NUESTRA
HISTORIA: LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN LA VILLA DE LA OROTAVA
(2º Premio
de Investigación Histórica Villa de La Orotava 2010)
Jairo
y Naira Ruitort Ramos, 2º ESO (A)
IES La Orotava-Manuel Glez Pérez
“Se ha dicho tantas
veces que el problema de España es un problema de cultura”.
Introducción
El tema de la educación en La Orotava nos
pareció muy interesante, por eso decidimos que no investigaríamos sobre ningún
colegio, escuela o instituto, sino que lo cogeríamos como nuestro tema.
Buscaríamos información sobre la educación en nuestro municipio a lo largo de
la historia.
No nos
resultó fácil hacer nuestro trabajo porque tuvimos que leer bastante sobre
historia de España y nos tuvieron que explicar muchos temas que no entendíamos.
¿Por qué
leímos sobre historia si el tema era la educación? Porque la educación en La
Orotava (y en toda España) -la construcción de escuelas, la cantidad de niños y
niñas que asistían, los niños y niñas que no podían asistir porque no cabían en
las aulas, el salario de los maestros y sus viviendas-, dependió directamente
de la política, de las decisiones de los políticos de nuestro municipio y del
gobierno nacional.
Pensamos
que el tema podría ser divertido, ya que hablaríamos de escuelas y de niños y
niñas, pero a medida que fuimos leyendo –y nos fueron explicando algunas cosas
nuestros padres- comprendimos que el pasado de la mayoría de los niños y niñas
de La Orotava, de los maestros, no tuvo nada de divertido.
Para
nuestro trabajo nos guiamos, sobre todo, por el libro “La instrucción pública
en La Orotava (de 1900 a 1960) de Juan J. Martínez Sánchez, Premio de
investigación Alfonso Trujillo, Excmo. Ayuntamiento de La Orotava, del año
1986.
NUESTRA
HISTORIA: LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN LA VILLA DE LA OROTAVA
La primera escuela pública en La Orotava fue fundada por los
jesuitas. El padre Luis de Anchieta llegó a Tenerife en 1679 y predicó en
nuestro municipio. Parece que sus sermones impresionaron a los fieles y, sobre
todo, al Sr. Llarena, quien otorgó testamento a esa orden con la obligación de
“enseñar a leer, escribir y Gramática, Artes y Teología”. Esto fue muy
importante porque siempre que se hacían donaciones a las órdenes religiosas
eran para apoyar la cultura de las clases más altas. Pero luego vino la
expulsión de los jesuitas de España en 1767.
El coronel Gabriel Román Manrique de Lara para
cumplir la voluntad del testamento propuso como maestro a Don Bartolomé de
Cames. Pero como el salario del maestro tenía que fijarlo el Rey, pasaron los
años y la Corte no decidió cuál sería su salario. Cuatro años después del
nombramiento, el maestro no había puesto en funciones la escuela, por no
haberse señalado salario alguno.
En 1788, con la garantía del sueldo del maestro, el Ayuntamiento convocó
una oposición.
En esos años, había una gran
inestabilidad profesional porque se le prestaba a la escuela poca atención. Fue
peor aún con la Guerra de la Independencia y el complicado sistema de cobros
del salario del maestro. El último, como no cobraba, terminó abandonando la
escuela.
Entre los años 1819 y 1939, no existen datos, por lo que se supone que
durante esos veinte años, el centro no funcionó.
Luego, vinieron los convulsos años del final del reinado de Isabel II,
la I República, la Restauración y sus efectos hacen que la escuela y la
educación en general, padezcan un gran abandono.
Desde el año 1877 hasta principios del siglo XX, el titular de la
escuela fue Don Francisco Álvarez Farrais. El local escolar estaba situado en
el ex convento de los jesuitas, pero luego se incendió y se instaló la escuela
en el antiguo convento de los dominicos, en la calle del Agua. El local estaba
en pésimas condiciones y mal situado, en las afueras del pueblo.
En el año 1895, se terminaron las obras del Ayuntamiento y su parte baja
debía destinarse a la escuela, pero ofrecieron el nuevo local para un centro
privado y la escuela de niños siguió varios años más en el anterior edificio.
La primera escuela de niñas, de carácter público, fue creada en el año
1851. Hasta ese momento, la formación de las niñas se orientaba hacia lo
conventual y las religiosas eran quienes dirigían su formación. La educación de las mujeres no ocupaba un
lugar importante entre los políticos ni a nivel municipal ni nacional. La
escuela estaba situada en el número 13 de la Calle Colegio. También era un
local en pésimas condiciones y luego se trasladó a la calle La Hoya número 11.
