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La Inteligencia Emocional, como toda
conducta, es transmitida de padres a niños, sobre todo a partir de los modelos
que el niño se crea. Tras diversos estudios se ha comprobado que los niños son
capaces de captar los estados de ánimo de los adultos (en uno de estos se
descubrió que los bebés son capaces de experimentar una clase de angustia
empática, incluso antes de ser totalmente conscientes de su existencia.
Goleman, 1996).
El conocimiento afectivo está muy relacionado con la madurez general, autonomía
y la competencia social del niño.
LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
EN EL CONTEXTO FAMILIAR
La
personalidad se desarrolla a raíz del proceso de socialización, en la que el
niño asimila las actitudes, valores y costumbres de la sociedad. Y serán los
padres los encargados principalmente de contribuir en esta labor, a través de
su amor y cuidados, de la figura de identificación que son para los niños (son
agentes activos de socialización). Es decir, la vida familiar será la primera
escuela de aprendizaje emocional.
Por otro lado, también van a influir en el
mayor número de experiencias del niño, repercutiendo éstas en el desarrollo de
su personalidad. De esta forma, al controlar la mayor parte de las experiencias
de los niños, los padres contribuyen al desarrollo de la cognición social.
Partiendo del hecho de que vosotros, los padres, sois el principal modelo de
imitación de vuestros hijos, lo ideal sería que vosotros, como padres, empecéis
a entrenar y ejercitar vuestra Inteligencia Emocional para que vuestros hijos
puedan adquirir esos hábitos.
PRINCIPIOS
A TENER EN CUENTA:
-
Sea consciente de sus propios sentimientos y de los de los
demás.
- Muestre empatía y comprenda los puntos de vista de los demás
- Haga frente de forma positiva a los impulsos emocionales y de conducta y
regúlelos.
- Plantéese objetivos positivos y trace planes para alcanzarlos
- Utilice las dotes sociales positivas a la hora de manejar sus relaciones
Observando
estos principios, nos damos cuenta que nos encontramos delante de lo que son
los cinco componentes básicos de la Inteligencia Emocional.
- Autoconocimiento emocional.
- Reconocimiento de emociones ajenas
- Autocontrol emocional.
- Automotivación
- Relaciones interpersonales.
Ante cualquier situación
problemática de ámbito familiar, hagámonos estas preguntas:
|
1-
¿Qué siente usted en esa determinada situación? ¿Qué sienten sus hijos? 2-
¿Cómo interpreta usted lo que está pasando? ¿Cómo cree que lo interpretan sus
hijos? ¿Cómo se sentiría usted si estuviera en su lugar? 3-
¿Cuál es la mejor manera de hacer frente a esto? ¿Cómo lo ha hecho en otras
ocasiones? ¿Ha funcionado realmente? 4-
¿Cómo vamos a llevar esto a cabo? ¿Qué es preciso que hagamos? ¿Cómo debemos
abordar a los demás? ¿Estamos preparados para hacer esto? 5-
¿Contamos con las aptitudes necesarias? ¿Qué otras formas pueden existir de
resolver el problema? 6-
Si nuestro plan se topa con imprevistos, ¿qué haremos? ¿Qué obstáculos
podemos prever? 7-
¿Cuándo podemos reunirnos para hablar del asunto, compartir ideas y
sentimientos y ponernos en marcha para obtener el éxito como familia? |
Esté atento también a los tres estilos de
comportamiento más inadecuados por parte de los padres:
- Ignorar completamente los sentimientos de su hijo, pensando que los problemas
de sus hijos son triviales y absurdos
- El estilo laissez-faire. En este caso, los padres sí se dan cuenta de los
sentimientos de sus hijos, pero no le dan soluciones emocionales alternativas,
y piensan que cualquier forma de manejar esas emociones “inadecuadas”, es
correcta (por ejemplo, pegándoles)
- Menospreciar o no respetar los sentimientos del niño (por ejemplo,
prohibiéndole al niño que se enoje, ser severos si se irritan...)
LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
EN LA ESCUELA
Si nos detenemos en el tipo de educación
implantada hace unos años, podremos observar cómo los profesores preferían a
los niños conformistas, que conseguían buenas notas y exigían poco ( de esta
forma se estaba valorando más a los aprendices receptivos y los discípulos más
que a los aprendices activos).
