NUESTRA HISTORIA: LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN LA VILLA DE LA OROTAVA

 

 

 

(2º Premio de Investigación Histórica Villa de La Orotava 2010)

 

                                   Jairo y Naira Ruitort Ramos, 2º ESO (A)

                                               IES La Orotava-Manuel Glez Pérez

                                           

 

“Se ha dicho tantas veces que el problema de España es un problema de cultura”.

Don Santiago Ramón y Cajal, Madrid, 1 de Mayo de 1922

     

 

 

 

 

                                                                  Introducción

 

El tema de la educación en La Orotava nos pareció muy interesante, por eso decidimos que no investigaríamos sobre ningún colegio, escuela o instituto, sino que lo cogeríamos como nuestro tema. Buscaríamos información sobre la educación en nuestro municipio a lo largo de la historia.

          No nos resultó fácil hacer nuestro trabajo porque tuvimos que leer bastante sobre historia de España y nos tuvieron que explicar muchos temas que no entendíamos.

          ¿Por qué leímos sobre historia si el tema era la educación? Porque la educación en La Orotava (y en toda España) -la construcción de escuelas, la cantidad de niños y niñas que asistían, los niños y niñas que no podían asistir porque no cabían en las aulas, el salario de los maestros y sus viviendas-, dependió directamente de la política, de las decisiones de los políticos de nuestro municipio y del gobierno nacional.

          Pensamos que el tema podría ser divertido, ya que hablaríamos de escuelas y de niños y niñas, pero a medida que fuimos leyendo –y nos fueron explicando algunas cosas nuestros padres- comprendimos que el pasado de la mayoría de los niños y niñas de La Orotava, de los maestros, no tuvo nada de divertido.

          Para nuestro trabajo nos guiamos, sobre todo, por el libro “La instrucción pública en La Orotava (de 1900 a 1960) de Juan J. Martínez Sánchez, Premio de investigación Alfonso Trujillo, Excmo. Ayuntamiento de La Orotava, del año 1986.

 

 

 

 

 

NUESTRA HISTORIA: LA EDUCACIÓN PÚBLICA EN LA VILLA DE LA OROTAVA

 

 La primera escuela pública en La Orotava fue fundada por los jesuitas. El padre Luis de Anchieta llegó a Tenerife en 1679 y predicó en nuestro municipio. Parece que sus sermones impresionaron a los fieles y, sobre todo, al Sr. Llarena, quien otorgó testamento a esa orden con la obligación de “enseñar a leer, escribir y Gramática, Artes y Teología”. Esto fue muy importante porque siempre que se hacían donaciones a las órdenes religiosas eran para apoyar la cultura de las clases más altas. Pero luego vino la expulsión de los jesuitas de España en 1767.

                El coronel Gabriel Román Manrique de Lara para cumplir la voluntad del testamento propuso como maestro a Don Bartolomé de Cames. Pero como el salario del maestro tenía que fijarlo el Rey, pasaron los años y la Corte no decidió cuál sería su salario. Cuatro años después del nombramiento, el maestro no había puesto en funciones la escuela, por no haberse señalado salario alguno.

          En 1788, con la garantía del sueldo del maestro, el Ayuntamiento convocó una oposición.

          En esos años, había una gran inestabilidad profesional porque se le prestaba a la escuela poca atención. Fue peor aún con la Guerra de la Independencia y el complicado sistema de cobros del salario del maestro. El último, como no cobraba, terminó abandonando la escuela.  

          Entre los años 1819 y 1939, no existen datos, por lo que se supone que durante esos veinte años, el centro no funcionó.

          Luego, vinieron los convulsos años del final del reinado de Isabel II, la I República, la Restauración y sus efectos hacen que la escuela y la educación en general, padezcan un gran abandono.

          Desde el año 1877 hasta principios del siglo XX, el titular de la escuela fue Don Francisco Álvarez Farrais. El local escolar estaba situado en el ex convento de los jesuitas, pero luego se incendió y se instaló la escuela en el antiguo convento de los dominicos, en la calle del Agua. El local estaba en pésimas condiciones y mal situado, en las afueras del pueblo.

          En el año 1895, se terminaron las obras del Ayuntamiento y su parte baja debía destinarse a la escuela, pero ofrecieron el nuevo local para un centro privado y la escuela de niños siguió varios años más en el anterior edificio.