La escuela de niñas de la Concepción –en ese momento- sirvió como modelo para
hacer propaganda de la cultura primaria tanto en las familias acomodadas de La
Villa, como entre la gente modesta.
El barrio de San Juan
recién tuvo una escuela en el año 1864. El local estaba situado,
primero, en el ex convento de los franciscanos y el resto del tiempo en un
local del Ayuntamiento, la Alhóndiga o Pósito, en la calle Nueva esquina San
Juan. El edificio estaba en tan malas
condiciones sanitarias que varios maestros tuvieron que dejar la enseñanza por
graves enfermedades contraídas en el trabajo, sobre todo, la tuberculosis.
La escuela de niñas de San Juan fue creada en 1872. Primero funcionó
como un centro público-privado.
Cuando se creó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, a
principios del siglo XX, se abrían nuevas esperanzas para el sistema educativo
en nuestro país. La instrucción pública de nivel primario era uno de los
problemas más serios y urgentes que se tenía que resolver. Había que conocer la
realidad, la situación escolar de los pueblos de España: la cantidad de niños y
niñas en edad escolar, el número de escuelas (tanto públicas como privadas), la
cantidad de niños y niñas sin escolarizar, etc.
A fines de 1902, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes
pidió a los Ayuntamientos que faciliten los datos sobre la población de cada
municipio, la distribución de la misma, los recursos económicos, etc. para
atender las necesidades educativas.
En La Orotava, entre 1900 y 1920, según los datos que presentó nuestro
Ayuntamiento, el municipio debía tener
catorce escuelas distribuidas del siguiente modo: cuatro, de enseñanza
elemental completa, en el casco y diez de asistencia mixta en las cabeceras de
los grupos de población de Aguamansa, Dehesa Alta, La Florida, Barranco de la
Arena, Dehesa Baja, Cruz de los Martillos, Las Arenas, Callejón del Pino, La
Perdoma y Benijos. Pero las autoridades se vieron agobiadas ante la obligación
de tener que crear tantas escuelas y, dirá nuestro autor, se sienten “aturdidas
ante el posible resurgir cultural del pueblo”. Entonces el Ayuntamiento, ante
la falta de recursos, pidió que no se le obligue a construir tantas escuelas.
El pedido no fue otorgado y se le exigió al Ayuntamiento que construya las
nueves escuelas (ya había cinco en funcionamiento) en los núcleos más
importantes de población diseminada. Las autoridades demostraron su
indiferencia ante la necesidad del pueblo.
Nuevamente, el Ayuntamiento suplicó se reduzca la creación de
escuelas.
Fueron pasando los años y las escuelas no se crearon. Otra vez, en el año 1907 se le pidió al
Ayuntamiento que construya las escuelas y lo que hicieron fue enviar una copia
de la enviada al Ministerio años atrás, como si la población no hubiera crecido. De nuevo, el Ministerio
respondió que se debían construir
cuatro escuelas elementales de niñas y cuatro de niñas, todas completas,
en el casco; una elemental completa de cada sexo en La Perdoma y La Dehesa Baja
y dos escuelas incompletas, una en La Florida y otra, en La Luz.
Otra vez, el Ayuntamiento envió una solicitud, pero distinta, diciendo
que habría un error en esa Estadística escolar para La Orotava, porque tendría
que ser menor la cantidad de escuelas a construir. En ese escrito mienten y
manipulan datos. ¿Cómo se podían atender con nueve escuelas públicas y dos
privadas a cerca de mil setecientos niños, cifra que ya daban las estadísticas
del año 1900?
Ese escrito no permitía que más de ochocientos niños de La Villa fueran
a la escuela. Los estaban condenando al analfabetismo. La respuesta fue
favorable para las autoridades de La Orotava, con la complicidad de la
Inspección de enseñanza primaria.
En el año 1920 se crearon las escuelas de niñas en La Perdoma; dos –una
de cada sexo- en la Dehesa Baja-Domínguez Afonso; una mixta en La Florida y
otra, en La Luz.
Las ayudas que daba el Estado eran insuficientes, pero
el Ayuntamiento tampoco aprovechó las pocas oportunidades que tuvo. El Cabildo de la isla de Tenerife, en el año
1922, convocó un concurso entre los ayuntamientos para la construcción de
edificios escolares, pero la condición era que para participar en él, debían
comprometerse a plantar y conservar un número de árboles. Pero la Corporación
estudió el caso y calculó que debía plantar 9.120 árboles para lo que tendría
que adquirir una gran cantidad de terreno junto a dicho edificio. Todo por
sesenta mil pesetas… Entonces, no participaron en el concurso.
