según el censo de 1.860, la población era de 2.368 personas; las profesiones y oficios, según el indicado censo, eran: 704 jornaleros del campo, 283 propietarios. En esa época el casco del municipio se componía de dos grupos de casas, uno situado en torno a la iglesia parroquias de Santa Ana, en lo alto del risco, y otro en la playa, entre el Pozo y la calle de La Arena, que terminaba hacia el Sur en una inmensa plaza de arena en forma de herradura, a cuyo extremo Se situaba el convento y santuario de la Virgen.

 

Los montes constituyeron antiguamente una importante fuente de riqueza para el municipio. Enclavados en esta jurisdicción, existían en 1865 cuatro montes públicos: el llamado «Haya», con 850 fanegas de extensión, dominado por pinos y con hayas- como especie subordinada, con cinco servidumbres de tránsito; el «Valle de Igueste», de 950 fanegas, con pinos y brezos como- especie subordinada, y dos servidumbres: el del «Valle de Chacorche», con 400 fanegas de superficie, también de pino y brezo, Ramón Chafa», de 500 fanegas, igualmente de pino y brezo, y con tres servidumbres; todos eran propiedad de los propios y del común de los vecinos, se deslindaron en 1.845 en buen estado, aunque los dos primeros necesitaban una limpia para que creciesen los pinos y fuesen maderables. Los vecinos se surtían de doce fuentes de agua dulce y 21 pozos de agua salobre; esta última era la que se bebía en el pueblo de Candelaria hasta comienzos del presente siglo. Los principales caminos de Candelaria eran el Real, también llamado de la Cuesta de las Tablas, que cruzaba todo el término municipal por la costa y lo comunicaba con los restantes pueblos de la isla; una parte las de su recorrido coincidió luego con la carretera general del Sur. Otro camino importante era el de Igueste, que luego seguía desde este pago, aunque más hasta estrecho, cruzaba por los pinares y subía hasta aproximarse al Cerro de Amarnia, para entrar en la cumbre, en la explanada la conocida por Las Lagunetas; de esta explanada salían dos ramales hacia diferentes localidades: MUNICIPIO DE LA LAGUNA, El Rosario, Tacoronte, La Matanza y La Victoria.

 

Salvo el casco, el municipio de Candelaria ha estado siempre volcado en la agricultura y en la ganadería. Según el Diccionario de P. Madoz (1.845-1.850), la producción de Candelaria consistía en trigo, cochinilla, vinos, patatas y frutas, más un poco de ganado y pesca. En orden a la educación, los frailes dominicos continuaban enseñando a leer y a escribir a los niños del pueblo, mientras que para las niñas existía una escuela desde finales del siglo XVIII. Tras la desamortización se crearon dos escuelas de primeras letras, una para cada sexo, que ya funcionaban en 1.845-50. A ellas se añadió en 1.864 la elemental del Pago de Igueste, creada por el Ayuntamiento al contar este núcleo con 900 almas, así como por la gran distancia que lo separaba de la cabecera municipal y los barrancos. intransitables que cruzaba el camino, que «en invierno imposibilita a los niños acudir a la escuela».

 

El 23 de diciembre de 1.918 se inauguró el cementerio actual de Candelaria. Pocos años después, el 9 de julio de 1.922, los dominicos regresaron a su convento con todos los derechos, durante el pontificado de Gabriel Llompart y Jaume, y se hicieron cargo nuevamente de la Virgen y su santuario. En 1.926 el obispo fray Albino González Menéndez - Reigada decidió reiniciar las obras de la basílica en el cerro de la Magdalena; al desecharse este lugar por problemas de cimentación, en 1.934 se les dio nuevo impulso, esta vez sobre las ruinas del anterior y en el lugar que ocupa actualmente. En 1.948, tras su toma de posesión el obispo güimarero Domingo Pérez Cáceres decidió terminar la basílica de la Virgen, con planos del arquitecto José Enrique Marrero Regalado; el 1 de febrero de 1.959 se llevó a cabo la solemne consagración e inauguración de la actual basílica. Por entonces se construyó por suscripción popular la fuente de los peregrinos, así como la plaza y el antiguo conjunto escultórico de los menceyes guanches, obra del artista Alfredo Reyes Darias. El 13 de agosto de 1.993 se colocaron las nuevas figuras de los menceyes, obra del escultor José Abad. A lo largo de este siglo, la Virgen ha salido de Candelaria en tres ocasiones: en 1.939 a Santa Cruz de Tenerife y MUNICIPIO DE LA LAGUNA, con motivo de las Fiestas de la Victoria; en 1.964 para dar la vuelta a la isla con la finalidad de recaudar fondos para el nuevo seminario; y en 1.994 de nuevo a la capital de la provincia, con motivo del V centenario de ésta, en la cual fue nombrada Alcaldesa Honoraria de Santa Cruz de Tenerife y recibió la Medalla de Oro de la isla, concedida por el Cabildo Insular. También en este último año fue nombrada Alcaldesa Honoraria y Perpetua de la Villa de Candelaria. Como dato significativo, debemos recordar que numerosas localidades de todos los países de Hispanoamérica llevan el nombre de Candelaria. Las ermitas de Igueste y Barranco Hondo fueron elevadas a la categoría de parroquia en 1.943. También existen templos en Las Caletillas y Las Cuevecitas, el primero en salón provisional bajo la advocación de la Magdalena y el segundo de San Andrés, ambos elevados a parroquias en 1967; así como en Araya, dedicado a San Juan Bautista y construido por iniciativa del presbítero de Igueste Simón Higueras, y en Malpaís, dedicado a San Antonio de Padua, los dos elevados a parroquia en 1983.