          La primera escuela de niñas, de carácter público, fue creada en el año 1851. Hasta ese momento, la formación de las niñas se orientaba hacia lo conventual y las religiosas eran quienes dirigían su formación.  La educación de las mujeres no ocupaba un lugar importante entre los políticos ni a nivel municipal ni nacional. La escuela estaba situada en el número 13 de la Calle Colegio. También era un local en pésimas condiciones y luego se trasladó a la calle La Hoya número 11. La escuela de niñas de la Concepción –en ese momento- sirvió como modelo para hacer propaganda de la cultura primaria tanto en las familias acomodadas de La Villa, como entre la gente modesta.

           El barrio de San Juan  recién tuvo una escuela en el año 1864. El local estaba situado, primero, en el ex convento de los franciscanos y el resto del tiempo en un local del Ayuntamiento, la Alhóndiga o Pósito, en la calle Nueva esquina San Juan.  El edificio estaba en tan malas condiciones sanitarias que varios maestros tuvieron que dejar la enseñanza por graves enfermedades contraídas en el trabajo, sobre todo, la tuberculosis.

          La escuela de niñas de San Juan fue creada en 1872. Primero funcionó como un centro público-privado.

          Cuando se creó el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, a principios del siglo XX, se abrían nuevas esperanzas para el sistema educativo en nuestro país. La instrucción pública de nivel primario era uno de los problemas más serios y urgentes que se tenía que resolver. Había que conocer la realidad, la situación escolar de los pueblos de España: la cantidad de niños y niñas en edad escolar, el número de escuelas (tanto públicas como privadas), la cantidad de niños y niñas sin escolarizar, etc.

          A fines de 1902, el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes pidió a los Ayuntamientos que faciliten los datos sobre la población de cada municipio, la distribución de la misma, los recursos económicos, etc. para atender las necesidades educativas.

          En La Orotava, entre 1900 y 1920, según los datos que presentó nuestro Ayuntamiento, el  municipio debía tener catorce escuelas distribuidas del siguiente modo: cuatro, de enseñanza elemental completa, en el casco y diez de asistencia mixta en las cabeceras de los grupos de población de Aguamansa, Dehesa Alta, La Florida, Barranco de la Arena, Dehesa Baja, Cruz de los Martillos, Las Arenas, Callejón del Pino, La Perdoma y Benijos. Pero las autoridades se vieron agobiadas ante la obligación de tener que crear tantas escuelas y, dirá nuestro autor, se sienten “aturdidas ante el posible resurgir cultural del pueblo”. Entonces el Ayuntamiento, ante la falta de recursos, pidió que no se le obligue a construir tantas escuelas. El pedido no fue otorgado y se le exigió al Ayuntamiento que construya las nueves escuelas (ya había cinco en funcionamiento) en los núcleos más importantes de población diseminada. Las autoridades demostraron su indiferencia ante la necesidad del pueblo.  Nuevamente, el Ayuntamiento suplicó se reduzca la creación de escuelas. 

          Fueron pasando los años y las escuelas no se crearon.  Otra vez, en el año 1907 se le pidió al Ayuntamiento que construya las escuelas y lo que hicieron fue enviar una copia de la enviada al Ministerio años atrás, como si la población no  hubiera crecido. De nuevo, el Ministerio respondió que se debían construir  cuatro escuelas elementales de niñas y cuatro de niñas, todas completas, en el casco; una elemental completa de cada sexo en La Perdoma y La Dehesa Baja y dos escuelas incompletas, una en La Florida y otra, en La Luz.

          Otra vez, el Ayuntamiento envió una solicitud, pero distinta, diciendo que habría un error en esa Estadística escolar para La Orotava, porque tendría que ser menor la cantidad de escuelas a construir. En ese escrito mienten y manipulan datos. ¿Cómo se podían atender con nueve escuelas públicas y dos privadas a cerca de mil setecientos niños, cifra que ya daban las estadísticas del año 1900?

          Ese escrito no permitía que más de ochocientos niños de La Villa fueran a la escuela. Los estaban condenando al analfabetismo. La respuesta fue favorable para las autoridades de La Orotava, con la complicidad de la Inspección de enseñanza primaria.

          En el año 1920 se crearon las escuelas de niñas en La Perdoma; dos –una de cada sexo- en la Dehesa Baja-Domínguez Afonso; una mixta en La Florida y otra, en La Luz.