En el año 1923, se concedió la creación de la escuela Graduada de niños
de La Concepción de La Orotava y los gastos de personal y material estarían a
cargo de los presupuestos del Ministerio.
Durante la II República hubo una gran preocupación por la instrucción
pública que estuvo estimulada por las corrientes político-liberales
republicanas. Esa época estuvo repleta
de documentos sobres proyectos, pero en La Orotava, en la instrucción pública
poco se advirtió su presencia.
Los tres años de la Guerra Civil no fueron tampoco los mejores años para
resolver los problemas de las escuelas públicas.
En el año 1940, en los comienzos de la dictadura de Franco, había dos
mil quinientos niños sin plaza en las escuelas públicas de La Villa. En esos
momentos, la situación económica y política y las prioridades del régimen de
Franco, dieron lugar a que durante toda esa década no se construyera ningún
edificio escolar. Esto se puede entender porque fueron los años posbélicos, pero durante la década del 50, se
siguió la misma conducta de desatención hacia la escuela pública por parte de
las autoridades locales. Recién en el año 1959 se crearon tres escuelas
más. Fueron 25 años sin que se
construyera ningún edificio escolar.
A partir de ese momento, surgió una fiebre por elaborar estadísticas. No
se entiende mucho con qué finalidad de hicieron, pero siguieron dando datos sobre niños sin escolarización.
En el año 1949 el Cabildo de Tenerife proyectó un Plan de Construcciones
escolares y pidió a los Ayuntamientos que expusieran sus necesidades y si
estaban dispuestos a aportar los solares. El Ayuntamiento acordó exponer que
para dejar atendida la instrucción primaria se necesitarían:
1)
Dos
grupos escolares en el casco; uno, en la Concepción con cuatro secciones de
cada sexo y, otro en San Juan, con tres secciones por sexo.
2)
Un
grupo escolar de tres secciones de cada sexo en la Dehesa Baja-Domínguez
Afonso.
3)
Cuatro
edificios para otras tantas escuelas unitarias en La Perdoma.
4)
Igual
cantidad, para La Florida.
5)
Dos
locales para escuelas unitarias en La Vera
o Las Arenas.
6)
Dos
edificios para dos escuelas unitarias en La Luz.
7)
Un
local para una escuela mixta en Bebedero Alto y San Diego.
8)
Treinta
y cuatro edificios para viviendas de los maestros.
El Ayuntamiento se comprometió a aportar los solares y el dinero
para llevar a cabo las construcciones. Pero esto era demasiado e insuficiente
porque era imposible que el Ayuntamiento pudiera cumplir su ofrecimiento de
aporte de solares y dinero, cuando en todos los años anteriores no había podido
o no había querido invertir dinero en escuelas. Los niños que podrían acoger
esas escuelas públicas serían unos 1150 niños y, en las privadas, 195. Pero el
censo de población escolar se elevaba ese año a 4263 niños, o sea, que
quedarían sin matricular dos mil ochocientos niños, el 47% de la población
infantil en edad escolar.
El proyecto nunca se llevó a la práctica.
La Orotava tenía los recursos económicos suficientes, el país había
iniciado un favorable despegue económico, había una gran estabilidad política
basada en la dictadura centralizada.
Las consecuencias del analfabetismo que se creó en ese momento, se sigue
padeciendo actualmente. No sólo los analfabetos que no saben leer, sino
aquellos que no saben lo que leen.
En cuanto a los edificios
escolares, los datos son impresionantes. Un informe médico nos relata:
-“El aire que se respira en el salón de
clase de la escuela de mi cargo está saturado de miasmas delectéreos que se
desprenden de las letrinas que se hallan encerradas en el local.
-“Las emanaciones fétidas y llenas de
miasmas de la letrina situada dentro del local en que se halla el salón de
clase… He resuelto cerrar la escuela hasta que se limpie la letrina…”
-“El tejado de la escuela está en tan mal
estado que casi no hay sitio que no se moje cuando llueve …”
¿Merecían los niños de La Orotava educarse, instruirse en esos lugares?