 

Según el Anuario de 1905, Candelaria producía cereales, cochinilla, papas, vino y frutas; no obstante, su principal industria continuaba siendo la alfarera y algunos de sus vecinos seguían dedicándose a la pesca. Su mayor desarrollo económico sólo se alcanzó en los años treinta del siglo XX, gracias al agua de sus primeras galerías "Araca" y "Chacorche". A estas se unieron luego otras galerías que dieron prosperidad al municipio. Gracias a estas aguas, una gran parte de su superficie costera se convirtió en una magnífica zona de tomates; también se cultivaron con profusión papas, plátanos, vid, trigo, árboles frutales.

 

Recientemente ha habido un cambio de rumbo en la economía de Candelaria, pues desde la década de 1.960 comenzó su despegue turístico, que va en incremento por todo su litoral. Se piensa construir una gran playa en la zona de Punta Larga y un puerto deportivo en el Club Náutico La Galera, que aspira a ser el mejor de Canarias. En la Playa de la Viuda ha surgido por el contrario un caserío de autoconstrucción, que constituye una forma de turismo popular, al margen de la normativa urbanística. En las medianías también se aprecia un incremento poblacional, con inmigrantes de mayor poder adquisitivo que buscan la tranquilidad, así como la bondad de su clima y paisaje, sin alejarse demasiado de la autopista ni de la capital.

 

La escuela de Igueste fue desdoblada por Orden Ministerial del 28-1-1.929, creándose la unitaria de niñas; con esa misma fecha se creó la unitaria de Barranco Hondo, cuyo primer maestro fue José Mendoza Álamo; el 18 de enero de 1930 se crearon las unitarias de Las Cuevecitas y Malpaís, y el 24 de noviembre de 1931 la unitaria de Araya. Además, durante la Segunda República existieron en Igueste dos sociedades: "Juventud Iguestera» y "Centro Cultural», un casino en Barranco Hondo y otro en Candelaria. La danza de cintas de Igueste ya existía a principios de siglo, compuesta exclusivamente por varones vestidos con su ropa de los domingos, con un sombrero negro adornado de prendas familiares. A finales de la década de 1940, Esteban Coello Pestano la reorganizó y condujo durante varios años, en los que participó en las principales fiestas del municipio, así como en las de otras localidades insulares; su composición pasó a ser mixta y su vestimenta el traje típico. En 1.971 la basílica contaba con un coro mixto, acompañado de instrumentos de cuerda y acordeón. La banda de música «Las Candelas» fue fundada en 1.975 bajo la dirección de Abilio Alonso Otazo, que continúa a su frente en la actualidad. En septiembre de 1.980 nació la agrupación folklórico «Chaxiraxi» (nombre guanche de la Virgen), que anualmente organiza las ofrendas florales a la Señora de Candelaria. En 1.984 surgió en la Asociación de Vecinos de Igueste la idea de promocionar la Música en el pueblo y en 1.985 se constituyó la «Asociación para la Nueva Banda», con el objetivo de dar cobertura legal al proyecto en marcha; en 1.988 comenzó sus actuaciones en público, bajo la dirección de Porfirio Torres Cruz, que continúa a su frente.

 

Como reconocimiento a sus méritos históricos, Candelaria ostenta el título de Villa desde el 8 de marzo de 1.957. Las principales fiestas religiosas de Candelaria son: el 2 de febrero, el día de la Virgen de Candelaria, solemnidad litúrgico de la Purificación; el 26 de julio, Santa Ana, Patrona de la localidad; el 14 y 15 de agosto, la Asunción de la Virgen, en que se conmemora la aparición a los guanches (con una antigua representación), y el Patronazgo sobre Canarias; y el 13 de octubre, aniversario de la Coronación Canónica de la Santa Imagen. Las de febrero y agosto concentran a decenas de miles de peregrinos en esta villa.

 

Arte.

 

Además de la Basílica de Nuestra Señora de la Virgen de Candelaria, el municipio conserva varios edificios singulares y obras de notable valor histórico - artístico. La ermita anexa a la Cueva de San Blas se encuentra en fase de excavación y necesitada de una profunda restauración. En la capilla del convento dominico se veneran tres imágenes de candelero atribuidas a José Rodríguez de la Oliva (Santo Domingo, Santa Catalina y San Pedro Mártir). También alberga una sala - museo de arte sacro.

 

El antiguo pozo de la Virgen, tras varias décadas de abandono, fue restaurado, reconstruyéndose su interior y los muros de cerramiento. La iglesia de Santa Anta fue levantada hacia 1.575 y en 1.755 se ejecutó su sencilla pero elegante fachada. Acoge, entre otras imágenes, la de Santa Ana enseñando a leer a la Virgen, obra de Miguel Bermejo (1.777); la de la Virgen del Carmen, atribuida al mismo escultor; un Nazareno del siglo XVII; y la de Santa Catalina de Sena, talla reciente de Ezequiel de León y Domínguez. En la orfebrería destaca un copón cordobés donado por el párroco Fernando de San José Fuentes. La ermita de la Santísima Trinidad de Igueste de Candelaria fue construida en la segunda mitad del siglo XVIII; entre 1.987 y 1.990 fue reparada y se levantó su torre. El actual edificio del Ayuntamiento fue construido en 1.631 como casa de apeo para los regidores y beneficiados de MUNICIPIO DE LA LAGUNA que concurrían a las fiestas del lugar; contiene hoy el museo de pintura «Dimas Coello», que recoge el legado donado por este pintor.

 

 



Basílica de Nuestra Señora La Virgen de Candelaria.



BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE LA VIRGEN DE CANDELARIA.

 

Patrona de Canarias y de tantos otros lugares de América, especialmente del área caribeña, mostrando con ello la profunda huella de la migración isleña, su Basílica se encuentra en la villa de Candelaria de Tenerife y su festividad constituye uno de los acontecimientos religiosos más importantes del Archipiélago. Aunque no existe una rigurosa constancia histórica acerca de los hechos que rodearon la aparición de la Virgen, relacionada sin duda alguna con el proceso de evangelización del territorio insular durante los siglos XIV y XV, la historiografia admite que en la Playa del Socorro apareció la primitiva imagen de la Virgen allá por el año 1.392, siendo venerada por los guanches en la Cueva de San Blas. Los conquistadores levantaron luego la primera ermita (1.526) y más tarde el primer templo (1.672), quedando el cuidado de la imagen y de la feligresía y culto a cargo de los dominicos, cuyo convento, situado al lado de la Basílica, data de finales del siglo XVIII. La construcción del actual templo duró casi un siglo; fue inaugurado el 2 de febrero de 1.959 y tuvo como principal impulsor en su etapa final al obispo Domingo Pérez Cáceres y como arquitecto a Enrique Marrero Regalado, que recibió este encargo en la década de 1.940, es decir, cuando las condiciones económicas no hacían presagiar que el templo mariano pudiera terminarse. Para ello se organizaron sistemáticamente colectas populares, participando también de manera decisiva el Cabildo de Tenerife. El templo se situaba en la costa próxima a la playa, dejando sobre el acantilado el primitivo convento dominico. Una construcción iniciada durante la década de 1920 sirvió de cimentación a esta gigantesca operación, que incluía la explanación de la plaza para los peregrinos. El templo se concibió a partir del prototipo de iglesia basilical columnaria, con transepto y cimborrio. En la cabecera, una escalera de doble acceso conduce al camarín de la imagen, situado en el lugar preferente del testero mayor. La capilla del lado de la Epístola, con su rico cerramiento de carpintería torneada inspirada en la tradición de la tejería española, está destinada al uso eucarístico. Todo el conjunto arquitectónico constituye la más importante aportación de Marrero a la cuestión del regionalismo, entendido como un lenguaje significativo desde el punto de vista ideológico. Es su testamento profesional ya que, obra póstuma, fue terminado e inaugurado tres años después de su muerte.

 

La Basílica está adornada y enriquecida por varios murales del pintor canario José Aguiar, alusivas a la presencia de la orden dominica en Canarias y al milagro de la aparición. La «Glorificación de la Virgen» se encuentra en el altar mayor. El mural de la capilla del Sagrario se titula «Apoteosis de la Eucaristía» y representa la última Cena de Jesús con sus Apóstoles. La imagen de la Virgen es, sin duda alguna, el tesoro más valioso de toda la Basílica. La imagen primitiva, es decir, la que encontraron los guanches en la Playa del Socorro, se la llevó al mar una tormenta de lluvia y viento en 1.826. La imagen actual es obra del escultor canario Fernando Estévez del Sacramento y fue bendecida en 1.830.

 

 

ANTON GUANCHE





Sucedió a mediados del siglo XV, en los meses de invierno, en las cercanías de Güimar y hacia el este del poblado. Un joven de 14 a 16 años, vestido con una zalea, atada a la cintura con rústico cordón de cuero, guarda tranquilamente su pequeño rebaño de cabras, a la orilla del mar. Paz absoluta a su alrededor; calma y serenidad en su vida.

 

De pronto ... aparecen cuatro hombres, vestidos de un modo extraño; se acercan al joven, le hablan un lenguaje que él no entiende, lo toman preso y se lo llevan.

 

Algunos escritores creen que «el muchacho estaba pescando en la boca del barranco». Puede ser, pero vayamos a lo que importa.

 

Este joven es Antón Guanche, nativo de la isla de Tenerife. Personaje que surge de improviso en nuestra historia y que va a tener, a partir de ahora, influencia decisiva en torno a la Virgen de la Candelaria.

 

Aseguran que es alto, fornido, musculoso, algo rubio; de pómulos salientes y gruesos labios; de grandes cejas y mirada inocente, con la nariz un poco hundida. Tiene inteligencia y buenas condiciones morales; con aspecto de calma y de bondad.

 

Quienes lo llevan cautivo son españoles, probablemente soldados o servidores de Hernán Peraza.

 

Desde hace tiempo pretenden los españoles establecidos en Lanzarote conquistar la isla de Tenerife, porque creen que es el paraíso de las siete Islas Afortunadas. Quieren conquistar Tenerife, pero no pueden.

 

Preparan un plan de estrategia: tomar cautivo a ese joven tinerfeño, llevarlo con ellos y conocer así el modo de ser, las costumbres y la idiosincrasia completa de los guanches.De hecho lo llevan a la isla de los Volcanes.

 

Durante varios años convive con la gente, adquiere cultura general, se ejercita como paje de Hernán Peraza y acude a las clases de religión que imparten los misioneros.

 

Cuando está preparado, recibe el sacramento del bautismo y le ponen el nombre cristiano de Antonio o Antón. Y como los nativos de Tenerife se llaman «guanches», de ahí que su nombre completo, para el futuro, haya sido ANTON GUANCHE.

 

Era costumbre por aquellos lugares y tiempos, que nativos hechos prisioneros, como Antón Guanche, una vez preparados y mentalizados fueran devueltos a su tierra de origen, para que sirvieran de embajadores en sentido político y de catequistas en sentido religioso.