           Las ayudas que daba el Estado eran insuficientes, pero el Ayuntamiento tampoco aprovechó las pocas oportunidades que tuvo.  El Cabildo de la isla de Tenerife, en el año 1922, convocó un concurso entre los ayuntamientos para la construcción de edificios escolares, pero la condición era que para participar en él, debían comprometerse a plantar y conservar un número de árboles. Pero la Corporación estudió el caso y calculó que debía plantar 9.120 árboles para lo que tendría que adquirir una gran cantidad de terreno junto a dicho edificio. Todo por sesenta mil pesetas… Entonces, no participaron en el concurso.

         En el año 1923, se concedió la creación de la escuela Graduada de niños de La Concepción de La Orotava  y  los gastos de personal y material estarían a cargo de los presupuestos del Ministerio.

          Durante la II República hubo una gran preocupación por la instrucción pública que estuvo estimulada por las corrientes político-liberales republicanas.  Esa época estuvo repleta de documentos sobres proyectos, pero en La Orotava, en la instrucción pública poco se advirtió su presencia.

         Los tres años de la Guerra Civil no fueron tampoco los mejores años para resolver los problemas de las escuelas públicas.

         En el año 1940, en los comienzos de la dictadura de Franco, había dos mil quinientos niños sin plaza en las escuelas públicas de La Villa. En esos momentos, la situación económica y política y las prioridades del régimen de Franco, dieron lugar a que durante toda esa década no se construyera ningún edificio escolar. Esto se puede entender porque  fueron los años posbélicos, pero durante la década del 50, se siguió la misma conducta de desatención hacia la escuela pública por parte de las autoridades locales. Recién en el año 1959 se crearon tres escuelas más.  Fueron 25 años sin que se construyera ningún edificio escolar.

          A partir de ese momento, surgió una fiebre por elaborar estadísticas. No se entiende mucho con qué finalidad de hicieron, pero siguieron  dando datos sobre niños sin escolarización.

          En el año 1949 el Cabildo de Tenerife proyectó un Plan de Construcciones escolares y pidió a los Ayuntamientos que expusieran sus necesidades y si estaban dispuestos a aportar los solares. El Ayuntamiento acordó exponer que para dejar atendida la instrucción primaria se necesitarían:

1)     Dos grupos escolares en el casco; uno, en la Concepción con cuatro secciones de cada sexo y, otro en San Juan, con tres secciones por sexo.

2)     Un grupo escolar de tres secciones de cada sexo en la Dehesa Baja-Domínguez Afonso.

3)     Cuatro edificios para otras tantas escuelas unitarias en La Perdoma.

4)     Igual cantidad, para La Florida.

5)     Dos locales para escuelas unitarias en La Vera  o Las Arenas.

6)     Dos edificios para dos escuelas unitarias en La Luz.

7)     Un local para una escuela mixta en Bebedero Alto y San Diego.

8)     Treinta y cuatro edificios para viviendas de los maestros.

 El Ayuntamiento se comprometió a aportar los solares y el dinero para llevar a cabo las construcciones. Pero esto era demasiado e insuficiente porque era imposible que el Ayuntamiento pudiera cumplir su ofrecimiento de aporte de solares y dinero, cuando en todos los años anteriores no había podido o no había querido invertir dinero en escuelas. Los niños que podrían acoger esas escuelas públicas serían unos 1150 niños y, en las privadas, 195. Pero el censo de población escolar se elevaba ese año a 4263 niños, o sea, que quedarían sin matricular dos mil ochocientos niños, el 47% de la población infantil en edad escolar.

          El proyecto nunca se llevó a la práctica.

          La Orotava tenía los recursos económicos suficientes, el país había iniciado un favorable despegue económico, había una gran estabilidad política basada en la dictadura centralizada.

 

          Las consecuencias del analfabetismo que se creó en ese momento, se sigue padeciendo actualmente. No sólo los analfabetos que no saben leer, sino aquellos que no saben lo que leen.

          En cuanto a los edificios escolares, los datos son impresionantes. Un informe médico nos relata:

-“El aire que se respira en el salón de clase de la escuela de mi cargo está saturado de miasmas delectéreos que se desprenden de las letrinas que se hallan encerradas en el local.

-“Las emanaciones fétidas y llenas de miasmas de la letrina situada dentro del local en que se halla el salón de clase… He resuelto cerrar la escuela hasta que se limpie la letrina…”

-“El tejado de la escuela está en tan mal estado que casi no hay sitio que no se moje cuando llueve …”

          ¿Merecían los niños de La Orotava educarse, instruirse en esos lugares?

