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¿Podemos prevenir las drogodependencias? Nosotros creemos que sí. Pero ¿Qué es lo que podemos prevenir y cómo?
Podemos comenzar desterrando definitivamente la idea de que las drogas, el juego, las tecnologías, el sexo, la comida, la televisión y muchas cosas más son el problema. El fenómeno de las adicciones va más allá de la existencia de una serie de sustancias. Siempre ha habido drogas y las seguirá habiendo. Siempre habrá alguien que ofrezca sustancias, artefactos, diversión, evasión, consuelo, paraísos, promesas o ideas para sentirnos mejor sin necesidad de plantearnos otras alternativas.
Por eso, para abordar la prevención podemos centrar nuestro objetivo en que lo que hay que prevenir son hábitos, hábitos que son el resultado de determinadas actitudes y conductas.
¿Y qué tipo de hábitos podemos encontrarnos ante determinadas sustancias o actividades? Pues podemos encontrarnos con hábitos de uso, de abuso o de dependencia (adicción). Por tanto, a la hora de plantearse la prevención, nuestra intención de ayudar a que nuestros seres queridos tengan una vida lo más saludable y feliz posible, debemos partir de cuáles son esos hábitos, qué actitudes son las que los mueven y porqué sus conductas son las que son.
El uso, el abuso o la dependencia son tres niveles distintos de relación con las sustancias, y podríamos decir que con la Vida, y que uno de ellos pueda llevar a otro, o no, depende de cada persona y de diversos factores personales y ambientales.
Desde hace varios años, diversas investigaciones apuntan a la posibilidad de que existan factores genéticos en la adicción, es decir, que se podría hablar de un planteamiento determinista que predispone a la adicción. Por otro lado, el factor social y ambiental también se ha valorado tradicionalmente como un condicionante importante en la predisposición a la adicción, donde las circunstancias, casi podríamos decir que el azar, puede determinar una adicción, convirtiéndose en un planteamiento casi cuántico, relativista, un principio de incertidumbre.
Pues bien, entre el determinismo biológico o genético y la incertidumbre social o ambiental, quien se encuentra es la persona, el individuo, en quien deben centrarse los mayores esfuerzos a la hora de entender y atender la prevención. Apoyar y apostar por la persona es la mayor inversión de futuro, potenciando sus cualidades, reforzando valores positivos, interactuando con ella y ayudándola a desarrollar sus capacidades, a trazar su camino con independencia y sentido crítico y a desarrollarse como ser social.
Para ello, la persona necesita dos cosas: referentes y herramientas. Los referentes pueden ser de diversos ámbitos: familiar, escolar, político, mediático, del grupo de iguales… Y las herramientas abarcan un amplio abanico de elementos: información, afectividad, autoestima, valores, disciplina, responsabilidad, empatía, solidaridad…
Por eso, la prevención no puede limitarse a una intervención puntual ante un problema para evitar o minimizar un problema mayor, sino que la prevención debe entenderse como un proceso y debe aplicarse de forma continuada y de manera consciente y organizada. Y una forma de organizar esa prevención es trabajar en lo que se denomina el reforzamiento de los factores de protección y la reducción de los factores de riesgo.
Pues bien, basándonos en estas premisas y claves expuestas, planteamos tres preguntas de las cuales nosotros tenemos respuesta para la primera:
¿Podemos prevenir las adicciones? Sí
¿Estamos dispuestos a convertirnos en un referente ante las personas a las que queremos prevenir?
¿Estamos dispuestos a aprender o recuperar habilidades sociales y educativas, a escuchar al otro y a transmitir el gusto por la Vida?
Si la respuesta a estas dos últimas preguntas también es “Sí”, pues adelante, la prevención está en marcha.
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