Al hablar de los maestros que ejercieron su función
docente en nuestro municipio, en el transcurso de los años 1900-1960, estamos
hablando de asalariados que cumplían una jornada laboral como si se tratara de
una actividad mecánica, manual o administrativa. Si a esto se le añade las condiciones de un sueldo mezquino y
unas viviendas en pésimas condiciones (“las leyes insisten en que deben ser
decentes para el maestro y su familia”), podemos concluir que las vocaciones
docentes que se mantuvieron a lo largo de su ejercicio profesional son
escasísimas.
Los salarios eran escasos, la casa que se les daba era inhabitable, los
niños pudientes no pagaban, etc. Un maestro cobraba (en el año 1902) entre 1250
pesetas y 600 pesetas; el alquiler de
una casa por esa época estaba en torno a las 300 pesetas anuales.
En el año 1909 el Ayuntamiento todavía siguió haciendo clasificaciones
de niños pudientes para determinar la cantidad que deben satisfacer por su
instrucción. Con este sistema se pretendía mejorar la situación económica de
los docentes. Pero el procedimiento no era eficaz. Los criterios eran
desiguales para clasificarlos. Los niños de La Perdoma tenían que pagar 102
pesetas, mientras que los de La Concepción pagaban 57; las niñas de San Juan
pagaban 63 pesetas y las de la Concepción, 21.
La docencia siempre está sometida a los dictados del sistema político
imperante, condicionada por formas de gobierno o por las tendencias políticas,
como estamos viendo.
Al producirse la sublevación del 18 de julio de 1936, se dejaron sentir
sus efectos en el magisterio de nivel
primario. Los sueldos quedaron suspendidos hasta tanto se hubieran emitido los
informes correspondientes acerca de su situación en el cargo. En La Orotava, ya
en 1937, no debían de quedar muchos maestros de signo izquierdista ejerciendo
su profesión. Eran pocos y ya estaban separados del servicio. La mayoría de los
docentes se “subieron al tren del nuevo sistema político”. Y las décadas de los años cuarenta y
cincuenta son las del silencio, las del miedo.
A principios de siglo, es sorprendente la cantidad de niños matriculados
que no asistían a la escuela, pero si pensamos en la miseria en la que vivían,
¿qué interés podían tener esas familias por la cultura?
En la década del veinte, un
edicto del Alcalde de La Villa, ante el hecho del escaso número de niños que
asistían a la escuela y a fin de evitar el aumento de analfabetos, advirtió a
los padres de los niños que serían
multados. Y sucedió lo que tenía que suceder: que fueron, se matricularon, pero
no podían admitirlos, porque no cabían.
Durante la Dictadura de Primo de Rivera, se vivieron serios controles de
asistencia. El Ayuntamiento debía enviar partes mensuales con los días que cada
niño había faltado a clase.
En los años cuarenta y cincuenta, las autoridades locales parece que se
desentienden algo de la asistencia de los niños a clase. El problema continúa.
El niño, todavía en esos años, no se considera en la “obligación” de ir a la
escuela. Los niños van cuando sus ocupaciones o sus entretenimientos se lo
permiten. La escuela es algo muy secundario.
Epílogo
Estamos en el año 2010 y nos resultó muy difícil creer lo que estábamos
leyendo. No podíamos ni podemos pensar
en esos miles de niños y niñas sin escuela, en esos docentes que tenían que
vivir con sueldos tan miserables, en
las condiciones físicas y de higiene tan lamentables de esos edificios.
Parece que a las autoridades de nuestro municipio, poco les interesaba
que los niños y niñas aprendieran. Y esa falta de interés, o esa necesidad de
preocuparse por la comida de todos los días más que por aprender a leer y
escribir, hizo que muchas de las personas que ya son mayores, sean analfabetos.
Todavía siguen los efectos de esa falta de escuela.
Nosotros sabemos que
tienen más posibilidades de seguir estudiando con éxito, aquellos niños cuyos
padres han estudiado. Sabemos que la Comunidad Autónoma de Canarias, es junto
con la de Andalucía, una de las regiones con mayor índice de fracaso escolar de
toda España. Entonces, ahora, nos
preguntamos: ¿esos resultados en la escuela, hoy, no serán la consecuencia de lo que les ocurrió “a esos niños y niñas” en el pasado?
Bibliografía consultada
Martínez Sánchez, Juan J. La instrucción pública
en La Orotava (de 1900 a 1960). Premio de investigación Alfonso Trujillo.
Excmo. Ayuntamiento de La Orotava. Año 1986.
De Cruz Franco, Agapito y otros. Historia
del C.P. “Ramón y Cajal” de La Orotava. Excmo. Ayuntamiento de La Orotava.