Bienvenid@ a nuestros juegos y deportes tradicionales.
PALO CONEJERO
El palo
conejero es más que un juego ancestral; es una historia, una leyenda. Se
remonta desde nuestros antepasados guanches, y simboliza una de las más
puras y nobles tradiciones del pueblo canario.
El palo era una ayuda en la vida cotidiana de los aborígenes, lo
consideraban como una herramienta de trabajo y un útil doméstico básico (se
utilizaba para guiar el ganado, sembrar, saltar cercas, valles y arroyos o,
simplemente, para caminar).
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El palo conejero lo rescató Don Cristín
Feo de León ayudado, especialmente, por su tío Don José Feo, que conocía la
técnica de este juego nuestro, y que a su vez su maestro había sido Don
Pedro Viñoly, natural de Máguez. Hoy en día son recordados por su manejo del
palo. Tan pronto como terminaba la jornada agrícola, Don Cristín salía de
los arenados para ser el primero en recibir el aprendizaje directo de las
manos sabias del maestro, con una enseñanza básica en el agarre del palo,
para luego ir desarrollando los movimientos y más tarde ir jugando.
VELA LATINA
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Los mayores del momento cuentan que
la vela latina en nuestra isla, nació como consecuencia de las necesidades
de antaño, así los marinos de aquella época, se valían de este tipo de
embarcaciones para acometer las pertinentes faenas marineras. La pesca era
el principal recurso alimenticio de entonces, ya que Lanzarote por historia,
siempre ha sido una isla eminentemente marinera. Una vez concluida la
jornada laboral, a la vuelta hacia tierra, se vivían auténticas pegas entre
diferentes embarcaciones que resultarían testigos de lo que mas tarde
ocurriría: los juegos, la competencia, la acción o esfuerzo más allá del
normal cumplimiento de la misión encomendada.
PELOTAMANO
L
a
llegada de la pelotamano a nuestras islas pudo deberse a la influencia
normanda del primer momento de la conquista de las islas por Jean de
Bethencourt, en 1402. En la Crónica bethencouriana se cuenta cómo a
Bethencourt le acompañaron en su segundo viaje 80 hombres de guerra, de los
cuales 23 llevaron a sus mujeres.
Precisamente, Gadifer, el capitán que
contrata Bethencourt para la conquista, fue un buen jugador de pelota, pues
se le cita, en 1372, como ganador de una partida de jeu de paume al duque de
Borgoña, a quien le ganó 31 francos de la época. No obstante, este juego
también era parte de la cultura castellana, lo cual permitió su
asentamiento.
El
primer dato del juego en Canarias lo encontramos en Teguise (Lanzarote) en
una escritura de 1616, donde se menciona la venta de unas casas que están
junto a un juego de pelota. También se presume que la calle Pelota, del
antiguo barrio de Las Palmas, debe su nombre a haberse jugado en ella,
apareciendo ya citada esta denominación en el plano de Agustín del Castillo,
en 1686.
Se ha conocido la práctica de este
juego, además de en Lanzarote y Gran Canaria, en Fuerteventura, La Palma y
Tenerife, si bien en esta última isla de manera muy localizada.
El
juego de pelotamano consiste en devolver la pelota, golpeándola con la mano,
antes de su segundo bote, que proviene del otro campo, o en su caso, pararla
(atajarla) con la mano o con el pie, para que no siga su curso. Se intenta
ganar terreno al otro equipo, marcando con una raya el lugar donde salió la
pelota o pudo ser parada. El espacio de juego es alargado, limitado
solamente por los laterales. En el fondo del saque existen dos piedras
denominadas cabo de bote, una sobre cada línea lateral que describirá una
línea imaginaria. Las dimensiones del espacio son de 60-70 pasos de largo,
por 8-9 de ancho.
El campo de juego se divide en dos
partes que separan a los dos equipos por medio de una raya denominada raya
de falta; por tanto, limita el campo de saque del campo del resto. En el
campo de saque se ubica el bote, que es un artefacto diseñado para efectuar
el saque. La forma de puntuación es a faltas o puntos (15, 30, 40...) y a
rayas, contabilizándose hasta un máximo de dos. La raya se marca con el dedo
en la tierra junto a la raya de falta. Cuando se consiguen todos los puntos
de un juego se contabiliza un chico. El conjunto de cinco chicos constituye
un pajero. El número más habitual de jugadores es de cinco contra cinco,
aunque también pueden jugar cuatro o seis por bando.
LA BOLA CANARIA
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La isla de Lanzarote, dentro del Archipiélago Canario, es
reconocida como el centro más importante en la práctica del juego de la
bola, por lo que también se denomina a esta modalidad bolas conejeras. Se
piensa que desde aquí, pudo difundirse a otras islas como Tenerife y Gran
Canaria con las emigraciones de lanzaroteños de finales del siglo XIX y
principios del siglo XX, para la construcción de los puertos de ambas
capitales.
Dentro del espacio de juego se señala el «rayo», lugar desde
el que se han de realizar los lanzamientos, manteniendo al menos un pie
detrás de él.
La bola
canaria se inicia eligiendo color y sorteando cuál de los dos equipos lanza
el miche, acción que se realiza desde el rayo por un jugador del equipo al
que le haya tocado en suerte.
Ese
mismo jugador tiene que tirar la primera bola, y siempre que la bola tirada
quede entre los límites del campo, la siguiente bola la arrojará el equipo
contrario, que dejará de lanzar bolas cuando consiga que una de sus bolas
sea la más próxima al boliche.
Cuando
se lancen todas las bolas, se suman tantos puntos como bolas de un mismo
equipo estén más cerca del miche que la más próxima del equipo contrario.
El
partido termina cuando uno de los dos equipos llega a 12 puntos, a 18 ó 24
en los campeonatos de las fiestas. En algunas zonas del norte de la isla de
Lanzarote se jugaba a 15 puntos.