 

Con tal fin, cierto día los españoles desembarcaron a Antón Guanche «en el mismo lugar donde lo habían capturado».

 

Dice un documento antiguo: «Como venía en traje castellano y los naturales le vieron, pensando ser de los que solían saltear fuéronse para él, con ánimo denodado». Querían asustarlo y apresarlo.

 

«Mas el mozo Antón, hablándoles en su lengua y dándoselas a conocer, los aplacó.»

 

Parece natural que Antón Guanche intentara lo primero de todo localizar a sus familiares, verlos y celebrar con ellos el gozo del retorno.

 

Después iría a la «Casa del Rey a dar razón de su venida». «El rey, que era Añaterve, hijo y sucesor de Acaymo, lo llevó adonde la Santa Imagen estaba. Cuando Antón la vio, hincó las rodillas en tierra, poniendo las manos hace señas para que todos hagan lo mismo; cosa que ellos hicieron sin poner resistencia.»

 

Pasados unos instantes se levantaron y Antón, puesto de pie en, medio, les explica que «la aparición es la Madre del Sustentador del cielo y de la tierra, la Reina del universo, la Protectora de los creyentes».

 

En guanche: Achmayex guayaxerax acharon achaman.

 

Además, los felicita «por la suerte que han tenido al encontrar aquel

 

 

Pocos días después, el Mencey Añaterve hace venir de nuevo a su presencia al joven Antón y le pide que le cuente más cosas sobre «La Extranjera» o, lo que es lo mismo, sobre la Imagen recién aparecida.

 

Antón aprovecha la oportunidad: conversa largo y tendido y en tono de amistad con el Mencey. Hasta se atreve a decir: «Puesto que la Imagen representa a la Madre del Sustentador, no es decente cosa que esté donde haya trato y tráfago de gente, porque no se le pierda el respeto. Conviene mucho buscar un lugar apropiado donde la pongan, que sea ella Señora de su casa, porque así lo acostumbran , que la saben venerar».

 

Añaterve queda dudoso y casi convencido. Da su permiso y visto bueno para que Antón, acompañado de dos guanches más, recorra las cercanías buscando ese lugar apropiado.

 

Con ímpetu de juventud y prudencia de hombre maduro se lanza Antón Guanche a realizar su importante cometido, ganar la confianza de sus paisanos, orientarlos hacia la fe de Cristo y encontrar un lugar digno para la Virgen.

 

Días y días de actividad incansable; lentas y largas conversaciones; ir y venir por todos los alrededores.

 

Corren rumores de que ya encontraron una cueva en condiciones.

 

Corren rumores de que llevarán la Extranjera para allá.

 

Corren rumores de que algunos se oponen. Rumores para todos los gustos...

 

Con el propósito de resolver la cuestión, el Mencey Añaterve cita a sus consejeros - que en guanche se dicen sigoñes - al Tagóror de Chinguaro para consulta.

 

Tranquilamente sentados dada cual en su sitio con orden y riguroso silencio, escuchan una vez más las enardecidas explicaciones de Antón Guanche.

 

¡Larga reunión aquélla!

 

Por fin convencidos, deciden por unanimidad que la Imagen sea trasladada con decoro y bajo la dirección y responsabilidad de Antón a la cueva de Achbinico.

 

Esta cueva se encuentra a una legua de distancia de Chinguaro, hacia el norte y a la orilla misma del mar.

 

Emprenden el viaje. Antón va el primero, señalando el camino. Antón se constituye en lo que es en realidad: guía que lleva la Imagen de la Virgen al lugar que será su primer templo cristiano; guía espiritual que conduce a su pueblo - en sublime e histórica misión - desde el paganismo hacia la fe de Cristo.

 

Y todo esto bajo la mirada protectora de la Virgen, que es para él y para sus gentes Madrina y Puerta de la fe. Con acierto exclamó el historiador:

 

«Privilegiadas y dichosas gentes que tal Madrina y Puerta para entrar a la fe tuvieron» (P. Espinosa).




Primera foto de la Virgen de Candelaria en Internet. (1995 )



HISTORIA DE LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

 

 

SE APARECIÓ A LOS GUANCHES

 

Fue en agosto de 1392.

 

«En un lugar desierto y muy seco, a la orilla del mar, junto a la playa de arena que tendrá media legua de largo, a la boca de un barranco.»

 

Una sencilla cruz de madera, sobre pedestal de mampostería, señala el lugar exacto donde se encontró la Virgen. Y a 300 metros de la cruz, tierra adentro, hay una ermita denominada «Ermita del Socorro», construida para rendir culto a la Señora por el acontecimiento y en el lugar de los hechos.

 

El lugar se llamaba en guanche Chimisay, que quiere decir en castellano «piedras blancas», porque allí mismo existe una cantera de piedras blancas que se utilizan para hacer vernegales. Y era conocido por esta curiosa circunstancia.

 

Dista de Güimar como cinco kilómetros, y hoy la gente lo llama, sin más, El Socorro.

 

«Yendo dos naturales por aquella costa repostando su ganado; llegado el ganado a la boca del barranco se espantó, y no queriendo pasar, remolinaba.

 

Uno de los pastores , creyendo que su ganado se espantaba porque sentía gente, pasó adelante, y mirando hacia aquella parte del barranco, vio la Santa Imagen que estaba en pie sobre una peña.

 

 

Llamó a su compañero y ambos quedaron fuera de sí al ver aquella figura tan extraña para ellos.»

 

La contemplaron largo rato, con susto, admiración y respeto. Nosotros, a distancia de seis siglos, teniendo en cuenta nuestra cultura, nuestra ormación y nuestras costumbres, no podemos ni siquiera imaginar la cara de pasmo que pondrían los dos pastores guanches. Algo similar o peor a la que pondríamos nosotros si viéramos un ser extraño de otro planeta.