         

           Al hablar de los maestros que ejercieron su función docente en nuestro municipio, en el transcurso de los años 1900-1960, estamos hablando de asalariados que cumplían una jornada laboral como si se tratara de una actividad mecánica, manual o administrativa.  Si a esto se le añade las condiciones de un sueldo mezquino y unas viviendas en pésimas condiciones (“las leyes insisten en que deben ser decentes para el maestro y su familia”), podemos concluir que las vocaciones docentes que se mantuvieron a lo largo de su ejercicio profesional son escasísimas.

          Los salarios eran escasos, la casa que se les daba era inhabitable, los niños pudientes no pagaban, etc. Un maestro cobraba (en el año 1902) entre 1250 pesetas y 600 pesetas; el  alquiler de una casa por esa época estaba en torno a las 300 pesetas anuales.

          En el año 1909 el Ayuntamiento todavía siguió haciendo clasificaciones de niños pudientes para determinar la cantidad que deben satisfacer por su instrucción. Con este sistema se pretendía mejorar la situación económica de los docentes. Pero el procedimiento no era eficaz. Los criterios eran desiguales para clasificarlos. Los niños de La Perdoma tenían que pagar 102 pesetas, mientras que los de La Concepción pagaban 57; las niñas de San Juan pagaban 63 pesetas y las de la Concepción, 21.

          La docencia siempre está sometida a los dictados del sistema político imperante, condicionada por formas de gobierno o por las tendencias políticas, como estamos viendo.

      Al producirse la sublevación del 18 de julio de 1936, se dejaron sentir sus efectos en el magisterio  de nivel primario. Los sueldos quedaron suspendidos hasta tanto se hubieran emitido los informes correspondientes acerca de su situación en el cargo. En La Orotava, ya en 1937, no debían de quedar muchos maestros de signo izquierdista ejerciendo su profesión. Eran pocos y ya estaban separados del servicio. La mayoría de los docentes se “subieron al tren del nuevo sistema político”.  Y las décadas de los años cuarenta y cincuenta son las del silencio, las del miedo.

          A principios de siglo, es sorprendente la cantidad de niños matriculados que no asistían a la escuela, pero si pensamos en la miseria en la que vivían, ¿qué interés podían tener esas familias por la cultura?

          En la década del veinte,  un edicto del Alcalde de La Villa, ante el hecho del escaso número de niños que asistían a la escuela y a fin de evitar el aumento de analfabetos, advirtió a los padres de los niños  que serían multados. Y sucedió lo que tenía que suceder: que fueron, se matricularon, pero no podían admitirlos, porque no cabían.

          Durante la Dictadura de Primo de Rivera, se vivieron serios controles de asistencia. El Ayuntamiento debía enviar partes mensuales con los días que cada niño había faltado a clase.

          En los años cuarenta y cincuenta, las autoridades locales parece que se desentienden algo de la asistencia de los niños a clase. El problema continúa. El niño, todavía en esos años, no se considera en la “obligación” de ir a la escuela. Los niños van cuando sus ocupaciones o sus entretenimientos se lo permiten. La escuela es algo muy secundario.

 

                                            Epílogo

 

          Estamos en el año 2010 y nos resultó muy difícil creer lo que estábamos leyendo.  No podíamos ni podemos pensar en esos miles de niños y niñas sin escuela, en esos docentes que tenían que vivir con sueldos tan miserables,  en las condiciones físicas y de higiene tan lamentables de esos edificios.

          Parece que a las autoridades de nuestro municipio, poco les interesaba que los niños y niñas aprendieran. Y esa falta de interés, o esa necesidad de preocuparse por la comida de todos los días más que por aprender a leer y escribir, hizo que muchas de las personas que ya son mayores, sean analfabetos. Todavía siguen los efectos de esa falta de escuela.

          Nosotros sabemos que tienen más posibilidades de seguir estudiando con éxito, aquellos niños cuyos padres han estudiado. Sabemos que la Comunidad Autónoma de Canarias, es junto con la de Andalucía, una de las regiones con mayor índice de fracaso escolar de toda España.  Entonces, ahora, nos preguntamos: ¿esos resultados en la escuela, hoy, no serán la consecuencia  de lo que les ocurrió “a esos niños y niñas”  en el pasado? 

 

     

 

Bibliografía consultada

 

Martínez Sánchez, Juan J. La instrucción pública en La Orotava (de 1900 a 1960). Premio de investigación Alfonso Trujillo. Excmo. Ayuntamiento de La Orotava. Año 1986.

De Cruz Franco, Agapito y otros. Historia del C.P. “Ramón y Cajal” de La Orotava. Excmo. Ayuntamiento de La Orotava.