CEIP Cristóbal García Blairzy

 
 
 
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El Blairzy             

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Corrían los primeros años de la década de los setenta, concretamente el curso 1973-74,  cuando entré a formar parte de esta Comunidad Educativa como un bonito colegio, tan bonito como deseado.

Me bautizaron con el nombre de Cristóbal García Blairzy, como mi padrino. Me explico:

A finales de los años setenta, las nueve aulas escuelas esparcidas por el pueblo eran más que insuficientes para albergar en ellas la población escolar. Esta situación obligó a habilitar como aulas otros tantos espacios en garajes, almacenes, biblioteca municipal, casas particulares…El problema era serio y caótico.

Hay que reseñar que al ser coincidente el curso escolar con el periodo de la zafra del tomate, la demanda de plazas escolares se duplicaba ya que numerosas familias se desplazaban a Gran Tarajal desde distintos puntos de la Isla.

Fue Cristóbal García Blairzy (en ese entonces Delegado Provincial de Educación) quien a instancias del Alcalde del Municipio Lucas Hernández, llevó a cabo cuantas gestiones fueron necesarias para que fuera una realidad el sueño de tener un colegio que acogiera dignamente al profesorado y alumnado.

En poco tiempo, el sueño dejo de ser sueño. Ahí estaba yo ofreciendo aulas luminosas y ventiladas, aseos suficientes para todos; una cocina que hizo olvidar a Florita la precaria situación en la que cocinaba anteriormente; un increíble gimnasio; biblioteca (sin apenas libros, pero biblioteca); laboratorio, despachos, secretaría, patio, jardines… ¡Mucho más de lo que esperaban!

En reconocimiento al buen hacer de Don Cristóbal, era justo y necesario llevar el nombre que tengo.

Mis primeros años de existencia fueron muy felices: me sentía mimado, querido y cuidado al máximo: Maruca me tenía reluciente como una patena. Andrés, brocha en mano, no permitía el menor deterioro de mis paredes.

Los cursos no pasaban en vano e iban dejando su huella. Esto unido a cierta dejación y relajación, desembocó en que mi salud empezara a flaquear. Después de treinta años de existencia, mi estado empezó a ser agónico. Con remedios caseros intentaban curarme sin conseguirlo. Las dieciséis aulas  iniciales duplicaron su número; todo se hacía insuficiente. Ya no era aquel centro escolar tan bonito. Ni siquiera decían mi nombre al referirse a mí, me empezaron a llamar “el colegio viejo”. Resultaba imposible soportar la excesiva carga que me habían echado encima.

En estos últimos años, muchos pedían para mí la eutanasia, otros, por el contrario, abogaban que se me tratara convenientemente para recuperarme y prolongar mi existencia por muchos años más. Por suerte se acordó esta última opción y, afortunadamente, me están tratando con urgencia y eficacia: Muy pronto me darán el alta y de nuevo estaré dispuesto para acoger a toda la Comunidad Educativa.

Renaceré de mi estado ruinoso y, con treinta y seis cursos a mis espaldas, volveré a ser un centro bonito y agradable.

Espero y confío que a partir del próximo curso, fecha probable de mi reinauguración, de nuevo vuelva  a ser mimado y cuidado con cariño, al igual que lo fui en aquel tiempo.

  

 

Dado que al acabar la Educación Primaria el destino natural de los alumnos es pasar al instituto, en esta localidad lo pueden hacer a uno de los dos existentes.

 

 I.E.S. Gran Tarajal

 

I.E.S. VIGÁN

 

 

AL OTRO LADO DEL VALLE

 

El CEIP Gran Tarajal es nuestro colegio hermano, y completa, junto al nuestro, la oferta de educación infantil y primaria en la localidad.

 

CEIP Gran Tarajal

 

 

CON LA MEJOR VISTA

 

Todo un referente en cuanto al asesoramiento al profesorado lo constituye en Centro de Profesores de Gran Tarajal.

 

Centro de Profesores

GRAN TARAJAL

 

   

Texto: Joaquina Cubas de Saa.