 

«Parecióles, porque lema un niño en brazos, ser mujer, aunque extrañaron el traje y el color.

 

Y porque entre ellos era costumbre, que si topaban alguna mujer a solas y en lugar solitario no la hablaban, le hizo señas para que se apartase y el ganado tuviese lugar de pasar.»

 

Aunque parezca raro, es cierto que los guanches tenían una ley que ordenaba que cualquier hombre que encontrara a una mujer a solas y en lugar apartado, no debía ni podía hablarle palabra, y «quien quebrante esta ley muera luego por ello sin apelación alguna». De ahí que el pastor, en lugar de hablar, haga señas.

 

«Pero como la Imagen no hiciese movimiento alguno, ni respondiese palabra, amohinóse el pastor y acudió a sus acostumbradas armas, que eran las piedras. Y asiendo de una, levantó el brazo, y adelantóse para amenazarle con ella. Y así como levantó el brazo, yendo a desembrozar para hacer su tiro se le quedó el brazo yerto y extendido sin poderlo mover.

 

El otro compañero, habiendo visto lo que pasaba, quiso hacer nueva experiencia. Tomó una tabona, que es una piedra prieta y lisa como azabache, que se hace en lajas, y tiene filo como una navaja, con que sangran y sajan.

 

Se llegó a la Imagen para cortarle un dedo de la mano. Puso el dedo de la Imagen sobre el suyo y comenzó a cortar en él, pero hallóse burlado porque la herida se la hacía en sus propios dedos, que goteaban sangre, de las heridas que él mismo se hacía, quedando libres y sanos, sin señal alguna, los dedos de la Santa Imagen.»

 

Los dos pastores, asustados, consultan entre sí qué podrían hacer. Y determinaron, tras muchas vacilaciones, que sería razón dar de ello cuenta al rey de Guimar, cuyos vasallos eran y en cuyo término ocurría todo aquello, y cuya morada y habitación estaban cerca de allí. En presencia del rey cuentan la aparición y lo sucedido y en confirmación enseñan uno el brazo yerto y el otro sus dedos cortados y goteando sangre.

 

El rey, altamente impresionado, reúne en el Tagóror para consulta a los principales vasallos de su reino. Les explica lo ocurrido. Y de la consulta sale que vayan cuanto antes a ver de qué se trata.

 

Llegan presurosos, en tropel. Al ver la Imagen quedan todos, igual que antes los pastores, llenos de asombro.

 

Los guanches son gente de noble corazón, de buenos sentimientos, de ideas sin malicia. Piensan que la Aparición es un ser superior, y toman rápidamente una decisión que los engrandece para siempre. Queda patente una vez más que Dios escoge para realizar sus obras almas sencillas y buenas. «Propusieron de llevarla a la casa y sitio del rey, para tenerla allí, consigo. Pero ninguno osó echarle mano ni se atrevía a tocarle ni acercarse a ella, por temor a que les aconteciese algo malo como a los pastores.

 

Mandó el rey que los dos pastores heridos echasen mano para llevarla. En poniendo sus manos y tocando la Santa Imagen para haberla de alzar, quedan curados. Los presentes con gran admiración, con voces y silbos aplaudieron el hecho y agradecen el beneficio recibido.

 

Y perdiendo el miedo y cobrando respeto, no consiente el rey que otro que él y sus privados a Ella se lleguen, ni que otros gocen del suave peso ni del trabajo alegre de llevarla.

 

Habiendo andado el espacio de un tiro de escopeta poco más, con ser la Imagen liviana y ellos hombres de mucha fuerza, fue tanto el peso y la carga que los que la llevaban sintieron, que les fue forzoso parar y pedir ayuda y socorro. Por esta razón, en este propio lugar, después que la Isla fue de cristianos, fundaron una pequeña ermita que llaman del Socorro.

 

Existe todavía y está abierta al culto la ermita del Socorro. Mejor dicho, existen dos ermitas, una pequeña, en el lugar mismo donde los guanches pidieron «Socorro», que se conserva corno auténtico recuerdo de historia, y otra un poco más arriba, que dicen la Iglesia, donde se celebran los cultos en la actualidad. La fiesta del Socorro es el día 8 de septiembre. Es fiesta popular y concurrida y conocida a nivel anecdótico por el entretenimiento de «pares o nones».

 

«Los guanches, que llevaban la Imagen a hombros, tornaron a proseguir su camino, hasta llegar a las moradas del rey de Guimar, que era como media legua de distancia.»

 

El camino o dirección que llevaron es muy fácil de precisar: En el mismo lugar de la aparición toman el cauce suave, ancho y cómodo del barranco y, al hilo del mismo, caminan hacia arriba tres kilómetros y medio, y llegan al punto de referencia que se llamaba y se llama Chinguaro.

 

La ubicación del lugar de la aparición a nivel de isla es sumamente fácil: En la vertiente sureste del Teide, en el famoso valle de Güimar, como a 2 kilómetros del volcán yendo hacia donde nace el sol, a la orilla misma del mar, donde un grupo de casas blancas brilla como bandada de palomas, ahí, exactamente ahí, se apareció la Virgen a los guanches.

 

Si quieren conocer el lugar con sus propios ojos, el viaje por carretera es aún más fácil: En el kilómetro 19 de la Autopista del Sur se toma la desviación que dice: «Polígono Industrial - Playa del Socorro.» Se continúa todo recto hasta llegar al mar. Y aparecen en seguida, y de modo muy visible, la ermita y la cruz que señalan el centro de Chimisay.