De este modo, no era raro
encontrarse con la profecía autocumplida en casos en los que el profesor espera
que el alumno saque buenas notas y éste las consigue, quizá no tanto por el
mérito del alumno en sí sino como por el trato que el profesor le da.
También se encontraban casos de desesperanza aprendida, producida por el modo
en que los profesores respondían a los fracasos de sus alumnos.
Pero hemos evolucionado, y para seguir haciéndolo tendremos que asumir que la
escuela es uno de los medios más importantes a través del cual el niño
“aprenderá” y se verá influenciado (influenciando en todos los factores que
conforman su personalidad).
Por tanto, en la escuela se debe plantear enseñar a los alumnos a ser
emocionalmente más inteligentes, dotándoles de estrategias y habilidades
emocionales básicas que les protejan de los factores de riesgo o, al menos, que
palien sus efectos negativos.
Goleman, 1995, ha
llamado a esta educación de las emociones alfabetización emocional, y lo que se
pretende con ésta es enseñar a los alumnos a modular su emocionalidad
desarrollando su Inteligencia Emocional.
Los
objetivos que se persiguen con la implantación de la Inteligencia Emocional en
la escuela, serían los siguientes:
1.
Detectar casos de pobre desempeño en el área emocional.
2. Conocer cuáles son las emociones y reconocerlas en los demás
3. Clasificarlas: sentimientos, estados de ánimo...
4. Modular y gestionar la emocionalidad.
5. Desarrollar la tolerancia a las frustraciones diarias.
6. prevenir el consumo de drogas y otras conductas de riesgo.
7. Desarrollar la resiliencia
8. Adoptar una actitud positiva ante la vida.
9. Prevenir conflictos interpersonales
10. Mejorar la calidad de vida escolar.
Para conseguir esto se
hace necesaria la figura de un nuevo tutor (con un perfil distinto al que
estamos acostumbrados a ver normalmente) que aborde el proceso de manera eficaz
para sí y para sus alumnos. Para ello es necesario que él mismo se convierta en
modelo de equilibrio de afrontamiento emocional, de habilidades empáticas y de
resolución serena, reflexiva y justa de los conflictos interpersonales, como
fuente de aprendizaje vicario para sus alumnos.
Este nuevo tutor debe saber
transmitir modelos de afrontamiento emocional adecuados a las diferentes
interacciones que los alumnos tienen entre sí (siendo fruto de modelos de
imitación, por aprendizaje vicario, para los niños). Por tanto, no buscamos
sólo a un profesor que tenga unos conocimientos óptimos de la materia a
impartir, sino que además sea capaz de transmitir una serie de valores a sus
alumnos, desarrollando una nueva competencia profesional.
Estas son algunas de las funciones que tendrá que
desarrollar el nuevo tutor:
-
Percepción de necesidades, motivaciones, intereses y
objetivos de los alumnos.
- La ayuda a los alumnos a establecerse objetivos personales.
- La facilitación de los procesos de toma de decisiones y responsabilidad
personal.
- La orientación personal al alumno.
- El establecimiento de un clima emocional positivo, ofreciendo apoyo personal
y social para aumentar la autoconfianza de los alumnos.
La escolarización de
las emociones se llevara a cabo analizando las situaciones conflictivas y
problemas cotidianos que acontecen en el contexto escolar que generan tensión
(como marco de referencia para el profesor, y en base a las cuales poder
trabajar las distintas competencias de la inteligencia emocional.
Para que se produzca un elevado rendimiento
escolar, el niño debe contar con 7 factores importantes:
-
Confianza en sí mismo y en sus capacidades
- Curiosidad por descubrir
- Intencionalidad, ligado a la sensación de sentirse capaz y eficaz.
- Autocontrol
- Relación con el grupo de iguales
- Capacidad de comunicar
- Cooperar con los demás
Y para que el niño se valga de estas capacidades una vez se escolarice, no hay
que poner en duda que dependerá mucho del cuidado que haya recibido por sus
padres.
De este modo, debemos resaltar
que para una educación emocionalmente inteligente, lo primero será que los
padres de los futuros alumnos proporcionen ese ejemplo de Inteligencia
Emocional a sus niños, para que una vez que éstos comiencen su educación
reglada, ya estén provistos de un amplio repertorio de esas capacidades
emocionalmente inteligentes.