 

 

EN EL PALACIO DEL REY

 

 

Chinguaro es palabra guanche que etimológicamente significa «Los Barranquillos». En realidad, Chinguaro quiere decir barranco de escasa pendiente en un valle pequeño que contiene agua.

 

Anímense a visitar Chinguaro. Vengan conmigo, que desde la Basílica a Chinguaro a pie resulta un paseo delicioso.

 

Se inicia la subida al cerro de la Magdalena; en el cuartel, virar a la derecha por el antiquísimo camino de circunvalación a la isla; a poco trecho se encuentra la autopista y hay que seguirla como diez minutos; después se coge la desviación hacia Arafo pasando por delante de la gasolinera, y a unos seiscientos metros a la izquierda sale una pista de tierra señalizada con una flecha que indica «El Taro». Caminar por esa pista, cuidando de no perder la derecha, y a un kilómetro más o menos está Chinguaro.

 

Es un barranco o valle poco profundo de naturaleza suave. En el punto a que nos referimos el barranco se estrecha y por el frente noroeste aparece cerrado del todo, formando una especie de cuenco abierto solamente hacia el mar.

Un modelo de Tagóror en el lugar llamado "El Agujero" (Galdar, Gran Canaria).

 

Lugar apropiado para vivir en paz; escondido a la mirada indiscreta de los salteadores y muy fácil de custodiar. Actualmente es un contorno agradable de fincas en laboreo, con árboles de adorno, aguacates, parras y diversos cultivos.

 

Existe un cercado con portada a la pista. Se baja por la escalinata y allí mismo se encuentran una pequeña plaza, una cueva entullada y una ermita derruida: eso es Chinguaro.

 

Naturalmente, lo más importante para nosotros es la cueva donde habitaba, como en su palacio, el Mencey de Güimar.

 

Es muy difícil, casi imposible, precisar cómo era la cueva. Dicen que la llamaban Auchón.

 

Cabe deducir, por datos recogidos en autores fidedignos, que estaba dividida en dos partes: una destinada a morada del rey y la otra, reservada Para la Imagen de la Virgen. El testimonio del Padre Espinosa es claro y exacto. «En un canto de la morada del rey la pusieron, con la decencia que sabían y podían. Y allí la tenían a buen recaudo guardada y tapada con paños; no la enseñaban a cualquiera.»

 

El rey, puesto que estaba en su palacio y era la autoridad competente, determinaba a quiénes y cuándo podía mostrarse.

 

Los menceyes de Güimar, Adeje, Abona, Anaga, Tegueste y Tacoronte tenían con el de Taoro, que era el más poderoso, un pacto de pleitesía de tribus, mediante el cual debían dar cuenta al Mencey de Taoro de cualquier novedad importante que ocurriese en sus dominios.

 

Por eso Acaymo, Mencey de Guimar, envía mensajeros a la Orotava, para que comuniquen y expliquen la extraña aparición y al mismo tiempo inviten al Mencey a venir en persona a Chinguaro.

 

El de Taoro no duda ni un momento en aceptar la invitación y, acompañado de seiscientos hombres por escolta, se presentó a los pocos días en la cueva del rey de Güimar.

 

Vio la Imagen y quedó tan impresionado, que se sintió incapaz de tomar decisión alguna por sí solo y decidió llamar a todos los Menceyes a celebrar consulta.

 

La cueva del Mencey tenía por fuera y cerca de la entrada una explanada, a modo de pequeña plaza, denominada en lenguaje guanche Tagóror».

 

El Tagóror era como un llano, en cuyo punto principal había colocada una piedra alta y cuadrada, que servía de asiento al jefe o presidente, y a ambos lados de dicho asiento había otras piedras más bajas puestas por orden, formando como un cuadrado, que servían igualmente para sentarse.

 

El Tagóror era lugar de reuniones y de consulta al aire libre.

 

Pues imaginen a siete reyes guanches sentados en orden de riguroso protocolo en el Tagóror de Chinguaro presididos por el Mencey de la Orotava, que es el presidente de la reunión.

 

Imaginen al mismo tiempo, en las partes altas del barranco y en todas direcciones, varios guanches, hombres fuertes y lanza en ristre, que hacen de guardia vigilando la tranquilidad del lugar.

 

Los Menceyes escuchan, comentan y discuten.

 

El Mencey de Guimar tiene la gentileza de ofrecer la imagen, explicando que por ser la Orotava el Menceyato más rico y poderoso , allí estaría mejor atendida.

 

Respuesta del Mencey de Taoro:

 

«No es Ella quien debe visitarnos, somos nosotros quienes debemos venir aquí a rendirle homenaje. Si hubiera querido estar entre nosotros se hubiese aparecido en Taoro y no lo hizo. Por tanto quédese aquí y vendremos de vez en cuando.»

 

Todos de acuerdo: que la «Extranjera quede en Chinguaro bajo la custodia y protección de Acaymo.

 

«Una vez resuelta la cuestión, el rey ordena, colocar sobre una piedra ricas pieles de gamuza y encima la Imagen. Cubrilndola con otras no menos finas y suaves que a tiempos recogían y apartaban cuando el rey quería enseñarla o recrearse en su presencia» (M. Perdomo).

 

Años adelante, los amantes de la Virgen construyen en Chinguaro una ermita en el mismo lugar donde los guanches veneraron y custodiaron a la Candelaria.

 

Por cierto, en el fondo del altar de esa ermita había un cuadro que representa esto que estamos explicando: la imagen de la Virgen aparece sobre rústico pedestal de piedras; tiene una especie de dosel de tela, que el rey Acaymo corre hacia ambos lados con el fin de que Antón. Guanche vea la Imagen. Acaymo queda de pie en la parte izquierda del cuadro y Antón, en la parte derecha, cae de rodillas, adorando a la Señora. Lástima que este cuadro no pueda estar en Chinguaro expuesto a la contemplación del público.

 

Quienes deseen hacerse una idea más exacta de cómo era, vayan a la iglesia de San Pedro de Guimar, adonde hay, a la derecha apenas se entra, otro bastante parecido que estuvo también en la ermita de Chinguaro.

 

Los guanches daban por entonces a la Virgen un sencillo culto natural de admiración y respeto y la llamaron «La Extranjera». «Otra cosa no sabían ni entendían por no haber recibido aún la luz de la fe.»

 

La tranquilidad del lugar, el alma limpia y la buena voluntad de aquellas gentes eran clima apropiado; tierra bien dispuesta.

 

En el deseo natural de querer saber, se preguntarían infinidad de veces a quién representaba la aparición.

 

Explicarían y comentarían unos a otros cómo era la imagen hasta en sus más mínimos detalles.

 

 

 

 

DESCRIPCION Y NOMBRE DE LA IMAGEN.

 

La imagen que encontraron los guanches en la playa de Chimisay fue descrita con minuciosidad y cariño por los historiadores. Nosotros iremos una vez más de la mano del Padre Espinosa. No hay otro ni más fiel, ni más exacto, ni mejor.

 

Esta Imagen es de masonería hecha, perfecta y acabada, cual nunca otra vi en mi vida.

 

Es de estatura de casi cinco palmos, con la peana en que tiene los pies.

(Cinco palmos equivalen a 1 metro.)

 

Es de una madera colorada, no muy pesada, maciza, y no se sabe cuál

sea.

 

El rostro tiene, muy perfecto, un tanto largo, los ojos grandes y rasgados, que a cualquiera parte que te pongas parece que los tiene clavados en ti.

 

El color es algo moreno, con unas rosas muy hermosas en las mejillas.

 

Tiene un lindo niño al diestro lado, desnudo y con ambas manos asido de un pajarito dorado.

 

En la mano izquierda tiene un pedazo de vela verde de la misma madera, del tamaño de un jeme. (El jeme son 20 ó 25 centímetros.)

 

Está en cabellos, sin toca ni manto, y es todo el cabello dorado, con muy lindo compuesto y en seis ramales trenzado y por las espaldas tendido.

 

Está vestida a lo antiguo, con una ropa toda dorada desde la garganta hasta los pies, entera sin abertura alguna.

 

Tiene ceñida esta ropa por debajo de los pechos, con una cinta azul.

 

Asoma un poquito del pie izquierdo fuera de la falda, con mucha gracia, calzado con xervilla colorada.

 

El manto tiene caído sobre los hombros y asido por los pechos con un cordón colorado largo como un jeme, y su lazada a la mano izquierda. Es el manto azul perfectísimo, sembrado de flores de oro por delante y por detrás.»

 

Esta es la descripción de esta Santa Imagen realizada el día 25 de

octubre de 1590.

 

«La vi tan linda, tan hermosa y los colores, oro y matices, tan perfectos, como si hiciera pocos días que se hubiera hecho.»

 

«La Imagen en todo su conjunto es reflejo de lo sobrenatural, e inspira amor y adoración.» «El Obispo D. Fernando Suárez (1589) vio, consideró y contempló la Santa Imagen de La Candelaria y afirmó varias veces en mi presencia que no había visto imagen alguna (aunque había visto muchas) que así le moviese a devoción ni que mostrase más divinidad que ésta.»

 

Ocurrió lo inesperado: La noche del 7 de noviembre de 1826, una horrible tormenta de lluvia y viento azotó la isla de Tencrife.

 

Perecieron aquella noche 261 personas, 1.080 de ganado, 344 casas, 3 templos y tres buques de alto bordo, 16 puentes, 8 acueductos, 10 molinos y tres castillos.

 

Los barrancos se desbordaron arrastrando peñascos, árboles, maderas, animales y personas.

 

El ruido era infernal, acompañado de truenos y relámpagos; algo verdaderamente horrendo.

 

Al santuario de la Candelaria llegaron los efectos de la tormenta- el barranco de Chimisaya, que recoge aguas desde las cumbres al mar, se volvió loco. Rompió los muros de contención y vino a caer sobre la capilla de la Virgen; inundó las dependencias con una altura de dos metros de agua. Llevó puertas, bancos, confesionarios, paredes, exvotos y llevó también -¡triste desgracia!- la imagen de la Virgen.

 

En la inmensidad del mar, y con la circunstancia de las aguas turbias, la imagen se perdió y por más que la buscaron, con todos los medios disponibles, no apareció.

 

La mar la trajo y la mar se la llevó.

 

El Prior de la comunidad de dominicos reúne a sus frailes en asamblea para decirles: «,La desgracia es ciertamente muy grande; pero hay que seguir adelante confiando en Dios y en su Santa Madre. Nuestra primera obra debe ser la Virgen. Propongo que la comunidad encargue la nueva imagen a uno de los mejores ¡marineros de nuestros dú2s y de nuestra isla, a Fernando Estévez del Sacramento.»

 

La propuesta fue aprobada por unanimidad.

 

Para las fiestas de febrero de 1827, como no tenían imagen, intentan los religiosos traer Una que había (y hay todavía) en la iglesia parroquias de Adeje, que dicen es copia de la que se llevó la tormenta. Pero no lo consiguen.

 

Resuelven el problema con un cuadro que estaba en Arafo, en la capilla que allí poseían los dominicos y que permaneció en Candelaria presidiendo los cultos, durante algún tiempo.

 

Es probable, casi seguro, que el año 1830, el día 2 de febrero, fuera bendecida solemnemente y puesta al culto de los fieles la nueva imagen de la Virgen.

 

La imagen actual, que es la realizada por Fernando Estévez del Sacramento, resulta, en su género, una obra perfecta.

 

En medidas y proporciones artísticas es similar a la anterior y por eso no hace falta insistir, ni repetir, ni describir.

 

De altura alcanza un metro y sesenta centímetros. Es talla en madera de color moreno. Naturalmente, lleva el Niño Jesús y la candela tal como explica el Padre Espinosa.

 

El rostro es admirable expresión de bondad, de ternura y de espiritualidad.

 

El conjunto tiene algo especial que atrae, que subyuga, que cautiva. Algo que se graba en los ojos, en el corazón y en el alma.

 

Los fieles decían y dicen:

 

« Virgen de Candelaria,

la más bonita, la más morena,

la que extiende su manto

desde la cumbre hasta la arena».

 

Los historiadores notifican: «Altamente simpática y atrayente es la nueva escultura de la Candelaria» (R. Moure).

 

Los escritores repiten: «El rostro de la imagen está labrado con toda perfección y hay cierta gracia divina en el Niño Jesús que sostiene en su brazo derecho» (S. Padrón).

 

«Bastaría la Imagen de la Candelaria para inmortalizar a su autor»

(J. Hernández Perera).

 

Quien ha leído la descripción de la imagen antigua y ha visto detenidamente la imagen actual y oye con frecuencia los comentarios de los visitantes, el consejo más acertado que puede dar es éste: como es imposible describirla tal cual es, vengan ustedes a contemplarla. Así de sencillo.

 

Respecto al nombre de la imagen, no existió ni existe la menor cuestión. Se llama «Virgen de la Candela» o de «la Candelaria». Sencillamente porque la imagen tiene en la mano izquierda una candela- y de candela un poco por eufonía, otro poco por simplificación y otro por corrupción, quedó Candelaria».

 

Es la imagen auténtica que la Iglesia recomienda como titular de la solemnidad de la Presentación del Señor, y fiesta de las candelas, que se celebra el día 2 de febrero.

 

Conviene advertir por curiosidad dos particularidades:

 

Primera: Por norma general, en las imágenes de la Virgen María con el Niño Jesús recostado en los brazos, el Niño suele ir en el brazo izquierdo, por una razón elemental de sentido maternal (la madre lleva al hijo en la mano izquierda para darle de comer y cuidarlo con la mano derecha). La imagen de la Candelaria tiene, por el contrario, al niño recostado en el brazo derecho. Detalle raro y muy original.

 

Segunda: El Niño Jesús tiene asido entre sus manos un pajarito.

 

Sin duda es símbolo de las tórtolas o pichones que la madre estaba obligada a entregar, según la Ley de Moisés, cuando iba a presentar a su hijo en el templo.

 

Volviendo al nombre, se debe decir: Virgen de la Candelaria, Santuario de la Candelaria, Villa de la Candelaria y Ayuntamiento de la Candelaria.

 

Porque el nombre le viene a la villa, al Ayuntamiento y al contorno por la Virgen. De tal modo, que a juicio de los entendidos, y para instrucción de los curiosos, es preciso afirmar lo que sigue: el nombre completo y correcto de la villa sería: Villa de la Virgen de la Candelaria. Y el nombre vulgar y al mismo tiempo correcto seria: Villa de la Candelaria.

 

Que nadie crea, por tanto, que se llama Virgen de Candelaria porque se venera en lo que es Villa de la Candelaria, como si el lugar de veneración diera el nombre a esta imagen. Tal sucede con el Cristo de MUNICIPIO DE LA LAGUNA y con el Cristo de Tacoronte, y con otras imágenes, que reciben el nombre del lugar donde están.

 

Aquí ocurre todo lo contrario: la Virgen tiene nombre propio y lo comunica a la villa y al municipio.

 

Mi espíritu, que es curioso y andariego y poco amigo de entretenimientos, está ya inquieto y deseoso de volver cuanto antes a saber lo que pasa entre los guanches y la Virgen.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACIONES

 

Ha sido costumbre en el Santuario de la Candelaria, desde épocas remotas, acaso desde los días gloriosos del obispo Bartolomé García Ximénez, hacer en voz alta algunas oraciones que dirige el celebrante y contestan al unísono todos los fieles.

 

Pueden citarse como ejemplos de plegarias recitadas así la Salve de los mareantes y la Oración de la Buena Muerte.

 

La costumbre se conserva todavía: en la actualidad se reza cada día, después del Rosario, la oración siguiente:

 

 

ORACION A LA VIRGEN DE LA CANDELARIA

 

Virgen de La Candelaria,

Madre de Dios

y Madre Nuestra,

Patrona de Canarias.

 

Con toda la devoción

y confianza que un hijo

pone en su madre,

quiero ofrecerte, hoy,

mi persona, mis cosas

y mi vida entera.

 



Acéptalas, Madre mía.

Te pido protección para

aquellos hijos tuyos que,

por circunstancias de la vida,

se encuentran fuera de sus hogares

y desde lejos te invocan con sincero corazón.

 

Dulce Virgen de La Candelaria,

consuelo de los afligidos

y Reina de los hogares cristianos;

derrama tu gracia sobre nosotros

y sobre nuestras familias;

y haz que, sin olvidarnos de Ti,

tengamos siempre salud y paz.

 

AMEN.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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